¨JESUCRISTO¨

 

El  divino Hijo de Dios

 

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JESÚS. SU HISTORICIDAD

   ¿Son confiables los libros neotestamentarios que detallan el cumplimiento que hace Jesús de profecías veterotestamentarias? ¿Cómo puede uno estar seguro en este siglo de que Jesús, un carpintero Nazareno, en realidad vivió en el siglo primero? ¿Será solamente ilusiones el relato acerca de Su maravillosa vida? Los cristianos primitivos afirmaron que tal persona estuvo con ellos en la carne, y que vieron Su gloria. Sin embargo, ¿estaban ellos únicamente imaginándose un glorioso ideal de la especie humana?

   Los cuatro relatos del evangelio acerca de la vida que supuestamente vivió Jesús, después de haber sido sometidos a examen microscópico por tenaces incrédulos, constituyen en nuestra era los más autorizados documentos históricos que existen. ( Ref- 1 ) Si uno tomara la posición en el sentido de que Mateo, Marcos, Lucas y Juan eran sencillamente seguidores engañados por sí mismos, de un mítico Jesús, esa posición se desmoronaría al oír las declaraciones que han hecho personas no cristianas. No son muchas las citas de no cristianos de los primeros siglos que están disponibles, pero las pocas afirmaciones existentes, acerca de Jesús, son demostraciones ciertas de la verdad en el sentido de que Él realmente existió. Ref- 2)

FLAVIO JOSEFO

   Flavio Josefo era un fariseo culto, que nació siete años después que la iglesia fue establecida. Vivió hasta después que el Nuevo Testamento se acabó de escribir; no era cristiano, sin embargo le tenía un respeto casi reverente a Jesús:

   Por aquel tiempo existió un hombre sabio, llamado Jesús, si es lícito llamarlo hombre; porque realizó grandes milagros y fue maestro de aquellos hombres que aceptan con placer la verdad. Atrajo a muchos judíos y a muchos gentiles. Era [el] Cristo. Cuando, delatado por los príncipes responsables de entre los nuestros, Pilato lo condenó a la cruz, los que antes lo habían amado no lo abandonaron, porque se les apareció al tercer día de nuevo vivo, tal como los profetas divinos habían anunciado estos y otros diez mil hechos maravillosos acerca de él. Desde entonces hasta la actualidad existe la tribu de los cristianos que de él toma nombre. (Ref- 3)

   Si algo caracterizó a Josefo en la anterior declaración, además de la veneración, fue el descuido en el uso de las palabras, pues dio la impresión de creer en los hechos del evangelio. (Ref- 4)  No obstante, lo que verdaderamente creía, se aprecia en un libro que escribió más adelante, libro que sirve de correctivo; en este escrito se refirió a Jesús como uno a quien «se le llamaba Cristo». (Ref- 5)

   Existen pruebas sólidas en el sentido de que Josefo no creyó en la deidad de Jesús, pero son igualmente sólidas las pruebas en el sentido de que sí creyó que Jesús de Nazaret vivió en el siglo primero. Desde el punto de vista de una persona ajena a la «tribu» de los cristianos, las palabras de Josefo constituyen un testimonio en contra de cualquiera que considere a Jesús un personaje mítico.

EL TALMUD

   Existe una colección de extensos escritos judíos de los primeros cinco siglos, llamada el Talmud (que se compone de dos partes: (la Mishná y la Gomara), escritos en los cuales hay referencias a Jesús. Como es de esperar, las referencias son escasas y hostiles; sin embargo, si algo niega el Talmud, es la idea de un Jesús no real.(Ref- 6)  El Talmud se refiere a «Jesús de Nazaret, hijo de María, hija de Elí». (Ref- 7).   Relata Su viaje a Egipto y reconoce Sus poderes milagrosos. No obstante, atribuyen Sus poderes, ya sea a que robó del templo la pronunciación correcta del nombre de Dios, o a que practicaba la magia egipcia. Se mencionan nombres específicos de seguidores de Jesús, entre los cuales se incluyen Mateo, Tadeo, uno llamado Bauni, y Nicodemo. No se omite la crucifixión durante la Pascua, pero todas las referencias están cargadas de insinuaciones malignas, en las cuales se acusa a Jesús de hechicería y de seducción. (Ref- 8)

