(£l amor)

 

(Lección 2)

La palabra que los griegos usan para referirse al amor

 

John Alien Chalk relata lo que le sucedió durante una visita a un campus universitario:

Durante una visita que hice recientemente a la Okiahoma State University, una alumna me pidió que definiera el amor. Yo acababa de participar en un servicio religioso en uno de los dormitorios. Después de mi charla y del período de preguntas y respuestas, esta joven me buscó en privado para preguntarme: «Dígame, ¿qué es en sí el amor?».

Ella prosiguió describiendo la situación en que se encontraba de un serio romance con un compañero de estudios que en ese tiempo le estaba pidiendo que ella lo complaciera sexualmente, algo que la preocupaba en gran manera. Sin embargo, ella creía que aquello podía ser amor después de todo, y que si lo era, se preguntaba qué debía responderle a su insistente novio. Era una pregunta importante para ella. Las implicaciones eran inmediatas y muy serias.

En el momento que procedí a buscar en las páginas del Nuevo Testamento una descripción del amor, esta mujer universitaria de gran inteligencia, no quiso tener nada que ver con ello. Se apresuró a decir que esa no era la clase de amor de la que ella estaba hablando. Agregó que su predicador había tratado de leerle las mismas palabras. Y me dijo que yo no entendía de qué estaba hablando ella.

Al final, logré que prestara atención por tiempo suficiente para leerle el capítulo 13 de 1ª  Corintios. Antes de hacer esto, le pregunté: «¿Realmente cree usted que ese hombre la ama? ¿Cree usted que el amor maduro, adulto y duradero impondría tales demandas en su persona? Compare con la descripción que hace Pablo del amor, y vea si usted misma puede responder tales preguntas». Después leímos: «El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser». ¡Cuando terminé de leer, mi amiga universitaria se dio media vuelta y se alejó sin decir una sola palabra!.

   ¿Qué es, en fin, eso que llaman «amor»? Hablamos de amar el pan de maíz, el pollo frito y el helado ... o la música country. Decimos: «OH cuánto amo ese vestido nuevo» o «... tu nuevo automóvil». Podemos hablar de amar las fresas... el dinero... a mamá... y a Cristo..., pasando del apetito corporal a la codicia, luego al afecto familiar, y por último a la devoción a Cristo, y lo hacemos sin pestañear una sola vez. Usamos las frases: «enamorarse», «estar enamorado» y «hacer el amor». Ya alguien definió el «amor» como «tener un mal para el cual no hay remedio». ¿Qué es eso que llaman amor?

    Una adolescente vuelve a casa después de haber salido con un chico. Sus ojos brillan. Luego, suspira: «Creo que me estoy enamorando». Su madre ridiculiza lo dicho por la chica y le dice: «Apenas tienes quince años. Ni siquiera sabes qué es amor».

¿Lo sabemos nosotros?

   En nuestro idioma sólo tenemos una palabra para referirnos al amor, la cual usamos para describir nuestras preferencias, nuestras amistades y nuestras pasiones. Pero el idioma griego, el idioma en que fue escrito el Nuevo Testamento, era en muchos sentidos, un idioma más preciso que el nuestro, que es como el helado napolitano en el sentido de que metemos en una sola caja o palabra todos los sabores. Pero los griegos por lo general tenían una palabra diferente para cada sabor o matiz de significado.

   El título de esta lección es: «La palabra que los griegos usan para referirse al amor». Sin embargo, lo de «la palabra» no es tan cierto. En realidad los griegos tenían cuatro palabras para eso que llaman amor. El propósito de esta lección es analizar someramente estas cuatro palabras, análisis que constituye una parte esencial del conocimiento de base que se necesita tener para entender qué es el amor. Al hacer esto reconocemos varios peligros:

1) Que usted se me aburra como una ostra. Los estudios de palabras pueden ser bastante estériles. Pero haré cuanto esté mi alcance para mantener vivo su interés.

