¨JESUCRISTO¨

 

El divino Hijo de Dios

 

Jesús:  El Cumplimiento de profecías en su muerte

 

(3)

 

¡Cuan vividamente vemos el cumplimiento de profecías veterotestamentarias en la muerte, sepultura y resurrección de Jesús! Los detalles de la crucifixión de nuestro Salvador fueron revelados en profecía antes que Él naciera. Estudie estos ejemplos de profecías y del cumplimiento de ellas, y permita que aumenten su fe en Jesús como el divino Hijo de Dios. (1- Ref)

EL HOMBRE TIENE TODO DEBAJO DE  SUS PIES (SALMOS 8.4-6)

En Génesis 1.26-28.  Dios mandó a Adán y a los descendientes de éste, ejercer dominio sobre toda la tierra. El Salmo 8 es en gran medida una repetición de ese mandamiento, por medio del cual se alaba y se da gracias a Dios por Su preocupación por la humanidad. En el versículo 4 se lee: “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites?”

En comparación con el tamaño del universo, el hombre es extremadamente pequeño. SÍ este tamaño determinara el valor del hombre en el universo, no sería mucho lo que vale. No obstante, tal como lo expresa «el dulce cantor de Israel», la alta posición del hombre se observa en dos esferas:

1)    en el haber sido hecho poco menor que los ángeles, y

2)    en el habérsele dado autoridad sobre toda la tierra. El gran Dios sujetó todas las cosas bajo los pies del hombre, y «porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él» (Hebreos 2.8).

De una forma gradual, desde los tiempos de Adán, el hombre ha sometido bajo su autoridad a todo animal, y ha conquistado la tierra, el mar, el aire y el espacio. Son tantas las victorias que han ganado los seres humanos sobre su ambiente, que aun los más escépticos no se atreven a decir que esto o aquello no se puede hacer.

A pesar del progreso del hombre, desde Adán hasta los tiempos de Jesús, quedaba un enemigo que no había podido ser derrotado: la muerte. Aunque hubo dos hombres que no tuvieron que morir (Génesis 5.24; 2° Reyes 2.11), ellos fueron solamente excepciones; para el resto de la humanidad, se ha establecido que mueran una sola vez (Hebreos 9.27). Excepto para los hombres de fe, la certeza de la muerte era un manto de temor que se cernía sobre todos los hombres. Por el temor de la muerte, todos los hombres estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre (Hebreos 2.15). Las escasas ocurrencias de resurrecciones (1° Reyes 17.21-22; 2° Reyes 4.35; 13.21) no podían producir esperanza duradera, pues todos los que eran resucitados tenían que volver a morir.2 La muerte todavía tenía dominio, y el cuerpo del hombre sufría corrupción. ¿Cómo podía el hombre ser librado de servidumbre? ¿Había querido Dios realmente que «todas» las cosas le fueran sujetas al hombre? ¿Había de hacerse alguna gigantesca y espantosa excepción a la autoridad del hombre?

En la sabiduría de Dios, Jesús fue enviado a la tierra, pero no vino en la forma de un ángel. Si así hubiera venido, no podía haber sido incluido en la promesa que Dios hizo al «hombre» (Génesis 1.26; Salmos 8.4) en el sentido de tener dominio sobre todo. Además, los ángeles no mueren (Lucas 20.36). Fue sabiduría del cielo que, por medio de la muerte, un hombre venciera la muerte para siempre.

Por lo tanto. Dios envió a Jesús como un hombre, como uno que participaría de carne y sangre, sujeto a muerte y víctima de esta, «para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo» (Hebreos 2.14). Su resurrección fue diferente de todas las demás, en el sentido de que «la muerte no se enseñorea más de él» (Romanos 6.9). No volvería más «a corrupción» (Hechos 13.34). Podía hacer la promesa que dice: «Porque yo vivo, vosotros también viviréis» (Juan 14.19).

Aun hoy día, dos mil años después de la resurrección de Jesús, no hemos visto un completo cumplimiento de la promesa que hizo Dios al hombre en (Génesis 1.26 y Salmos 8.4). Ahora, sin embargo, todo temor ha desaparecido, pues si Jesús pudo resucitar para vivir para siempre, teniendo en Su mano las llaves de la muerte (Apocalipsis 1.17-18), sabemos que nuestra victoria está garantizada por medio de El. ¡Podemos dar por un hecho lo que Dios prometió originalmente! Porque es preciso que Jesús «reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies» (1ª Corintios 15.25-27a).

