El amor se somete a prueba

 

De la serie general: Lo más importante es el amor

 

(Lección  8)

 

      Que no quepa la menor duda, es un mundo loco y confuso en el que vivimos. Podemos hacer llegar a un hombre a la luna, pero no podemos llevarnos bien con el vecino de al lado. Inventamos métodos para prolongar la vida y después inventamos métodos para matar a la mitad de la población de la tierra. Tenemos más cosas que nunca antes, pero a la vez nos da miedo salir solos de noche.

     Cada vez son más las autoridades en diferentes campos del saber, que se dan cuenta de que si no aprendemos a llevarnos biensi no aprendemos a amarnos unos a otros la civilización, tal como la conocemos, está destinada a desaparecer. Ordway Tead lo expresó de la siguiente manera, en el Illinois Medical Journal:

Según se desprende de la biología, la antropología, la sociología, la historia, el análisis económico, los nuevos conocimientos de la psicología, la pura cortesía humana y el sentido común, cada día que pasa, se confirma y se reafirma más y más claramente el imperativo para la supervivencia, de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Incluso Bertrand Russell, el autor de Por qué no soy cristiano, típico representante del humanismo ateo, tuvo que reconocer lo siguiente:

La raíz de la cuestión es algo muy sencillo y anticuado, tan sencillo que casi me da vergüenza mencionarlo, por temor de la sonrisa burlona con la cual los cínicos recibirán mis palabras. Eso de lo que estoy hablandopor favor, perdónenme por mencionarlo es el amor, el amor cristiano o la compasión.

Es como una canción lo expresaba hace algunos años: «Lo que el mundo necesita ahora es amor, dulce amor».

     Esa necesidad fue confirmada por Jesús hace casi dos mil años. Sucedió cuando un intérprete de la ley se le acercó para probarlo con una pregunta: «¿Cuál es el gran mandamiento en la ley?». Jesús le contestó:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas (Mateo 22.37-40).

       En una lección anterior, nos referimos brevemente a este pasaje, e hicimos hincapié en el mandamiento número uno: amar a Dios. En una lección subsiguiente, tratamos el concepto del amor a sí mismo. En esta lección, deseamos tratar el concepto de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

EL AMOR SE SOMETE A PRUEBA: «AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO»

      El mandamiento que dice: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» fue dado primero por Moisés (Levítico 19.18) y repetido después por Jesús y otros oradores y autores inspirados del Nuevo Testamento. No se peca de exceso al recalcar su importancia. El mandamiento, dado en las anteriores palabras, se encuentra ocho veces en el Nuevo Testamento.

Aprender a amar a nuestro prójimo está ineludiblemente ligado a nuestro amor por Dios.

Si alguno dice: Yo amo a díos y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano (1ª  Juan 4.20-21).

       Así, tenemos pasajes como los que siguen. Cuando Jesús le respondió la pregunta al joven rico, sobre qué debía hacer para tener la vida eterna, parte de su respuesta la dio con estas palabras: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 19.19).

      Cuando Pablo les escribió a los Calatas, acerca de la forma como debían tratarse unos a otros, les dijo: «Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Calatas 5.14).

      Cuando Santiago escribió en contra de hacer acepción de personas, el siguiente versículo constituyó la esencia de su exhortación: «Si [...]  cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis» (Santiago 2.8).

      He aquí como el amor se somete a prueba: Cuando se me invita a abrir mi corazón lo suficiente para amar a las personas y llevarme bien con los demás. Esta es una prueba para todos nosotros.

      Es una prueba para los jóvenes. Toda encuesta que he visto, acerca de las necesidades expresadas por adolescentes, pone en el primer lugar de la lista las siguientes palabras: Cómo llevarme bien con los demás.

      Es una prueba para los mayores. Tenemos costumbres profundamente arraigadas. Tenemos los prejuicios de toda una vida. Tenemos nuestros queridos horarios ya elaborados, y nuestro adorado círculo de amigos, con los cuales nos sentimos a gusto. Es tan difícil romper el molde.

      Alguien dijo que cualquier predicador que diga que este es un mandamiento fácil, está dando a entender una de dos cosas: 1) que nunca lo ha intentado, o 2) que la gente que le rodea es buenísima. Lea el siguiente poema: Amar al mundo entero No me va a complicar. Tengo un problema empero: Mi vecino de a la par.

