HIJAS DE SARA

 

 

Hijas de Sara

Texto: 1 Pedro 3.1-7

 

 

    Si Abraham es el padre de todos los creyentes (Génesis 17.5; Romanos 4.11), Sara es la madre de ellos (Génesis 17.16; Isaías 51.2). Ella acompañó Abraham, a todo lugar que éste fue, desde Ur de los Caldeos hasta la Tierra de Promisión, y aún más allá de ésta. Cuando se les aparecieron ángeles, ella se unió a Abraham en mostrarle hospitalidad a éstos (Génesis 18.6). Según lo expresa el escritor de la epístola a los Hebreos, el nacimiento de Isaac fue el resultado de la fe de Sara, tanto como lo fue de la fe de Abraham: “Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido” (Hebreos 11.11). Al igual que su esposo, Sara fue una “pionera de la fe”.

 

    En la primera epístola de Pedro, cuando el apóstol abordó el tema del matrimonio y quiso ilustrar ciertos principios, la primera persona de la que se acordó fue de Sara:

 

Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza (1 Pedro 3.5-6).

 

    En el texto griego, en lugar de la palabra “hijas”, lo que aparece es la palabra genérica para hijos e hijas. En vista de que el apóstol se estaba dirigiendo a mujeres, es correcto el uso, en la Reina-Valera, de la palabra “hijas” como traducción de “hijos” —en otras palabras, se refiere a descendientes del sexo femenino. En la KJV’ se lee: “de la cual hijas sois” (vea también la NIV).2 En esta lección estudiaremos las cualidades de las “Hijas de Sara”.

 

    Estamos estudiando el importante tema del matrimonio y del hogar. Jamás hubo tantos libros disponibles sobre el tema del matrimonio y del hogar; sin embargo, jamás ha sido tanta la gente que batalla con matrimonios difíciles y con hogares desintegrados. Las familias necesitan volverse al único libro infalible, a la Biblia. En una época en la que nuestros modelos de esposos y esposas a imitar, son aquellas personas cuyos corazones están puestos en este mundo, es inevitable que sobrevenga el desastre. Pedro propuso una clase diferente de modelo a imitar —propuso a Sara.

 

    La lección anterior fue dirigida a los que son esposos y padres. Esta lección contiene una invitación para las que son esposas y madres: una invitación a que sean hijas de Sara. A través de los años se me ha privilegiado con la oportunidad de conocer a muchas hijas de Sara. Esta lección, la cual fue tomada de 1 Pedro 3.1—7, es un homenaje a las mujeres que ya son hijas de Sara —y una exhortación a todas las mujeres a que lleguen a ser más como ésta. Las hijas de Sara poseen cuatro características que estudiaremos.

 

1 KJV son las siglas para referirse a la versión inglesa de la Biblia, conocida como la King James.

2 MIV son las siglas para referirse a la versión inglesa

de la Biblia, conocida como la New International Version. Algunos principios clave se repetirán por toda esta serie: principios tales como el de la condición de cabeza del hombre, el de la sumisión de la mujer, y el del respeto mutuo. No se peca de exceso al recalcar, una y otra vez, estas verdades fundamentales acerca de tales principios; además de que la repetición es una manera como aprendemos.

 

SE SUJETAN DE BUENA GANA (3.1-2, 4-6)

    En primer lugar, las hijas de Sara se sujetan de buena gana a sus esposos —se sujetan amorosamente, incluso se sujetan dulcemente. Las siguientes son las palabras con las que comienza el texto bajo estudio: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas” (verso 1).

 

    La expresión “sujetas a” proviene de un término militar que significa “subordinarse al mando de”. La expresión “asimismo” se refiere a lo que se viene escribiendo en los versículos anteriores acerca del ejemplo de Jesús, el cual se sujetaba de buena a la voluntad de Dios:

 

“… porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente (1 Pedro 2.21-23).

