La causa de Cristo y los obispos

(Lección 2- Tito 1:5—16)

 

 

   Pablo quería que hubiera ancianos que cumplieran los requisitos en toda congregación de la isla de Creta. Esta fue la forma como Dios planeó que creciera la iglesia. Los esfuerzos del diablo por socavar la causa de Cristo justifica la necesidad de que haya hombres que sean estables y fuertes (1ª  Corintios 16:13; Efesios 4:11—16; 6:10-18). Los versículos 10 y 11, reafirman ese hecho.

 

EL ENCARGO DE CONSTITUIR OBISPOS (v. 5)

   La obra del evangelista incluye más que la predicación del evangelio, más que el bautizar creyentes en Cristo y más que el establecimiento de congregaciones. La obra que se le asigna no se completa, sino hasta que todos los anteriores pasos den como resultado que los miembros alcancen un nivel de madurez suficiente, como para que se puedan constituir obispos en cada congregación (1:5). El plan de Dios para la familia dispone que los padres sean los responsables de que los niños alcancen la madurez adecuada para los propósitos de Dios. Así también, el plan de Dios para su familia dispone que aquellos ancianos que llenen los requisitos, sean la clase de líderes maduros que se preocupan porque los niños en Cristo se desenvuelvan en un ambiente de protección, sabiduría y buena organización, mientras están creciendo para alcanzar la naturaleza divina (Hechos 20:28; 1ª  Pedro 5:1-8; 1ª  Tesalonicenses 5:11-18; Hebreos 13:7, 15-17).

 

   La tarea asignada a Pablo era tan importante para él, que la presentó como una prioridad. Pablo había dejado a Tito en Creta “por esta causa”. El significado fundamental que se encierra en esta palabra es el de alguien que favorece o complace a otro. La tarea asignada aquí, si es llevada a cabo por un evangelista capaz, genera un rico fruto para la congregación que acepte ser moldeada y formada bíblicamente.

 

   Pablo recurrió a Tito para que éste “[corrigiese]” lo deficiente”. Esto se puede comparar con el afinamiento del motor de un automóvil, el cual consiste en hacer un ajuste aquí o allá. También se puede comparar con el embellecimiento de un área, para lo cual se ordena algo aquí o allá. Aplique estas ideas a los detalles que estén faltando en la vida de la congregación, con el fin de darle vida a ésta y de hacerla más eficiente. El ordenamiento de tales detalles constituye una parte importante de la obra de un evangelista.

 

   La atención que debe darse a los detalles constituye una importante necesidad en toda congregación. Una vez, una congregación llevó a cabo un estudio de crecimiento y descubrió que el 80 por ciento de sus esfuerzos y de su dinero se estaban invirtiendo en aspectos de servicio que sólo producían el 20 por ciento de su fruto, mientras que el 80 por ciento de su fruto provenía del 20 por ciento de los esfuerzos invertidos. Es obvio que necesitaban ordenar algunos de sus procedimientos de trabajo, con el fin de obtener una mayor eficiencia. Sin embargo, no se es posible que haya un funcionamiento de eficiencia máxima si primero no se colecta la información necesaria.

 

1.   Conozca los grupos de edad que conforman la congregación. ¿Es la mayoría de los miembros de una edad de sesenta años o más? ¿Es la mayoría de ellos de una edad entre veinte y cuarenta años?

 

2.   Conozca la instrucción especifica que los miembros hayan recibido y la que desean recibir. ¿Desearán instrucción para llegar a ser ancianos, diáconos, o maestros de clases bíblicas?

 

3.   Conozca la situación familiar de los miembros. ¿Cuántos cónyuges hay que no son miembros? ¿Cuántos adolescentes han obedecido el evangelio? ¿Cuántos se han divorciado? ¿Cuántas familias son fieles y están trabajando en la obra?

 

4.   Conozca las relaciones de asistencia: la cantidad de miembros en lista y la de los que asisten; la cantidad que asiste a clases bíblicas (el domingo por la mañana) y la que asiste al culto; la cantidad que asiste los domingos en la mañana y la que asiste el domingo por la noche y al servicio entre semana.

 

5.   Conozca la instrucción que los miembros hayan recibido en lo que concierne a la adoración. ¿Cuántos miembros participan en las actividades colectivas de adoración?

 

6.   Conozca el comportamiento del índice de las ofrendas de los miembros. (Vea Hechos 2:42- 47; 4:32-5:11; 1ª  Corintios 16:1-2; 2ª  Corintios 8; 9).

 

7.   Conozca los esfuerzos de extensión que la congregación haya hecho dentro y fuera de la comunidad que le rodea, tanto en lo que concierne al dinero invertido así como a la cantidad de miembros que se hayan involucrado.