2) Excesiva simplificación. A veces se insiste tanto en las definiciones que se llega a conclusiones discutibles. Se ha insinuado, por ejemplo, la idea de que todas estas palabras que se refieren al amor se excluyen entre sí, o la idea de que tres de ellas son de este mundo y solamente una es espiritual. Ni una ni otra idea es sustentada en el Nuevo Testamento.

EROS: ATRACCIÓN FÍSICA

   La primera palabra es eros. Eros es la forma sustantiva. La forma verbal es ereo. Los griegos usaban eros para dar a entender la pasión o el sentimiento intensos. Podía ser la pasión de la ambición o del patriotismo. Frecuentemente, no obstante, la usaban para referirse a la pasión camal o sexual. De modo que definiremos la palabra como atracción física.

   El amor eros (el amor carnal) no tiene nada de malo en sí mismo ni de suyo. Hay quienes creen que sexo es una palabra indecente, pero fue Dios quien lo hizo, no el diablo. Dios los creó «varón y hembra» (Génesis 1.27) y declaró «bueno en gran manera» todo lo que Él creó (Génesis 1.31). En su estado original de inocencia. Adán y Eva «estaban ambos desnudos [...] y no se avergonzaban» (Génesis 2.25). En el Nuevo Testamento, Pablo se refiere a la sexualidad del ser humano como una de las bendiciones que se tiene dentro del matrimonio (1ª  Corintios 7.3-5). El autor de la epístola a los Hebreos se refiere al lecho conyugal como un lugar «sin mancilla» (Hebreos 13.4).

   El Cantar de los Cantares está lleno de detalles bastante explícitos del amor carnal dentro del contexto del matrimonio. Aparentemente, esto ha avergonzado tanto a judíos como a cristianos desde que existe el libro; y por esta razón ha habido eruditos que han tratado de hacer del libro una alegoría del amor de Dios por Su pueblo. Sin embargo, no hay nada en el libro que indique que sea algo diferente de lo que parece ser: una hermosa narración acerca del amor de un hombre por su esposa. No obstante, como sea que uno interprete el libro, no se puede obviar el hecho de que en él, Dios puso su sello de aprobación a las relaciones carnales íntimas entre esposo y esposa.

   Vale la pena hacer notar, no obstante, que no hay en la Biblia el menor asomo de grosería en el tratamiento del tema de la sexualidad. La mayoría de las veces, los autores bíblicos usan la decorosa palabra «conocer» para referirse a las relaciones sexuales.

   Sin embargo, aunque fue Dios quien dio origen a la atracción física y a la sexualidad, no pasó mucho tiempo para que el ideal divino perdiera su propósito. John White escribió un libro titulado Eros mancillado, que lleva el subtítulo de «El cristiano y el pecado sexual». El que corrompió eros fue Satanás; desde entonces ha sido su propósito falsificar y pervertir el ordenamiento mandado por Dios. Dios los creó «varón y hembra»; Satanás los hace «varón y varón», y «hembra y hembra». Dios circunscribe las relaciones sexuales a los límites del matrimonio; Satanás dice que no importa dónde, ni cuándo, ni con quién. Dios hizo que la atracción física sirviera como medio para un fin; Satanás la convierte en un fin en sí misma. De modo que, como Charles Hodge dice, el acto más íntimo, el secreto más sagrado entre dos personas, es arrastrado por el callejón, la alcantarilla y el corral.

   Para la época en que el Nuevo Testamento fue escrito, eros tenía únicamente connotaciones negativas. El dios griego del amor carnal se llamaba. Eros, que correspondía al dios romano llamado Cupido. La adoración de este Dios incluía ritos de fertilidad y prostitución disimulada. Esta idea de eros se refleja hoy día en la palabra «erótico», que también sólo tiene connotaciones negativas.