 

    Tal como se hizo notar en una lección anterior, la sumisión no tiene nada que ver con el que un individuo sea inferior y que otro sea superior. (Por supuesto que no habría quien afirmara que Jesús es inferior a Dios).5 En el texto bajo estudio, Pedro hizo ver que el esposo y la esposa son coherederos “de la gracia de la vida” (3.7); uno no es más importante que el otro. La sumisión no tiene nada que ver con la inferioridad ni la superioridad; si hay algo con lo que está completamente relacionada, es con el respeto a la voluntad de Dios. Debemos respetar la voluntad de Dios de modo que “haciendo bien, [hagamos] callar la ignorancia de los hombres insensatos” (2.15). Al igual que Jesús, debemos someternos al plan de Dios, creyendo que Dios sabe qué es lo mejor.

 

Como el tema general de Pedro es el de la persecución, él describió la situación de una esposa cristiana casada con un esposo no cristiano —de “los que no [creían] a la palabra”; sin embargo, el principio de la sumisión de la esposa se aplica a todos los matrimonios. En Génesis 3, Dios le dijo a la mujer: “... tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti” (verso 16). En el Nuevo Testamento, a las ancianas se les dice que estimulen a las mujeres jóvenes a ser “... sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2.5). Ya observamos la enseñanza de Pablo sobre este tema en Efesios 5, y en Colosenses 3.

 

    La sumisión que se menciona en 1 Pedro 3, no es sólo la exterior, sino aquella que produce un espíritu sumiso. El versículo 2, habla de “conducta respetuosa”. El versículo 4, se refiere a un “espíritu afable y apacible”. Para ilustrar la clase de espíritu del cual está hablando, Pedro recurrió al ejemplo de Sara:

 

Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza (versos 5-6).

 

    La palabra “señor” referida a un esposo podría parecerle extraña a algunos, pero ese era un término de respeto que se usaba en los tiempos de Sara. Cuando ella oyó la promesa del ángel en el sentido de que ella tendría un hijo, ella “se rió.., entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo mi señor ya viejo?” (Génesis 18.12). En el texto original de 1 Pedro 3.6, la palabra que se traduce como “llamándole”, es un participio presente, lo cual indica acción continua: Sara le llamaba “señor” a Abraham continuamente.

 

    ¿Significa esto que Sara era una mujer sin carácter, servil o de personalidad débil? ¿Significa esto que ella no tenía su propio criterio, y que jamás expresaba su opinión o sus deseos? Difícilmente. En el libro Todas las mujeres de la Biblia, Edith Den dijo:

 

    La hermosa confianza y verdadero afecto que existía entre Sara y Abraham, se reflejan en la autoridad que ella tenía sobre la casa [de ellos] cuando él estaba ausente. El la reconocía como su igual. Elia jamás se sujetó a un papel de menor rango, y Abraham jamás se lo exigió.

 

    Voltee la página a Génesis 21, donde hallará una ilustración de lo que Deen estaba hablando. Abraham hizo un gran banquete el día que el hijo de Sara, Isaac, fue destetado (verso 8). Durante el banquete, Sara observó que Ismael, el hijo mayor de Abraham, que le había nacido a Agar, estaba burlándose de su hijo (verso 9), y esto la molestó en gran manera. Me puedo imaginar sus ojos café destellando, cuando le decía a Abraham: “Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo” (verso 10). A Abraham no le agradó la petición de ella (verso 11), pero como Dios lo alentó, él accedió a lo pedido por Sara (versos 12-14).

 

    Sara era una mujer de personalidad fuerte, pero ella estaba dispuesta a que Abraham fuera la cabeza de su familia; ella se sujetaba de buena gana y lo hacía amorosamente. Ningún hombre podrá ser la cabeza de su familia sin que su esposa se lo permita.