 

   Mientras no se tenga conocimiento de los siete factores anteriores, no se podrá conocer la forma como la congregación ha crecido, los aspectos en los que necesite crecer ni los campos en los que pueda tener necesidad de que se comience a “[corregir] lo deficiente”.

 

   Pablo quería que Tito “[estableciera] ancianos en cada ciudad”. Note la palabra “establecieses”. En su definición parece haber más énfasis en la preparación que en la posición. La obra del evangelista se torna más importante al tener que procurar que estos hombres estén preparados no sólo para la acción sino también para tener la actitud que se requiere para la obra que los ancianos están llamados a hacer.

 

   Las decisiones y obras que afecten de modo importante el futuro de una congregación requieren de algo más que ingenuas sugerencias. Cuando Pablo le encomendó a Tito esta tarea, lo hizo mediante un mandato (“como yo te mandé”6). No se trataba de una opción para Tito, ni para evangelista alguno que mire necesidades o desórdenes en la vida de la congregación. No se le dan plazos para tal efecto, pues las necesidades de las congregaciones varían de una a otra. ¡No obstante, el que es evangelista sabrá mantener a la vista este importante objetivo hasta que la tarea se cumpla!

 

LOS REQUISITOS DE LOS OBISPOS (vv. 6-9)

   Pablo pasó después a dar una lista de los requisitos que debe llenar un anciano. Note cómo la frase “irreprensible”8 se encuentra al comienzo de la lista (y se repite en el versículo 7). Esta característica se pone en la lista de este modo porque ella se relaciona con todos los demás requisitos que deben hallarse en la vida de un anciano, y la forma como se relaciona es determinando la calidad de tales requisitos (1:6-9).

 

“Irreprensible”

I.  En lo que se refiere a su condición de jefe de familia

1.   Marido de una sola mujer (del griego: mías gunaikos aner), hombre de una sola mujer

 

2.   Que tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía

 

II. En lo que se refiere a aspectos de su vida personal

Lo que no debe tener—

1.   no soberbio

2.   no iracundo

3.   no dado al vino

4.   no pendenciero

5.   no codicioso de ganancias deshonestas Lo que sí debe tener—

6.   hospedador

7.   amante de lo bueno

8.   sobrio

9.   justo

10-santo

     11-dueño de sí mismo

III. En lo que se refiere a su aptitud para enseñar

1.   retenedor de la palabra fiel

2.   que pueda exhortar con sana enseñanza

3.   que pueda convencer a los que contradicen

 

   No basta con que uno sea una buena persona para pensar que ya ha llenado estos requisitos. En su condición de maestro se le pide que “pueda”9 enseñar. No hay duda de que se necesita a alguien que sea capaz y fuerte en la palabra de Dios, para que pueda “exhortar”. Todos los requisitos anteriores debe llenarlos el hombre que retiene la palabra fiel (la “sana enseñanza”). ¿Cuántos ancianos habrá hoy día que puedan trabajar con las almas necesitadas —dándole consuelo a una, amonestando a otra, dándole ánimo a una tercera, fortaleciendo a la cuarta, e instruyendo a las demás— y hacerlo abriendo la palabra de Dios delante de ellos? Este positivo llamado requiere de más que un buen comportamiento.

 

   En el versículo 9, se menciona el aspecto negativo de la tarea de enseñar que se le asigna a un anciano: habrá hombres que contradicen,2’ los cuales se le opondrán. ¡Vaya personalidad tan obstinada la de estos hombres! Esa es la clase de personas que un anciano debe ser capaz de “convencer”. ¿Se podrá desarrollar esta capacidad de convencer con tan sólo tener un buen comportamiento? ¿Bastará esto para poner al descubierto y reprobar al falso maestro? Convencer y poner al descubierto a los que contradicen son verdaderas necesidades de la iglesia. Para cumplir con esta tarea se necesita a un hombre de mente penetrante y al que se le conozca como uno “que usa bien la palabra de verdad” (2ª  Timoteo 2:15). Estos requisitos son verdaderamente prácticos para el anciano que deba trabajar en medio del pueblo de Dios y que deba velar por éste. (Hebreos 1:17).

 

   En lo que se refiere a su condición de jefe de familia, nadie jamás ha hallado falta en el hombre que esté casado con una sola mujer.’ Tampoco hallará nadie falta en el hombre que tenga hijos creyentes que no estén acusados de “disolución” ni de “rebeldía”? El hombre que tenga una buena familia y que a sus hijos no se les pueda acusar, ha dado un gran paso para convertirse en un hombre capaz de cuidar de la familia de Dios, es decir de la iglesia (1ª  Timoteo 3:4, 15).

