LA SOLUCIÓN DE DIOS PARA MUCHOS PROBLEMAS

 

De la serie general: Lo más importante es el amor

 

(Lección  5)

 

 

      Vea mi llavero. Una de las llaves arranca mi automóvil. Es lo único que hace. Otra abre la puerta de entrada al edificio de la iglesia. Es todo lo que abre. Pero también hay una que abre muchas puertas. Voy a hablarles acerca de una llave espiritual, una que abre muchas cerraduras espirituales, una que resuelve muchos problemas espirituales.

      Antes de decirle de qué llave se trata, permítame hablarle acerca de los problemas en los cuales estoy pensando. Vayamos al libro de 1ª Corintios. La iglesia que estaba en Corinto estaba plagada de problemas: Predilección por ciertos predicadores, hermanos que llevaban a juicio a hermanos, no había disciplina para los que se comportaban inmoralmente, se asociaban con la adoración de ídolos, cometían abusos en la cena del Señor, etc. Pero detrás de todos estos problemas había actitudes internas que les daban origen.

      Había, por ejemplo, el problema de los celos: «Pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres (1ª  Corintios 3.3). Pero no solamente eran celosos; también se habían llenado de orgullo: «Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado [...]?» (1ª Corintios 5.2).

      Si usted desea ver todos estos problemas de carácter enumerados en una parte de la epístola de Pablo, es probable que el mejor lugar al cual ir, sea 1ª  Corintios 12—14. Las tres actitudes ya mencionadas se encuentran presentes en estos capítulos. Los que tenían (lo que ellos consideraban) los dones milagrosos menores, estaban celosos de los que tenían «lo mejor». Los que tenían «lo mejor» estaban llenos de orgullo. Y el egoísmo abundaba, pues cada uno pensaba en sí mismo, y no en las necesidades del cuerpo en su totalidad.

      Otras actitudes erradas podrían enumerarse también. Eran impacientes unos con otros. Eran crueles. La actitud que se manifiesta en 12.21, muestra que no eran sensibles a los sentimientos de los demás, pues decían: «No te necesito». Eran groseros y descorteses. Si uno estaba hablando en la congregación y otro deseaba hablar, éste interrumpía al primero. Aparentemente no les importaba que sus acciones convirtieran a la iglesia en el hazmerreír de la comunidad. Se irritaban entre sí cuando estaban juntos. Desconfiaban unos de otros. Eran insensibles en sus relaciones.

      Tome una posición objetiva por un momento y analice esta lista de problemas de actitud: impacientes, crueles, celosos, arrogantes, groseros, egoístas, irritables, desconfiados, insensibles. Lo más natural sería reaccionar diciendo: «¡Qué desastre! Esta gente tenía Problemas con Ymayúscula. ¡¿Cómo podría uno alguna vez resolver todos estos problemas y hacer que estos cristianos volvieran a la normalidad?!».

      Lo que nos lleva a la llave que abre muchas cerraduras. El Evangelista V. P. Black propone que en 1ª  Corintios 13, Pablo no está solamente demostrando que el amor es superior a los dones espirituales, sino que también les está dando a los corintios la llave para corregir los problemas de carácter que plagaban la iglesia de ese lugar. Lo anterior se puede decir especialmente de los versículos 4 al 7, donde él enumera las características del amor.

      Analicemos, por unos momentos, los versículos 4 al 7, desde esa perspectivasiempre teniendo presente que de lo que estamos hablando es de amor ágape.

 

EL PROBLEMA DE LA IMPACIENCIA: EL AMOR ES SUFRIDO

 

      El versículo 4 comienza diciendo: «El amor es sufrido». La palabra griega que se usa aquí es la que tiene que ver con la paciencia con la gente. Hay otra palabra griega para referirse a la resistencia, la tenacidad y el aguanteen otras palabras, la paciencia con las circunstancias. Crisóstomo decía que esta palabra es la que se usa para referirse al hombre que es agraviado, y que tiene a mano el poder para vengarse, y que, sin embargo, no lo hace.  ¡Cuánto necesitamos esta paciencia! ¡Cuánto necesitamos ser pacientes unos con otros! Barclay presenta una maravillosa ilustración de esta clase de paciencia en sus notas sobre este versículo:  [...] Ninguno trataba a Lincoln con más desprecio que Stanton. Lo llamaba «payaso de reducido ingenio». Le puso por sobrenombre «el gorila original», y decía que Du Chailiu era un tonto al vagar por todo Africa tratando de apresar un gorila, cuando podía haber hallado uno tan fácilmente en Springfieid, Illinois. Lincoln no decía nada. Nombró a Stanton como su ministro de guerra porque él era el más indicado para el puesto. Trató a Stanton con toda cortesía [...] Tiempo después, llegó la noche cuando la bala del asesino mató a Lincoln en el teatro. En la pequeña sala adonde fue llevado el cadáver del Presidente, estaba de pie aquel mismo Stanton [... ] y, posando su mirada en el silencioso rostro de Lincoln [... ] dijo entre lágrimas: «Allí yace el más grande gobernante de hombres que el mundo jamás conoció». La paciencia del amor pudo más al final..