 

LA PRUEBA DE AMAR A TODOS LOS SERES HUMANOS: «TU PRÓJIMO»

 

       Para apreciar esta prueba, dividamos el mandamiento en tres partes. Primero, tomemos por aparte la frase «tu prójimo». ¿Quién es el «prójimo» que se menciona en el mandamiento? Es probable que la mejor respuesta se encuentre en Lucas 10.25-37. Otro intérprete de la ley trató de probar a Jesús al preguntarle: «Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?». En lugar de responderle, Jesús le hizo al intérprete de la ley una pregunta: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?». Este respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Jesús dijo: «Bien has respondido; haz esto, y vivirás».

 

       Uno puede imaginarse al intérprete de la ley preguntándose qué fue lo que lo golpeó. En lugar de ser Jesús el que pasara la vergüenza, fue él, el experto en la ley, el que fue puesto en apuros. Así que se le salió preguntar: «¿Y quién es mi prójimo?». Esta era otra pregunta polémica, una sobre la cual los especialistas en la ley de Moisés tenían opiniones divididas. La palabra española «prójimo» se refiere literalmente a uno que está «próximo», es decir, el que está cerca de uno. Pero Jesús deseaba que este hombrey que nosotros también supiéramos que la palabra significa muchísimo más. Así que, a modo de respuesta. Él contó la conocida parábola del Buen Samaritano (Lucas 10.30-37).

Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca deél[...](vers.os30-33).

     Que no quepa la menor duda, el amor del samaritano fue sometido a dura prueba. De hecho, su amor fue sometido a una serie de pruebas. Estaba la prueba del prejuicio. Los judíos y los samaritanos eran enemigos. Se aborrecían unos a otros. Estaba la prueba de las prioridades. No hay duda de que el samaritano andaba tan ocupado como el sacerdote y el levita. Tuvo que alterar su horario para detenerse. Estaba la prueba del bolsillo. El ayudar a otros no sólo cuesta tiempo, también cuesta dinero. Pero su amor pasó las pruebastal como vemos en el resto del relato.

[...] y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos donarlos, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese (versos 33-35).

      Jesús después preguntó: «¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?». El intérprete de la ley respondió: «El que usó de misericordia con él». Entonces Jesús dijo: «Ve, y haz tú lo mismo» (verso 37).

      El punto es que el «prójimo» del mandamiento «Amarás a tu prójimo», puede ser cualquiera especialmente cualquiera con quien entremos en contacto que tiene necesidades (Calatas 6.10). Pero, en vista de que todo el mundo tiene una u otra clase de necesidadessi no son materiales, serán espirituales y tal vez emocionales la palabra cualquiera resulta apropiada. Note Romanos 13.8-10:

No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

      Note que Pablo dice que el amor es una deuda que tenemos para con todos los hombres. ¿Por qué? Porque todos somos hermanos en la carne, si no es que en el espíritu. Porque Dios nos amó y nosotros debemos amar a los demás.

      Otros pasajes que se refieren al mandamiento de amar a nuestro prójimo, subrayan lo mismo: que el término «prójimo» abarca a todos los seres humanos. En Calatas 5.13-15, el mandamiento se aplica a la manera como tratamos a los hermanos en Cristo. Santiago 2.8 me dice que mi prójimo es el hombre andrajoso que viene al culto.

       Es probable que la prueba más grande de este mandamiento, sea, no obstante, la que se da en el Sermón del Monte. Jesús contrastó allí la antigua leyy las tradiciones que la llegaron a acompañar con Su camino nuevo. Luego llegó al siguiente contraste:

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan, y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publícanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto (Mateo 5.43-48).

        Es obvio que los judíos del tiempo de Jesús no entendían que el prójimo era cualquiera con necesidadesporque los enemigos también tienen necesidades. La invitación que se nos hace es a ser perfectos como Diosperfectos en el sentido de que nuestro amor abarca tanto a nuestros amigos como a nuestros enemigos, del mismo modo que el amor de Dios lo hace.

LA PRUEBA DE AMAR AL QUE NO ES AMABLE: «TU PRÓJIMO» INCLUYE A TU ENEMIGO

     El mandamiento en el sentido de amar a nuestros enemigos es uno de los más grandes distintivos del cristianismoy es probable que sea la prueba más difícil que alguna vez tendremos como cristianos.