   Para los griegos, eros era la fuerza más grande que movía a la acción y una de las más grandes aspiraciones que se podía tener en la vida; tenía que ver con la satisfacción de todo deseo. Hubo algunos, como Platón, que trataron de elevar eros a un plano más alto, pero éste siempre mantuvo su carácter básico de egoísmo: «Quiero esto para mí. Te quiero para mí. Y no me importas tanto tú».

   Wendell Broom, profesor asociado de la Abilene Christian University, acuñó sus propias frases para referirse a las cuatro clases de amor.  A eros lo llama «amor batido de fresa», y lo llama así porque esto es lo que expresa: «Me apetece el batido de fresa. Lo deseo a toda costa, y si logro obtenerlo, lo consumiré sin importarme lo que el batido de fresa pueda sentir».

   La anterior es exactamente la manera como algunas personas tratan a los demás.

   Es probable que por estas malas connotaciones, la palabra eros no se encuentre en el texto griego del Nuevo Testamento. No obstante, se encuentra varias veces en la Septuaginta, la traducción al griego del Antiguo Testamento que a menudo citaron Jesús y los apóstoles. Se encuentra, por ejemplo, en la traducción Septuaginta de Proverbios 7.18, donde una prostituta hace este llamado: «Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana». La palabra española «amores» es una traducción de eros.

   Esta es la primera palabra que se refiere al amor, que deseamos hacer notar: eros, atracción física, amor carnal. Esta es la clase de amor a la que se refiere la gente cuando dice: «hagamos el amor», o «fulano es un gran amante». No es una mala palabra en sí misma, pero si se aísla de las otras clases de amor, puede convertirse en una ordinaria y grosera perversión del amor, una negación de éste.

STORGE: AMOR FAMILIAR

   Analizaré brevemente la segunda palabra que se refiere al amor. Es una palabra importante, pero no tanto como las otras, para el propósito de este estudio. Storge es la forma sustantiva; storgeo es la forma verbal. Este es un amor o lealtad que se basa en algún estrecho vínculo. En la literatura secular, se usó para referirse a la lealtad a un rey o a una nación, e incluso a un ídolo pagano doméstico. En vista de que por lo general se refirió a lazos familiares, lo llamaremos amor familiar.

   Wendell Broom le llama a éste «amor a la tía Minnie». Amamos a la tía Minnie y tratamos de ayudarle, no porque sea atractiva en lo físico (eros) sino porque es nuestra tía Minnie. Puede que empiece a chochear, se ponga sorda y medio ciega, pero siempre será nuestra tía Minnie. Un excelente ejemplo bíblico de esta clase de lealtad se encuentra en Samuel 21.10-11, donde hallamos lo que hizo Rizpa al montar guardia sobre los restos de sus dos hijos y otros familiares, protegiéndolos de los buitres de día, y de las fieras de noche.

   La palabra se encuentra solamente tres veces en el Nuevo Testamento griego. Se encuentra dos veces en forma negativa (a + storge) y se traduce por «sin afecto natural» (Romanos 1.31; 2ª Timoteo 3.3). En aquellos tiempos, esta idea habría incluido la homosexualidad, el abandono de niños no deseados y la asfixia por inmersión de niños con defectos. Hoy día incluiría el aborto.

    La palabra se encuentra una vez en forma positiva, en un vocablo compuesto que combina la forma verbal con filia (la palabra que sigue en este estudio). Esta combinación se traduce por: «Amaos los unos a los otros con amor fraternal» (Romanos 12.10).

FILIA: AMOR AMISTAD

La tercera palabra es filia. Esta es la forma sustantiva. La forma verbal es fileo. Una gran variedad de palabras se basa en estas dos palabras radicales.

   Esta era la palabra más común para referirse al «amor», que usaban los griegos. Se acerca a la manera como normalmente usamos hoy día la palabra «amor». Tiene que ver con afecto o sentimiento cálido para con alguien o algo. Era una palabra general. Podía usarse para referirse al afecto de un esposo por su esposa, o al afecto de los padres por sus hijos. O podía usarse para referirse al afecto de un amigo por otro. En vista de que este último es el uso más importante que se le da a la palabra en el Nuevo Testamento, le llamaremos «amor amistad».