       En el sermón clásico de Henry Drummond sobre el amor, que lleva por título: «Lo más grande del mundo», él dice que esta es la faceta pasiva del amor. La siguiente cualidad es la faceta activa.

 

EL PROBLEMA DE LA CRUELDAD: EL AMOR ES BENIGNO

       Así continúa el versículo 4: «El amor es benigno». Ya alguien lo expresó diciendo: «El amor es amable para con todos». Ser benigno es un requisito para ser cristiano. En Efesios 4.32 - Pablo dijo: «Sed benignos unos con otros». Piense por un momento en la vida de Jesús. ¿Cuánto de Su vida se le fue en ayudar a otros, en ser benigno, en hacer a la gente feliz?

       ¿No sería de gran ayuda si tan sólo pudiéramos aprender a ser benignos unos con otros? Tantos corazones han sido destrozados porque no fuimos capaces de ser benignos. V. P. Black cuenta una historia sobre este asunto, que conmovió mi corazón y mi conciencia:

      Un hombre de negocios se dirigía a su trabajo, y se detuvo para que le lustraran sus zapatos. El niñito que le estaba lustrando sus zapatos, no estaba haciendo el trabajo tan rápidamente como el hombre pensó que debía, de modo que éste dijo: «¿No puedes apresurarte? Tengo prisa. ¡Tengo una cita importante!». Después de un minuto miró hacia abajo, y vio que había una lágrima sobre su zapato. El niñito estaba llorando. «¿Qué te pasa? le preguntó el hombre sin compasión ¿Estás enfermo? Si estás enfermo, ¿por qué no te quedaste en casa? Te dije que tengo prisa». El niño miró hacia arriba y dijo: «No, señor, no estoy enfermo. Mi mamá murió, y estoy trabajando para ganar dinero y poder comprarle algunas flores».

       El hombre se fue a su oficina. Tenía muchas cosas que hacer, pero no podía sacarse de sus pensamientos las palabras del niño. A pesar de que tenía muchas citas importantes, salió de su oficina, se devolvió varias cuadras, y le dio al niño diez dólares para que comprara algunas flores con que pudiera adornar el funeral de su madre.

      ¿No es cierto que a menudo somos crueles porque en realidad no comprendemos? Pero el amor es benigno. Puede que tengamos necesidad de decir la oración de la niñita que pidió a Dios: «Haz buena toda la gente mala... y agradable toda la gente buena».

 

 

EL PROBLEMA DE LOS CELOS: EL AMOR NO TIENE ENVIDIA

       La siguiente cualidad de la lista de Pablo en el versículo 4, es «El amor no tiene envidia». La envidia es un terrible pecado. Está en la misma lista en que se enumeran los más horrorosos pecados (Calatas 5.19-21). La envidia hizo que Caín matara a su hermano Abel (1ª  Juan 3.12). Cuando a los hermanos de José los consumió la envidia, llegaron al colmo de venderlo a unos extraños (Hechos 7.9). Fue debido a la envidia que Saúl dio caza a David como uno se la daría a un animal salvaje (1ª  Samuel 18). Pilato hizo notar que fue por envidia que los judíos entregaron a Jesús (Mateo 27.18). Salomón le llamó a la envidia «carcoma de los huesos» (Proverbios 14.30). Es probable que hoy día la llamara el cáncer, la malignidad, de los huesos. ¡Imagínese todos los dolores al corazón, todas las desilusiones, toda la angustia, todos los pesares que se han producido por causa de un corazón envidioso e intrigante!

        Drummond dijo que esto es el amor en competencia. Permítame decirle la verdad. No importa lo que uno haga, habrá quien lo haga mejor. No importa cuanto tenga, habrá quien tenga más. No importa cuan grande sea uno, habrá quien sea mayor. No importa cuan exitoso sea uno, habrá quien lo sea más. Si no lo hay ahora, lo habrá al tiempo. Y uno tiene que aprender a vivir con eso... gentilmente.