Así, una profecía hecha originalmente a todos los seres humanos fue una profecía precisa hecha a un ser humano en particular, a Jesucristo hombre. Sin El, la promesa de Dios que se hizo a Adán, y que fue reiterada por medio del salmista, se habría desmoronado. ¡Gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! ¡Gracias sean dadas a Dios por Su asombrosa palabra profética!

LA PIEDRA CABEZA DEL ÁNGULO QUE FUE DESECHADA (SAL. 118.22-23)

En Salmos 118.22 se profetizó que Jesús, a semejanza de una piedra de edificación, sería desechado: “La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo”.

Jesús se refirió a esta declaración profética cuando señaló a los judíos como los que lo rechazarían: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto/ Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?” (Mateo 21.42).

Cuando Pedro habló a los funcionarios judíos, él aplicó (Salmos 118.22-23), del mismo modo que Jesús lo hizo: «Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo» (Hechos 4.11).

Además de (Salmos 118.22-23), otra declaración profética se refirió a Jesús como piedra. El profeta evangelista escribió que Jesús sería «por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalén. Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados; y se enredarán y serán apresados» (Isaías 8.14b-,15).

Aparentemente, Jesús se estaba refiriendo al oráculo de Isaías cuando dijo: «Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado, y sobre quien ella cayere, le desmenuzará» (Mateo 21.44). Fue tan clara la aplicación que hizo Jesús de la profecía de Isaías, que los que la oyeron entendieron exactamente lo que Él quiso decir: «Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos» (Mateo 21.45).

Pablo se refirió más adelante al oráculo de Isaías, diciendo de este que se cumplió cuando los israelitas rechazaron a Jesús: «Tropezaron en la piedra de tropiezo, como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída» (Romanos 9.32b/ 33a).

Por último, las dos profecías veterotestamentarias en las que se presenta a Jesús como piedra desechada, fueron mencionadas más adelante por Pedro en su primera epístola:

[...] pero para los que no creen/ La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo”;

y:  Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados (1ª  Pedro 2.7-8).

TRAICIONADO POR UN AMIGO  (SALMOS 41.9)

Ahitofel, consejero de Absalón, ha sido llamado el Judas del Antiguo Testamento. Su consejo en los días de David y de Absalón era apreciado: «[...] como si se consultase la palabra de Dios. Así era todo consejo de Ahitofel/ tanto con David como con Absalón» (2° Samuel 16.23). Con razón Ahitofel era a menudo uno de los invitados a las comidas de palacio. Más adelante se volvió contra David para apoyar a Absalón. Cuando David se enteró de la acción traidora del consejero real y confidente personal en quien confiaba, se agitaron en su corazón los sentimientos que se expresan en (Salmos 41.9). Fue inspirado a escribir: «Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí su calcañar».

Jesús también supo lo que era ser traicionado por uno que se dice amigo. Aparentemente, David no sabía que iba a ser traicionado, sino hasta que ocurrió. Jesús, en cambio, sabía desde un principio (Juan 6.64) cuál de Sus apóstoles se volvería en contra de El, y habló del asunto antes de la traición. Jesús reveló con anticipación lo que ocurriría, con el fin de que los demás discípulos tuvieran certeza adicional de Su deidad: “No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy” (Juan 13.18-19).

Es claro que Jesús creía que Su presciencia era una prueba de Su deidad.

EL DINERO DE LA TRAICIÓN ES RECHAZADO (ZACARÍAS 11.13)

Zacarías hace una referencia puntual acerca de lo que el traidor de Jesús haría con su dinero manchado de sangre, cuando le causara náuseas la transacción que había realizado: «Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro» (Zacarías 11.13).

El cumplimiento de esta antigua profecía, según Mateo lo describió, fue indirecto: (3Ref) Entonces judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros [...] Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Seño”r (Mateo 27.3-10).

El dinero de Judas fue utilizado para comprar «el campo del alfarero», el cual es probable que fuera un campo muy conocido por ese nombre, y que antiguamente era usado por alfareros. Tal vez la arcilla se había agotado, y la tierra se podía comprar por un precio más bajo.4

Puede que a uno le sorprenda que en varias traducciones se lea que Mateo le atribuyó la profecía de Zacarías a Jeremías. Podría ser que Jeremías también expresara oralmente esta profecía, pero que no la incluyera en su libro. Lo más probable es (20 Ref) que Mateo se estuviera refiriendo a la profecía escrita de Zacarías.

