EL PREDICADOR

El Predicador y su Dinero

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Tema:

Consideraciones Generales. No gaste más de lo que reciba. Ahorre cuanto pueda, No contraiga deudas, Manejo del dinero ajeno.

 

    El dinero es la cosa más difícil y también la más peligrosa de manejar. El mal manejo del dinero acaba con la mejor reputación. Conviene que el predicador sepa administrar bien su dinero propio y con mucho mayor cuidado el ajeno. Se entiende que el que no sabe administrar su dinero, tampoco puede administrar el ajeno. La mala administración conduce siempre a la bancarrota y al descrédito.

 

    Muchos predicadores han arruinado su influencia y su reputación, por la mala administración del dinero propio o por la falta de seguridad del que se les ha confiado.

Es muy triste que un predicador tenga que perder su trabajo y hasta su vocación, sólo por su falta de cuidado en la administración de este elemento que debiera considerarse como medio secundario para la vida. Pero conozco a varios jóvenes predicadores que tienen perdido su crédito y arruinada su reputación por esta causa.

 

    Para algunos es poca cosa gastar todo su dinero y seguir con el ajeno que tienen a la mano. Un predicador tuvo que abandonar su campo de trabajo, en condiciones tristes, porque los fondos que se le habían confiado, los había gastado, con la esperanza de reponerlos pronto. Un gasto imprevisto de la iglesia, puso de manifiesto que los fondos no existían pues el pastor los había usado, acaso sin mala intención, y no los pudo reponer cuando se necesitaban.

 

    Nunca debe olvidarse que los fondos (la ofrenda) del Señor son sagrados, y en ningún caso debe disponerse de ellos para usos personales. El que lo hace pone en riesgo su buen nombre y reputación.

 

    Por otra parte, el predicador debe ser previsor. Algunos no tienen ni brizna de esta cualidad. Para cuando reciben su dinero, va lo deben, y silo pagan, como es su deber, se quedan para vivir de fiado durante el mes, y así siguen por largos meses bajo in sistema financiero ruinoso que matará la libertad individual. Si tales predicadores viven de este modo al día y en condiciones tan precarias, ¿podrá esperarse que ahorren algo para el tiempo de la enfermedad o de la vejez? Su falta de previsión los hará víctimas de la escasez y la miseria.

 

    Generalmente el predicador del evangelio recibe poco dinero, pues el ministerio nunca ha sido una profesión lucrativa, y por esto muchos dicen que nada pueden ahorrar y muchas veces tienen que recurrir al crédito para sostenerse. Me parece que todo es cuestión de método Y de saber ajustar la vida a los medios disponibles. No es nada prudente vivir con más ostentación de la que permiten los ingresos, y muchos incurren en esta falta.

 

    Lo cierto es que para administrar bien el dinero, poco o mucho, que se reciba, se necesita mucho cuidado y cierta habilidad, para no tropezar en el escollo en que tantos se han estrellado.

 

El joven predicador debe tener en cuenta lo que sigue:

 

  1. Nunca gaste más de lo que reciba. Es fácil para muchos excederse en los gastos y quedar comprometidos. El que es previsor, se ajustará a los medios de que dispone. Para lograrlo hay dos recomendaciones importantes: es la primera, no comprar lo que no se necesite en realidad. La segunda es no comprar nada fiado, el que quebranta cualquiera de estas reglas, se hace víctima de su imprudencia, y tarde o temprano lamentará su error.

 

 

 

 

  1. Debe hacerse una buena distribución del dinero que se reciba. Generalmente el predicador recibe su dinero cada mes. Es entonces cuando ha de hacerse una sabia distribución, separando en primer lugar las contribuciones para la casa del Señor, y luego señalando lo necesario para los gastos ordinarios y los extraordinarios.

 

 

 

  1. Es su deber también ahorrar cuanto le sea posible. Esto debe hacerse sin llegar a los extremos de tacañería o avaricia. No hay cosa más chocante que un predicador tacaño y miserable. Pero esto dista mucho del hábito de ahorro y previsión que es encomiable en todos, mayormente en el predicador. Si éste es joven, debe ahorrar lo necesario para casarse. Aconsejo al joven que no tiene dinero, que no intente casarse contrayendo deudas. No conozco matrimonio más desdichado que el que comienza con una pesada deuda. Las deudas son un enorme estorbo que no dejan ni respirar con libertad y mucho menos permiten gozar la felicidad del matrimonio. Cuando el joven se ha casado usando sus propios recursos, sin deberle a nadie nada, tiene derecho a una felicidad completa en su matrimonio.

 

 

 

 

 

 

 

  1. No contraiga deudas. Es éste un asunto muy importante y del que, por desgracia, hacen poco caso algunos predicadores. Conozco a algunos sumidos en deudas. No he visto espectáculo más triste. El hombre se siente bajo un peso enorme. Casi no se atreve a mirar de frente. Las deudas han matado su iniciativa y hasta su personalidad. Es una víctima que inspira lástima, Jóvenes, si amáis la libertad, no comencéis vuestra carrera ministerial contrayendo deudas.

 

 

  1. Por último, sea muy cuidadoso en el manejo del dinero ajeno. Por su posición, el predicador tiene a veces que recibir y distribuir fondos ajenos. Pueden ser contribuciones que pasan por sus manos, o tendrá a veces que fungir como tesorero de la iglesia o de alguna sociedad. Habrá veces que sea el encargado de alguna construcción, cuyos fondos se le confían y tiene que administrar. En todos estos casos y en otros no mencionados, tiene que ser muy escrupuloso y absolutamente honrado.

 

 

 

 

 

    Por lo expuesto, puede verse que el manejo y administración del dinero es cosa bien delicada, en la que el predicador tiene que mostrar: habilidad en el suyo propio y absoluta honradez en el ajeno.

 

    Vale la pena discutir este asunto, pues el dinero es el escollo en que muchos predicadores, hábiles y buenos en otras cosas, han naufragado. Fin. Revisado