     Agreda usted a un musulmán y éste le cortará la garganta en el nombre de Mahoma. Diga algo contra algún dignatario oriental, y éste le pondrá frente al pelotón de fusilamiento. Esa es más o menos la reacción natural. El poeta alemán Heinrich Heine hizo la siguiente descripción de la verdadera felicidad:

Mis deseos son un humilde rancho con techo de paja, un buen lecho, buena comida, flores en mi ventana, y unos cuantos hermosos y altos árboles a la entrada. Y si el buen Dios del cielo realmente desea hacerme completamente feliz, me concederá el gozo de ver a seis o siete de mis enemigos colgando de los altos y hermosos árboles.

      Una vez estaba un predicador hablando acerca de amar a los enemigos de uno, cuando se detuvo para decir: «Después de todo, todos tenemos enemigos». En eso, un anciano alardeó diciendo: «Yo no». «¡Maravilloso!exclamó el predicador¿Y cómo hizo?». «¡Sólo yo quedé vivo de todos esos pillos!», dijo carcajeándose el anciano.

      Digo nuevamente que la anterior es la reacción natural. Pero Jesús dice que el cristiano ha de reaccionar de modo diferente. Insulte usted a un hombre del mundo, y éste le golpeará. Pero insulte a un cristiano, y ¡éste orará por usted y le traerá un tazón de sopa cuando esté enfermo!

      Pero habrá quien proteste: «¡No es natural reaccionar así!». Por supuesto que no. Ese es el punto. El cristianismo nos capacita para elevarnos por encima de lo que es simplemente natural y carnal. Pedro dice que por medio de las promesas de Dios nosotros podemos «llegar a ser participantes de la naturaleza divina» (2ª Pedro 1.4; énfasis nuestro).

     ¿Ha pensado usted alguna vez en el hecho de que el amor de Dios también fue sometido a prueba? La verdadera prueba del amor de Dios no fue si Él podía amar a gente como Abraham, José y David. La verdadera prueba fue si podía amar a los que eran como Saulo de Tarso, que corría por todo lado como un loco tratando de destruir Su iglesia, y matando personas y desintegrando familias. Fue si podía amarlo a usted y a mí. Pero, gracias a Dios, Su amor pasó la prueba. Ahora Pedro dice que con la ayuda de Dios, nosotros podemos ser participantes de la naturaleza divina. Podemos aprender a amar a todas las personas, aun a nuestros enemigos.

LA PRUEBA DEL AMOR ÁGAPE: «AMARÁS»

Devolvámonos a la primera parte del mandamiento: «Amarás [...]». Necesitamos repasar lo que significa la palabra «amarás». Cuando se nos manda amar a nuestros enemigos, la palabra que se usa es agapao, que no es tanto asunto de emociones como sí de voluntad. La definición de ágape que elaboramos para esta serie, es lo «que busca lo mejor para el ser amado». El mandamiento no es en el sentido que amemos con amor filia a todo el mundo, ni que amemos con amor filia a nuestros enemigos, sino que les amemos con amor ágape. No se nos manda quererlos, sino amarlos. El énfasis relacionado con el amor ágape es en ayudar a las personas, en tomarse tiempo para ellas, en preocuparse lo suficiente para llenar sus necesidades. Pablo dice en Romanos 13 qué es lo que el amor no hace: «Cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor» (versos 9-10; énfasis nuestro). Expresado negativamente, si uno ama a su enemigo, no le hará nada que le cause daño. Para el aspecto positivo, volvamos a Mateo 5. En el versículo 44, se da cierto paralelismo hebreo. El amar a los enemigos significa que oraremos por ellos: Pero yo os digo:

Amad a vuestros enemigos, Y orad por los que os persiguen (NASB).

Luego note Romanos 12.19-21, que presenta tanto el aspecto negativo como el positivo, de amar al enemigo:

No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

      Expresado negativamente, amar al enemigo significa que uno no se vengará. Expresado positivamente, amar al enemigo significa que uno llenará sus necesidades. Al actuar de esta manera, uno «[amontonará] ascuas de fuego [...] sobre su cabeza»; puede que su conciencia se conmueva cuando vea que usted le está devolviendo bien por mal.

     Hace algún tiempo el Readers Digest publicó un artículo titulado: «Ame a sus enemigoslos volverá locos», el cual es un enfoque humorístico de Romanos 12 y Mateo 5. Entre otras cosas, el autor, J. P. McEvoy, contó acerca de un hombre que compró una finca. Cuando fue a ver lo que había comprado, se encontró con su nuevo vecino.

