Comentarios finales

(Tito 3.12—15)  (Lección 6)

 

   Tenemos la tendencia a pasar por alto el resto de esta espléndida carta, con la excusa de que se trata de comentarios personales de Pablo, los cuales no tienen relevancia para los hermanos de hoy día. ¡Cuán grave error es éste!

 

AJUSTES Y LOGROS (vv. 12-14)

   Cuando leemos acerca del modo como Pablo trasladaba a Artemas, a Tíquico y a Tito, de un lugar a otro (3:12), ello nos recuerda que debemos estar siempre adaptándonos para estar al servicio del Señor. El hecho de que Pablo llamara a hermanos clave a estar cambiando del lugar en que prestaban servicio, nos enseña una lección. Hay que dejar que los miembros se muden a aquellas áreas donde haya necesidad o donde mejor convenga a la obra (vea Tito 1:5; Hechos 13:1-3; 16:6-10). Todos necesitamos tener el espíritu de este cántico que invita a reflexionar:

 

Iré donde quieras que vaya, amado Señor,

Por la montaña, por el valle o por el mar;

Diré lo que quieras que diga, amado Señor,

Seré lo que quieras que sea.

 

   Para hacer traslados es necesario proveer para las necesidades que tendrán los obreros. Lo anterior es lo que se desprende de la instrucción que Pablo le dio a Tito en el sentido de que le ayudara a Zenas intérprete de la ley, y a Apolos (3:13). Esto fue lo que le dijo: “encamínales con solicitud? de modo que nada les falte”. Este servicio debía prestarse “con solicitud”.  ¿Palpitará este mismo espíritu en los corazones de los hermanos de hoy día cuando les ayudamos a aquellos que “le llevan el evangelio a otros”?

 

   Si somos flexibles y estamos dispuestos a adaptarnos, después nos alegraremos de los logros y avances que se obtengan a raíz de ello. Pablo sabía que los cristianos iban a tener necesidad de “aprender” a hacer esto (3:14). Este es el espíritu con el cual hemos de vivir para “ocupamos de buenas obras”.

 

   Debemos ver estas “buenas obras” como un imperativo, pues ellas son para “los casos de necesidad” Pablo no cambió su enfoque ni aun en los comentarios finales de su carta. ¡Apremió a Tito y a todos los cristianos a que continuaran haciendo buenas obras y a que consideraran la hechura de éstas como algo necesario, recto y debido!

 

   Todos estos ajustes y logros hechos por los hermanos tienen un objetivo valioso: “que no sean sin fruto”. Esto fue lo que dijo Cristo en Juan 15:8:

“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”.

 

UN GLORIOSO COMPAÑERISMO (v. 15)

   Las palabras de Pablo reflejan un espíritu de compañerismo entre sus colaboradores: “Todos los que están conmigo te saludan” (3.15; énfasis nuestro). Era el mismo compañerismo del que participaban los cristianos en otros lugares: “Saluda a los que nos aman en la fe”.

 

   Este compañerismo familiar entre los cristianos es maravilloso. Uno puede ir a otras tierras y estar en medio de otras razas y culturas e inmediatamente hallar una verdadera comunión. Se da un auténtico florecimiento de la paternidad de Dios y de la hermandad entre los hombres. Ese compañerismo se debe a Dios, cuya gracia “[será] con todos [nosotros]”.

 

EN RESUMEN

   Es de este modo como termina esta corta pero importante epístola. El hecho de que fuera enviada a una de las regiones de mayor oscuridad moral y espiritual de la tierra, la hace brillar con más fuerza como la demostración divina de que es Jehová Dios y su plan de redención a través de Cristo, lo que verdaderamente nos faculta para ser competentes (2ª  Corintios 3:4-6).

 

   Entrelazadas en el relato acerca de Pablo, Tito y Creta, están las buenas nuevas que a Tito se le encareció transmitirle al degenerado pueblo que le rodeaba. Como conocía la condición de ellos, Pablo no vaciló en cuanto a qué era lo que Tito podía y debía hacer.

 

[Lo que Pablo no le dice a Tito es:] “Déjalos solos. Son un caso perdido y todos los hombres lo saben”. Más bien, esto es lo que le dice: “Son malos y todos los hombres lo saben. Ve y conviértelos”. Son pocos los pasajes que demuestran un optimismo divino por parte del misionero y evangelista cristiano, tal que se rehúse a considerar caso perdido a hombre alguno. Entre más grande sea el mal, más grande es la oportunidad de probar ese optimismo. La convicción del cristiano es que no hay pecado tan grande que la gracia de Jesucristo no pueda combatir y superar.

 

   Vayamos con ese optimismo y llevemos para contar esa historia; adentrémonos en las oscuras regiones de la tierra como el pueblo que le pertenece a Dios. Y que es “celoso de buenas obras” (2:14) Fin.