EL PREDICADOR

El Predicador y la congregación

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A considerar:

Preliminares. Vigile que no se introduzcan errores. Que no se mezclen el mundo y la iglesia. Que no se relaje la disciplina. Evite las divisiones. Eduque a la iglesia en todos sus deberes.

 

    No debe olvidarse que el predicador es puesto para la defensa del evangelio. Como pastor es el guardián de la iglesia puesta bajo su cuidado y dirección. Es el atalaya que observa el peligro, da la voz de alarma y se apresura a la defensa. ¡Ay de él, si abandona su puesto o descuida la vigilancia! Su iglesia y su familia son los supremos intereses a que debe dedicar toda su atención, y así como no permitiría que su casa fuera asaltada, o vejada su esposa y maltratados sus hijos, con igual celo debe cuidar de que su iglesia no sea asaltada, ni corrompida en sus doctrinas y prácticas. Si lo permite, no es buen guardián y su responsabilidad será grande. Es su deber como pastor alimentar y cuidar a sus ovejas. Debe darles alimento sano y llevarlas a las aguas cristalinas que brotan de la Palabra de Dios. El Señor demandará de su mano la vida de sus ovejas, si no las cuida y alimenta como debe.

 

    El predicador no sólo es eso, sino ministro, esto es, servidor de la iglesia. Debe desempeñar este cargo con humildad, como sirviendo al Señor y no a los hombres. Algunas veces el joven predicador equivoca su papel y en vez de servidor, quiere ser amo de la iglesia. Tal equivocación es lamentable, ya que las consecuencias son funestas. El ministro debe estar animado del espíritu de servicio que tuvo el Maestro, quien dijo: “el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos.”

 

    El predicador es también maestro de su pueblo. Debe saber enseñar y debe tener qué enseñar. Debe conocer bien su Biblia para sacar de ella las mejores lecciones para la vida de los que están bajo su cuidado. Debe enseñar en el púlpito. Su predicación debe estar cuajada de enseñanza sana. Debe ser maestro de los niños, de los jóvenes y aún de los ancianos. Su palabra sabia y de autoridad debe ser tenida en cuenta. Debe enseñar con su vida consagrada. Su vida ha de ser una constante y elocuente predicación.

    Es su deber también cuidar que la iglesia conserve su pureza espiritual. Para esto tenga en cuenta lo que sigue:

 

  1. Vigile que no se introduzcan errores. Ya sean estos doctrinales o de práctica, deben evitarse a toda costa. Nunca debe ceder su púlpito a personas que no sean de sana doctrina. Algunos falsos maestros abusan de la hospitalidad que se les brinda y desde el púlpito quieren imponer sus errores. El pastor debe estar siempre seguro de la ortodoxia de la persona que ocupa su púlpito. Si tiene alguna duda, será mejor no cederlo.

 

 

 

 

  1. Cuide también que no se introduzca el mundo en la iglesia. Que no se borre la línea divisoria. Mientras el mundo rodea a la iglesia, no hay peligro. Este comienza cuando se introduce en ella. Es como una embarcación; no tiene peligro si la rodea el agua. El peligro está en que el agua se introduzca en la embarcación.

 

 

 

 

 

  1. No permita que se relaje la disciplina de la iglesia. La disciplina es esencial para la pureza de una iglesia. Corregir y apartar de su seno a los miembros que anden fuera de orden, es deber de toda iglesia cristiana. Algunos pastores son muy descuidados en este sentido. Todo su afán parece consistir en recibir nuevos miembros. Bautizan algunas veces demasiado aprisa y llenan los libros de las iglesias con nombres de miembros que conocen muy poco sus deberes y responsabilidades. Se acuerdan muy poco de la disciplina y menos de aplicarla cuando conviene.

 

 

 

 

 

 

  1. Evite a toda costa divisiones en la iglesia. El Predicador tiene que ser hombre de mucho tacto, muy hábil y de espíritu conciliador. En todas las iglesias hay diferencias de criterio que muchas veces se ahondan hasta producir contiendas y divisiones. Hay miembros que a toda costa quieren que prevalezca su opinión; que no respetan la de otros y hasta se disgustan si algunos opinan de modo diferente. Otras veces hay viejas cuestiones que, como las brasas semi apagadas, con un soplo reviven y arden.

 

 

 

  1. Por último, debe educar a su iglesia en todos sus deberes. Una iglesia de abundante vida espiritual, activa, misionera, lista para ayudar a toda causa noble, agresiva y en aumento constante, debe ser el ideal de todo pastor inteligente y piadoso, y no descansará hasta realizarlo.

 

 

 

 

 

 

    El mejor predicador es el que mejor enseña a su iglesia en sus deberes y desarrolla sus actividades. Fin. Revisado