Cómo formar familias cristianas estables y felices

Texto: Salmo 127

 

Si Jehová no edificare la casa,

En vano trabajan los que la edifican;

Si Jehová no guardare la ciudad,

En vano vela la guardia.

Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar,

Y que comáis pan de dolores;

Pues que a su amado dará Dios el sueño.

He aquí herencia de Jehová son los hijos;

Cosa de estima el fruto del vientre.

Como saetas en mano del valiente,

Así son los hijos habidos en la juventud.

Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos;

No será avergonzado

Cuando hablare con los enemigos en la puerta.

 

    El Salmo 127 era un “cántico gradual” que usaban los peregrinos judíos en los momentos en que se acercaban a Jerusalén, y especialmente cuando el templo comenzaba a ser divisado. Usadas en ese contexto, las palabras “casa” y “ciudad” tenían connotaciones especiales: La “casa” se refería al templo, y la “ciudad”, a Jerusalén. Era Jehová — no la piedra, ni los ladrillos, ni el mortero— el que le daba al templo el valor que tenía, y el que hacía de Jerusalén una ciudad fuerte.

 

    No obstante, la palabra “casa” tenía un significado más amplio que ese. No hay un artículo definitivo (“la”) antes de la palabra “casa” en el texto original. Literalmente, este versículo dice: “Si Jehová no edificare una casa” —cualquier casa. Échele una nueva mirada al salmo. Es obvio que se orienta principalmente al hogar: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre”. Así, la familia es incluida en las palabras de apertura del salmo: Si Jehová no edificare el hogar, en vano trabajan los que lo edifican; Si Jehová no edificare la familia, en vano trabajan los que la edifican. Tenga presente que las palabras “Señor” y “familia”; retornaremos a ellas una y otra vez en esta presentación.

 

    A medida que avanzamos en nuestra serie sobre el matrimonio y el hogar, le echaremos una mirada a las relaciones entre los miembros del hogar. Por el momento, nos centraremos en el tema de los padres de familia.

 

    Este estudio se llama “Cómo formar familias cristianas estables y felices”. La mayoría de nosotros deseamos familias así. Una vez se llevó a cabo una encuesta entre grupos tan diversos como recién graduados universitarios, presidentes de compañías de la lista Fortune 5OO, y suscriptores a revistas obscenas. El deseo más importante de las personas de estos grupos fue el tener vínculos familiares estrechos.

 

NOTAS Y REFRENCIAS: Esta presentación se basa en la primera mitad del libro de Royce Money, titulado Building Stronger Families (Cómo formar familias más estables) (Wheaton, Ill.:Victor Books, 1984). Usado con permiso.

La revista Fortune destaca noticias y artículos sobre asuntos financieros. La lista “Fortune 500” incluye a las quinientas compañías lucrativas más poderosas de los Estados Unidos.

 

    Royce Money se dirigió una vez a un club cívico de Springfield, Missouri. El distribuyó varias fichas entre los presentes y les pidió que escribieran en ellas una lista de las cinco cosas que consideraban más valiosas. Podían incluir personas, actividades o conceptos. Después de que los presentes estuvieron bregando un rato con lo solicitado, él les dijo: “Les tengo malas noticias:  Quiero que tachen un punto de su lista”. El grupo se quejó. Luego Money los hizo tachar otro punto, luego otro. A estas alturas, el grupo ya se quejaba menos; el tachar se había convertido en una tarea seria. Por fin, sólo dos puntos quedaban en la lista. Money les dijo: “No voy a ser tan desconsiderado como para pedirles que tachen otro punto”. Luego les preguntó: “Cuántos tienen algo que tenga que ver con la familia en su ficha?”. Casi todos levantaron su mano. Luego les preguntó: “Cuántos tienen algo que tenga que ver con su relación con Dios?”. Nuevamente, casi todos levantaron sus manos. Los trabajos, la libertad política, y otros asuntos fueron de importancia secundaria con respecto a la familia y a Dios. Money tenía una última pregunta: “Cuánto tiempo se pasa usted meditando sobre estas dos grandes prioridades?”. Las miradas en los rostros de los presentes respondió la pregunta.

