La causa de Cristo y la redención

 

La carta de Pablo a Tito

La causa de Cristo produce esperanza de vida eterna

(Tito 1)

 

“Por esta causa te deje en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad…” (Tito 1:5).

 

   Dios, quien no puede mentir, fue quien hizo la promesa de la vida eterna, y la hizo cuando todavía no había dado comienzo la dimensión temporal. ¡Realmente es importante esta promesa que se le hiciera a un pueblo de hombres a los que se les conocía como mentirosos y glotones, y que habían vivido tan sólo para disfrutar del momento presente (1:12)! Al comienzo y al final de su carta, Pablo les expresó a los cretenses que se habían convertido al cristianismo, su deseo de que pusieran sus ojos más allá de lo temporal y de que construyeran sus esperanzas en lo que es eterno (1:2; 3:7).

 

   Pablo comenzó su carta enfocando la causa de Cristo y la forma como Tito podía guiar a los cretenses hacia la madurez en la redención (1:1-4). El le dio atención a la necesidad de que a la iglesia se le continuara guiando. Lo anterior se manifiesta en la forma como detalla los requisitos que deben llenar los obispos y la necesidad de que se nombren éstos (1:5-16). Pablo sabía que los cretenses podían ser redimidos de su modo de vivir desenfrenado, y que siendo guiados correctamente podían vivir fiel y piadosamente.

 

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Lección 1

La causa de Cristo y la redención

(1:1—4)

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Pablo pasó inmediatamente a presentar la posibilidad y potencial de la redención en Cristo, cuando le escribió a su “verdadero hijo” en la fe.

 

LA SENDA DE LA REDENCIÓN (v. 1)

   En el versículo 1, se traza el camino que lleva del materialismo al pensamiento piadoso. Este camino consiste en: crecer en “el conocimiento de la verdad que es según la piedad”.

 

   Antes de darse a conocer como “apóstol”, Pablo dijo que él era “siervo” de Dios. Hay que estar dispuestos a ser buenos siervos para poder ser buenos mensajeros de Jesús.

Después, Pablo habló de la fe de “los escogidos de Dios”. Esta frase no constituye asidero alguno para la doctrina calvinista, la cual sostiene que Dios eligió a ciertas personas para ser salvas (los elegidos), a la vez que predestinó a otros a ser condenados sin misericordia. Desde que Dios diseñó su plan para redimir a las personas, ya él tenía conocimiento de los que aceptarían este plan. Los que él sabía que le respetarían y obrarían justamente, llegaron a ser los “escogidos”, en otras palabras, los que él de antemano determinó que serían salvos.

 

   Para llegar a ser piadoso, son necesarios la “fe” y el “conocimiento”. Los que intentan “creer en Jesús”, pero desconocen la palabra de Dios, son como los que construyen una casa sin fundamento. Por otro lado, los que conocen la palabra, pero no la aplican personalmente para llegar a tener fe en el plan y los principios de Cristo, llegan a convertirse en una fuente de confusión y de conflictos.

 

   El objetivo de la redención es que los discípulos alcancen la “piedad”. Pablo estaba buscando la manera de poner a esta gente sobre un sólido fundamento, lo cual contrastaba con el ambiente de irresponsable indolencia de los cretenses. Pablo pondría la fe, la esperanza, y la verdad allí donde reinaba un miope estilo de vida (1:11-13).

 

EL RESULTADO DE LA REDENCIÓN (v. 2a)

   La piedad hará que elevemos por siempre nuestros ojos al cielo, dejándonos con “la esperanza3 de la vida eterna” (1:2a). La experiencia de ser resucitado con Cristo (Romanos 6:3-4; Colosenses 3:1-2) debería motivarlo a uno a llenar su mente con las cosas de arriba, y no con las cosas terrenales. ¡Cuán gran antídoto es éste contra el materialismo!

 

LA SEGURIDAD DE LA REDENCIÓN (v. 2b)

   Lo que Pablo estaba presentando descansa sobre un sólido fundamento, pues se trata de algo que procede de Jehová Dios, el “que no miente” (1:2b). En Hebreos 6:18, dice: “... para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asimos de la esperanza puesta delante de nosotros”. Lo anterior constituye un marcado contraste con los cretenses, los cuales habían sido tildados de “mentirosos” (1:12). La redención ha permanecido como un plan y como una promesa de Dios desde “antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4-6) para ser compartida con el pueblo de Dios (vea Juan 17:6, 9, 24).

 

LA REVELACIÓN DE LA REDENCIÓN (v. 3)

   En el momento que Dios así lo eligió, su plan fue dado a conocer mediante “la predicación” que ha traído su Hijo (1:3; Gálatas 4:4-5; Juan 6:44-68; 17:6-21; Efesios 3:3-5; Hebreos 1:1-5). No solamente se reveló, sino que también se “manifestó”4 en Cristo. En el nuevo pacto que se expresa en las Escrituras, podemos ahora leer acerca de un glorioso evangelio, al cual ni los ángeles se les había permitido ver (1ª  Pedro 1:10-12; 1ª  Timoteo 1:11). El Dios eterno bajó desde la sublimidad y santidad de su morada para venir a “hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15).

 

   Esta redención se divulgó a través de Pablo. Es de este modo como nosotros hemos recibido el “mandato”5 divino. El término que Pablo utilizó indica cuán profundamente consciente estaba de que era una misión que a él se le había encomendado. Ay de aquél que se apresure a darles a otros el mensaje de Dios, sin estar consciente del encargo que se le hace en el sentido de darle un fiel tratamiento a ese mensaje (2ª  Timoteo 2:15; 1ª  Pedro 4:11).

 

   ¡El hecho de que Dios haya dado el mandato descarta cualquier teoría que proclame que en el evangelio “no hay normas”! No se nos ha dejado a la deriva en el mar de la vida sin una brújula, con la cual orientarnos. Podemos saber lo que es bueno y lo que es malo. La justicia de Dios ha sido revelada así como lo ha sido su ira en lo que concierne a la injusticia. No tenemos excusa (Romanos 1:16-20). Pablo fue escogido por Dios para darnos muchos de estos mandamientos, los cuales podemos entender (Efesios 3:3-5).

 

EL DESTINATARIO DE LA REDENCIÓN (v. 4a)

   Pablo elogió a Tito de tres maneras: 1) Él tenía el privilegio de ser partícipe de la gloriosa obra, ya en marcha, la cual consiste en compartir la esperanza de vida eterna con todas las personas. 2) Pablo describió a Tito como a su “verdadero hijo”6 (1:4a). Tito no simulaba ser obediente; era un verdadero hijo de Dios (Juan 3:3-5; 1ª  Corintios 12:13; Gálatas 3:26-27; Marcos 1:15-16). 3) Tito era hijo “en la común fe” (lo cual puede significar: “según la común fe”). Pablo y Tito eran colaboradores de Dios (1ª  Corintios 3:9). También estaban al servicio de esa fe. ¡Cuando esta redención se recibe, es para hacer partícipes de ella a los demás!

 

LAS RECOMPENSAS DE LA REDENCIÓN (v. 4b)

   La condición de Dios como “Padre” y la de Jesús como Salvador”, constituyen dos beneficios: herencia divina y perdón de pecados, los cuales jamás hubiéramos podido alcanzar por nosotros mismos. Son grandes las recompensas que vienen con la redención. Una es la “gracia”. La gracia sirve de apoyo para dar el paso a la “paz” (1:4b). Las bendiciones de la redención, tal como Pablo las menciona en esta introducción, resuenan con el eco de la inspiración de las Escrituras. Fin.