EL PREDICADOR

El Predicador como Ciudadano

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Tema:

No debe aislarse. Tomar parte activa en la política. Hacerse de carácter mundano. Envolverse en negocios seculares. Hacerse miembro de sociedades secretas. Debe ser buen vecino. Listo para servir. Interés en la educación. Contribuciones y respeto a las Autoridades.

 

    Cuando el predicador se instala en un nuevo campo estableciendo allí su residencia, se le considera como un nuevo vecino. Todo el mundo observa su comportamiento no tanto como ministro, sino como ciudadano y nuevo residente.

 

    Desde el principio, el predicador debe observar una conducta que corresponda a la de un ciudadano de primera clase.

 

    Procurará ganarse desde luego el respeto y la consideración de propios y extraños. Será correcto en su vida y un dechado de educación y buenas maneras.

 

    Su conducta entre los extraños influirá grandemente en la causa que sostiene como predicador. Si vive como debe, su vida misma será una elocuente predicación y pronto conseguirá nuevos adeptos.

 

    Pero si no tiene el debido cuidado en su conducta y cree que sólo en el templo o en el púlpito está su misión, pronto tendrá la antipatía y aun el desprecio de la gente sensata, y esto influirá poderosamente en la causa que intenta sostener como ministro del evangelio.

 

    Conviene por lo mismo, que el joven predicador sepa lo que no debe y lo que debe hacer al establecerse en un nuevo campo.

 

  1. Lo que no debe hacer.

            (a) Aislarse y vivir sólo para sí o para los suyos.

    • Los que viven de este modo evitan todo trato y comunicación que sin duda les serían muy útiles. Reducen su esfera de acción y se les conoce sólo en el pequeño círculo que forman los miembros de su congregación, y para la mayor parte de sus vecinos y aun para los habitantes del pueblo, son perfectamente desconocidos.

 

    • La causa de este aislamiento es la falta de un carácter franco, amistoso y comunicativo. El ministro por lo contrario, debe ser amigo de todos y estar listo para prestar cualquier servicio particular o general. Si es comunicativo, afable, cariñoso y servicial, pronto se ganará la simpatía, el respeto y la estimación de cuantos le rodean o están relacionados con él.

 

         (b) No debe tomar parte activa en la política. La política ha arruinado a más de un predicador.

 

·        Durante las últimas revoluciones que se han tenido en México, hemos presenciado actos verdaderamente lamentables. Algunos predicadores (no de la iglesia del Señor) y hasta congregaciones enteras se han lanzado a la revolución, y el resultado ha sido desastroso. Algunos predicadores llegaron a obtener altos grados militares, pero espiritualmente se han perdido para la causa del evangelio. Fuera de la degradación moral que han sufrido en la mayoría de los casos, las manos han quedado manchadas con sangre y difícilmente pueden manejar la Santa Palabra de Dios para enseñar a otros. Si lo hacen, su enseñanza carecerá de la fuerza que tenían antes de lanzarse a la aventura.

 

·        Pues bien, el principio de tal desastre ha sido la participación indebida en los asuntos políticos. Ha comenzado por ser miembro activo de un club político, después orador callejero, y termina muchas veces por tomar las armas en defensa de sus llamados principios políticos.

 

·        Conocí a un predicador que procuraba terminar pronto los servicios religiosos, por tener que asistir al club político. Se le veía en manifestaciones públicas y en las tribunas callejeras perorando a favor de determinado candidato.

 

·        Excusado es decir que este proceder determinó la muerte espiritual del predicador y de la iglesia que tenía a su cargo.

 

·        Por un lado, es inconveniente la participación activa en la política, de parte del predicador, porque en su iglesia puede haber miembros de varios partidos, y perteneciendo él a alguno de éstos, necesaria mente estará en pugna con los de los otros partidos.

 

·        También, si no triunfa el partido que defienda, perderá su prestigio e influencia como predicador, cuando menos con sus contrarios en política. La principal razón, es que su misión no es política sino espiritual.

 

          (c) Hacerse de carácter mundano. Si asiste asiduamente a toda clase de fiestas mundanas:

                tertulias, cines, etc., menoscaba su reputación como elemento moralizador en su iglesia y en la

                sociedad.

 

·        Necesita conservar en su iglesia un alto tono espiritual. Los jóvenes son por naturaleza muy inclinados a los atractivos mundanos y si en su pastor ven igual tendencia, no habrá una influencia sana fue los guíe hacia el ideal superior.

 

·        Carecerá también, el predicador de poder en el púlpito para hablar contra los malos efectos que sobre el carácter moral de la vida cristiana ejercen las diversiones mundanas.

 

·        A toda costa debe el predicador predicar sobre la importancia de la vida espiritual, alejada de influencias mundanas; debe guiar a la juventud por senderos de rectitud y santidad y servirle de ejemplo en la vida superior, apartada de lo que es bajo y demoledor de las virtudes santas que el evangelio inspira.

 

·        ¿Cómo puede hacer esto, si él mismo es amante de las costumbres y diversiones mundanas que minan la vida espiritual?

 

·        De vez en cuando hay un buen concierto musical, una película moral sobre un tema histórico, que tal vez le guste oír o presenciar. Pero fuera de esto, las diversiones mundanas menoscaban la vida espiritual y son un peligro para la santidad en la iglesia.

 

·        Un predicador joven que conocí hace algún tiempo, terminaba los cultos del domingo a hora temprana para asistir al teatro. Ya puede calcularse el grado de espiritualidad de la iglesia dirigida por tal pastor.

 

·        La razón de que muchos de nuestros miembros tengan un pie en la iglesia y otro en el mundo, es la falta de celo y consagración en los ministros que los dirigen. Ninguna congregación sube más alto del nivel espiritual de su pastor. Por esto es que si deseamos tener iglesias espirituales, necesitamos pastores de vida altamente espiritual.

