AMOR ASÍ MISMO QUE NO ES EGOISMO

De la serie: Lo más importante es el amor

 

(Lección  7)

 

 

       Generalmente, en la mayoría de los púlpitos se enseña y se hace énfasis pasajes como estos:

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino (Isaías 53.6).

Todas nuestras justicias [son] como trapo de inmundicia (Isaías 64.6).

No hay justo, ni aun uno (Romanos 3.10).

 

        Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3.23).

 

        Se hacía notar que Jesús dijo: «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5.3), y que la palabra griega que se traduce por «pobre», no significa tener poco, sino no tener nada. El cuadro que se presenta es el de un hombre que, dándose cuenta de su destitución espiritual, extiende su mano vacía a Dios. La palabra «autoestima» no era desconocida al tiempo que salimos de los Estados Unidos; sin embargo, una cosa era segura, y es que no era objeto de grandes consideraciones teológicas.

        Cuando volvimos a los Estados Unidos, a fina les de 1977, el ambiente religioso estaba saturado con el concepto de autoestima, siendo una frase clave «la imagen de sí mismo». Había libros, sermones, artículos y carteles declarando que la humanidad tiene problemas con la imagen de sí misma, y que, si todos cultivamos una imagen favorable de nosotros mismos, la mayoría de nuestros problemas, si no es que todos, desaparecerían. Se les estaba diciendo a los padres cristianos que la tarea más grande que tenían delante de sí, era desarrollar en sus hijos una imagen favorable de sí mismos.

         No soy demasiado orgulloso para reconocer que siempre es posible que haya pasado por alto algo en la Biblia. Si la Biblia tiene lo suficiente que decir sobre cierto tema, no hay duda de que deseo predicarlo. Así que me propuse llevar a cabo un estudio a fondo del tema de la autoestima. Descubrí que, aunque se usa una variedad de pasajes para probar que el hombre, especialmente el cristiano, debería tener una imagen favorable de sí mismo, invariablemente el punto de partida era uno de los textos más importantes que hemos estado estudiando: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22.39), con énfasis en las palabras «como a ti mismo».

         Que yo sepa, nadie niega el hecho de que Jesús (y otros) dieron por sentado el amor a sí mismo en Mateo 22.39, y en otros pasajes que citan Levítico 19.18. Sin embargo, hay que preguntarse si es cierto que Jesús estaba enseñando lo que algunos dicen hoy día que Él estaba enseñando. ¿Qué significa amarse a uno mismo?

         Esta lección no será primordialmente sobre la autoestima. No hay duda de que muchos tienen problemas para funcionar adecuadamente en su vida personal y religiosa, debido a que tienen una imagen muy poco favorable de sí mismos. Se hizo énfasis en lo anterior en una reunión con un grupo de predicadores que se llevó a cabo recientemente. Un predicador habló de miembros que jamás habían conocido el gozo del cristianismo. Muchos predicadores dijeron que estaban tratando de ayudar a personas que están destruyendo su matrimonio y otras relaciones debido fundamental mente a que no se quieren a sí mismas.

         No hay manera de que pueda abarcar todo lo que se podría y se debería tratar sobre este tema. Será mi propósito analizar qué significa amarse a uno mismo, y el tema de la autoestima será tratado únicamente de modo indirecto, en la medida que se relacione con el texto. Espero, no obstante, que algo de lo que se diga sea útil para los que tienen problemas con la autoestima.

         Mi enfoque será una serie de cinco contrastes. En cada caso me referiré primero a lo que el amor a sí mismo no significa, desde el punto de vista bíblico, y después, a lo que sí significa.

 

EL AMOR A SÍ MISMO NO SIGNIFICA QUE JESÚS DIO UN TERCER MANDAMIENTO

         Muchos insinúan que Jesús dio tres mandamientos en Mateo 22.37-40:1) Ama a Dios; 2) ama a tu prójimo y 3) ámate a ti mismo. Sin embargo, el texto que estamos estudiando subraya que Jesús sólo dio dos mandamientos: «Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante [...] De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas». (Énfasis nuestro.) Menciono esto porque algunos parecen creer que si una persona no se siente bien consigo misma, ella es culpable de desobedecer un principio fundamental del Señor. Así, a muchos se les hace sentir culpables porque no «se sienten bien» consigo mismos.