¿Por qué, entonces, atribuiría Mateo la profecía al autor equivocado? En realidad no hizo esto. Él era autor inspirado por el Espíritu Santo, de modo que no pudo haber cometido error alguno (Juan 14.26; 16.13). Además, si él hubiera cometido tal error, los judíos infieles de aquel tiempo se habrían prendido del error y lo hubieran aprovechado. No se conoce de un ataque de tal naturaleza.

¿Cómo se suscitó el error en las traducciones? No se tiene conocimiento de la existencia del escrito original de Mateo. Sólo existen copias de este, habiendo sido hechas las más antiguas, mucho tiempo después que Mateo hiciera su escrito. Algún copista, que no conocía las Escrituras veterotestamentarias, como era su obligación, sin darse cuenta, debió de haber escrito «Jeremías» en lugar de «Zacarías». Es probable que los copistas posteriores no se atrevieron a corregir aun un obvio error.

En algunos manuscritos antiguos en realidad se lee «Zacarías» en lugar de «Jeremías», en Mateo 27.9. Puede que esos manuscritos sean copias fieles del documento original de Mateo. Además, existen manuscritos antiguos en los cuales dice sencillamente en Mateo 27.9 que esta profecía fue dicha «por el profeta», y omiten el nombre de este. Puede ser que estos copistas siguieran la declaración original de Mateo. Cual sea la explicación que se dé de este detalle,5 no deja de ser excepcional lo que el profeta anuncia que se haría con el dinero de la traición.

SUS VESTIDOS FUERON REPARTIDOS  (SALMOS 22.18)

Algunas profecías veterotestamentarias tuvieron dos significados: uno cercano, directo y primario, y otro remoto, indirecto y secundario. Otras encontraron su significado exclusivamente como profecías acerca de Jesús. Considere por ejemplo Salmos 22.18: «Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes». Esta profecía es una de las más precisas. Parece manifestar conocimiento previo de un destacamento especial para la crucifixión, formado por cuatro soldados, y conocimiento, también, de que Jesús llevaría puestas cinco prendas de vestir. Sería fácil repartir cuatro de estas entre cuatro soldados, pero la quinta planteaba una dificultad. El dividirla en pedazos significaría la ruina de una prenda útil, convirtiéndola en cuatro trapos. Con el fin de que la prenda pudiera ser utilizable para alguno, los soldados pensaron que la solución más justa era echar suertes, y así se hizo: “Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado Tornaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo Entonces dijeron entre si No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quien será Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes Y así lo hicieron los soldados (Juan 19 23-24).

OPROBIO DE LOS HOMBRES  (SALMOS 22.6)

Algunas veces —como la ocasión en que Simei maldijo y arrojó piedras (2° Samuel 16.5-6) contra un David descalzo que huía, e iba llorando— el hijo de Isaí se sintió «oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo» (Salmos 22.6). Esto fue lo que dijo: “Todos los que me ven me escarnecen, Estiran la boca/ menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová, líbrele él/ Sálvele, puesto que en él se complacía” (Salmos 22.7-8)

El descendiente profetizado de David fue de igual modo «oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo». Lo anterior se cumplió cuando le crucificaron: “Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo [ . ] si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él Confió en Dios, líbrele ahora si le quiere, porque ha dicho: Soy hijo de Dios” (Mateo 27 39, 43)

EL SEDIENTO (SALMOS 69.21)

Durante un tiempo de desdichada opresión, David buscó en vano que alguien le ayudara. Sus enemigos le estaban haciendo morir de hambre, y tenía sed. Para burlarse de él le dieron baruth, un alimento que se les suministraba a los que estaban de luto, sin embargo, contenía una amarga hiél. ¡Es increíble la crueldad de que son capaces los seres humanos' Después, en lugar de agua, le dieron vinagre: «Me pusieron además hiél por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre» (Salmos 6921).

Otro oprimido. Jesús de Nazaret, tampoco contó con nadie que le consolara en el momento que le suspendieron de la cruz. Aparentemente poco

después de que le colgaron (cerca de las nueve de la mañana), un tentador vino le fue ofrecido por gente sádica, cuyo fin era burlarse de Él; vino que había sido mezclado con mirra que lo volvía amargo e imbebible (Marcos 15.23), como la hiél y el ajenjo. Con razón Jesús rehusó beber Los que le crucificaron, al igual que los torturadores de David, eran diabólicos, pues hicieron más intenso Su sufrimiento, como añadiendo sal a Sus heridas.

