Sentir como Jesús sentía

 

(Lección  2)

 

 

Sentir tiene que ver algo con sentimientos; con la sensibilidad del alma; disposición anímica.

 

Karl Bart decía que "alegría se puede tener sólo cuando uno da alegría a otros". He aquí un principio de la vida sentimental. Jesús poseía la cualidad de sentir con otros seres humanos. Pudo penetrar en su mundo de sensibilidad. Así sentía. Cuando Pablo se despedía de los ancianos de Efeso, decía lo siguiente: "En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: más bienaventurado es dar que recibir" (hechos 20:23). Jesús se entregaba a los seres humanos, pues los amaba.

 

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna" (Juan 3:16). El amor divino desea invitar a todas las personas a volver a El, amando también a nuestros semejantes. El amor es un medio muy efectivo que nos libra de enfermedades y errores que nacen de nuestro ser maligno.

 

El psicólogo Alfred Adler escribe: "En el centro de la ética cristiana resuena el mandamiento: ama a tu prójimo. Todo ser humano que no muestra interés por sus semejantes se enfrenta a problemas mayores en su vida, creando así dificultades para otros".

 

Jesús le dijo: Ama la al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejantes: amarás a tu prójimo, como a ti mismo". (Mateo 22: 37-39).

 

"Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente". (Salmo 51: 12). "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". Juan 14:27). "He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y canciones es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí". (Isaías 12:2).

 

El hombre haría bien si retornase a estos principios divinos. He aquí que todo es posible; sólo se necesita voluntad y una buena disposición.

 

L. Suenens dijo: el arte de animar es una de las posibilidades de mostrar amor atento hacia nuestro prójimo.

 

También los pensamientos siguientes nos ayudarán a entenderlo que Dios quiere que hagamos: "El que puede soportar el dolor propio y ajeno, el que puede reír y llorar, es maestro de la dicha.

 

Los hombres viven aislados de su semejantes porque construyen muros a su alrededor en lugar de puentes.

 

Shakespeare estudió la Biblia y el sufrir humano. El sabía que el pecado oculto es capaz de enfermar a un ser humano Lady Macbeth sufría de trastornos psicosomáticos se produjeron el asesinato de Duncan. Cuando se le preguntó al médico por su enfermedad, contestó diciendo: "Noo es que esté enferma, mi señor, sino que está atormentada por fantasías que incesantemente le quitan la calma". Y el médico recibió la misma pregunta que también en el nuestros días este hecho por los que sufren:

 

"Acaso, ¿no puede usted sanar una mente enferma,

Desgarrar de su memoria aquel pesar profundo,

Borrando los problemas inscritos en su espíritu,

Y con algún antídoto, producirle dulce olvido,

Limpiándola del dolor tan peligroso

Que pesa sobre su corazón?.

 

La teología moderna no habla con grados el pecado. Pero es precisamente el pecado el que roba la felicitar a los seres humanos. Siempre debiéramos sentir el dolor de los demás; sus problemas debieran ser nuestra preocupación para ayudar.

 

Miguel de Cervantes en su obra. “Don Quijote de la mancha”, deja luchar a su figura principal, "don Quijote" contra gigantes imaginarios, que no eran más que molinos de viento. En su delirio estos eran personas a los cuales tenía que combatir. También nuestras visiones nos distancian de una vida real de sentimientos puros; una vida limpia como Cristo la vivía. Muchas veces luchamos contra gigantes que sólo existen en nuestras fantasías malignas.

 

¡Sentir como Jesús sentía!. Todo en Jesús era puro. El amaba y podía perdonar. Jesús ayudaba y animaba. Siempre estuvo bien dispuesto para servir a su semejantes, llevando la esperanza de la vida eterna. Jesús pudo penetrar en la vida de sentimientos de los demás. Estuvo a la disposición de otros.

 

Mostrar misericordia hacia los semejantes es un paso de amor y una confesión de fe en Dios, para servir a otros por medio del evangelio (Isaías 53: 1- 7; Mateo 9: 35-38).