   Si me gustas y te gusto, tenemos filia el uno por el otro. Uno de los más grandes ejemplos de esta clase de amor es la amistad que había entre David y Jonatán en el Antiguo Testamento. Esta palabra se usaba en el vocablo compuesto «filadelfia», que significa literalmente «amor de hermano» o «amor fraternal». Se usa en «filantropía», que significa «amor por la humanidad» y en Felipe, que es una forma abreviada de filia + hippo («amante de los caballos»), y en «filosofía», que se refiere al «amor a la sabiduría»

   Wendell Broom le llama a éste «amor equipo de bolos». Le llama así porque hay algo en común, un intercambio mutuo. Por lo general se basa en una apreciación recíproca que se puede echar a perder si el otro incumple su reciprocación. Por ejemplo: Digamos que es usted un buen jugador de bolos, que yo también lo soy y que los dos somos personas agradables. Nos encanta estar en el mismo equipo de bolos. Pero un día usted comienza a beber y se vuelve grosero y sólo lanza las bolas al canal. ¿En qué termina esto? En que a usted lo sacan del equipo de bolos. Por más grande que sea el amor filia con toda su calidez y sentimiento, siempre tiene sus deficiencias.

   Mientras filia era la palabra de uso más común para referirse al amor en los tiempos neotestamentarios, no es la de uso más común en el Nuevo Testamento en sí. Pero todavía es una palabra muy importante en el Nuevo Testamento griego. Filia se usó solamente una vez en el Nuevo

   Testamento, en Santiago 4.4, donde se traduce por «amistad». No obstante, la forma verbal fileo se usa veinticinco veces, veintiuna de éstas en los relatos del Evangelio, principalmente en Juan. Por lo general se traduce por «amar». Esta es la palabra que se usa en Juan 11.3, donde dice que Jesús amaba a Lázaro.

  Otra forma de la palabra es filos, que se encuentra veintinueve veces en el texto del Nuevo Testamento y se traduce invariablemente por «amigo». Juan el Bautista era el amigo (filos) del esposo (Juan 3 29). Jesús era amigo (filos) de publícanos y de pecadores (Mateo 11.19; Lucas 7.34). Jesús se refirió a Lázaro como Su amigo y a Sus discípulos como Sus amigos (Juan 11.11; Lucas 124, Juan 15.14). Los cristianos deben ser amigos entre sí. «Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos, a cada uno en particular» (3ª Juan 15)

  Otra forma verbal, filein, significa apreciar, y a menudo se refiere a una expresión de afecto, tal como un beso.

   Es probable, no obstante, que los usos más familiares de filia, se den cuando se combina con otras palabras para formar vocablos compuestos. Filadelfia (amante de los hermanos) se usa en Hebreos 13.1: «Permanezca el amor fraternal». Filo-andros (amante del hombre, o del marido) y filo-teknos (amante de los hijos) se encuentran en Tito 2.4: «Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos». Luego, algunas formas significan- amante de la humanidad (Tito 3.4), amante de Dios (2ª Timoteo 3.4), amante de lo bueno (los hombres buenos) y de extraños, i.e./ hospedador (Tito 1 8).

   No está de más, todo el énfasis que se pueda hacer en el amor filia. En Génesis 2.18, Dios sentenció: «No es bueno que el hombre esté solo». Necesitamos amigos. Necesitamos personas a las cuales dar cariño, y de las cuales recibir cariño. Aun Jesús tuvo necesidad de su estrecho círculo de amigos. Así nos hizo Dios.

ÁGAPE: UN ACTO DE LA VOLUNTAD

   Llegamos a la cuarta y más importante palabra griega que se refiere al «amor». Hugo McCord, estudiante de la Biblia y traductor, le llama a ésta «la palabra más hermosa del lenguaje humano».10 Se trata de la palabra ágape. Ágape es la forma sustantiva. La forma verbal es agapao.