Seis horas pasaron. Cerca de las tres de la tarde, Jesús sabía que Él estaba a punto de morir (Juan 19.28). También sabía que esa parte de Salmos 69.21 no se había cumplido todavía, parte que decía así: «En mi sed me dieron a beber vinagre». Había recibido la hiél, pero no el vinagre. Por lo tanto, «para que la Escritura se cumpliese» (Juan 19.28), Jesús hizo que alguien le diera de beber, diciendo en voz alta: «Tengo sed». Esta vez, lo que le dieron fue un ácido vino barato, llamado vinagre. Le acercaron a Su boca una esponja empapada en este. Cuando hubo chupado de la esponja, de Su boca salieron las últimas palabras, al decir: «Consumado es»; «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Juan 19.30; Lucas 23.46).

HACEDOR DE LA VOLUNTAD DE DIOS  (SALMOS 40.6-8)

Dios había mandado a los israelitas hacer sacrificios de animales (Levítico 16). A Él le agradaban estos (Salmos 51.19) cuando los adoradores amaban a Dios (Deuteronomio 10.12-13) y amaban a su prójimo (Levítico 19.18; vea Miqueas 6.6-8). No obstante, cualquier ofrenda de animales que no fuera acompañada de amor, entrega, pureza y humildad personales, constituía una abominación para el Santo de Israel (Salmos 51.16-17; Isaías 1.11-17; Jeremías 6.20, 7.22-23; Amos 5.22-24). Este gran principio de completa entrega tanto del animal como del adorador mismo, puede explicar la situación original que da origen a Salmos 40.6-8, donde se lee: “Sacrificio y ofrenda no te agrada; Has abierto mis oídos. Holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí/ vengo; En el rollo del libro está escrito de mí El hacer tu voluntad. Dios mío/ me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón”.

Dios no deseaba sacrificios ni ofrendas de alimentos que no estuvieran acompañados de pureza y entrega personales. Los holocaustos y expiaciones que fueran ofrecidos por adoradores insinceros e hipócritas no podían llenar Sus requisitos. En aquellos tiempos, así como hoy día.

Dios deseaba que todo adorador se diera a sí mismo de corazón.

El adorador que se representa en Salmos 40, dijo: «He aquí, vengo». La decisión de corazón de este había sido escrita y prescrita en el libro de la ley (Deuteronomio 10.12-13; 30.9-10). Motivado correctamente, con corazón y boca abiertos, se ofrece voluntariamente, diciendo: «El hacer tu voluntad. Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón». David, siendo tal clase de adorador, y como autor del Salmo 40, estaba así ofreciendo más que animales a Dios.

No obstante, aun las ofrendas de animales acompañadas de sinceridad, no podían realmente quitar los pecados (Hebreos 10.3-4). Lo único que podían hacer era posponer el día de dar cuenta (Hebreos 10.1-2). El destino de la totalidad del mundo descansa, por lo tanto, en el segundo y más sublime significado de Salmos 40.6-8. Cristo no solamente hizo la voluntad de Dios con toda pureza y sinceridad, sino que hizo más: Ofreció un cuerpo humano (Hebreos 10.5).

En un sentido diferente y más sublime que el que cualquier adorador veterotestamentario podía haber alguna vez imaginado. Jesús aceptó ser nuestro sacrificio. Antes de la fundación del mundo (vea lera Pedro 1.18-20), Él le dijo a Su Padre: «He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí» (Hebreos 10.7). Cuando un cuerpo humano se preparó para Jesús, este lo ofreció de buena gana en la cruz. El feliz resultado es que los cristianos se pueden regocijar ahora, diciendo: «En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre» (Hebreos 10.10).

HOLLADOR DE LA CABEZA DE LA SERPIENTE (GÉNESIS 3.15)

Dios hablaba a la serpiente acerca de la simiente de la mujer, cuando dijo: «Ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar» (Génesis 3.15b). No parece muy razonable que el significado de esta expresión sea la enemistad natural que siempre ha habido entre serpientes y humanos. No hay duda de que la serpiente fue la portavoz de Satanás («la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero»; Apocalipsis 12.9). Lo anterior nos lleva a pensar que Dios estaba profetizando un conflicto entre el diablo y la simiente de la mujer. El primer ejemplo de la simiente de la mujer, Caín, no entró en conflicto con el diablo. Más bien, Caín dio cabida al diablo, al permitirles a Satanás y al pecado que

gobernaran sobre él (Génesis 4.7). Caín era del maligno (lera Juan 3.12); por lo tanto, no podía ser la simiente de la mujer de quien se profetizó que hollaría la cabeza de la serpiente.