EL AMOR A SÍ MISMO SIGNIFICA QUE ES NATURAL AMARSE A SÍ MISMO

         En lugar de mandar que nos amemos a nosotros mismos, el texto da por sentado que nos amamos a nosotros mismos. El amor a sí mismo se considera axiomático, es decir, manifiesto. La mayoría de nosotros normalmente cuidamos de nosotros mismos; así nos hizo Dios. Un antiguo proverbio inglés dice: «La auto-preservación es la primera ley de la naturaleza». Por otro lado, no estamos hechos de modo que automáticamente amemos a los demás. De modo que Jesús dice que debemos amar a los demás como a nosotros mismos.

EL AMOR A SÍ MISMO NO SIGNIFICA QUE UNO DEBE «SENTIRSE BIEN» CONSIGO MISMO

         La palabra que se traduce por «amor» en Mateo 22.37-40, es una forma de ágape. Recuerde lo que se dijo acerca del amor ágape: Ágape no es un amor que carezca de emoción; sin embargo, no depende de la emoción. Cuando amamos con amor ágape a nuestros enemigos, no se exige de nosotros que tengamos sentimientos cálidos para con ellos. Mientras escribo a máquina esta lección en una habitación de motel, mi esposa está viendo por televisión un programa sobre los violadores. Dudo seriamente de que a una mujer que fue violada, por más cristiana que sea, se le mande «sentirse bien» con el violador. Lo que se le manda es que ame a este hombre, que se preocupe por su alma, pero no está obligada a tener sentimientos cálidos para con él. «Sentirse bien» no es un componente inherente al amor ágape.

      Hay un pasaje que habla acerca del amor a sí mismo en el sentido de sentirse bien consigo mismo: 2ª Timoteo 3.1-5. En el versículo 2, la frase «amadores de sí mismos» se forma con filia (amor) y autos (a sí mismos). Recuerde que filia supone sentimientos cálidos y emociones. Piense en lo que Pablo está diciendo; las siguientes son las consecuencias de la clase equivocada de amor a sí mismo:

También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios. (Énfasis nuestro.)

         Por favor, no mal entienda. No estoy diciendo que al cristiano se le manda sentirse mal consigo mismo todo el tiempo. A veces deberíamos sentirnos mal con nosotros mismos, especialmente cuando se nos confronta con nuestros pecados. A esto se le llama «culpa», y dentro del plan de Dios, la culpa ha sido concebida para hacer que nos arrepintamos de nuestros pecados y nos volvamos a Él, de modo que podamos ser perdonados por Su gracia. Si nunca nos sentimos mal con nosotros mismos, es porque algo anda terriblemente mal con nuestra conciencia. Por otro lado, no hay duda de que son muchas las razones por las que el cristiano debe sentirse bien consigo mismo. Entre éstas están, por ejemplo, la enseñanza, la vida y la muerte de Jesús.

        Jesús enseñó que Dios lo hizo a usted (Mateo 19.4), y, como bien sabemos, «todo lo que Dios hizo fue bueno». Jesús también enseñó que usted tiene mucho mayor valor que todo el mundo: «Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma (Mateo 16.26). Otra razón es la vida de Jesús; Él dejó el cielo y vino a este mundo por usted:

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2.5-8).

      Y no se olvide de la muerte de Jesús; Él le ama a usted y murió por usted (Juan 3.16). Si no hubiera habido nadie más sobre la tierra, excepto usted, Jesús siempre habría muerto por usted.

      No estoy diciendo que usted debería sentirse mal consigo mismo. Lo que estoy diciendo es que «sentirse bien consigo mismo» no es lo que se contempla en Mateo 22.39.

EL AMOR A SÍ MISMO SI SIGNIFICA QUE UNO DEBE CUIDAR DE SÍ MISMO

 El significado básico del amor ágape es «pro curar lo mejor» para los seres que amamos, es velar por las necesidades. En Efesios 5.28-29/ Pablo dio una explicación acerca de qué significa el «amor a sí mismo», la cual probablemente sea la mejor que se haya dado: «Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida». (Énfasis nuestro.) El «amor a sí mismo» supone por lo menos tres acciones: 1) provisión, 2) protección y 3) conservación en otras palabras, velar por las necesidades que uno tenga.