 

    Antes de cambiar de tema, estudiemos las palabras de Pedro acerca de la conducta de las esposas cristianas, la cual puede lograr que sus esposos no cristianos puedan ser “ganados sin palabra” (verso 1). En la KJV se lee “sin la palabra” (énfasis nuestro), lo cual puede causar la impresión de que ellos pueden ser ganados sin la palabra de Dios. No obstante, Pedro había recalcado anteriormente el lugar que ocupa la palabra de Dios en el proceso de conversión: “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad,.., siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1.22-23). La palabra de Dios es esencial para la salvación.

 

    La prueba textual favorece una traducción que diría “sin una palabra” (énfasis nuestro). Esto podría significar “sin una palabra de su esposa”: en otras palabras, sin que su esposa lo importune con el pedido de que llegue a ser cristiano. Sea que el vocablo “palabra” se refiera a la palabra de Dios o a la de la esposa, ello no cambia el sentido de la lección. Aunque en el pasado el esposo se hubiera rehusado a escuchar el mensaje inspirado, todavía quedaba esperanza: El podía ser ganado por la conducta respetuosa de su fiel esposa cristiana. Alguien dijo que “el cristianismo es mejor cuando se le demuestra con hechos que cuando se le presenta con argumentos”; “la vida es más elocuente que los labios”.

 

NOTA Y REFERENCIAS: Edith Deen, Ah the Women of the Bible (Todas las mujeres de la Biblia) (New York: Harper Publishing Co., 1955).

Habrá hombres que ejerzan dominio de su familia a través de la coacción y el temor, pero eso no es servir de cabeza; eso es dictadura.

 

TIENEN UNA DIGNIDAD SOSEGADA (3.2-5)

    En segundo lugar, las hijas de Sara tienen una dignidad sosegada y serena. El versículo 2, habla de la “conducta casta” de la esposa. En la NIV se lee: “la pureza de vuestras vidas”. Pablo se refirió a esta misma clase de comportamiento cuando dijo que las esposas jóvenes debían “ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2.5).

 

    Pedro ilustró lo que él quiso dar a entender con la expresión “conducta casta”, cuando les dijo a las esposas cristianas que debían evitar la extravagancia en el vestir: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, d adornos de oro o de vestidos lujosos” (verso 3). Los traductores de la NASB le añadieron la palabra “solamente” para dar a entender que las palabras de Pedro no significaban una prohibición absoluta; sin embargo, lo que se lee en el texto original es: “No dejen que [vuestros] adornos sean el trenzado externo del cabello, ni el ponerse oro, ni el vestir prendas”.

 

    Para entender de qué era lo que estaba hablando Pedro, lea Isaías 3.16-25, donde se abarcan las tres categorías del apóstol: peinados ostentosos, joyas y vestido. La impresionante lista de accesorios de belleza que menciona Isaías, incluía los siguientes:

“… atavío del calzado, las redecillas, las lunetas, los collares, los pendientes y los brazaletes, las cofias, los atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor y los zarcillos, los anillos, y los joyeles de las narices, las ropas de gala, los mantoncillos, los velos, las bolsas, los espejos, el lino fino, las gasas y los tocados” (versos 18-23).

 

    Otra manera como se pueden entender mejor las palabras de Pedro, es echándole una mirada a una publicación en la que se destaquen fotografías de eventos de gala a los que asisten los ricos y famosos, y ver qué es lo que muchos de ellos llevan puesto.

 

    No se caracterizan las hijas de Sara por una ciega adicción a las modas (Romanos 12.2), sino por una modestia y dignidad fundamentales. El adorno de ellas se describe así:

“… sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios...” (verso 4-5. vea también 1 Timoteo 2.9-10).