 

    En esta lección estamos hablando acerca de la familia y acerca de Dios. Abordaremos el tema positivamente: “Cómo formar familias cristianas estables y felices”. No tenemos que investigar mucho para averiguar qué es lo que anda mal con nuestras familias hoy día. Podíamos dar estadísticas desoladoras sobre el divorcio, la infidelidad, el abuso infantil y la violencia doméstica. Más bien, echémosle una mirada al lado positivo. Existen las familias felices también —las familias estables, las familias cristianas. La pregunta que nos estamos haciendo es: “Qué las hace así?”. La respuesta obvia es que estas familias son lo que Dios desea que sean.

 

    La anterior puede ser una conclusión algo imprecisa. La mayoría de nosotros necesitamos “agarraderas” de las cuales asir un tema. Podemos echar mano a seis hechos establecidos por una investigación hecha por Nick Stinnett.

 

    Hace varios años, el Dr. Stinnett, quien era profesor de Estudios Familiares de la Oklahoma State University, se interesó en conocer mejor qué es lo que contribuye a la formación de familias estables. Hasta esa fecha, las investigaciones se habían enfocado en lo que andaba mal con la familia. El comenzó a estudiar familias estables. Para poder figurar en el estudio, las familias debían mostrar un alto grado de felicidad marital, un alto grado de satisfacción de los padres con los hijos y viceversa, y debían parecer que en ellas se llenaban en un alto grado las necesidades de unos y otros.

 

Fueron muchas las familias con las que se hicieron entrevistas. Cuando la información fue procesada, se distinguieron seis cualidades en un porcentaje extraordinariamente alto de aquellas familias:

1)      Se expresaban aprecio unos a otros.

2)      Demostraron tener buenos patrones de comunicación.

3)      Pasaban tiempo juntos.

4)      Los miembros de la familia estaban comprometidos con la familia.

5)      Tenían un alto grado de orientación religiosa.

6)      Las familias eran capaces de abordar las crisis de modo positivo.

 

    Esto no fue todo lo que se halló. Cuando el Dr. Stinnett analizaba estos hallazgos con otros que intervinieron en las entrevistas, éstos reconocieron que cada una de estas cualidades es tratada por la Biblia. Eso no debería sorprendernos. ¿Qué fue lo que dijo el salmista? “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”.

 

    Una de las grandes necesidades de las familias de hoy día es el darse cuenta de que la Biblia tiene las respuestas a preguntas de todas las esferas de la vida —incluyendo las relaciones interpersonales. Si usted desea un buen matrimonio, usted debe acudir a la Biblia. Si usted desea una buena familia, usted debe acudir a la Biblia. Si usted desea una buena amistad, usted debe acudir a la Biblia. Se ha dicho que “uno puede abrir el Nuevo Testamento al azar y encontrar en cualquier página algo que se refiere a la manera como nos hemos de llevar unos con otros”,6 y yo creo que así es. Juan hizo énfasis en que no es posible amar a Dios y a la vez no llevarnos bien unos con otros (1 Juan 4.20-21). Jesús proclamó que debemos tratar a los demás como nos gustaría que ellos nos trataran (Mateo 7.12). ¡Santiago dijo que si no hacemos misericordia, se nos hará “juicio sin misericordia” (Santiago 2.13)!

 

NOTA: Usted también puede incluir Mateo 6.12, en su propia lista de pasajes del Nuevo Testamento en los que se enseña sobre las relaciones interpersonales.

 

    Podríamos usar varias maneras de abordar los principios bíblicos que contribuyen a formar familias cristianas estables y felices —y cada manera tendría su valor. La manera como abordaremos tales principios, será mediante el uso de las seis cualidades ya mencionadas en la lista anterior, y mediante el examen de lo que en la Biblia se enseña de cada una de ellas. Sólo podremos referirnos brevemente a cada una de ellas, pero por lo menos podemos imprimir la idea de que si hemos de llegar a tener la clase de hogares que deseamos, debemos dejar que sea el Señor el que edifique tales hogares —mediante el seguir las instrucciones halladas en la Biblia.