         Tal vez debería hacerse notar de paso que, además de las necesidades materiales, cada uno de nosotros tiene necesidades emocionales. Necesitamos seguridad: seguridad física para el futuro, y seguridad emocional (aceptación incondicional). También necesitamos sentir que tenemos valor. Para llenar esta necesidad es preciso tener un propósito en la vida, y la oportunidad para desarrollar todo nuestro potencial. En vista de que el amor a sí mismo significa que cuidamos de nosotros mismos y llenamos nuestras necesidades, es razonable que uno pueda legítimamente tratar de llenar estas necesidades emocionales. Pero tome nota de esta advertencia: Si el llenar estas necesidades se convierte en la aspiración más importante de nuestra vida, nuestros esfuerzos tendrán efectos contraproducentes. Tal como el autor James Dobson hace notar: «A diferencia del apetito por alimento, agua, sexo y otras exigencias fisiológicas del cuerpo, la necesidad de autoestima se vuelve cada vez más exigente conforme va siendo satisfecha».

EL AMOR A SÍ MISMO NO SIGNIFICA QUE UNA IMAGEN FAVORABLE DE SÍ MISMO SEA DE SUMA IMPORTANCIA

         Por supuesto que yo no sería capaz de afirmar que una imagen favorable de sí mismo carece de importancia. Una imagen favorable de sí mismo puede ayudarle a uno en la realización de muchos objetivos de esta vida. Considere al atleta que se «mentaliza» antes de la gran competencia. También, una imagen favorable de sí mismo puede ayudarle a uno en sus relaciones con los demás, y, por el contrario, una imagen desfavorable puede echar a perder tales relaciones. Si no me puedo llevar bien conmigo mismo, es probable que no me pueda llevar bien con los demás. Pero sigue siendo cierto que no hay nada en el texto que estamos estudiando, ni en ningún otro pasaje de la Biblia, que yo sepa, que insinúe que el desarrollar una imagen favorable de sí mismo debería ser uno de los objetivos más importantes de la vida.

        De hecho, a medida que uno avanza en su estudio de la Biblia, halla muchos hombres de Dios que tenían lo que hoy se le podría llamar una «imagen desfavorable de sí mismos», especial mente en el momento cuando se les confrontó con su pecaminosidad, y se vieron delante de la gloria de Dios. Considere, por ejemplo, lo que dice David de sí mismo en Salmos 22.6: «Mas yo soy gusano, y no hombre», o lo que dice Job, en Job 42.6: «Me aborrezco». Y a pesar de esa imagen, estos hombres vivieron vidas productivas en el Señor.

EL AMOR A SÍ MISMO SIGNIFICA QUE UNO PUEDE TENER UNA IMAGEN DESFAVORABLE DE SÍ MISMO, Y AUN ASÍ AGRADAR A DIOS

       Según el texto que estamos estudiando. Mateo 22.39, si uno 1) ama a Dios y 2) ama a los demás, agradará a Dios.

       Necesitamos entender que es posible tener una imagen favorable de sí mismo, y aun así estar perdido. En Lucas 18, Jesús cuenta acerca de un fariseo que fue al templo a orar. Es obvio, según se desprende de sus palabras, que tenía una imagen muy favorable de sí mismo: «Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros [...] ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano» (versos 11-12). Sin embargo, su oración no fue oída.

        Por otro lado, es posible tener una imagen desfavorable de sí mismo, y ser salvo. Esto fue lo que dio a entender Juan:

Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él; pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios (1ª  Juan 3.19-21).

       Son dos clases de hombres los que describe Juan. Los dos son piadosos. Los dos aceptan a Jesús como un ser divino, y los dos obedecen a Dios. Pero uno de ellos todavía tiene un corazón que le reprende, es decir, tiene una conciencia que le hace sentir culpable. Tal vez se deba a la forma como fue criado. No cree que merezca el perdón. No conoce el gozo de la salvación. El otro, por el contrario, tiene un corazón que no le reprende, es decir, su conciencia está limpia. Como resultado de ello, está seguro de su vida cristiana. Es obvio que Juan desea que todos nosotros seamos como el segundo hombre. Deberíamos tratar de creer todo lo que podamos, en las promesas de Dios. Entre otras cosas, necesitamos aprender a perdonarnos a nosotros mismos.

        Uno puede ser como el primer hombre, y aun así ser salvo. Mientras seamos cristianos y estemos tratando con todas nuestras fuerzas de hacer lo que Dios desea, aun si nuestro corazón todavía nos reprende, podemos tranquilizarnos con esta gran verdad: ¡«Mayor que nuestro corazón es Dios»!

         Las dos clases de personas podrían compararse con dos hombres que abordan un aeroplano. A uno le horroriza volar y no logra tranquilizarse ni un momento durante todo el vuelo. El otro, en cambio, no tiene temor alguno y disfruta del vuelo. Los dos, sin embargo, llegan a su destino.