   De modo sarcástico, los rabinos se refirieron a Jesús como «El que fue colgado», y como «El hijo de la virgen». (Ref- 9).  También, los rabinos hicieron juegos de palabras insultantes sobre la palabra «evangelio», haciendo que suene en su idioma como si significara «iniquidad del Margen», o «Pecado de la tabla de escribir». (Ref- 10).  Si alguna vez hubieran considerado la idea de un Jesús mítico, no hay duda de que sus ataques hubieran sido diferentes. Cada uno de los insultos de ellos tiene su origen en la realidad del carpintero Nazareno.

CORNELIO TÁCITO

   Otro historiador, considerado el más destacado del Imperio Romano, fue Cornelio Tácito. Cerca del 110 d. C., escribió una descripción del incendio de una tercera parte de la ciudad de Roma durante la era de Nerón (del 54 al 68 d. C.). Debido a que algunos romanos decían que el mismo Nerón había causado el «Gran Incendio» del 64, este se propuso rebatir la acusación. Como parte de su relato. Tácito escribió:  Por lo tanto, para acallar los rumores. Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos, una clase de hombres aborrecidos por sus ignominias. Aquel de quien tomaban nombre, Cristus, había sido ejecutado en el reinado de Tiberio, por condena del procurador Poncio Pilato; la execrable superstición, momentáneamente reprimida, irrumpía de nuevo no sólo por Judea, origen del mal, sino también por Roma, lugar en el que confluyen y hallan su hogar toda clase de atrocidades y vergüenzas del mundo”. (Ref. 11)

   Aunque los escritos de Tácito revelan que él estaba indignado con los que «el vulgo llamaba cristianos», también resulta claro que estaba firmemente convencido de que «Cristus, había sido ejecutado [...] por condena del procurador Poncio Pilato».

C. PLINIO SEGUNDO

   Otro autor romano, contemporáneo de Tácito, gobernador de Bitinia, fue C. Plinio Segundo. Se le identificó como Plinio «el Joven» para distinguirlo de su eminente tío del mismo nombre. Plinio el Joven escribió al emperador Trajano, en el 112 d. C., pidiéndole consejo acerca de qué debía hacer con los muchos cristianos de su provincia.

   Al ser abandonados los templos paganos, y al estar dispuestos los cristianos a morir por el nombre de Cristo, habría sido imposible hacer que Plinio pensara que era un mito acerca de Jesús el que había dado inicio al generalizado «contagio». Las observaciones de Plinio demuestran la extensión que había alcanzado la influencia cristiana: «Y no sólo en las ciudades, también en las aldeas y en los campos se ha propagado el contagio de semejante superstición». (Ref- 12)

SUETONIO

   Suetonio (65-135), contemporáneo de Tácito, y colega historiador de este, escribió cerca del 120 d. C., sobre una drástica medida tomada por el emperador Claudio en el 49 d. C.: «Debido a que los judíos constantemente causaban disturbios por instigación de Cresto, él los expulsó de Roma». (Ref-13).  (Al que Tácito llamó «Cristus», ( Ref- 14)  Suetonio llamó «Cresto». (Ref- 15)

   El autor Orosio mencionó que esta expulsión ocurrió en el año noveno del reinado de Claudio. Tal como Werner Keller señaló, esto significa que una comunidad cristiana existía en Roma «no más de quince a veinte años después de la crucifixión». (Ref- 16)

   Aparentemente, los judíos incrédulos del gueto judío de Roma, estaban persiguiendo a los judíos cristianos. Ellos provocaron disturbios públicos de tal magnitud que llegaron a indignar a Claudio. Por consiguiente, el emperador, interpretando el asunto como una contienda judía interna, ordenó que todos los judíos salieran de Roma. Aquila y Priscila formaban parte de ese desafortunado grupo. En Corinto, Pablo halló «a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma» (Hechos 18.2). Este triste suceso, que refleja la existencia de una gran cantidad de cristianos en Roma, dentro de los veinte años posteriores a la muerte de Jesús, difícilmente pudo haber ocurrido si nunca hubiera habido un «Cresto». La observación de Suetonio es otra prueba, de una fuente objetiva, aunque hostil, de la historicidad de Jesús. (Ref- 17)