 

    Lo anterior no significa que a las hijas de Sara no les interese en absoluto su apariencia. Los traductores de la NASB trataron de señalar esto en la manera como tradujeron el versículo 3: “Vuestro adorno no sea solamente el externo”.  El nombre “Sara” significa “princesa”, y aparentemente ella fue una princesa en cuanto a belleza y porte. Cuando Abraham fue a Egipto, “los egipcios vieron que la mujer [Sara] era hermosa en gran manera” (Génesis 12.14). Edith Deen pintó el siguiente cuadro de palabras, de Sara viajando en la caravana de su esposo:

 

“Aunque los escritos bíblicos no proporcionan detalles más allá del hecho de que era una mujer de hermoso aspecto”,’5 podemos imaginarla llevando puesta una túnica de mucho vuelo, en la cual se mezclaban ricos colores, tal vez los rojos cálidos y los azul celestes con los que los antiguos maestros se habían familiarizado. Los ropajes de su túnica se extendían hasta formar un tocado que cubría parcialmente su rostro. Es fácil imaginar que ella podría haber tenido un fascinante cabello castaño rojizo, trenzado y enrollado para dar un efecto de halo, una exquisita piel de oliva, labios y mejillas rojos, ojos profundos que brillaban al sonreír, y una figura grácil y a la vez imponente.

 

    Me inclino por la descripción de Deen, cuando leo que al tener Sara una edad de casi setenta años de edad, los hombres todavía la perseguían.

 

    Si lo que dice 1 Pedro 3.3-5, no significa que a las hijas de Sara no les preocupa su apariencia, entonces ¿qué significa? Significa que las hijas de Sara no dependen de 10 artificial para resaltar su carácter. Más bien, el carácter de ellas resalta su apariencia. Ellas hablan y caminan con dignidad.

 

    La palabra “atavío” del versículo 3, se traduce de una palabra griega, de la cual proviene “cosméticos”. ¡Las hijas de Sara son embellecidas con cosméticos “internos”, los cuales no se pueden obtener en una tienda!”

 

NOTAS Y REFERENCIAS: En las primeras ediciones de la NASB se leía: “Vuestro atavío no sea el externo solamente” (énfasis nuestro). “Génesis 12.11.

Deen, 10-11.

Sara era diez años más joven que Abraham (Génesis 17.17). Abraham tenía setenta y cinco años cuando el salió de Harán (Génesis 12.4); Sara habría tenido unos sesenta y cinco años. Algún tiempo después, ellos fueron a Egipto, donde el Faraón, hizo que llevaran a Sara a su casa (es decir, a su harén), por causa de su belleza (Génesis 12.11, 14-15). En aquel tiempo, ella debió haber tenido casi setenta años de edad, si no es que era mayor. En un incidente parecido, Abimelec llevó a Sara a su harén cuando ella tenía casi noventa años (Génesis 20.2).

 

TIENEN UNA BELLEZA INTERNA (3.3-6)

   Las palabras de Pedro indican una tercera característica de las hijas de Sara: Tienen una belleza interna e imperecedera.

 

    La instrucción en el sentido de no ataviarse con “peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos”, obviamente no entraña una prohibición absoluta; de otro modo, sería erróneo que una mujer llevara puesto vestido alguno. Más bien, el pasaje tiene que ver con el énfasis en las vidas de las mujeres. Las hijas de Sara le dan énfasis a la persona interna más que a la externa: “Vuestro atavío no sea el externo..., sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible,...” (versos 3-4). Ellas entienden que “Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16.7b).

    Las hijas de Sara también le dan énfasis al agradar a Dios, lo cual hacen cuando se preocupan por cultivar ese “espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3.4). Al igual que las “santas mujeres” de otro tiempo, la esperanza de ellas está puesta en el Señor (verso 5). Al igual que Sara, ellas se preocupan por “[hacen el bien” (verso 6).

 

    Cuando las prioridades de una mujer son espirituales, más que materiales, veremos por lo menos dos resultados. Un resultado es el que se da a entender mediante las enigmáticas palabras que dicen: “sin temer ninguna amenaza”.’9 Hay dos palabras que se usan en este pasaje, las cuales dan la idea de “temor”: La primera se traduce de la palabra usual del griego para “temer”. La segunda es la forma sustantivada de la palabra, la cual significa: “aterrorizar”. La segunda palabra se refiere al temor que encoge, que estremece, al punto que acobarda a la persona. Literalmente, el pasaje dice “no temiendo ningún terror”.