 

            (d) Envolverse en negocios seculares. El predicador no es negociante. Es hombre entregado a

                  una obra altamente moralizadora y espiritual.

 

·        Todas sus facultades y poderes debe dedicarlos al desempeño de esta noble misión. Si quiere hacer su trabajo a conciencia, hallará que necesita todo su tiempo y que no podrá hacer otra cosa sin descuidar aquél. Predicadores que al mismo tiempo quieren predicar y hacer negocios, tienen que hacer mal una u otra cosa. Generalmente la cosa descuidada y mal hecha es la labor espiritual.

 

·        El deseo inmoderado de lucrar y enriquecerse, ha matado la vocación de más de un ministro.

 

·        El predicador debe considerar por un lado, la importancia y magnitud de su misión, lo que no le dejará tiempo para hacer otra cosa; y por el otro, la idea de que ha sido contratado para dedicar todo su tiempo a la obra que se le ha encomendado. No es honrado, entonces, distraer parte de nuestro tiempo y ocuparlo en negocios seculares.

 

·        El problema que muchos ministros tienen en la educación de sus hijos, los hace muchas veces envolverse en negocios que les dejen alguna utilidad fuera del pequeño sueldo que reciben como predicadores. Mejor es tener algún arreglo con la junta o la iglesia que los sostienen para conseguir lo necesario para la educación de sus hijos, o renunciar al puesto y entregarse de lleno y libremente a los negocios. Pero querer hacer dos cosas a la vez, es hacerlas mal, o hacer una bien y otra mal, y la que generalmente lleva la peor parte es la que se refiere al trabajo espiritual.

 

·        Inútil es presentar ejemplos, pues el mismo Señor dijo: “Ninguno puede servir a dos señores.”

 

·        La misión del predicador es altamente espiritual y a ella debe consagrar todas sus fuerzas y poderes.

 

                 (e) Hacerse miembro de Sociedades secretas.  La mejor sociedad para el predicador y para

                       el cristiano en general, es la que el Señor instituyó para los humanos. Ninguna organización

                       humana le supera y ninguna otra sirve mejor para el bienestar espiritual y temporal del hombre.

 

·        De estas sociedades de carácter secreto la mejor es la masonería, sociedad basada sobre principios morales y de fines en alto grado altruistas. Pero ¿qué tiene la masonería que no tenga la iglesia de Cristo? Su ritual y prácticas de carácter secreto la hacen misteriosa, La iglesia del Señor nada tiene de misterio: sus principios y prácticas son de todos conocidos y sus trabajos se hacen a la luz del día.

 

·        Con todo, nada decimos en contra de la masonería, si no es que como organización es inferior a la iglesia de Cristo. Pues ni a la masonería debería de pertenecer el predicador del evangelio, ya que haciéndolo divide su atención y actividades entre dos organizaciones que, si no son antagónicas, demandan cada una todo el esfuerzo de quien pertenece a ellas.

 

·        Por el lado de la iglesia, tiene ésta tanto trabajo, tantas actividades diversas, que requiere toda la vida y todo el esfuerzo de sus miembros y muy particularmente (le quien la dirige. Si esto demanda el trabajo espiritual del predicador, y el predicador consciente de su deber lo dará, ¿qué esfuerzo y qué oportunidades le quedan para ofrecerlas en favor de otra agrupación?

 

·        Por otra parte, hemos notado con tristeza que el obrero del Señor que quiere ser un buen masón, casi siempre es mal predicador y peor pastor de su iglesia. Ya sabe nuestra gente esto y prefieren para sus púlpitos hombres enteramente consagrados, sin más compromisos que los contraídos con el Señor y su causa.

 

·        Si el obrero del Señor prefiere ser masón, en buena hora que lo sea, pero debe saber que no contará con toda la confianza del pueblo de Dios, si este descubre, y pronto lo descubrirá, que la atención y las actividades de su ministro están divididas cutre dos organizaciones enteramente distintas.

 

·        Los cristianos en general prefieren ministros que no tengan compromisos extraños a su labor espiritual.

 

 

Basta lo dicho sobre este asunto.

 

  1. Lo que debe hacer

 

(a)   Sea un buen vecino, servicial y cortés con todos.  Evite toda clase de dificultades, cuestiones y chismes con sus vecinos. Su comportamiento con sus vecinos debe hacerlo simpático y hasta necesario en determinadas circunstancias.

 

(b)   Esté siempre listo para ayudar a la comunidad, prestando cualquier servicio que se le demande.  Coopere con las autoridades para guardar el orden y mantener las buenas costumbres.

·        Con su vida ejemplar, levante el nivel moral de la sociedad en que vive.

 

(c)   Muestre interés profundo en la educación popular y en la causa de la temperancia. Trabaje porque se funden escuelas en donde hay niños sin los beneficios de la educación.

 

·        Enseñe a leer a cuantos le sea posible, una persona que sabe leer, es un alma redimida de la ignorancia.

 

·        Funde sociedades de templanza o refuerce las que haya establecidas. Trabaje por la clausura de cantinas y centros de vicio y secunde de buena gana cualquier esfuerzo de la autoridad en este sentido.

 

(d)  Pague fielmente sus contribuciones y coopere con las autoridades constituí das, respetándolas y acatando sus disposiciones justas.

·        Es parte de la educación cívica y también de la religiosa, mostrar respeto por las autoridades.

 

    Teniendo en cuenta lo que antecede y otras cosas que se escapan, será el predicador un buen ciudadano y logrará para la causa que representa, el respeto y la estimación de los hombres buenos. Fin. Revisado