EL PREDICADOR

El Predicador Visitando.

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A considerar:

Importancia de las visitas. Visitas periódicas y regulares. Que sean religiosas. Escójase el mejor tiempo. Anótese el número de visitas.

 

    Consideramos de mucha importancia el trabajo que se hace por medio de las visitas religiosas. La obra del púlpito no es completa, sin las visitas de evangelismo y edificación a los santos. El predicador que no visita, no está en aptitud de conocer las necesidades y los problemas de su congregación. Debe ser por supuesto, hombre de estudio, como hemos dicho. Debe preparar bien sus sermones y pasar mucho de su tiempo en su estudio, en compañía de buenos libros. Pero no debe olvidar este otro departamento de su misión: las visitas pastorales. Con ellas no sólo hará que sus miembros reciban el estímulo de su presencia y simpatía, sino que obtendrá también material valioso para sus sermones.

 

    Estando en relación con SU pueblo, conocerá muchas de sus pruebas, necesidades y problemas. Al visitarlos, se sorprenderá de hallar en muchos cristianos humildes una fe no sospechada para resolver estos problemas y vencer estas dificultades. Hallará en estas experiencias inspiración y material para sus mensajes y lo harán estudiar y conocer mejor la vida espiritual de los cristianos que forman su congregación.

 

    Otras veces se encontrará con cristianos desalentados y sobrecargados con las necesidades de la vida. Tendrá entonces oportunidad de dirigir una palabra de aliento y de consuelo y orar con ellos y por ellos. Aun el desaliento y la falta de fe le darán temas para su púlpito.

 

    En una palabra, en las visitas religiosas, obtendrá el predicador enseñanzas y experiencias, que no tendría, si sólo permaneciera en su gabinete de estudio. Relacionado con la vida y las necesidades reales de su pueblo, le harán sentir simpatía por sus congregantes, y hallar la manera de ayudarlos y serles útil. Por esto también es importante el trabajo de visitas pastorales. Para hacerlas con provecho, el joven predicador debe tener en cuenta lo que sigue.

 

  1. Visite periódica y regularmente a todos los miembros de su congregación.
    • Haga una lista completa de todos ellos, con sus respectivos domicilios, y comience su trabajo por orden hasta que todos hayan sido visitados. No haga distinciones, ni visite con más frecuencia a unos que a otros. Los únicos que tienen preferencia son los enfermos, quienes sí deben visitarse con más frecuencia. Fuera de estos casos, las visitas han de ser regulares, y nadie debe quejarse de que no se le visita. Los más pobres y humildes merecen igualmente las visitas de su pastor. Pero no prefiera a éstos, con desprecio de los demás.

 

    • Conocí a un predicador que tenía la gala decir que él era partidario de los de abajo, de los humildes, sin importarle la suerte de los demás, a quienes raras veces o nunca visitaba. Estas preferencias lastiman y dejan huella imborrable. Pero, por supuesto, son mucho más notables y perjudiciales, cuando son los pobres los que tienen motivo de queja. El pastor juicioso procederá de tal modo, que no haya queja por ningún lado. Todos los miembros, cualquiera que sea su categoría, deben sentir el estímulo de las visitas pastorales.

 

    • Interésese por las personas grandes de la casa que visita, simpatizando sinceramente con sus problemas, achaques o enfermedades, dando a todos una palabra de consejo, de estímulo y de confianza en el Señor.

 

    • Busque a los jóvenes y hágase amigo de ellos, procurando ganar su cariño y confianza. Una palabra oportuna de cariñoso consejo al joven lo puede traer a los pies del Señor o hacerlo volver al camino del deber. No se consigue esto si de antemano no se ha ganado la amistad y confianza del joven. Este necesita una persona que simpatice con él y lo compren- da. Si la halla en el pastor, se dejará guiar por sus consejos. Por lo contrario, si el pastor se ocupa sólo de reprenderlo, se alejará de él y buscará consejo en otra parte.

 

    • No descuide a los niños. Búsquelos, juegue con ellos y gane su cariño y amistad. Mostrar interés por un niño, hacerle una caricia o un pequeño regalo, no sólo gana al niño, sino también a la madre y al padre, quienes no pueden rechazar a los que muestran interés y cariño por sus hijos. El objeto de ganar de este modo a los niños, es conseguir su asistencia a la las clases. Si consigue esto, pronto le seguirán el padre y la madre, si éstos no son cristianos.

