“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”

(Lucas 23:46)

 

(Lecc.  7 )

 

Introducción:

A.   Con una oración dirigida al Padre había comenzado la serie de palabras en la cruz, y con otra termina

B.   Momento feliz y dichoso es para una persona cuando, en el momento de morir, puede tener confianza y seguridad de que su alma irá segura a las manos del creador, no para ser condenada, sino para recibir la corona de la vida.

 

I:  LA MUERTE DE JESÚS

A.   Murió con plena certidumbre, de haber hecho la voluntad de su Padre. Venció la muerte y abrió avenida para la gloria de los creyentes.

B.   Murió el Salvador. Su alma iba al mundo de la luz. No entregó el espíritu dando un grito desesperado al universo, al aire, al vacío.

1.    Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. (Juan 20:17)

2.    Con estas palabras de Jesús, establecemos la inmortalidad del alma. Esto es, el alma abandona el cuerpo, mas el alma sube a Dios. (Eclesiastés 12:7)

a)    Es muy importante aceptar que realmente Jesucristo murió, tal como lo relatan los evangelios.

 

II:  LAS MANOS DEL PADRE

A.   Dios es inmutable, Eterno, es luz, justicia. Las manos del Padre sostienen el universo. Las manos del Padre son pródigas en bendiciones (Deut. 33:27; Mateo 5:48)

B.   Sostienen a los a los creyentes. (Isa. 41:13)

C.   Ahora Jesús regresa a las manos del Padre, triunfante después de haber cumplido la obra que el Padre le había encomendado

D.   Morir así, debe ser hermoso

 

III:  JESÚS SE ENCOMENDÓ AL PADRE

A.   Una vida llena de oración, como la de Cristo, termina con una muerte llena de oración. (Lucas 6:12)

B.   Dios, nuestro Padre celestial, conserva relaciones con sus hijos hasta el último momento de sus vidas (Hechos 7:56-60)

C.   Cristo nos ha hecho hijos de Dios, con derecho a incomparables bendiciones (Juan 1:11,12,13; 20:17)

D.   ¿A quién mejor que a nuestro Padre celestial podemos encomendar nuestras almas, a la hora de la muerte? (Juan 11:25,26)

E.    El cristiano verdadero, tiene también el privilegio de llamar a Dios “Padre” (Romanos 8:15).

F.    Cristianos en el momento de morir:

1.    Esteban  (Hechos 7:58-60) “Veo los cielos abiertos”

2.    Pablo: “Para el vivir es Cristo- el morir es ganancia” (Fil. 1:21)

 

CONCLUSIÓN:

A.   ¿Confías en Dios de tal manera que si mueres, tu alma irá a los brazos del Señor?

B.   ¿Tienes en Dios la confianza que puedes decir: “Es mi Padre y, si perezco, mi alma será mecida en su regazo?

C.   Jesús nos enseñó como debemos vivir y cómo debemos morir; vivir en Cristo y en oración -  Morir en Crasito y en oración.

D.   No hay mayor satisfacción para el cristiano que saber, a la hora de la muerte, que irá a descansar en brazos del Dios Omnipotente.

E.    Invitación: Amigo la muerte viene por ti y por mi. ¿Estás seguro que irás a las manos del Dios?.  Si no es así, hoy puedes venir obedeciendo a Cristo en el bautismo, lavando así tus pecados. (Hechos 8:26-38)