El segundo ejemplo de la simiente de la mujer, Abel, entró en conflicto espiritual con el que engaña al mundo entero, y emergió triunfante. Aplastó la cabeza espiritual de la serpiente, aunque perdiendo su propia vida física. Tal vez la pérdida de su vida física sea el significado de las palabras que dicen que el diablo heriría a la simiente de la mujer en el calcañar. Abel era «descendencia para Dios» dada a luz por la mujer (vea Malaquías 2.15).

Pareciera que todo ejemplo de personas que viven para Dios y se oponen al diablo, sufriendo persecución en el proceso, constituye un cumplimiento parcial de Génesis 3.15. No obstante, el ejemplo supremo de tal vida triunfante es Jesús. Nacido de mujer (Calatas 4.4), era descendiente de Eva (Lucas 3.23-38; vea Génesis 3.20). Al sufrir muerte física, podría decirse que Satanás hirió Su calcañar; pero al ocurrir esa muerte. Jesús destruyó al que tenía al imperio de la muerte, esto es, al diablo (Hebreos 2.14). Hoy día Jesús tiene en Su mano las llaves de la muerte y del Hades (Apocalipsis 1.18). El quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio (2a Timoteo 1.10), al aplastar la cabeza de la serpiente.

Todo ejemplo de persona justa constituye un aplastamiento de la cabeza de Satanás, pero Jesús es el único que aplastó la muerte. En este sentido, Jesús es el único de quien se puede decir que cumplió Génesis 3.15. Debido a la singularidad de Jesús en este respecto, los eruditos bíblicos han sostenido por largo tiempo que Génesis 3.15 es el «protoevangelio», el primer anuncio de la venida del Mesías. Aunque ningún autor neotestamen-tario aplicó directamente Génesis 3.15 a Jesús, su amplitud de esperanza lo convierte en un sorprendente pasaje. Constituye una esperanza profética de victoria decisiva sobre Satanás: «Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo» (lera Juan 3.8).

TRIUNFÓ AL LLEVAR SOBRE SÍ LOS PECADOS (ISAÍAS 53)

Realmente fue ocho siglos antes de su cumplimiento que Isaías vio la gloria de Jesús y «habló acerca de él» (Juan 12.41). Lo vivido de los detalles de Isaías 53 hace que los lectores sientan que están asistiendo a un relato histórico, no a una profecía. Los incrédulos han buscado en el cielo y en la tierra, entre los vivos y entre los muertos, para encontrar a alguien que no sea Jesús (incluyendo a Moisés, a Uzías, a Zorobabel, a JereiYiías, a Sedequías/ a Isaías, a Joacim y a Israel) con quien coincidan las afirmaciones del capítulo; pero no hay otro con quien coincidan, excepto Jesús. Además sería imposible que alguien hiciera a propósito que su vida coincidiera con lo que Isaías 53 habla de él. Son sorprendentes los detalles anunciados por el profeta que vio tan claramente a Jesús:

1. despreciado (53.3; vea Mateo 27.39-43)

2. varón de dolores (53.3; vea Mateo 26.38)

3. experimentado en quebranto (53.3; vea Hebreos 4.15)

4. menospreciado por los Suyos (53.3; vea Juan 1.10-11)

5. portador de los dolores de otros (53.4; vea Mateo 8.16-17)

6. no hubo engaño en su boca (53.9; vea 1ª Pedro 2.22)

7. mudo ante sus perseguidores (53.7; vea Mateo 26.63; 27.12/ 14)

8. portador del castigo de otros (53.5; vea lera Pedro 2.24-25)

9. portador de los pecados de otros (53.5,12; vea 1ª Corintios 15.3;

    2ª Corintios 5.21; Hebreos 9.28; Romanos 4.25)

10. contado con los pecadores (53.12; Lucas 22.37)

11. intercesor de los transgresores (53.12; vea Lucas 23.34)

12. tratado injustamente (53.8; vea Mateo 27.24)

13. sepultado con los ricos (53.9; vea Mateo 27.57-60)

14. resucitado de entre los muertos (53.10; vea Marcos 16.9)

15.  exaltado y honrado como los grandes (53.12; vea Filipenses 2.9-11)

Un funcionario del gobierno etíope le preguntó a Felipe si el profeta estaba hablando de sí mismo, o de algún otro, en Isaías 53. Es fácil entender la respuesta del evangelista: «Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús»J(Hechos 8.35). No podía haber abierto su boca ni usar esta escritura para predicar acerca de ningún otro.

