EL PREDICADOR

El Tiempo de la Preparación

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A tratar:

Día de descanso del predicador, Preparación General. Preparación Final.

 

    El predicador debe disponer del tiempo necesario para la preparación de su sermón. Nadie duda ahora de la importancia de esta preparación. El buen obrero prepara bien su herramienta antes de hacer algún trabajo, pues sabe que con buena herramienta hará el trabajo con menor esfuerzo y en el menor tiempo posible. Spurgeon dice que Miguel Ángel preparaba personalmente sus pinceles, dependiendo mucho el éxito que tuvo de este detalle. Un notable profesor de Biblia decía: “necesito siete días de estudio para enseñar una lección de escuela dominical”.

 

   ¡Qué pobre y qué presuntuoso es el predicador que se atreve a dar el mensaje de Dios, sin la debida preparación! Mejor es no predicar, que hacerlo sin preparación.

 

    Por supuesto, el predicador tendrá a veces que hablar en el púlpito sin tener tiempo de prepararse. Pero esto no debe ser la regla, sino la excepción. Y aun en estos casos, dependerá de los asuntos que haya preparado antes o de su facilidad para improvisar. El predicador debe ser hábil en el arte de improvisar. Pero nunca debe depender de esta habilidad para sus sermones regulares, pues no debe olvidar que la facilidad para improvisar en determinadas ocasiones, es producto directo de su hábito y disciplina de preparar concienzudamente sus asuntos. Los que no tienen esta disciplina, difícilmente pueden improvisar. Así, pues, es de importancia, aun para hablar improvisadamente, saber estudiar y preparar los asuntos de antemano.

 

1.      ¿Cuándo debe comenzarse la preparación de los sermones? Tan temprano como se pueda en la semana. No recomiendo que sea el lunes, pues éste debe ser el día de descanso del predicador. El domingo debe haber sido muy ocupado para él. Probablemente ha dirigido una clase de escuela dominical y ha predicado dos o tres veces. Los días que precedieron al domingo, fueron de visitas a sus feligreses, de resolución de asuntos importantes para su iglesia, de cultos de oración y familiares y de preparación general de sus sermones. El sábado debe haber dado los últimos toques a éstos y si ha tenido que resolver algunos asuntos serios de su iglesia o que visitar a algún enfermo grave, probablemente se quedó hasta altas horas de la noche ocupado en la preparación final de sus sermones para el siguiente día. Así es que nuestro predicador ha tenido una semana muy ocupada, culminando su ocupación, como los sacerdotes mosaicos, con el trabajo del día de descanso.

 

·        Le queda, pues, sólo el lunes para descansar, y aconsejo que éste sea considerado como día de descanso completo para el predicador que ha estado ocupado toda la semana, inclusive el domingo. El lunes no debe intentar hacer ningún estudio ni emprender ningún trabajo que requiera algún esfuerzo mental. En este día la mente y el cuerpo deben estar en completo reposo y libres de toda preocupación. Por supuesto, si el predicador no ha tenido una semana de trabajo activo, como queda indicado, no merece este descanso, ni debe tomarlo. Me refiero a los predicadores activos a los que durante la semana han gastado sus fuerzas físicas y mentales en un trabajo diligente e incesante, en favor de la obra del Señor, que les ha sido encomendada. Yo no doy reglas para predicadores perezosos e indolentes, pues éstos viven como quieren, sin sujetarse a ningunas reglas.

 

·        Pasado el lunes, su período semanal de descanso, debe el predicador emprender de nuevo su trabajo comenzando con la preparación general de sus sermones, eligiendo si es posible sus asuntos, pensando en ellos de una manera general y comenzando a consultar algunas obras y comentarios. Para antes del sábado debe saber no sólo sobre lo que va a predicar, sino tener buen acopio de material para sus sermones, y en este día, sin falta, debe hacer la preparación formal, reuniendo el material preparado y arreglándolo en forma de bosquejo, listo para predicarse. Es posible que este arreglo requiera todo el día y aun parte de la noche del sábado, pero no debe omitirse por ningún motivo.

 

2.      La preparación final debe hacerse inmediatamente antes de predicar. Debe el predicador aprovechar cada momento disponible para completar su preparación, haciendo un repaso mental de lo que tiene preparado y orado fervorosamente al Señor, de modo que al dar su mensaje en el púlpito, la gente conozca no sólo que estaba bien preparado, sino que al hablar tuvo el poder y la inspiración del Espíritu de Dios.

 

·        De este modo puede verse que la preparación tiene tres aspectos: La general que se hace durante la semana, la formal, el sábado cuando más tarde, y la final, antes de predicar. Descuidando cualquiera de estas partes, se fracasa lamentablemente en el púlpito.

 

·        Debe tener en cuenta lo que antecede, el joven que desee tener éxito en su predicación. Fin. Revisado