REGOCIJARSE COMO JESUS SE REGOCIJABA

Capítulo  XV

 

“En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó”  (Lucas 10:21).

 

Jesús sentía pleno gozo, y se regocijó en el Espíritu, pues estaba unido con el Padre y contento con la obra que Él le encomendó.  ¡Qué gozo, qué alegría y qué regocijo!, Cuando el hombre puede servir a su Hacedor. Uno siente una alegría profunda, edificante que sólo en el servicio de Dios se siente.

 

La Biblia nos da muchos ejemplos de regocijo. Por ejemplo, Óseas (10:5) dice “que sus sacerdotes en él se regocijaban por su gloria.”  Jeremías, 31:7, dice Dios: “Regocijaos en Jacob con alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de naciones.”  Pablo ordena a los cristianos: “gozaos y regocijaos también vosotros conmigo” (Filipenses 2:18)  El apóstol se regocijaba por su servicio y las penas en el servicio a Cristo, y quiso que todos los filipenses participasen en ese regocijo.  ¿Acaso no se siente alegría y un regocijo profundo cuando la obra del Señor marcha bien? El Salmista dice con alegría en el corazón “ en ti se regocijen los que aman tu nombre”  (Salmo 15:11)  Y en Isaías dice en Israel: “pero tú te regocijarás en Jehová, te gloriarás en el Santo de Israel”  (Isaías 41:16)  No hay regocijo mayor que cuando el alma humana está en paz con su Creador.

 

En el Diccionario de uso del Español por María Moliner leemos el significado de “regocijo”:  Alborozo, contento, júbilo, alegría muy intensa, que se manifiesta con risas y bullicio, gozo; sentir regocijo interiormente, entretenimiento en fiestas.”  Esta definición nos da a entender lo que quiere decir “me regocijo”, “me regocijo en el Seño.”  Una sana alegría muy intensa por servir al Señor, y por recibir de él los beneficios espirituales y materiales que nacen de ese servicio.

 

Ahora bien, la Biblia no sólo habla de momentos alegres en los cuales había un motivo para alegrarse, sino también de regocijo en la tristeza. El cristiano debería mostrar un buen animo cuando le vaya bien y cuando le vaya mal.

 

“Pero a media noche orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían” (Hechos 16:25)  Pablo y Silas, habiendo predicado el evangelio, fueron azotados mucho (Hechos 16:23) y luego se les echó a la cárcel. ¡Y cantaban himnos a Dios!

 

“Y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozaos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre”  (Hechos 5:40-41) Los siervos del Señor estaban gozosos de haber padecido por el evangelio.

 

La vida esta llena de sorpresas. Hay momentos de alegría, y hay momentos de pena. La solución de todo ello está en la actitud del cristiano. Es fácil sentir gozo cuando todo marcha bien.  ¿Qué haremos en el día malo? Los ejemplos considerados son dignos de ser imitados por todo creyente.

 

Por ejemplo, Pablo escribe a los filipenses, y les dice: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como  para padecer necesidad. TODO LO PUEDO EN CRISTO QUE ME FORTALECE”  (Filipenses 4:12-13)

 

Si el apóstol tenía la habilidad de estar contento y gozoso en todas las situaciones de la vida, nosotros también podemos imitar el ejemplo del apóstol. Y él dice que le imitemos, así como él imita a Cristo.  “Todo lo puedo en Cristo.”  ¿Por qué preocuparse por tantas cosas? Dios tiene providencia de nosotros y nada ni nadie puede apartarnos de su amor (Romanos 8:28,31)  No hay nada más negativo para el ánimo del ser humano que la tristeza causada por la preocupación. La palabra de Dios nos invita a ser gozosos y regocijarnos continuamente. Dios nos ha creado para que seamos contentos delante de él. Las muchas pequeñas cosas de la vida diaria, los miles de problemas, nos apartan de ese regocijo que podríamos tener en el Señor. Él quiere vernos alegres.  ¿Qué hacemos nosotros para estar contentos cada día? ¿No es posible? ¿Y nuestros hombres de la Biblia? “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”  (Filipenses 4:12-13)

 

La Biblia dice de Jesús que era “varón de dolores y de quebranto.”  Al mismo tiempo vemos a un Jesús que se regocijaba por el servicio que al Padre celestial le había dado. Jesús no era un tristón, tampoco era un neurótico o un aburrido.  Su mentalidad era seria, pero sabía regocijarse en las buenas cosas de la vida. No era un fariseo que fingía religión, sino que él vivía la doctrina que predicaba. Era un hombre que sabía llorar y sentir tristeza, pero su corazón estaba también lleno de regocijo. Deberíamos cambiar nuestra mentalidad y colocarla al nivel del carácter de Jesús. Todo en nuestro alrededor puede ser alegría, gozo y regocijo. Que Dios te bendiga ricamente.