 

EL APRECIO MUTUO

    La primera cualidad de las familias estables se expresa en estas palabras: “En las familias estables sus miembros están constantemente expresándose aprecio unos a otros. Ellos se edifican unos a otros sicológicamente y hacen que los demás se sientan bien consigo mismos”.

 

    Esa clase de comunicación es importante en la familia. La comunicación es importante en la vida en general. A todos nos gusta que se nos aprecie. Siempre habrá algunas cuestiones negativas formando parte de nuestras vidas, pero un poco de negativismo puede causar mucho daño. La comunicación positiva es especialmente importante en las relaciones estrechas que hay entre los miembros de la familia. Es posible que los de afuera nos muestren poco aprecio o nos critiquen; pero cuando recibimos el mismo trato de parte de aquellos que significan más que todos los demás en el mundo, ello nos puede hundir en la tristeza.

    ¿Se enseña en la Biblia algo sobre el expresar aprecio y el edificarse unos a otros? Usted sabe que sí. Ya usamos Efesios 4.29, en una lección anterior: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”. Otro pasaje del que nos acordamos es 1 Tesalonicenses 5.11: “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis”. Una mirada al tema desde el punto de vista del omitir expresar aprecio, nos llevaría a la triste pregunta hecha por Jesús en Lucas 17: “¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?”. La mayoría de nosotros tenemos mucho por lo cual estar agradecidos en cuanto a nuestras familias, pero muy a menudo damos por sentadas nuestras bendiciones.

 

    Puede que alguien pregunte: “,Está usted diciendo que las palabras que hablamos dentro del hogar jamás deberán ser negativas?”. No, eso sería irrazonable, poco realista y no bíblico; pero podemos mantener un balance. Los expertos en comunicación sugieren que el contenido verbal de nuestra comunicación debe ser positivo en un ochenta por ciento.’° Hay una lección en cuanto a este tema que podemos aprender de Pablo. Como regla general, Pablo usó el “método sándwich” de tratar lo negativo: Comenzaba la carta con lo positivo, pasaba a lo negativo, y por último cerraba con una nota positiva. Lo negativo quedaba intercalado entre las afirmaciones positivas de amor y aprecio.

 

NOTA: De vez en cuando, en esta serie de lecciones, yo cito a hombres y mujeres que han hecho estudios especiales en el campo del matrimonio y el hogar. Entienda que no los cito como “autoridad”. La única autoridad es la Biblia; solamente la palabra de Dios es infalible. Más bien, los cito a ellos para ilustrar verdades bíblicas. Pablo estableció un precedente para ello cuando citó a escritores no cristianos (Hechos 17.28; Tito 1.12).

Money, 16.

 

LA BUENA COMUNICACIÓN

    Los investigadores le llamaron a la siguiente cualidad de la lista: “Buenos patrones de comunicación”.

 

    En los poco más de cuarenta años que tengo de ser consejero, el factor que invariable y mayormente afecta a los matrimonios y familias con problemas, es el de la escasa comunicación. Por lo tanto, no me sorprendí al enterarme de que “los buenos patrones de comunicación” constituyen una característica de las matrimonios y familias estables.

 

    La comunicación —pocas son las necesidades tan importantes, y pocas las más difíciles de llenar. Habiendo sido uno que se ha pasado toda su vida tratando de comunicarse con la palabra escrita y hablada, hay momentos en los cuales estoy a punto de desesperarme. ¡Qué difícil es transmitir un pensamiento, una idea o emoción de un ser humano a otro!

 

    El tema de la comunicación es amplio, pero he aquí una lista de algunas de las características de los patrones de comunicación de las familias estables:

1)      Los miembros de familias estables tratan de comunicarse unos con otros; ellos desean entender y ser entendidos. Se toman el tiempo necesario para hablar y escuchar.

2)      Los miembros de familias estables se sienten libres de expresar cómo se sienten —y tal expresión es alentada.