 

    Este doble énfasis es una forma enfática de decir: “Si hacen según les he instruido, no serán aterrorizadas por nada”. Al considerar el enfoque de Pedro en esta epístola, él les pudo haber estado diciendo: “No tendrán nada que temer por la persecución”. Después de todo, si es la persona interna lo que nos preocupa, y no la persona externa, ¿qué hemos de temerle a aquellos que sólo pueden “[matar] el cuerpo, mas el alma no pueden matar” (Mateo 10.28)? También pudo haber estado diciendo: “No tendrán nada que temerle a su marido incrédulo”.

 

    Se puede hacer una aplicación que no corresponda a aquella situación especial. Como las hijas de Sara saben que Dios está con ellas, no se mueren de temor —cualesquiera que sean las circunstancias. Ellas pueden hacerse eco de las palabras del salmista: “Jehová está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Salmo 118.6; vea también Salmo 56.4; Hebreos 13.6).

 

Un segundo resultado se observa cuando las prioridades de esposa y madre son espirituales y no materiales: Ella tiene belleza que se cultiva internamente, la cual el tiempo no puede desvanecer, sino más bien, realzar. Alguien ha dicho que nuestros dos “padres” —la “Madre Naturaleza” y el “Padre Tiempo”— se encargarán de que nosotros no permanezcamos bellos en lo externo. Las lociones, los cosméticos, y los masajes sólo pueden ayudar un tanto; las arrugas y los abultamientos son inevitables cuando se vive lo suficiente para verlos.

 

    Las hijas de Sara tienen una belleza interna que no tiene que ver con la lisura de los rasgos ni con la tersura de la piel. La belleza de ellas no proviene del realce externo. Más bien, proviene de lo “interno,.., del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios” (1 Pedro 3.3-5a).

 

SON AMOROSAMENTE RESPETADAS (3.7)

    Por último, el texto bajo estudio declara que las hijas de Sara son amorosamente respetadas: 2’“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente,22 dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (verso 7).23 Note la palabra “asimismo”: La senda por la que los esposos y las esposas deben andar es la misma. Todo matrimonio necesita “esposas encantadoras” y “esposos honorables”.

 

    La NASB manda al esposo darle “honor a [su] mujer”. En la NIV se lee: “trátenla con respeto”. La idea de respeto está incluida en la palabra “honor” de la NASB (vea también la KJV), pero la palabra incluye más que eso. En el capítulo anterior, donde habla de Cristo como la piedra desechada por los hombres, la palabra se traduce como “preciosa” (2.6-7; NASB, KJV, NIV). Como esposos que somos, nosotros debemos hacerle saber a nuestras esposas ¡cuán preciosas son ellas para nosotros!

 

NOTAS Y REFERENCIAS:  En la KJV se lee: “vivid con ellas según el conocimiento”. Los esposos deben procurar conocer a sus esposas de modo general (en otras palabras, deben conocer las necesidades generales de las mujeres) y de modo especial (procurar conocer las necesidades personales de sus propias esposas). ¡Es probable que los esposos jamás entiendan totalmente a sus esposas, pero debemos intentarlo!

   Hay algunos que se han preguntado por qué los comentarios de Pedro sobre las responsabilidades de las esposas han tomado seis versículos, mientras que sólo hay uno que exhorta a los esposos. Un humorista respondió a la pregunta diciendo que la razón estriba en que “¡es seis veces más difícil para las esposas poder llevarse bien con sus esposos que lo es para éstos llevarse bien con sus esposas! “. La respuesta verdadera es simple: En esta sección, Pedro estaba abordando el problema de las esposas cristianas casadas con hombres no cristianos (verso 1-6). No obstante, él no quiso dejar la impresión de que solamente las esposas tienen responsabilidades. Así, él añadió una breve nota (verso 7) para hacer énfasis en que los esposos también tienen responsabilidades.

