DISCIPULAR COMO JESÚS DISCIPULABA

Capítulo X

 

Jesús mostraba una conducta seria, amable y simpática. Él sabía como tratar con sus semejantes. Para él lo más importante era llevar almas humanas al Padre celestial. Hacer discípulos para Jesús constituye una obra que debe ser considerada con suma seriedad. El cristiano debe hacer discípulos a todas las naciones, pero el Señor mismo añade a su reino a los que han de ser salvos. Por lo tanto, Mateo 28:18-20, la gran comisión, complementa Hechos 2:47 que dice que el Señor añadía cada día a los que habían de ser salvos.

 

Un siervo del Señor responsable no puede llevar a cualquier persona con cualquier propósito a la iglesia diciendo que así hay un nuevo miembro en el cuerpo de Cristo. Necesitamos un discipulado  serio en la iglesia que respete enteramente el plan de Dios para salvar a los hombres. Antes de que nuestro Señor se decidiera a elegir a sus apóstoles, oró al  Padre con el fin de hacer una decisión a la luz de la voluntad de Dios Padre. Dice la Escritura: “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos...” (Lucas 6:12-16)

 

Dios invita a todos los hombres de entre todos los pueblos de la tierra a convertirse de corazón a su Hijo Jesucristo. Para que esto se pueda realizar es preciso que los cristianos actúen de acuerdo con el plan de Dios. Los siguientes cuatro puntos incluyen todo el contexto de discipular:

 

1.    Discipular conforme al modelo evangélico

2.    No hacer discípulos por medio de promesas que resultan en beneficios personales.

3.    No comprar discípulos con bienes materiales

4.    No hacer discípulos atendiendo los deseos vanagloriosos de los hombres, o persuadiéndolos con argumentos meramente humanos.

 

Jesucristo alimentó a los hambrientos, sanó a los enfermos, y dio consuelo a los afligidos. Pero a todos decía: “Seguidme”. ¿En qué forma? Por la fe, el arrepentimiento, el bautismo, y el diario vivir de la vida cristiana.

 

Cuando Jesús alimentó a miles (Juan 6:1-71) vinieron las multitudes para hacerle su rey. El milagro de la comida gratuita hizo un gran impacto en ellos. Luego expuso  Jesús su  doctrina espiritual, y – uno por uno – todos salieron y lo abandonaron. Jesús les había dicho que no buscasen el pan que parece, sino el pan que Dios les da, es decir, a Jesús mismo y su enseñanza (versículos 25-29) “Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron a atrás, y ya no andaban con él” (versículo 66).

 

Antes que el hombre se constituya en discípulo de Jesús, el Señor le invita a sentarse a calcular si está dispuesto para seguirle como Jesús lo quiere (Lucas 14:25-33).

Jesús vino para salvar  y no para perder las almas (Lucas 9:56) El hacer discípulos es una tarea delicada por cuanto se trabaja con almas frágiles de seres humanos. Con el bautismo no se ha hecho mucho. Apenas hemos llevado almas a Cristo. Ahora nos toca la labor de edificar por medio de la enseñanza. Hacer de niños espirituales, hombres espirituales, maduros, capaces de seguir por sí mismo al salvador. Esto requiere mucho tacto, amor y conocimiento de la Escritura. ¡Cuantas almas se han retirado luego por la conducta torpe del predicador y/u otros miembros  de la congregación local! Ahora nos toca hacer discípulos verdaderos: hombres y mujeres dispuestos a aprender de Jesús y a seguirle fielmente.

 

No en vano dijo Jesús que “ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62) Es muy bello ver llenarse las congregaciones locales de la iglesia del Señor con muchas almas. Pero Jesús no sólo desea tener hombres, sino hombres que le aman y obedecen. Esta tarea es parte de lo que llamamos “discipular.”

 

¿Cómo hizo Jesús discípulos?

 

1.    Les predicó el evangelio en toda su pureza.

2.    Cristo mostró que El era y es el Hijo de Dios.

3.    Se identifico con la gente, viviendo y trabajando entre ella.

4.    Sentía con la gente.

5.    Amaba a la gente con sinceridad.

6.    Les dio un mensaje de esperanza y no un dogmatismo aburrido.

7.    Jesús estaba listo para servir a cualquier hora, y no esperaba ser servido.

 

“Sólo cuando la iglesia cumple con su obligación misionera, puede justificar su existencia” (O.J. Smith) La iglesia de Cristo debe evangelizar  en el espíritu de Cristo. Discipular significa ir a la gente, buscar la gente y hablar a la gente de Cristo. No importa el instrumento que empleemos, pero el fin debe ser el encontrar almas dispuestas a escuchar todo el mensaje de Dios (Hechos 20:27) Demasiados predicadores hacen énfasis, en forma de lavado cerebral, en el bautismo, sin dar lugar a decisión al alma humana consiguiendo así multitudes de cristianos carentes de la doctrina de Cristo, excepto lo que se refiere a la doctrina del bautismo. Es preciso que volvamos en todo el camino de Dios y que no nos estanquemos en una mera doctrina eclesiástica, llegando a ser vacíos del Espíritu pujante de Dios.

 

La iglesia necesita un celo misionero muy grande, pero este celo a de llevarse a cabo en la mente de Cristo. El bautismo – y aquí lo repito – es necesario para la salvación; pero el bautismo es solamente el comienzo. Si no llegamos a comprender esta realidad, nunca vamos a tener una iglesia edificada y, por lo tanto, espiritual, corriendo el riesgo de envolvernos en un espíritu sectario.

 

James Gilmore escribía: “Yo salgo al mundo como misionero no para seguir los dictados de mi sentido común, sino para obedecer a los dictados de Cristo.” Esta forma de llevar el mensaje de salvación al mundo, es de suma importancia.

¡Discipular (hacer discípulos) como Jesús discipulaba! ¡Esta es una exclamación desafiante! El Nuevo Testamento  está lleno de ejemplos e indicaciones acerca de cómo Jesús tocó el corazón de los oyentes. Ciertamente, Jesús no era como tantos predicadores actuales que con furia atruena las audiencias, y con amenazas afirman su propósito. Resultado: hombres sin libertad; creyentes asustados y dependientes de un hombre. ¡Que pobreza espiritual! Miremos bien lo que estamos haciendo. Dios no mira la cantidad de hombres, sino a la calidad de los hombres. Sólo todo el consejo de Dios puede reformar a los hombres de manera como Dios, en Cristo, lo desea. Todo lo demás, de mal procede. Que Dios nos abra los ojos para ver, y que nos dé sabiduría para entender, y  voluntad para hacer – SU VOLUNTAD