3)      En las familias estables, los miembros no tienen por qué opinar lo mismo acerca de todas las cosas. Los diferentes miembros se respetan unos a otros.

4)      En las familias estables, lo que se dice se considera tan importante como la manera como se dice.

5)      En las familias estables, la comunicación gira en torno a lo positivo, no en torno a lo negativo.

6)      Los miembros de las familias estables aprenden a escucharse unos a otros—y a responder de buena manera, tanto a través de la comunicación no verbal como de la verbal.”

7)      En las familias estables, la comunicación tiene un alto grado de espontaneidad —acentuada con una liberal cantidad de buen humor.

 

    ¿Puede recordar algunas Escrituras que se relacionen con las anteriores características? Hay muchos textos bíblicos que se refieren al a hablar y al escuchar. Santiago 1 .19b dice: “Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse”. En otros pasajes se sugieren actitudes generales que deben caracterizar nuestras relaciones con los demás miembros del hogar —pasajes tales como los que siguen:

 

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo (Efesios 4.31-32).

Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto (Colosenses 3. 12-14).

 

   Un versículo que parece especialmente apropiado es uno que menciono brevemente en otra lección: “Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4.15). El énfasis del pasaje es en la verdad de la palabra de Dios (Juan 17.17), pero el contexto permite un uso más amplio de la palabra “verdad” —es decir, la verdad en general. Lea el versículo 25: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo,..”. Apliquemos lo anterior a las relaciones entre los miembros de la familia. Deberíamos tener libertad en nuestra comunicación, deberíamos sentirnos libres para hablar la verdad el uno al otro. Al mismo tiempo, deberíamos aceptar una restricción: Lo que hablamos debe ser compensado con el amor. Estos dos —la verdad y el amor— deben siempre andar juntos. He aquí una cita que vale la pena recordar:

“La verdad sin el amor es, en el mejor de los casos, insensibilidad, y en el peor, tiranía, pero amor sin verdad es hipocresía”.

 

NOTA:  La “comunicación no verbal” también es comunicación, y se da mediante la manera como miramos, nos paramos o nos sentamos, y la posición de nuestros cuerpos. Para responder positivamente de un modo no verbal, podemos mirar al que habla a los ojos, inclinarnos, o asentir con nuestras cabezas.

 

PASAR TiEMPO JUNTOS

    La siguiente cualidad de las familias estables, que se mencionó en la lista, es que sus miembros “pasaban tiempo juntos”. Es obvio que muchas de las cualidades tienen elementos en común: Si ustedes no pasan tiempo juntos, no podrán expresar aprecio ni aprender a comunicarse.

 

    El pasar tiempo juntos —tiempo de calidad y tiempo en cantidad— es probablemente una de las cosas que más se les dificulta a muchas familias. Otra persona que ha hecho estudios parecidos a los del Dr, Stinnett es Dolores Curran, la cual escribió un libro titulado Traits of a Healthy Family (Características de una familia saludable). Dice ella, en este libro, que el más generalizado enemigo de la salud de la familia puede que lo sea la falta de tiempo. Otro experto en el tema, James Dobson, ha dicho que él no conoce a ninguna familia cuyos miembros no se encuentren más ocupados de la cuenta en sus horarios.

 

    Hubo un tiempo en el que la mayoría de las actividades de nuestra sociedad, giraban en torno al hogar; pero esto ya dejó de ser así en la mayoría de los hogares. La vida se ha fragmentado por causa de las numerosas organizaciones de adultos y de todas las actividades a las que los hijos se dedican. Las familias hayan cada vez más difícil el pasar tiempo juntos. Los miembros de las familias cristianas estables, saludables y felices, apartan tiempo para estar juntos.