         Conozco a un predicador que trabaja para congregaciones pequeñas. El tiene un hijo que predica para una de las congregaciones más grandes de la hermandad. Sin embargo, cuando ese padre habla acerca de su hijo, no hay envidia en su voz; sólo orgullo. ¿Por qué? Porque se trata de su hijo, a quien ama. Si tengo envidia, es porque no amo lo suficiente.

EL PROBLEMA DEL ORGULLO: EL AMOR ES HUMILDE

          Con las siguientes palabras concluye el versículo 4: «El amor no es jactancioso, no se envanece». La anterior cualidad del amor se refirió a los momentos en que a otros les va mejor que a nosotros. La que estamos estudiando ahora se refiere a los momentos en que somos nosotros los que tenemos éxito. Aun cuando a uno le vaya bien en la vida, el amor no tiene necesidad de jactarse ni de exaltarse a sí mismo.

          Nada hay más detestable que el hombre que aparentemente siente la necesidad de estar continuamente dándose bombo. Se dijo de un predicador que «él era el único hombre que podía pavonearse mientras se estaba sentando». Y de un hombre se dijo que «si uno podía comprarlo por lo que valía, y venderlo por lo que él creía que valía, bien podía hacerse de una fortuna». En Mateo 6, Jesús habló acerca de los que aman el aplauso de los hombres, y dijo: «De cierto os digo que ya tienen su recompensa» (versos 2, 5).

          En contraste con ese espíritu, está la cualidad humilde del amor. El amor es humilde. Como Pablo mandó en Romanos 12.3: «Digo [..a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener». Si no entiendo mal la idea bíblica de humildad, no se trata de tener un mal concepto de uno mismo, sino de no tener concepto alguno del todo. El amor se preocupa tanto por los demás, se interesa tanto en dar aliento y exaltar y edificar a los demás, que no siente necesidad de que se le exalte a él.

 

EL PROBLEMA DE LA GROSERÍA: EL AMOR ES CORTÉS

         Con las siguientes palabras comienza el versículo 5: El amor «no hace nada indebido». En la NKJV dice: «no se comporta groseramente». En la mayoría de los comentarios modernos recientes se lee: «No es grosero». Hay uno que agrega: «No actúa [...] de modo descortés» (Amplified Bible). Hay aún otro que lo expresa de la siguiente manera: «El amor no es descortés». Drummond le llamó a esto «el amor en sociedad».

         Puede que a algunos les parezca extraño que esta cualidad se enumere junto a cualidades tan «importantes» como la benignidad y la humildad. ¿Qué importancia tiene que uno se comporte cortésmente o no? ¿Qué importancia tiene que uno sea cortés, agradable, considerado e inofensivo, o que sea totalmente lo contrario?

         Tiene muchísima importancia, porque la raíz de la verdadera cortesía es la preocupación por la otra persona y sus sentimientos. Tiene muchísima importancia, porque tiene que ver con las impresiones que uno cause en las personas, si somos, o no, la sal de la tierra y luz del mundo para la gloria de Dios (Mateo 5.12-16), o si rechazamos, o no, a otras personas con nuestras acciones.

         El amor es atento, considerado, respetuoso, cortés, discreto y educado. Hay quienes consideran que las anteriores son cualidades pasadas de moda, cualidades que ya están obsoletas, pero Pablo dice que si uno está lleno de amor, esa será la manera como se comportará.

 

EL PROBLEMA DEL EGOÍSMO: EL AMOR ES DESINTERESADO

        A la segunda cualidad del amor, que se enumera en el versículo 5, se le ha llamado la frase que mejor define el «amor»: El amor «no busca lo suyo». En otras traducciones se lee como sigue: «No insiste en lo que él desea» (RSV); «Jamás es egoísta» (NEB); «No insiste en sus propios derechos ni deseos, pues no busca lo suyo» (Amplified Bible). Volviendo a la definición del amor ágape, dada anteriormente, «el amor procura lo mejor para el ser amado». El amor se preocupa por la otra persona, no por sí mismo.

El profeta dijo: «¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques» (Jeremías 45.5). Pablo dijo: Antes bien con humildad/ estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús (Filipenses 2.3-5).

         Es difícil estar más preocupado por los demás que por uno mismo. Pablo dice que el secreto está en aprender a amar. Barclay hace notar que el mundo se divide básicamente en dos grupos: El primer grupo está preocupado por los derechos; el segundo lo está por las responsabilidades.7 Reiterándolo, el primer grupo está preocupado por «lo que la vida les debe», mientras que el segundo grupo está preocupado por «lo que le deben a la vida». Es el segundo grupo el que ha vislumbrado el amor ágape.