EL VICTORIOSO (SALMOS 68.18)

David, en el hermoso lenguaje figurado de Salmos 68.18a/ representó a Dios como rey conquistador. Presentó un cuadro en el que este rey asciende al más alto puesto de honor, llevando prisioneros de guerra, y recibiendo dones de Sus admiradores: “Subiste a lo alto. llevando cautivos a los cautivos; Recibiste dones de entre los hombres” (NASB).

De un modo similar. Jesús, después de haber descendido al sepulcro, ¡se levantó triunfante, llevando cautivos la muerte, el Hades y el sepulcro! En la más crucial de las batallas del mundo, anuló el poder de Satanás sobre los sepulcros: destruyó al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo (Hebreos 2.14), sacando a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio (2ª Timoteo 1.10). Después de hacer esto. Él pudo anunciar triunfalmente: «[Yo soy] el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades» (Apocalipsis 1.18). Después de eliminar a las potestades y a los principados del dios de este mundo. Él pudo exhibir públicamente Su victoria (Colosenses 2.15).

No fue sino hasta ese espléndido triunfo, que los hombres pudieron perder el temor de la muerte (Hebreos 2.15). A partir de esa victoria pública sobre la mortalidad, los hombres pueden mofarse de la muerte y del sepulcro abierto diciéndoles: «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?» (1ª Corintios 15.55). Ahora pueden exclamar diciendo: «Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1ª Corintios 15.57). Los cristianos pueden esperar con ilusión la victoria final, cuando «se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria» (1ª Corintios 15.54).

A causa de lo que Jesús hizo por nosotros. Dios ha recibido palabras de alabanza y dones de aprecio y de agradecimiento de los hombres. En (Efesios 4.8), Pablo, guiado por el Espíritu Santo, cambió una palabra en la aplicación neotestamentaria que él hace de las palabras de David. Se refirió a la repartición de dones que hizo Jesús, y no habla de que recibiera dones. Diez días después que el Mesías conquistador de la muerte ascendió a la diestra de Dios, El envió Su Santo Espíritu y dio dones a los hombres.

En concreto, facultó a los apóstoles como embajadores Suyos, dándoles poder para imponer las manos sobre los demás y transmitirles sus dones milagrosos. Los que recibieron esos dones los usaron para servir como profetas, evangelistas, pastores y maestros (Efesios 4.8-13). Esta repartición de múltiples dones (1ª Corintios 12.4-11) fue decisiva para confirmar el evangelio y para impartir enseñanzas para edificar al pueblo de Dios (Hebreos 2.1-4, Romanos 12.3-8).

Estos dones fueron efímeros, solo duraron mientras se daba a conocer la verdad, la revelación completa (Juan 16.13, 1ª Corintios 13.8-13). En ese período temporal del siglo primero, no obstante, ellos cumplieron con el propósito para el cual los dio Dios, y que era confirmar la palabra predicada (Marcos 16.17-20). El Rey de reyes y Señor de señores que ascendió a los cielos repartió dotes milagrosas, impartiendo dones a los hombres que estaban sobre la tierra.

LA PRECIOSA PIEDRA ANGULAR  (ISAÍAS 28.16)

Para la mayoría de los judíos. Cristo era un desecho, una piedra de edificación no deseada, pero había otros que lo reconocían como una preciosa piedra angular. Isaías hizo la siguiente profecía: “[ ] Por tanto, Jehová el Señor dice así He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable” [ ] (Isaías 28 16)

Jesús usó la ilustración de Su deidad como el fundamento del cristianismo, cuando le dijo a Pedro. «[ ] sobre esta roca [no sobre Pedro, sino sobre la declaración fundamental que este acababa de hacer] edificaré mi iglesia» (Mateo 16.18a, b). Ningún fundamento completamente humano —ya fuera de Pedro, o de algún otro pecador— sería suficiente para sostener una institución de personas que han sido purificadas de pecado. «Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo» (lera Corintios 3.11). Aunque los apóstoles y los profetas trabajarían con Jesús en la edificación de Su iglesia, la piedra angular —la única digna de adoración, la única probada y preciosa— era Jesús (Efesios 2.20)