 

NOTA Y REFRENCIAS:  Aparentemente, alguien acuñó el concepto de “tiempo de calidad vs. tiempo en cantidad”, con el fin de dar aliento a los padres que tienen poco tiempo para pasar con sus hijos. A tales padres se les dice que “el tiempo de calidad” es más importante que “el tiempo en cantidad”, y que el tiempo que pasa con sus hijos debe ser “tiempo de calidad”. Esta distinción es cierta en parte: Hay algunos padres que pasan horas cada día con sus hijos (“tiempo en cantidad”), pero no les prestan atención a éstos (no les dedican “tiempo de calidad”). La debilidad de esta distinción es que los treinta minutos en los que usted planea dedicarle “tiempo de calidad” a su hijo, pueden ser un tiempo en el que su hijo desea estar haciendo otra cosa. Para poder influir positivamente en nuestros hijos, debemos dedicarles “tiempo en cantidad”, y hay que tratar de hacer que éste sea “tiempo de calidad”. Más adelante, en esta serie, hablaré acerca de “momentos de educabilidad”. Tales momentos de “momentos de educabilidad” no pueden ser programados en unos minutos de “tiempo de calidad”. Debemos dedicarle tiempo a nuestros hijos —tiempo en “cantidad” y tiempo de “calidad”— para estar allí cuando nos necesiten.  Esta fuente y la anterior, son ambas referidas por Money, 43.

 

    La necesidad de pasar tiempo juntos es subrayada por Escrituras tales como: Deuteronomio 6.5-7, 9:

Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes... y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.

 

    Las instrucciones que se dan en el pasaje anterior dan por sentado que usted y sus hijos pasarán tiempo juntos en su casa, cuando viajan, cuando se acuestan, y cuando se levantan.

    El pasaje no está dando a entender que es todo momento en que estamos despiertos el que hay que pasar junto con otros miembros de la familia.14 Lo que está dando a entender es que los padres deben crear los espacios de tiempo necesarios para estar con sus hijos, y que los adolescentes deben crear espacios de tiempo para estar con sus padres. Las actividades familiares son parte esencial de nuestros horarios. (Hay familias que programan “noches familiares”). Para hacer esto se requiere de nosotros que dejemos de poner énfasis en lo material de nuestras vidas y que definamos lo que realmente tiene importancia (Mateo 6.24-34). Por ejemplo, Dolores Curran halló que las familias saludables miran menos televisión que las demás familias.

 

COMPROMISO CON LA FAMILIA

    La siguiente cualidad se expresó con las palabras que siguen: “Compromiso con la familia”.

NOTA: Los orientadores familiares usan la expresión “familias desacopladas” para referirse a familias cuyos miembros toman sendas diferentes y viven vidas alejados unos de otros día tras día, y usan la expresión “familias enredadas” para referirse a familias cuyos miembros hacen todas las cosas juntos, no dejando espacios para la individualidad del todo. Deberíamos tratar de tener un balance entre estos dos extremos.

 

    El compromiso con la familia tiene dos expresiones:

1)      Compromiso con la familia entera, esto es, un compromiso con hacer que la familia funcione, con su permanencia.

2)      Compromiso con los miembros individuales de la familia. A menudo, los hermanos y las hermanas ilustran el segundo principio de modo irónico. Siempre ha sido mi filosofía que yo puedo hablar de mis hermanos, pero que no se atrevan otros, porque lo que es con mis hermanos es conmigo.

 

    Los investigadores han redescubierto en tiempos recientes que todo mundo tiene necesidad de sentir que pertenece a una familia, todo mundo necesita tener raíces; todo mundo necesita tradiciones familiares. Estos vínculos contribuyen a la estabilidad de nuestras vidas.

 

    Son muchos los pasajes que hablan del sentimiento de pertenencia a una familia. Por ejemplo, 1 Timoteo 5.4 dice: “Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios”. En la NIV dice que “los hijos o los nietos,... deben primero aprender a poner en práctica su religión, cuidando de su propia familia y saldando así la deuda con sus padres y abuelos, pues esto es lo que agrada a Dios”.

 

    Otro pasaje pertinente es 1 Timoteo 5.8: “... porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”. Pablo hizo ver que incluso los incrédulos tienen el sentimiento de pertenencia a una familia. ¡Cuán triste es que haya cristianos que no lo tengan!