El amor no se preocupa por sí mismo; el amor se preocupa por la otra persona.

EL PROBLEMA DE LA IRRITABILIDAD: EL AMOR SIEMPRE ESTÁ DE BUEN HUMOR

        La tercera característica del amor, que se menciona en el versículo 5, se expresa en las siguientes palabras: «No se irrita». En la KJV se lee: «No se irrita fácilmente». En la NVI se lee: «No se enoja con facilidad», mientras que en varias traducciones se lee: «No es susceptible».

       No hay elemento más destructivo en la naturaleza humana que la de ser irascible. Tantas cosas espantosas se han dicho, tantas obras terribles se han hecho y tantas preciosas relaciones se han roto, por causa de la irascibilidad. Hay quienes jamás considerarían la posibilidad de embriagarse con bebidas alcohólicas, pero sí se embriagan con iray causan igual daño.

       En contraste, el amor no se enoja fácilmente; no es susceptible; no anda por ahí resentido. ¿Por qué? Porque el amor no piensa en sí mismo; piensa en la otra persona. Cuando mis sentimientos están heridos, cuando soy susceptible y ando de mal genio, ello se debe por lo general a que creo que alguien me ha hecho algo. Pero si «yo» no soy importante, entonces los desaires, reales o imaginarios, no me pueden hacer nada.

       Sin embargo, habrá quien objete diciendo: «Eso es difícil; es que sencillamente yo soy así (o, es que mi familia sencillamente es así). Es lo más natural del mundo que yo explote». ¿«Lo más natural»? ¿Significa que nada se puede hacer al respecto? Permítame preguntarle: ¿Fue «natural» que uno se dejó llevar al Calvario, se dejó horadar su carne con clavos y sufrió todos los dolores de la cruz? No se olvide de que en cualquier momento. Jesús podía haber pedido a una legión de ángeles que lo salvaran. ¿Qué fue lo que le permitió a Jesús pasar tal prueba? Fue el amor.

Hay un poder transformador en el amor que puede vencer la forma de ser de toda una vida.

EL PROBLEMA DE LA DESCONFIANZA:

EL AMOR PIENSA EN LO MEJOR El versículo 5 concluye diciendo: «No toma en cuenta las ofensas» (NASB). En la KJV, se lee: «No piensa en lo malo».

        ¿No es cierto que a menudo estamos prestos a imaginarnos lo peor? Si alguien hace algo bien, decimos que «lo hizo tan sólo para lucirse». Si alguien nos felicita, decimos que «en realidad no lo quiso decir». Pero el amor «no piensa en lo malo»; el amor piensa en lo mejor. En un momento analizaremos el versículo 7: «Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta». Muchos autores piensan que el significado de «todo lo cree» es que «interpreta de la mejor manera posible» cualquier cosa que suceda.

         Si yo realmente amo a alguien, interpretaré de la mejor manera posible lo que esa persona haga, hasta que me vea obligado a cambiar de opinión. Pero aun entonces «todo lo esperaré»; mantendré la esperanza de que ese a quien amo, cambiará.

         Pero aún hay más que aprender en relación con esta característica. Como ya notamos, en la traducción que estamos usando, las palabras que usa son «No toma en cuenta los agravios». En el texto original, se usa un término contable, una palabra que se relaciona con el libro mayor. Se refiere a escribir algo en un lugar donde no se olvide, donde se pueda tomar en cuenta mañana, al día siguiente o en diez años.

       ¿No somos a menudo así? Si nos sentimos ofendidos, lo escribimos en nuestro cuaderno de la mente y lo archivamos. Le damos vuelta en nuestros pensamientos a tales ofensas, hasta que, a efectos prácticos, son imposibles de olvidar. Alimentamos nuestra ira para mantenerla tibia.

        Pero el amor no es egocéntrico. El amor no se preocupa por los agravios que le hagan. De modo que el amor puede incluso interpretar de la mejor manera posible lo que se le haya hecho. Y el amor puede olvidar. El amor no registra las ofensas en el libro mayor; el amor «no piensa en lo malo».

EL PROBLEMA DE LA INSENSIBILIDAD: EL AMOR SE PREOCUPA

       Por último, en el versículo 6 se lee: «No se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad». Es tanto lo que encierran las anteriores palabras, pero permítame resumirlas diciendo: El amor se pone feliz cuando las cosas están bien; el amor se pone triste cuando las cosas están mal. Y tanto «bien» como «mal» son determinados por la Palabra de Dios. Juan expresó esta actitud en su segunda epístola: «Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad» (2ª Juan 4).