CONCLUSIÓN

La influencia de un Jesús de Nazaret que vivió, respiró y murió en el siglo primero, no puede ser contrarrestada, pues lo que Él hizo no lo hizo «en algún rincón» (Hechos 26.26). Se cuestione lo que se cuestione acerca de Cristo, hay una cosa que debe ser aceptada, y esta es la realidad de Su existencia. «No hay persona informada que albergue duda alguna acerca de la existencia de Napoleón Bonaparte, ni de Oliver Cromweil, ni de Julio César», ni de Jesús de Nazaret. «La verdad en el sentido de que Julio vivió, de que peleó guerras en la Galia, y de que fue asesinado en el Senado Romano, es aceptada por todos como verdad propia de la historia real y auténtica; pero no está tan cercana a tiempos modernos, ni dan testimonio de ella ni siquiera la mitad de las pruebas que dan testimonio de la verdad en el sentido de que Jesús vivió, y de que predicó su evangelio en Judea y en Galilea, y de que fue crucificado en el Calvario». (Ref-18)

   Frederick C. Grant afirmó: «Teorías modernas como las del "mito de Cristo" son desechadas por todos los historiadores científicos».19 Cierto conferencista hizo la siguiente afirmación: “El suponer que [Jesús] jamás vivió, que los relatos acerca de su vida son invenciones, es más difícil y arroja más obstáculos al sendero del historiador, que el aceptar como verdaderos los elementos esenciales de los relatos de los evangelios”.  (Ref-20)

   F.F. Bruce dijo: «Puede que algunos autores jugueteen con la fantasía del "mito de Cristo", pero al hacerlo no cuentan con el sustento de las pruebas históricas». (Ref- 21)

«Si el Nuevo Testamento no se hubiera escrito jamás, y si los padres hubieran guardado un silencio sepulcral, bien podríamos haber tomado de estas fuentes extemas [es decir, de las afirmaciones de incrédulos], y vemos obligados a aceptar todos las grandes verdades del cristianismo». (Ref- 22)  El cristianismo está, pues, históricamente sustentado y geográficamente arraigado. En contraste con un penumbroso Confucio, o con un incierto Buda, se yergue un Jesús tan real como Julio César. Cuando uno se ve enfrentado a la pregunta que dice: «¿Quién decís vosotros que es el Hijo del Hombre?», uno tiene algo sólido sobre lo cual sustentar su respuesta.

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1 Hubo un tiempo cuando «el carácter fidedigno básico de los relatos neotestamentarios» fue cuestionado, «pero ese tiempo pertenece permanentemente a un lejano pasado» (John H. Gerstner, Reasons for Faith [Razones para creer] [New York: Harper & Brothers, 1960], 86).

2 Las observaciones de no cristianos «pueden ayudar también a rebatir el argumento, propuesto con bastante seriedad por algunos críticos a finales del siglo diecinueve, en el sentido de que Jesús en realidad jamás existió del todo, y de que la historia de Jesús fue una elaboración de un mito acerca de un dios que apareció sobre la tierra por un tiempo en forma humana» (Encyclopaedia Britannica [Enciclopedia Británica], 1962 ed., s. v. "Jesús Christ," by Jaroslav Jan Pelikan).

3 Josephus Antiquities (Antigüedades) 18.3.3.

4 La afirmación de Josefo está tan a favor de Cristo que muchos eruditos han aseverado que toda la porción es una interpolación. Menos drástica, pero en el mismo sentido, es la decisión de interpretar ciertas palabras como interpolaciones (Joseph Klausner, fesus of Nazareth: His Life, Times, and Teachings [Jesús de Nazaret: Su vida, tiempos y enseñanzas], trans. Herbert Danby [New York: Macmillan Co., 1929], 56). No obstante, todos los manuscritos existentes de los escritos de Josefo contienen la totalidad de la porción, y esta se ha citado desde el 324 d. C. (por Eusebio). En lo que a prueba textual se refiere, uno bien podría desechar cualquier otra porción como esta de los escritos de Josefo. Sólo el razonamiento subjetivo puede hacer tal cosa.