 

   En lo que se refiere a aspectos de su vida personal, el anciano debe llenar varios requisitos. Cuando leemos la lista de estos requisitos nos impresiona la forma como ellos encajan en la obra que los ancianos han de hacer. Los ancianos tratan con personas que están juntas, que están entrelazadas de modo similar a los miembros del cuerpo humano (1ª  Corintios 12:12-27). En la lista de las características que no debe tener, vemos que un hombre “soberbio” sería uno que miraría por lo suyo propio, y no velaría por los demás (Hebreos 13.17; Filipenses 2.19—20). Un hombre “iracundo” no sería capaz de conservar la calma en el momento que amonestara a los que anden desordenadamente (1ª  Tesalonicenses 5:12-14). Un hombre pendenciero de ninguna manera sería un buen ejemplo para la grey (1ª  Pedro 5:3). Puesto que los ancianos han de ocuparse de las finanzas de la congregación (Hechos 11:30), ¡sería impropio que alguno de ellos fuera “codicioso de ganancias deshonestas” (vea Juan 12:4-6)!

 

   Las características que el anciano debe tener son igualmente apropiadas para preparar al anciano para las funciones que se le han asignado. Es natural que un apacentador (“pastor”; Efesios 4:11; Hechos 20:28) sea hospedador, pues atrae a sí las ovejas que se descarrían (vea Lucas 15:3-7). Puesto que ha de alimentar el rebaño con las “buenas nuevas” y ha de servir de modelo que los demás miembros imiten, sin duda que debe ser “amante de lo bueno”. Conviene que sea sobrio el hombre que debe procurar que “ninguno pague a otro mal por mal” (1ª  Tesalonicenses 5:15). El hombre que trata y disciplina a los que causan divisiones (Tito 3:10) debe sin duda ser justo, lo cual incluye dos características: la de la firmeza y la de la justicia. La profundidad espiritual que se requiere para amonestar con lágrimas, de noche y de día, a los hermanos (Hechos 20:31,35), explicaría por qué se espera de los ancianos que sean “santos” y “dueños de sí mismos”

 

   ¡Cuán apropiados son estos requisitos para la obra que Dios le ha asignado a los ancianos que hagan! En las palabras subsiguientes Pablo continuó demostrando por qué los ancianos deben cumplir tales requisitos.

 

POR QUÉ ES NECESARIO QUE HAYA OBISPOS (vv. 10-16)

   Dios jamás ha especificado requisitos sin que haya una razón de por medio. Así como los niños necesitan comprender las razones que dicta el sentido común para los requerimientos que les hacen sus padres, también es importante que los hermanos comprendan por qué su Padre pide cosas de ellos, sus hijos. Lo que Dios requiere es justificado.

 

   Los miembros inestables pueden ser vencidos por el ambiente que les rodea (vv. 10-14)

 

   Pablo declaró que hay tres categorías en las cuales encajan muchos —y todas ellas son causantes de problemas (1:10-11).

 

   Algunos son “contumaces”. Éstos resisten todo principio que refrenaría o controlaría su conducta. Son rebeldes sin causa. Prefieren reaccionar, antes que actuar, rebelarse, antes que relacionarse. ¡Prefieren tener problemas, antes que conocer la verdad!

   Estas personas se juntan con los “habladores de vanidades”.28 Estos puede que hablen mucho, pero no dicen nada que tenga provecho. Lo que digan puede lastimar, pero no servir de ayuda. El Señor es el único que sabe cuánto tiempo estos habladores habrán desperdiciado y cuántos oídos habrán atrapado sin que mediara una buena razón.

 

   El siguiente grupo funciona a un nivel más peligroso, pues se trata de “engañadores”. Esto parece referirse a los esfuerzos carismáticos por llevar al pueblo de Dios a funcionar al nivel de los sentimientos, cuyo fin es satisfacer la carne, en lugar del vivir por fe que se construye sobre la sana doctrina. El hecho de que tales engañadores de peligros anden en medio del rebaño señala la necesidad de que haya hombres que llenen los requisitos descritos en 1:9.

 

   Lo trágico es que los tres grupos influencian las almas de un modo destructivo. Los causantes de problemas que Pablo describió, son de los que “trastornan30 casas enteras” (1:11); es decir, se trata de hombres que destruyen la fe de familias enteras. Cuando un alma deja la iglesia, ello es causa tristeza; pero cuando son familias enteras las que son apartadas, la esperanza de que se recuperen es mínima. ¡Dios nos guarde de que este tipo de acción ocurra en la iglesia y de que los ancianos o los hermanos no hagan nada al respecto! Al enseñar “lo que no conviene”, ellos estaban oponiéndose a la sana doctrina que se menciona en 1:9. Había un elemento mercenario, el cual ameritó una fuerte condena por parte de Pablo: Estaban promoviendo falsas enseñanzas “por ganancia deshonesta”.