      Puede que a usted le parezca que eso sería lo más natural. Pero no lo es. Muchas personas se ponen contentas cuando les sucede algo malo a las personas importantes. Hay ciertas publicaciones de las cuales circulan cientos de miles de ejemplares, debido a su perversa tendencia a recrearse contemplando los problemas de los famosos. Hay quienes viven de escarbar en los cubos de basura de las celebridades, tratando de encontrar cualquier insinuación de escándalo. Y cuando la hallan, publican la basura.

      Reiterando lo dicho, muchos se ponen felices cuando les suceden cosas malas a las personas que no quieren, o cuando se demuestra que hay pecado en las vidas de éstas. Pero el sabio de Dios que habla en el Antiguo Testamento dijo: «Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes, y cuando tropezare, no se alegre tu corazón» (Proverbios 24.17). Tales actitudes no reflejan amor.

     Hagamos una pausa aquí para decir algo. Hay quienes no entienden el amor. Creen que si uno realmente ama, no importa si uno enseña la verdad o el error, ni si las personas viven rectamente o no. Sin embargo, este versículo declara que el amor está en armonía con la verdad. La injusticia, la desobediencia y el error destrozan el corazón del que ha aprendido a amar. El amor no puede regocijarse, ni hacer caso omiso de la injusticia ni de la desobediencia.

     La injusticia puede condenar el alma de la persona que la comete. Y al amor le preocupa lo que le ocurra a esa persona.

     Esta sección concluye con las siguientes palabras: «Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser» (versos 7-8).

     Cuando consulté el griego original, me pareció interesante que en cada una de las frases del versículo 7, la palabra «todo» aparece antepuesta.9 El idioma griego carecía de algunos de los recursos que hoy tenemos para recalcar ideas, tales como el subrayar frases o el ponerlas entre signos de admiración. Pero los griegos tenían sus propios medios de recalcar, tal como la repetición. Un método para recalcar era la anteposición de una palabra o frase en la oración. Siempre he leído estas frases como sigue: «Lo sufre todo, lo cree todo, lo espera todo», y así por el estilo. Pero como la palabra «todo» está antepuesta en cada frase del griego, el énfasis debería ser: «Lo sufre todo, lo cree todo, lo espera todo, lo soporta todo».

CONCLUSIÓN

      En cierto sentido, todo lo que Pablo dice aquí, ha sido dicho en los versículos anteriores, pero ahora Pablo está diciendo que no hay excepciones. El amor es el amor, siempre y en todo lugar, se diga lo que se diga. En la NIV se lee: «Siempre protege, siempre confía, siempre espera, siempre persevera».

      De modo que 1ª  Corintios 13, especialmente los versículos 4 al 7, declara que el amor es la solución que da Dios a muchos problemas. Si usted no ha subrayado este pasaje, permítame sugerirle que lo haga ahora. Estaremos volviendo a él, una y otra vez en estos estudios. Cuando mi amigo Joe Schubert aconseja a parejas con problemas, él hace que lean juntos 1ª Corintios 13 repetidas veces. Es bueno para lo que le haga sufrir a usted.

Entre más leo estos versículos, más convencido estoy de tres cosas:

1) El amor no es blando ni débil ni fácil de lograr. El amor es firme y duradero y difícil de lograr.

2) A muchos, por no decir a casi todos, nos falta mucho camino que andar, para llegar a ser una persona amorosa.

3)    Muchos de nosotros, no podemos ni con mucho estar cerca de ser la persona que debemos ser; a menos que aprenda a amar como debería, no puedo agradar a Dios; no puedo ir al cielo, a menos que llegue a ser más amoroso.

 

                         De modo que esta ésta debiera ser nuestra oración:

        «Dios, está conmigoy está con toda persona que oye estas palabras. Ayúdanos a todos a olvidarnos a nosotros mismos y a pensar en los demás. Ayúdanos a aprender qué es el verdadero amor. Ayúdanos a llegar a ser más como Tu Hijo, que fue capaz de amar a todos los hombres, aun a los que lo crucificaron. No es mucho material con el cual cuentas para trabajar. Señor, pero creemos que por Tu poder, podemos llegar a ser verdaderos cristianos, llenos de amor. En el nombre de Tu Hijo, Amén».

        Ahora estaremos entonando un cántico de invitación. Si usted necesita responder. Dios desea que lo haga. No será fácil. Hay (cantidad) personas presentes. Después de que usted haga este compromiso, la vida no será fácil. ¿Qué le ayudará a venir al frente? ¿Qué le podrá ayudar a enfrentar la vida cristiana con confianza? El amor lo hará. ¿Ama usted a Dios lo suficiente para venir?  FIN.