«No vea ahora,dijo el vecino lo que pasa es que cuando usted compró este terreno, también se compró un pleito legal conmigo. Su cerca está metida tres metros dentro de mi tierra».

El nuevo propietario sonrió y dijo: «Creí que iba a encontrar vecinos amistosos aquí, y así va a ser. Y usted me va a ayudar. Cambie de lugar la cerca y póngala donde usted guste, y me envía la cuenta. Usted estará satisfecho, y yo seré feliz».

Según cuenta la historia, aquella cerca nunca fue cambiada de lugar, y el enemigo potencial nunca fue el mismo. Andaba por todo lado hablando consigo mismo. No salía de su asombro; después de ello, aunque estaba un poco desconcertado, fue un vecino amistoso.

        Otros pasajes subrayan también que la idea clave de la manera como se ama con amor ágape a otra persona, es ayudándole. Calatas 5.13-14 dice que la clave para amar a los demás, es aprender a ser un siervo. En Santiago 2.8ss, amar a otra persona significa que me molestaré por hacer que un visitante pobre se sienta recibido. Primera de Corintios 13.4-7 resume lo que para mí supone amar a todos los seres humanos: Seré paciente con ellos. Seré benigno con ellos. No les tendré envidia. No me jactaré, ni me envaneceré. Seré cortés con todos los seres humanos. Seré desinteresado en mis tratos con los demás. No me irritaré, ni guardaré rencor. Siempre interpretaré de la mejor manera posible lo que otros hagan.

         Nunca me gozaré cuando le sobrevenga el mal a otro, aunque sea enemigo. Seré capaz de sufrirlo todo. Pensaré lo mejor; pondré mi mirada en lo bueno de las personas. Esperaré lo mejor. Soportaré.

         Dicho brevemente, en mis tratos con los demás, incluso con mis enemigos, no reaccionaré, sino que actuaréactuaré con amor, actuaré como Dios desea que actúe.

         Permítame devolverme un poco. En relación con la prueba de amar al enemigo, subrayé que el énfasis no se hace en querer, sino en amar. Subrayé que el énfasis se hace en servir, en ayudar y en llenar necesidades. Ahora permítame subrayar una vez más que no es mi intención desechar las emociones correctas, ni siquiera en lo que tiene que ver con amar al enemigo.

         Si no tenemos cuidado, podemos dar la impresión de que todo lo que supone amar al enemigo, es llevar a cabo ciertas acciones. Puede que le demos un tazón de sopa a un enemigo enfermo, con la actitud del que piensa: «Espero que el viejo fulano se atragante». Puede que al llevar a cabo acciones que muestran preocupación lo estemos haciendo del mismo modo que le arrojaríamos un hueso añejo a un perro gruñón, tan sólo porque nos da temor de que si no lo hacemos, la Sociedad Protectora de Animales nos puede sancionar. No, no, no. El amor, incluso el amor ágape, jamás podrá ser considerado carente de emoción. ¿Notó lo que dice Lucas 10.33? Cuando Jesús describió lo que amar al prójimo supone. Él dijo: «Cuando [el samaritano] vio [al judío herido], tuvo compasión de éste» (NASB; énfasis nuestro). La ayuda que el Buen Samaritano le facilitó a su enemigo, no fue una acción fría ni calculada; fue motivada por la compasión.

         A medida que aprendemos a servir, a ayudar a los demás y a hacerles bien a nuestros enemigos, cultivemos también una buena actitud. Despojémonos de la animosidad de nuestros corazones. Despojémonos de la amargura. Aprendamos a perdonar. Pidamos en oración: «¡Dios, haznos personas compasivas!».

 

LA PRUEBA DEL CUIDADO TOTAL: COMO A TI MISMO

          Antes de terminar, diré un par de palabras acerca de la tercera parte del mandamiento: «Como a ti mismo». Un entendimiento de esta frase puede subrayar muchas de las verdades que hemos tratado de enfatizar.