        No me malentienda. Dios desea que disfrutemos del peregrinaje cristiano; Él no desea que estemos aterrorizados durante todo el viaje. Cada uno de nosotros necesita estar fortaleciendo su fe y confianza en el Señor, con el fin de que la vida cristiana sea más agradable cada día que vivimos. Pero, si por causa del temperamento, o de la manera como fuimos criados, no llegamos a aprender a tranquilizarnos totalmente en nuestra vida cristiana, ello no tiene por qué ser mortal. Mientras no permitamos que nuestra preocupación por nuestra condición espiritual nos desanime al punto de que renunciemos, podemos tener lo que el mundo llama una imagen desfavorable de nosotros mismos, y aun así ser salvos.

EL AMOR A SÍ MISMO NO SIGNIFICA QUE UNO TIENE QUE ESPECIALIZARSE» EN SÍ MISMO

      Vivimos hoy día en la «generación del yo primero». Primero tuvimos una revista llamada Life (Vida). Después comenzó a publicarse la revista People (Gente). Más adelante apareció una revista llamada Us (Nosotros), seguida de otra llamada Self (tino mismo). Alguien insinuó que, al paso que vamos, al final vamos a tener una que se llame Me (Yo), la cual estará llena de páginas de papel de aluminio, para que me pueda ver a mí mismo. La siguiente quintilla jocosa expresa la actitud egocéntrica de hoy día:

De tanta belleza se creía Narciso, Que a su propia imagen caía sumiso; Y contemplándose quedaba extasiado, Siendo su rostro por él mismo alabado; Lo que para necios, aún hoy, es preciso.

       Al reflexionar sobre el egocentrismo de hoy día, me pregunto cuánto del discurso que se oye acerca de la autoestima, no será más bien un reflejo de la era en que vivimos, y no tanto una clara enseñanza que provenga de la Biblia.

       Si algo enseñan las Escrituras, ello es el peligro que conlleva el poner demasiado énfasis en uno mismo. El hombre rico de Lucas 12 estaba preocupado únicamente por sí mismo:

Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate (versos 17-19; énfasis nuestro).

        Esto fue lo que Dios dijo a este hombre egoísta: «Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?» (verso 20). Jesús dijo: «Así es el que hace para tesoro, y no es rico para con Dios» (verso 21; énfasis nuestro).

Por toda la Biblia se subraya que la esencia del pecado es el egoísmo.

       Si usted quisiera estudiar a fondo la relación entre el amor a sí mismo y el egoísmo, le recomiendo el libro The Danger of Self-Love (El peligro del amor a sí mismo), de Paúl Brownback. Este autor hace notar que «por casi dos mil años, los teólogos estudiaron las Escrituras sin descubrir la doctrina  del amor a sí mismo, tal como la conocemos hoy día». Hace notar, además, que el primer autor contemporáneo que usó los versículos sobre el amor a uno mismo, para enseñar que el amor a sí mismo es un asunto de gran importancia, no fue un autor religioso, sino un humanista confeso, llamado Erich Fromm.

       Es extremadamente peligroso, desde el punto de vista espiritual, «especializarse» en uno mismo, cualquiera que sea el motivo que uno pueda tener.

EL AMOR A SÍ MISMO SIGNIFICA QUE SE DEBE TOMAR UNO MISMO COMO «ASIGNATURA SECUNDARIA»

       En lugar de enseñarnos que debemos «especializarnos» en nosotros mismos, el texto que estamos estudiando, da a entender claramente que debemos tomarnos a nosotros mismos como «asignatura secundaria». Tal como vimos en la lección sobre las prioridades del amor, uno mismo ocupa una posición después de Dios y del prójimo. En la lección que sigue, veremos que la expresión «prójimo» en realidad abarca a cualquier persona y no andaríamos muy lejos, si afirmáramos que se refiere a todo el mundo. En vista de que en el año 2000 la población mundial llegó a los seis mil millones, es posible que hoy día haya sobrepasado en gran manera tal cifra. Para el propósito que nos ocupa, no obstante, digamos que todavía anda por los seis mil millones. Si Dios ha de estar en primer lugar, todo el mundo en el lugar que sigue, y yo mismo de último, ¡quiere decir que voy a estar como en la posición seis mil millonésima! ¡De cualquier modo que se mire, estamos hablando de un lugar muy abajo en la lista! El texto que estamos estudiando, no anima a la exaltación de uno mismo; más bien, si a algo anima, ello es al menosprecio de uno mismo.