   A diferencia de filia, esta palabra no fue muy usada por el pueblo de habla griega antes de que el Nuevo Testamento fuera escrito. No se ha encontrado uso alguno de ella en los escritos seculares de aquel tiempo de la forma sustantiva de la palabra ágape como sustantivo común.” La forma verbal agapao fue usada hasta cierto punto, pero de un modo más bien poco llamativo. Agapao se deriva de agamai que significa «admirar», y aparentemente éste era el significado que por lo general se le atribuía a agapao entre los griegos.

   Pero cuando llegamos al Nuevo Testamento, esta es la palabra que se usa en el texto original para referirse al «amor». La forma sustantiva se encuentra más de 120 veces. La forma verbal se encuentra más de 130 veces. Esta palabra se usa en Juan 3.16: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito». Se usa en 1ª  Juan 4.8,16, para decir: «Dios es amor». Esta palabra se usa en 1ª  Corintios 13, el gran capítulo sobre el amor de la Biblia. Se usa en pasajes cuyo propósito es demostrar la supremacía y preeminencia del amor.

  ¿Por qué es ágape la palabra primordial para referirse al amor en el Nuevo Testamento? Alguien insinuó que Dios consideró eros y vio que a menudo tenía que ver más con la pasión que con el amor. Después consideró storge y le pareció demasiado estrecha de significado, teniendo que ver únicamente con lealtad a los lazos familiares. Pasó entonces a considerar filia y aun esta palabra especial le pareció muy limitada. Era una palabra hermosa que tenía que ver con el apego y el afecto, pero que servía primordialmente a los allegados y queridos. No abarcaba y no podía abarcar a todos. Entonces Dios decidió usar ágape, una palabra sin mucho carácter, que sólo estaba esperando ser llenada de significado. La tomó y la convirtió en la esencia del cristianismo.

   No podemos conocer los procesos mentales de Dios, pero es un hecho que los autores inspirados del Nuevo Testamento tomaron una palabra oscura y le infundieron un significado que no tenía anteriormente. La convirtieron en «la palabra maestra del cristianismo, su secreto interior, su signo exterior, su distintivo singular».

   ¿Qué es esta palabra que ocupa posición tan medular en el cristianismo? Aunque la próxima lección, que llevará por título «Amor firme», se centrará en ágape, diré algunas palabras sobre ella.

   Ágape no es una palabra fácil de definir. En un artículo sobre el «amor», la International Standard Bible Encyclopedia incluye la siguiente nota definitiva: «El amor, ya sea que se use en referencia a Dios, o en referencia al hombre, es un ansioso y anhelante deseo de bienestar del ser amado, y un activo y beneficioso interés en ese bienestar».14 Otros autores, al tratar de definir la palabra, usan frases tales como «buena voluntad activa». De algún lugar tomé esta definición que es mi favorita: «Agape es amor por otro, que se caracteriza por el deseo de hacer lo mejor para el ser amado». Por no tener otra a mano, la anterior será la definición que utilizaré en toda esta serie de lecciones.

  Ágape no es muy diferente de otras clases de amor que hemos mencionado. No es vacía de emoción, ni de afecto, ni de sentimiento. Insisto en esto porque al definir ágape, se manifiesta una fuerte tendencia a adoptar una actitud clínica y a hacer que la palabra suene fría y austera. A veces, muchas de estas palabras se usan de modo intercambiable, especialmente filia y ágape (Juan 11.3, 5; 13.23; 19.26; 21.20; 20.2). Por ejemplo, la mayoría estaría de acuerdo en que Romanos 12.10 tiene un solo propósito; sin embargo, este versículo usa tres de las palabras que hemos estudiado: «Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros». «Amaos» es traducción de una palabra compuesta que incluye storge. La palabra compuesta griega que se traduce por «amor fraternal» incluye la palabra filia. Y «prefiriéndoos» es traducción de una forma de la palabra ágape.

