SERVIR COMO JESUS  SERVIA

Capítulo XIV

 

El señor nos da una introducción al tema mencionando en Mateo 20:20-28: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. Él les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre. Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos. Entonces Jesús, llamándolos, dijo: sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ella potestad. Mas entre vosotros no será así, sino el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros será vuestro siervo, como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por mucos.”

 

Jesucristo tocó con estas palabras todo este vasto problema de la raza humana de “ser grandes”, aunque sea por encima de los derechos de los dem        ás. Lamentablemente, nuestro mundo es así, y, ¿Quién podrá cambiarlo? Sin embargo, el cristiano sí ha de ser diferente, pues él sigue ahora la enseñanza de su Señor. Y esta se resume en un versículo:

 

         “Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande                  entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre          vosotros será vuestro siervo, COMO EL HIJO DEL HOMBRE NO VINO          PARA SER SERVIDO SINO PARA SERVIR...”.

 

Por medio del servicio en Cristo a otros, el cristiano se hace grande. El caudillo verdadero dentro del cristianismo no se viste de trajes espléndidos ni tampoco necesita llevar títulos altisonantes, sino que simplemente será el siervo de todos, así como su señor lo hizo cuando estuvo sobre la tierra. En esto está la grandeza verdadera.

 

Satanás conoce el corazón del hombre y sabe cuán fácilmente se puede envanecer. El diablo ni siquiera retrocedió ante el hijo de Dios, sino que le tentó con lo que comúnmente les gusta a los hombres: el comer, la demostración de poder, el gozo del poder y del dominio absoluto (Mateo 4:3,6,8)

 

El hijo de Dios (el cristiano) será muy dichoso si aprende esta lección: que fue llamado no para ser servido, sino para servir.

 

Jesús no obedeció al diablo. Le dijo: “AL SEÑOR TU DIOS ADORARAS, Y A EL SOLO SERVIRAS” (Mateo 4:10).

El nuevo Testamento nos enseña mucho más en cuanto al servicio.

 

“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24)  El cristiano ha sido llamado a entregar su vida totalmente a su Salvador. Un servicio mediocre es un engaño. Debemos decidirnos: o CRISTO, o las riquezas. Pero las riquezas pueden ser puestas al servicio del Señor.

 

“...sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos”  (Hechos 26:7) El apóstol Pablo habla con el rey Agripa, explicándole el porqué de su acusación. Porque Israel esperaba la promesa de redención y, mientras que esperaba SERVIA a Dios. ¿Cómo podemos servir a Dios si hemos de trabajar? Nada es más fácil que esto. Conduciéndonos cristianamente en nuestro lugar de trabajo, en nuestra casa, con nuestros semejantes, y donde quiera que estemos. Es preciso que los hombres reconozcan que somos de Cristo.

 

“...servios por amor los unos a los otros” (Galatas 5:13).

 

“Sirviendo de buena voluntad, como el Señor y no a los hombres” (Efesios 6:7)

 

Toda obra que el cristiano haga de mala gana, es una obra que no lo edifica espiritualmente. Sea lo que sea que hagamos de bien, hay que hacerlo con amor; de buena voluntad, como si el servicio fuera hecho al Señor mismo. Si esto practicamos, seremos de verdad dichosos.

 

Juan miró a la eternidad y Dios le reveló cosas que son de interés para todo creyente fiel. Dice: “y sus siervos le servían” (Apocalipsis 22:3) También en el cielo habrá servicio para Dios. ¿No sería factible que ahora nos entrenemos para este futuro servicio, haciendo ya el bien todos los días? Nuestro servicio debe ser de corazón limpio, sin murmuraciones, con alegría, porque así también sirvió Jesús a los hombres; y su vida no era nada fácil.