 

    • De este modo, el pastor entendido y diligente, sacará buen partido de las visitas religiosas en favor de su trabajo.

 

  1. Que las visitas sean en verdad religiosas. Debe procurar encaminar la conversación tan pronto como sea posible a un asunto religioso. A cualquiera que se trate al principio, se le puede dar un aspecto moral para introducir así el tema principal de la visita. No es necesario comenzar ex abrupto con la religión.

 

    • Óigase con interés cualquier tema que se proponga en la conversación, pero logre la primera oportunidad que se le presente de transformarlo en tema religioso de interés para todos. Hay que ser oportunos y mostrar habilidad para esto, pues de otro modo no logrará despertar interés en lo que se proponga o desee tratar. El aspecto religioso de cualquier tema, debe introducirse naturalmente, sin brusquedades, y siempre que esté seguro de que será interesante para todos.

 

    • Cuantas veces sea posible en las visitas religiosas, léase la Biblia y hágase oración. Casi siempre hay circunstancias especiales entre las familias, en las que la lectura de un pasaje bíblico o una oración son muy oportunas y hasta necesarias. En caso de enfermos, casi siempre es conveniente y de provecho para los mismos. Pero aun en otros casos, los ejercicios mencionados serán de utilidad, como cuando se sufre una prueba, cuando hay falta de trabajo o se sufre la ausencia o la muerte de algún miembro de la familia, etcétera. Por supuesto, no debe insistirse en leer la Biblia o hacer oración cuando se nota que no hay disposición para ello o que las circunstancias no lo permitan.

 

    • No debe considerarse como visita religiosa aquella en que sólo se ha hablado de política, de periódicos o de asuntos vulgares. El predicador no va a esto, ni debe gastar su tiempo en tales visitas. Por supuesto, tendrá que hacer visitas sociales o de cortesía, pero éstas no se cuentan entre las que se clasifican de religiosas.

 

    • Al visitar, invítese cariñosamente a todos a los servicios de su iglesia, pero que no sea esto lo único que de religión trate en sus visitas. Algunos dicen:  hice tantas visitas religiosas, tan sólo porque en ellas invitó a los de la familia a los cultos.

 

    • Conviene que distribuya alguna literatura durante las visitas, ya repartiendo folletos que previamente haya leído y que pueda recomendar, ya colocando ejemplares de la Palabra de Dios entre los que no la tengan o buenos libros y periódicos religiosos.

 

  1. Debe escogerse el mejor tiempo para las visitas religiosas. Que no sea muy temprano por las mañas, antes del aseo diario de las habitaciones o del almuerzo, ni muy cerca del medio día cuando las familias están generalmente ocupadas en la preparación de los alimentos. Las visitas a tales horas son inoportunas y molestas. Tampoco deben hacerse poco después de la comida o poco antes de la cena. El predicador que conoce a su congregación y las costumbres de cada familia, debe escoger la hora más oportuna para sus visitas religiosas. Hasta en esto debe tener tino.

 

    • Aconsejo al joven predicador que visite acompañado de su esposa, si es casado, o de alguna hermana de experiencia, si no lo es, las familias en que haya señoras o señoritas solas. No precisamente por ellas o por él, sino por el biten nombre de su posición.

 

    • Es mejor estar a cubierto de toda sospecha. Lo demanda la reputación de la familia que visita y la suya propia. Cualquiera sospecha, fundada o infundada, es peligrosa para su carácter como predicador del evangelio. El apóstol recomienda apartarse no sólo del mal, sino de toda apariencia de mal.

 

  1. Por último, anote cuidadosamente el número de sus visitas religiosas. Servirá esto para tener en todo tiempo un registro completo de su trabajo, como para poder informar con exactitud del mismo a su propia iglesia o a la junta misionera que lo sostenga. Servirá también para su propia disciplina, pues es conveniente acostumbrarse a guardar apuntes y notas del trabajo que se hace. Algunos tienen la buena costumbre de llevar un diario de su vida en el que asientan éstas y otras cosas importantes. Si se lleva este diario, no hay que olvidar escribir con exactitud las fechas y los detalles de los acontecimientos, pues si de pronto no parece que tengan importancia, serán de inmenso valor cuando años después tengan que consultarse. La memoria es frágil y no conviene depender enteramente de ella para estos asuntos.

 

    Si las visitas religiosas ocupan el lugar que les corresponde en el trabajo del predicador y son hechas puntualmente y como se debe, serán de inmensa utilidad para él y para las familias que forman su congregación. Fin. Revisado