       Las Escrituras no hacen hincapié en el amor a sí mismo. Tampoco enseñan el aborrecimiento de sí mismo. Lo que sí enseñan es el olvido de sí mismo. Tómese unos minutos para pensar en los siguientes pasajes y en las consecuencias que de ellos se desprenden:

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida la perderá; y todo el  que pierda su vida por causa de mí/ la hallará (Mateo 16.24-25; énfasis nuestro).

Los primeros serán postreros, y los postreros, primeros (Mateo 20.16).

Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido (Mateo 23.12).

Digo [...] a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener (Romanos 12.3).

Ninguno busque su propio bien, sino el del otro (1ª  Corintios 10.24).

El amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo (1ª  Corintios 13.4-5).

Jesús no dijo: «Te veré en la cumbre», sino: «Te veré abajoa medida que aprendes a servir». La aceptación de sí mismo es buena, pero mejor es el olvido de sí mismoy lo ideal es el sacrificio de sí mismo.

El énfasis de las Escrituras no es en la autoestima, sino en la otroestima.

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo (Filipenses 2.3).

[Reconoced] a los que trabajan entre vosotros [y tenedlos] en mucha estima y amor por causa de su obra (  Tesalonicenses 5.12-13).

       Un sentimiento de valía propia es en gran manera como un sentimiento de felicidad y de contentamiento; si alguno de los anteriores es perseguido como un fin en sí mismo, se volverá difícil de lograr. Sin embargo, muchas veces pasa que si nos olvidamos de nosotros mismos, y nos concentramos en hacer que otros se sientan bien, o felices, o contentos, una consecuencia de ello es que estos sentimientos llegan a ser nuestros.

EL AMOR A SÍ MISMO NO SIGNIFICA QUE ESTE AMOR DEPENDE DE LOS CRITERIOS DEL MUNDO

        Hace algún tiempo compré el libro de James Dobson, titulado Hide or Seek (Escóndete o busca), el cual lleva por subtítulo: Cómo elevarle la autoestima a su hijo. Me encanta el libro, y se lo recomiendo a todo padre. La idea clave del libro es que la razón por la cual muchos parecemos tener problemas con la autoestima, es porque nos hemos dejado influenciar por el sistema de valores del mundo. Habla de la belleza, como la moneda de oro de la valía humana, y de la inteligencia, como la moneda de plata, seguida de cerca por la moneda del dinero. Hace notar que, desde que nacemos, somos condicionados a creer que tenemos poco valor, a menos que tengamos estas cualidades que el mundo considera valiosas. Hasta nuestros cuentos de hadas proclaman este mensaje. ¿Habría besado el Príncipe del cuento a la Fea Durmiente?

        Sin embargo, nuestra valía no depende de bienes tan superfinos. El diablo nos ha vendido una cuenta de bienes. Nos encanta ser atractivos, inteligentes, simpáticos y exitosos, todo lo cual es transitorio, es decir, está aquí para después desaparecer. «El mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1ª  Juan 2.17).

       Si me dejo influenciar por el sistema de valores del mundo, no sólo tendré como resultado que no me voy a querer a mí mismo, sino que tampoco voy a querer a los demás. Si no me puedo amar a mí mismo, a menos que sea bonito, inteligente o exitoso, tampoco podré amar a los demás, a menos que sean atractivos, inteligentes o financieramente exitosos. Es tan difícil no aceptar lo que el mundo considera valioso, sin embargo, si he de ser un cristiano que en verdad ama a los demás, es preciso que me esfuerce por rechazar criterios tan superficiales.

EL AMOR A SÍ MISMO SIGNIFICA QUE PARA AMARSE A UNO MISMO VERDADERAMENTE, SU ATENCIÓN DEBE CENTRARSE EN DIOS

        Entre más nos esforcemos algunos de nosotros por tener una imagen más favorable de nosotros mismos, menor será nuestra autoestima. Entre más detenidamente nos miremos, más conscientes estaremos de nuestras deficiencias, y por más razones que busquemos no habrá manera de convencernos de que realmente somos personas superespeciales. Cuando el gran profeta Elías apartó de Dios sus ojos, y se empezó a ver a sí mismo con detenimiento, se sumió en la más honda desesperanza, y dijo: «OH  Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres [... ] sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida» (1ª  Reyes 19.4,10). Necesitamos apartar nuestros pensamientos de nosotros mismos, y nosotros mismos de nuestros pensamientos. El examen de sí mismo seguido de arrepentimiento y de un cambio del comportamiento, es siempre valioso (2ª Corintios 13.5; 7.10). Por otro lado, una excesiva fijación de la mirada espiritual en sí mismo es un’ ejercicio para darse gusto uno mismo, y rara vez da  como resultado algo que valga la pena.