Pedro se refirió a lo precioso de Jesús y a la superlativa valía de El en este aspecto, al citar Isaías 28.16. No se señaló a sí mismo como la piedra de fundamento de la iglesia; no había otro a quien pudiera imaginarse en esa posición, que no fuera Jesús: “Por lo cual también contiene la Escritura He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa, Y el que creyere en él, no será avergonzado Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso” [ ] (1ª Pedro 2 6-7a)

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REFERENCIAS CITADAS:

1 En una edición a publicarse, de La Verdad para Hoy, que lleva por título «La inspiración y autoridad de la Biblia», se analizan profecías veterotestamentanas adicionales, relacionadas con la traición, muerte y resurrección de Jesús Estas profecías incluyen «Vendido por treinta piezas de plata» (Zacarías 11 12), «El que fue desamparado por Dios» (Salmos 22 1), y «El cadáver que volvió a vivir» (Salmos 16 10)

2 Después que Jesús vino, otras resurrecciones tuvieron lugar- la de Tabita (o Dorcas, Hechos 9 36-^12), la del hijo de la viuda de Nain (Lucas 7 11-16), la de la hi)a de Jairo (Marcos 5 22-23, 35^13, Lucas 8 41-42, 49-56), la de Lázaro (Juan 11 1-45), la de los que fueron resucitados en el momento de la crucifixión de Jesús (Mateo 27 50-53), y la de Eutico (Hechos 20 9-12) Cada uno de estos tuvo que volver a morir

3 Se ha dado por sentado que la profecía de Zacarías tuvo un cumplimiento directo Las tablas de Ras Shamra se refieren a un funcionario del templo por medio de la palabra yotser, que significa «uno que da forma, que moldea, un alfarero» A uno que fundía y daba forma a los metales se le llamaba yotser, y este podía ser tesorero del templo La Revised Standard Versión usa este dato de información arqueológica y reconstruye su traducción de la profecía de Zacarías de modo que se lea así «Tomé los treinta sidos de plata y los eché en el tesoro de la casa del Señor». No obstante, aun si esta interpretación fuera correcta, las palabras de Mateo indican que también hay un cumplimiento indirecto de la profecía de Zacarías, pues los sacerdotes tomaron el dinero y compraron un campo de alfarero

4 Albert Barnes, Matthew and Mark (Mateo y Marcos) Notes on the New Testament (Notas sobre el Nuevo Testa mentó) (s 1 / 1949, reimpresión, Grand Rapids, Mich Baker Book House, 1974), 302

5 Jack P Lewis hizo un resumen de vanas posi bihdades. «El pasaje compuesto que cita Mateo recuerda Zacarías 11 12-13, y se cita aquí con la forma regular que usa Mateo para citar Escritura (cf 1 22) Es independiente tanto de la Septuagmta como del texto Masorético En el texto Masorético se lee "alfarero" y en la Septuagmta "tesoro" El episodio tiene reminiscencias de la compra que hace Jeremías de un campo (Jer 32 6ss) y de la visita que hace a la casa del alfarero (Jer 18 2ss) El libro de Hechos 1 19ss cita Salmos 69 25 y 109 8 como una referencia también a eventos relacionados con Judas Los esfuerzos que se han hecho para resolver el problema de atribuir el pasaje a Jeremías incluyen las siguientes sugerencias 1) que hay un error de transcripción, 2) que Jeremías es el nombre, por el cual se conoce a un grupo de profetas, del cual Jeremías y Zacarías forman parte, 3) que un escritor poco preparado añadió posteriormente la palabra Jeremías 4) que Zacarías rescata una declaración hecha por Jeremías que no se recogió en ninguna otra parte de la Escritura, \ 5) que la cita es compuesta, al usar material proveniente de ambos profetas y atribuyéndola por esta razón a Jeremías No se conoce solución para el asunto» (The Cospel According to Matthew [El evangelio según Mateo], Part 2, The Living Word Commentary Senes [Austin, Tex.' Sweet Pub-hshmg Co , 1976, reimpresión, Abilene, Tex. ACU Pres^ 1984], 157).-  FIN