 

    ¿Dónde comienza el compromiso con la familia? Comienza con un padre y con una madre

1)      que están comprometidos el uno al otro y los dos a hacer que su matrimonio funcione,

2)      que creen que Mateo 19.3-9, y pasajes semejantes, enseñan que el matrimonio es para toda la vida, y

3)      que están llenos de amor agape —amor de compromiso, desinteresado e incondicional— y se han comprometido con el hacerse felices el uno al otro.

 

    En caso de que usted no lo haya entendido, los padres son los miembros clave para todas estas cualidades — el padre y aún más la madre.

 

VALORES RELIGIOSOS

    Otra cualidad de las familias estables y felices, es un “alto grado de orientación religiosa”.

 

    El Dr. Stinnett hizo notar que el tener valores religiosos incluye el asistir a la iglesia y el participar en actividades religiosas, pero incluye mucho más que lo anterior. Dijo que los miembros de las familias estables están comprometidas con un “estilo de vida espiritual”. En otras palabras, la fe de ellos permea todo aspecto de sus vidas. Los padres les comunican a sus hijos el siguiente mensaje: “Hacemos lo que hacemos por ser lo que somos, y somos lo que somos por lo que creemos”.

 

NOTA:  Por lo general uso los términos “Papito” y “Mamita”. En la Biblia existen términos cariñosos parecidos (por ejemplo “Abba” era una forma cariñosa de referirse al “Padre” [Marcos 14.36; Romanos 8.15; Gálatas 4.6]. Use los términos con los cuales se sienta a gusto, los que se consideren apropiados en su sociedad, y que mejor contribuyen a la comunicación con sus oyentes.

 

    Los investigadores hallaron que las convicciones religiosas profundas contribuyen a la salud de la familia. Las convicciones les dan significado a sus vidas y las fortalecen. Los miembros de la familia pueden recibir apoyo y fortalecimiento, el cual proviene de su compromiso religioso. En los estudios religiosos, aprenden acerca de la paciencia y el perdón, acerca de cómo dominar la ira, y de la importancia de las buenas actitudes —todo lo esencial para un hogar feliz. Los valores en común de ellos determinan “las reglas” esenciales para que haya familias estables y felices.

 

    De las seis cualidades mencionadas en la lista de Stinnett, esta es única a la que le haría algunos ligeros cambios. El tema que nos ocupa es “Cómo formar familias cristianas estables y felices”, y el cambio que haría es que la expresión “Valores religiosos” se lea como “Valores cristianos”.

 

    Puse estos valores en el quinto lugar de la lista, solamente porque ese fue el orden dado por Stinnett. Estoy seguro de que usted estaría de acuerdo conmigo cuando digo que deberían estar en el primer lugar de la lista. Recuerde el texto que nos ocupa: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”. Son muchos los principios que se podrían (y deberían) mencionar en relación con los valores, pero nos centraremos en cuatro.

1)      Para tener una familia cristiana estable y feliz, tanto el padre como la madre deben ser cristianos fieles, entregados a la causa de Cristo. A través de la fe y el bautismo, cada miembro de la familia debe ser “revestido” de Cristo (Gálatas 3.26-27).

2)      Para tener una familia cristiana estable y feliz, los padres deben tener conciencia de que ellos son responsables de la enseñanza e instrucción de sus hijos en el camino del Señor. Si hay clases bíblicas disponibles para niños, éstas son suplementarias; la responsabilidad primordial recae sobre los padres (especialmente los papás; vea Efesios 6.4).

3)      Para tener una familia cristiana estable y feliz, todos los miembros de la familia que hayan llegado a la edad en que son responsables de sus actos, deben ser miembros fieles de la iglesia del Señor. No pueden ser la clase de miembros que simplemente se limitan a asistir a la iglesia; deben ser miembros activos que consideran a la iglesia tina parte indispensable de su “familia extendida”.

4)      Para tener una familia cristiana estable y feliz, cada miembro de la familia (comenzando con la madre y el padre) deben procurar poner en práctica los principios cristianos en todo aspecto de su vida —comenzando por el hogar.