 

    Hay algo que debe decirse acerca de la frase “vaso más frágil”, pues ella puede interpretarse como que la mujer es algo menos que digna de respeto. La expresión “más frágil” se refiere solamente a la fortaleza física. Aunque hay excepciones, como regla general el esposo es más fuerte que su esposa—y Pedro usó este hecho para imprimir en los esposos la necesidad de proteger a sus esposas y cuidar de ellas. La palabra “más débil” no significa “sin valor”. Cuando mi familia vivió cerca de More, Oklahoma, una de mis tareas era alimentar los cerdos cada mañana. Yo utilizaba un cubo estropeado para este trabajo. Al terminar, yo lanzaba el cubo y éste volaba los cinco o seis metros que lo separaban del sitio en el que generalmente se guardaba. Dentro de la casa, mi mamá tenía unos jarrones. Estos jarrones jamás hubieran resistido el tratamiento que yo le daba al cubo.

 

    Eran “más frágiles” que aquel cubo estropeado de dieciocho litros. Al mismo tiempo, eran de un valor infinitamente mayor. Los que somos esposos deberíamos hacerles saber a nuestras esposas cuán valiosas son ellas para nosotros.

 

    Sara era respetada y amada—y también lo son sus hijas. Al igual que muchas de sus hijas, Sara y su esposo eran coherederos “de la gracia de la vida” —algo que se realizó físicamente en el nacimiento de Isaac (Salmo 127.3), y espiritualmente al seguir ellos los caminos de Dios (1 Pedro 1.4). El hecho de que Abraham la amara y la respetara se ve en los muchos incidentes de la vida de ella. El la respetó en lo que a Agar concernía (Génesis 16.6; vea también Génesis 21.10, 14). El le confió a ella el cuidado de su vasta hacienda en mucha ocasiones. Cuando ella murió a la edad de ciento veintisiete años, él hizo duelo por ella y la lloró cuando, con toda reverencia, sepultó el cuerpo de ella en la cueva de Macpela, cerca del muy querido encinar de Mamre (Génesis 23.1-10).

 

   Del mismo modo debería ser amada y respetada una hija de Sara hoy día. El esposo de ella debe estar consciente de que él ha hallado en ella “el bien” y ha alcanzado “la benevolencia de Jehová” (Proverbios 18.22). Cuando se le aprecia como se debe, “se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba” (Proverbios 31.28).

 

CONCLUSIÓN

   El propósito de esta lección fue, en primer lugar, hacerle un homenaje a todas las mujeres que ya son hijas de Sara. ¡Que Dios bendiga a toda hija de Sara! Usted es bella, y nosotros le amamos.

 

   También, la lección es una exhortación a todas las mujeres a llegar a ser hijas de Sara. ¿Lo es usted? El texto bajo estudio declara que, como mujer cristiana que es, usted es hija de ella “si hace el bien”. ¿Desea usted llegar a ser cristiana? ¿Necesita usted que se le restaure de su condición de cristiana errante? Si usted planea “hacer el bien’, ¡no espere un día más!.

 

NOTAS Y REFERENCIAS:  Sara es la única mujer de toda la Biblia, cuya edad al momento de morir es consignada.

   El término “makeover” se ha popularizado en los Estados Unidos. Este término se refiere usualmente al hecho de recibir una mujer un tratamiento especial por parte de expertos, con el fin de cambiarle la apariencia de su peinado, su maquillaje, su vestuario, y demás cosas semejantes. Si el término es uno con el que están familiarizados sus oyentes, usted puede sugerir que hay algunos que pueden estar teniendo necesidad de un “makeover espiritual”.

 

FIN.