   Los oradores y autores neotestamentarios tomaron los afectos y sentimientos naturales del amor, y los elevaron a un plano más sublime, de modo que pudieran incluir a los que carecen de atractivo y a los antipáticos.

   Permítame, entonces, hacer hincapié en que ágape es, ante todo, un acto de la voluntad.

   La declaración clásica sobre esta clase de amor se encuentra en Mateo 5.44-48, donde Jesús presenta el siguiente desafío:

   Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos,, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publícanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

   Note que el pasaje anterior nos manda a tenerle ágape a nuestros enemigos. Esto saca a ágape del ámbito de la clase de sentimientos cálidos que podríamos tenerle a un amigo. Por definición, un enemigo no es un amigo. Note también los párrafos acerca de amar a los que nos aman y saludar a los que nos saludan (versos 46-47). ¿No es lo anterior una descripción del típico amor filia?  El desafío que Jesús nos presenta es el de elevarnos por encima de ese nivel, y de ser como Dios en lo que concierne al amor.

   Wendell Broom, por lo tanto, le llama a ágape «amor que hace llover sobre el injusto». Dios no se pone a seleccionar pequeños campos donde estén parados los buenos para hacer llover sobre tales campos. El deja que la lluvia caiga sobre los pillos también.

   La ilustración clásica de esta clase de amor se encuentra en el relato de la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10.29-37), que se da para ilustrar el amor (ágape) al prójimo (verso 27). Cuando el samaritano vio en el suelo al hombre que había sido herido y que sangraba, él no sintió ninguna atracción física (no hubo eros). El hombre que fue golpeado no era un pariente amado, ya que los judíos y los samaritanos se aborrecían (no hubo storge). El hombre que estaba tirado en la zanja no era amigo, no tenía nada en común con él; no existía el potencial para reciprocar la acción (no hubo filia), ¿Cuál era la única motivación posible que le quedaba a este viajero para ayudarle? Era uno de sus semejantes, era un ser humano, y el buen samaritano dijo, en efecto: «Por esta razón le ayudaré». Esto es amor ágape.

CONCLUSIÓN

Para concluir, permítame hacer tres breves contrastes entre las cuatro clases de amor que hemos estudiado:

Eros dice: «Me atraes». Storge dice: «Me unen lazos familiares a ti». tilia dice: «En verdad me gustas». Ágape dice: «Te amo».

Eros se basa en las glándulas. Storge se basa en lazos genéticos, filia se basa en emociones. Ágape se basa en una decisión, en un acto de la voluntad.

Eros dice: «Te amo porque me atraes». Storge dice: «Te amo porque somos parientes». Filia dice: «Te amo porque me agrada estar contigo». Ágape dice: «Te amo», no dice: «Te amo si...», tampoco dice: «Te amo porque...», sino que sencillamente dice: «Te amo».

No me malentienda. Todas las palabras anteriores son importantes. Para vivir la vida en su plenitud, necesitamos una combinación de las anteriores clases de amor. Pero ágape es la base de nuestra relación con Dios. Ágape es la base de un matrimonio feliz y duradero que agrada a Dios, la base de un hogar que agrada a Dios. Ágape es el secreto de toda relación humana duradera. El desafío que presenta esta serie de lecciones es en el sentido de aprender a amar como Dios desea que amemos.

El más grande ejemplo del amor ágape es Dios mismo. Dios miró a la tierra. No había nada atractivo en la humanidad; eros no serviría. La humanidad había rehusado tener una relación con Dios. Esto eliminó storge. Tampoco servía filia, pues los hombres no eran amigos de Dios; en realidad, tal como Pablo lo dice, eran enemigos de Dios:

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores. Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida (Romanos 5.8-10).

Dios nos amó y dio a Su Hijo por nosotros, cuando nosotros éramos Sus enemigos. ¡Eso es amor ágape!

¿Cómo no va a amar usted a un Dios así?.