 

RESOLUCIÓN DE CRISIS

    La última cualidad es “la capacidad de abordar las crisis de modo positivo”. Una crisis es un problema mayor. Un problema así no puede ser resuelto por los medios usuales; esto es lo que los convierte en crisis. Las familias estables tienen crisis tanto como las inestables. La diferencia se muestra en la manera como las abordan: Las familias estables las abordan positivamente.

 

    Las familias saludables están esencialmente capacitadas para abordar las crisis de un modo positivo, pues poseen las cualidades ya mencionadas. Como resultado de que los miembros de ellas pasan tiempo juntos y se aprecian unos a otros, ellos tienen relaciones estrechas que no se desintegran cuando los problemas surgen. Como resultado de que se comunican, ellos pueden hablar acerca de sus problemas. Dado su compromiso con la familia, ellos no permitirán que la familia se desintegre. Dada la fe de ellos, ven los posibles beneficios que pueden surgir de una crisis.

 

    El manejo de las crisis no es fácil. Las familias sanas batallan con sus problemas, tal como lo hacen todas las familias. No obstante, dadas las cualidades positivas de sus hogares, los miembros de ella emergen de sus crisis más fortalecidos, y no más debilitados.

 

    Ninguna otra familia debería ser tan capaz de enfrentar las crisis tanto como lo son las familias cristianas. Los que son miembros de familias cristianas no solamente se tienen el uno al otro para recibir fortalecimiento, también tienen promesas como las que siguen:

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados (Romanos

8.28).

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna (Santiago 1.2-4).

 

NOTA:  Efesios 5.25, habla del amor de Cristo por la iglesia; debemos tener la misma clase de amor por nuestros hermanos y hermanas en Cristo.

‘‘A veces los orientadores clasifican las crisis en dos categorías.

1)      Crisis del desarrollo son las que se espera que ocurran durante períodos de transición del ciclo de vida humano. Esta categoría incluye eventos tales como los nacimientos, los matrimonios, las muertes por causas naturales.

2)      Crisis accidentales son las amenazas a la vida que menos se esperan —incidentes tales como enfermedades, serias, pérdida de un trabajo, y muertes por causas  naturales.

 

 

CONCLUSIÓN

    Echémosle una última mirada a las seis cualidades que hemos considerado. En una familia cristiana estable y feliz:

1)      Se expresa aprecio.

2)      Los patrones de comunicación son buenos.

3)      Los miembros de la familia pasan tiempo juntos.

4)      Los miembros de la familia están comprometidos con la familia.

5)      Tienen un alto grado de orientación religiosa cesto es, orientación cristiana).

6)      La familia tiene la capacidad de abordar las crisis de un modo positivo.

 

    Debemos ser realistas. En un momento dado, son pocas las familias que tienen todas estas cualidades en su plenitud. Toda familia tiene sus días buenos y sus días malos, pero podemos trabajar con el fin de infundir estas cualidades en nuestras familias en medidas cada vez mayores. No son ideales poco realistas ni inalcanzables; todas son atributos enseñados en la Biblia.

 

    Si hemos de tener familias cristianas estables y felices, debemos

1)      tomar la determinación de que, con la ayuda de Dios, haremos que nuestras familias sean lo que deberían ser, y

2)      comenzar a hacer lo que las familias estables hacen, y

3)      aprender a confiar en el Señor. “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4.6).

 

NOTA:  Si esta lección se usa como sermón, puede ser que usted desee cerrar haciendo énfasis en que si sus oyentes desean hacer que sus hogares sean hogares cristianos estables y felices, ellos deben primero ser cristianos: “Cada uno de nosotros debe comenzar por hacer un examen de conciencia: “¿Soy yo lo que debería ser en la familia?”. Explíqueles como llegar a ser cristianos a los que no lo sean (Gálatas 3.26-27), y explíqueles a los cristianos infieles cómo pueden ser restaurados (Hechos 8.22; Santiago 5.16).