     El texto que estamos estudiando. Mateo 22.39, declara lo que es verdaderamente importante: Una buena relación con Dios. Cuando uno la tiene, El suplirá todas sus necesidades, incluidas las necesidades emocionales. Tal como Pablo subrayó:

Mi díos,  pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Filipenses 4.19).

Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén (Efesios 3.20-21).

      Hice notar anteriormente las necesidades materiales y emocionales básicas que todos tenemos. Es importante que el cristiano se dé cuenta de que todas éstas son llenadas en Jesucristo. Nuestras necesidades corporales básicas son suplidas si «buscamos primeramente» el reino de Dios (Mateo 6.33). Nuestra necesidad de seguridad física para el futuro es llenada cuando se nos tranquiliza con la promesa de que Dios estará con nosotros y nos dará todo lo que necesitamos (Mateo 6.34; Filipenses 4.6). Nuestra necesidad de seguridad emocional, es decir, de aceptación incondicional, es llenada en Cristo; el amor de Dios es in-condicional (Romanos 5.8; 8.35, 39). La necesidad de tener un propósito en la vida, de modo que nos podamos sentir valiosos e importantes, es llenada por el Señor; El nos otorga propósito para esta vida y esperanza para la venidera (Filipenses 1.21; Efesios 2.10). Y la necesidad de lo que algunos sicólogos llaman «realización personal», en otras palabras, la oportunidad de desarrollar el pleno potencial de uno, es llenada en el cristianismo al tener la oportunidad y el estímulo para crecer en Cristo, hasta llegar a ser espiritualmente maduro (Efesios 4.15; Colosenses 1.28; etc.).

       En el libro de Dobson sobre cómo elevar la autoestima de nuestros hijos, después de dedicar páginas enteras dando muchas sugerencias valiosas, él expresa la idea fundamental:

El aporte más valioso que un padre puede hacerle a su hijo, es infundirle una auténtica fe en Dios. ¿Qué mayor satisfacción para el ego puede haber, que la de saber que el Creador del Universo me conoce personalmente? Y que la de entender que Él me valora más que las posesiones del mundo en su totalidad; que Él entiende mis temores y ansiedades; que Él llega a mí con un inconmensurable amor cuando a nadie más le importo; que Su único Hijo en verdad dio Su vida por mí; que Él puede convertir mis debilidades en fortalezas, y mi vacío en plenitud; que una mejor vida sigue a esta, donde las flaquezas actuales y las deficiencias serán todas eliminadasdonde el dolor y el sufrimiento terrenales ¡no serán más que un borroso recuerdo! Qué hermosa filosofía con la cual «revestir» a su tierno hijo. Qué estupendo mensaje de esperanza y de aliento para el adolescente desanimado al cual le agobian las circunstancias de la vida. Esto es autoestima en su más elevado nivel, autoestima que no depende de los caprichos del origen o de la valoración de la sociedad, ni del culto al súper - hijo, sino que depende del decreto divino.

       Si por alguna razón usted no se quiere a sí mismo, no lo culpo por tratar de hacer todo lo posible por restituir alguna dosis de amor propio. Sin embargo, la mayoría de los remedios para la baja autoestima, que proponen los hombres, no son más que parches sicológicos. El único remedio verdadero proviene de una estrecha relación con Dios. La mayoría de nosotros necesita poner menos su mirada en sí mismo, y comenzar a ponerla más en Dios.

       Como en todo aspecto de la vida, necesitamos un equilibrio. El cristiano que ha aprendido a poner su mirada en Dios no dice: «Soy maravilloso», pero tampoco dice: «No valgo nada». Más bien dice: «Tengo un maravilloso Señory ¡todo lo puedo en Él (Filipenses 4.13)! Soy pecador, pero Dios me amó a pesar de ello. ¡Alabado sea Su nombre! ¡Ahora dependo de Él!».

CONCLUSIÓN

¿Cómo está su relación con Dios? No podrá ayudarles a otros con las necesidades espirituales de ellos, mientras no llene primero las suyas. «Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina [...] pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren» (1ª  Timoteo 4.16). Si hay algún modo como le podamos ayudar en cuanto a su relación con el Señor, por favor responda.    FIN