El Servicio de Noticias del New York Times, bajo una línea de cambio de fecha de Jerusalén, el 13 de febrero de 1972, informó de un manuscrito árabe del siglo diez, que tiene una variante del texto de Josefo, la cual se lee así: «Hubo por aquel tiempo un hombre sabio llamado Jesús. Y su conducta era buena, y se sabía de él que era virtuoso. Y muchos de los judíos y de las demás naciones llegaron a ser sus discípulos. Pilato lo condenó a ser crucificado y a morir. Y los que habían llegado a ser sus discípulos no abandonaron su discipulado. Ellos informaron de que él se les apareció tres días después de su crucifixión y de que estaba vivo; por consiguiente, tal vez él fue el mesías sobre el cual los profetas han relatado maravillas».

5 Josephus Antiquities (Antigüedades) 20.9.1.

6 F. F. Bruce, The New Testament Documents: Are They Reliable? (Los documentos neotestamentarios: ¿ Son confiables ?) (Grand Rapids, Mich.: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1954), 102. Bruce citó a Klausner, ¡esus of Nazareth (jesús de Nazaret), 18ss, y a Maurice Goguel, Life of ¡esus (Vida de Jesús), 70ss, para mostrar la total confianza de los judíos en la historicidad de Jesús. «Una persona de hecho existió una vez, cuyo nombre fue Jesús o Cristo», y Él «fue crucificado en Palestina durante el reinado de Tiberio» (Maurice Goguel, Life of fesus [Vida de Jesús] [New York: Bames & Noble, 1933; 3d impression, 1958], 70).

7 Thomas HartweII Horner, An Introduction to the Critical Study and Knowledge ofthe Holy Scriptures (Introducción al estudio crítico y conocimiento de las Sagradas Escrituras) (Philadelphia: E. Littell, 1831), 1:197.

8 Ibíd.

9 Jesús fue llamado Ha-Taluy, «El que fue colgado», y Ben Pantera, «El hijo de la virgen». La palabra pantera es una forma corrupta de la palabra griega parthenos, «virgen». (Ibíd.)

10 Euangelion, «evangelio», fue alterado para que se lea: 'Awen-gillayon o 'Awon-gHIayon. (Babylonian Talmud [Talmud babilonio], tractate Shabbath, 116 a, b, citado en F. F. Bruce, 102.)

1! Tácito Anales 15.44, citado en Bruce, 117. 12 C. Plinius Secundus Episties of Pliny (Epístolas de Plinio) 10.97, citado enJ. W. McGarvey, Evidences ofChris-tianity (Pruebas del cristianismo), Part 3 (Louisville: Guide Printing and Publishing Co./1891), 12-14.

13 Seutonius (Suetonio) Life ofClaudius (Vida de Claudio) 25.4, citado en Bruce, 118.

14 Tácito, Anales 15.44, citado en Bruce, 117.

15 Homer, 1:200.

16 Werner Keller, The Bible as History (La Biblia como historia) (New York: William Morrow and Co., 1958), 379.

17 Suetonio también escribió acerca del Gran Incendio de Roma, y que Nerón (64-68), sucesor de Claudio, infligió castigo «sobre los cristianos, una clase de hombres adictos a una superstición nueva y maliciosa» (Life ofNero [Vida de Nerón], 21.2, citado en Bruce, 118).

18 J. L. Dagg, The Evidences of Christianity (Las pruebas del cristianismo) (Macón, Ga.: J. W. Burke and Co./ 1869), 85, 90.

19 Encyclopedia Americana, s. v. "Jesús ehrist"Jesucristo»), por Frederick C. Grant.

20 H. G. Wells, in N. B. Hardeman, Dallas Lecturesfor 1943 (Conferencias de Dallas para 1943) (Dallas: Eugene Smith, 1943), 122.

21 Bruce, 119.

22 Harvey W. Everest, The Divine Demonstration (La demostración divina) (St. Louis: Christian Board of Publica-tion, 1884), 85.-  FIN