          ¿Cómo nos amamos a nosotros mismos? Hay muy pocas excepciones, pero la mayoría de nosotros no se mira al espejo para decirse «Te amo, te amo, te amo (beso, beso, beso)». Más bien, lo que hacemos es cuidar de nuestras necesidades. Después de que Pablo dijo que los hombres deben «amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos», él explicó lo que quiso decir: «Nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida» (Efesios 5.28-29; énfasis nuestro). Amar a los demás como a nosotros mismos, consiste en ser lo suficientemente desinteresados para suplir sus necesidades.

           Por otro lado, este amor por sí mismo por lo general incluye alguna emoción básica de preocupación por sí mismo. Normalmente hay emoción de por medio. Del mismo modo, es necesario cultivar un sentimiento de preocupación en nuestras relaciones con los demás/ incluso con nuestros enemigos.

          Cuando considero el amor a sí mismo, pienso en un pasaje que resume lo que significa amar al prójimo de uno, aunque la frase «ama a tu prójimo» no se encuentra en él. Es un pasaje conocido: «Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros; así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas» (Mateo 7.12). Esta es la conocida regla de oro, que a menudo se expresa con las siguientes palabras: «Haz con los demás, como a ti te gustaría que ellos hicieran contigo».

        ¿Cómo sé que tal regla resume «el segundo gran mandamiento»? Lo llego a saber al poner varios pasajes el uno junto al otro. En Mateo 22.40, después de que Jesús dio las últimas dos leyes del amor. Él dijo: «De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas». En Romanos 13.9-10, Pablo dijo que si uno ama a su prójimo, uno cumple la ley. En Calatas 5.14 volvió a decir que la ley se cumplía en el mandamiento de amar al prójimo de uno. Compare estos pasajes con Mateo 7.12, donde Jesús dice que «la ley y los profetas» se resumen en la regla de oro. Si el mandamiento de amar a su prójimo resume la ley, y la regla de oro también la resume, entonces el mandamiento de amar a su prójimo, debe de significar básicamente lo mismo que el mandamiento en el sentido de «hacer con los demás» como nos gustaría que ellos hicieran con nosotros. Tal como reza la antigua ecuación algebraica: «Dos cosas iguales a una tercera, son iguales entre sí».

LA PRUEBA DE LA REGLA DE ORO: «COMO A TI MISMO» INCLUYE PACIENCIA Y COMPRENSIÓN

         Pero, ¿qué significa tratar a los demás como a nosotros nos gustaría ser tratados? Permítame subrayar una cosa en este momento: A mí me gusta que me traten con paciencia y comprensión. Por lo tanto, necesito tratar a los demás con paciencia y comprensión.

        ¿No es así como a usted le gusta que los demás lo traten? Usted no es perfecto, y yo tampoco lo soy. Pero los dos estamos esforzándonos. De modo que nos gustaría que la gente tuviera paciencia con nosotros. Nos gustaría que la gente tratara de comprender por qué somos como somos, y por qué hacemos lo que hacemos.

        De modo que eso significa que debemos tratar a los demás de esa manera, aun a nuestros enemigos. Necesitamos ser pacientes. Necesitamos ser comprensivos. Eso no significa que vamos a consentir en otros lo que está mal, sí significa que estaremos mejor capacitados para relacionamos con ellos y para ayudarles. Sí significa que trataremos de comprender su forma de ser. «Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor» (Efesios 4.2). «El amor cubrirá multitud de pecados» (1ª  Pedro 4.8).

         Para hacer esta lección tan práctica como sea posible, me gustaría que pensara usted en una persona a la que halla difícil amar. Me gustaría que la considerara como la prueba especial a la cual se somete su amor, prueba que dirá si su amor es verdadero o no. Tome la determinación de concentrarse en las próximas semanas (o meses o años) en aprender a amar a esa persona y a mostrar su amor. Este ejercicio ensanchará su alma de un modo que ninguna otra cosa lo hará.

CONCLUSIÓN

         En esta lección hemos hablado acerca de una de las pruebas más difíciles de nuestro amor: el aprender a amar a todo el mundoincluso a nuestros enemigos. Mientras nos preparamos para entonar un cántico de invitación, permítame recordarle que también hay algunas pruebas del amor en cuanto a nuestra relación con el Señor. Por ejemplo. Jesús dijo en Juan 14.15: «Si me amáis, guardad mis mandamientos». Esta invitación será, por lo tanto, un verdadero momento de prueba para algunos: para los que necesitan ser bautizados y para los que necesitan ser restaurados. Si necesita responder, es nuestra oración que usted pase la prueba. FIN