 

   Pablo después escogió las palabras de un reverenciado poeta cretense, del siglo sexto a.C., Epiménides, como testimonio de que los cretenses tenían fama de ser “mentirosos, malas bestias, glotones ociosos” (1:12). Es probable que su “propio profeta” se hubiera inclinado por jactarse de ellos, en lugar de criticarlos, pero no, tuvo que condenarlos.

 

   El mandamiento de Pablo para Tito fue: “repréndelos duramente” (1:13). Se necesita tener conocimiento de la Biblia y una gran dosis de valentía para poder cumplir con esta tarea, pero recuerde que es un imperativo. Hay almas y casas enteras en juego. Estos hombres pueden llegar a cambiar hasta ser “sanos en la fe”.

 

   Hay varias maneras, como se puede impedir el cumplimiento de este mandato divino en el sentido de reprender a los falsos maestros: 1) mantenerse a distancia por causa del temor, 2) hablar acerca de lo dañino que puede ser el problema, 3) hablar acerca de los que se comportan mal, en lugar de hablarles a ellos, 4) hablarles a ellos y caer en el mismo comportamiento rebelde de ellos. Los hermanos inmaduros pueden reaccionar de una o varias de estas maneras. ¿Estará usted capacitado espiritualmente para cumplir con esta tarea?

   El calor de la controversia y la confusión reinante hacen que Pablo ruegue, como una forma práctica de tratar con el problema, que se eviten las “fábulas judaicas” y los “mandamientos de hombres que se apartan de la verdad” (1.14). Hay momentos, en los cuales las emociones se han alterado yla situación exige que se hagan correcciones (momentos en los cuales se habla mucho), todo lo cual lleva a que los mitos se confundan con los hechos probados y a que las preferencias humanas tomen el lugar de los preceptos divinos. ¡Necesitamos hombres maduros que puedan exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen!

 

Los miembros pueden superar el ambiente que les rodea (vv. 15-16)

   Cual es nuestro pensamiento en nuestros corazones, así somos nosotros (Proverbios 23:7). Lo que seamos y quiénes seamos por dentro —no lo que está afuera—es lo que determinará nuestras acciones y respuestas. Esto fue lo que Pablo le pudo escribir a los cretenses, a pesar de ser éstos impuros: “Todas las cosas son puras para los puros” (1:15).

 

   El que es puro se puede refrenar ante lo prohibido, evita tener la actitud del que está presto para juzgar y condenar, y puede pasar en medio de un ambiente de maldad sin que su carácter se contamine.

 

   Desde luego que es preferible ser puro a ser “corrompido”?4 Este es un problema por partida doble. El corrompido tiene su mente afectada (no piensa de modo correcto) y también su conciencia (ya no le importa la pureza). Primera de Timoteo 4:1-3, habla de los que prestan atención a espíritus engañadores y tienen sus conciencias cauterizadas como con hierro candente.

 

   No es así el comportamiento natural de la raza humana ni es ése el camino que ella sigue. El uso que hace Pablo de un término semejante a “teñir”, ilustra que el carácter natural o normal ha sido cambiado por lo antinatural y anormal. Dios no nos hizo tan bajos. Haga un paralelo de lo anterior con Hebreos 5:11, donde el escritor acusó a algunos de haberse “hecho tardos para oír”. No es así como nace la gente. Dios hizo al hombre recto. Desafortunadamente, “ellos buscaron muchas perversiones” (Eclesiastés 7:29). La obra que se le encargó a Tito, así como a todo evangelista, es la de ¡contribuir a restaurarle al hombre la dignidad con la que Dios lo diseñó!

 

   Los puros procurarán seguir una senda de pureza, pero los corrompidos, aunque alegarán ser leales a Dios, cuando se vean afectados por el estrés o no soporten alguna carga, serán los primeros en negarlo (1:16). Prometen practicar la piedad, pero sólo la “profesan”? ¡Son tantos los que dicen: “Yo sé que eso es lo correcto”, yen el mismo instante hacen todo lo contrario! Deberían atender a lo que dice Cristo en Mateo 7:15-23; 23:2-3.

A los reprobados y rebeldes, en lugar de reconocérseles buenas obras —el hilo dorado que se entreteje en la carta de Pablo a Tito— se les pronuncia el fallo de “abominables”. ¡Cuán trágico es cuando las almas creadas a la imagen de Dios llegan a perder su valor!. Fin.