La iglesia

 

Charles B. Hodge Jr.

 

    Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Ya ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; i todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo (Mateo 16.13—20).

 

    La sociedad de hoy día confunde a la iglesia con una franquicia al estilo McDonald’s. No estamos en contra de la corporación McDonald’s; son buenos para el mercadeo. A nuestros hijos se les ha hecho un lavado de cerebro. La prLrnera palabra que nuestros nietos aprenden es “McDonald’s”. Los publicistas apuntan a un segmento de la sociedad y les dan lo que desean. Esto sirve para vender hamburguesas.

 

    La iglesia no vende hamburguesas. El evangelismo no es el arte de vender. Hemos sido enviados por Dios con un mandamiento que comienza diciendo: “Así dice Jehová. . . “. El mundo le dice a la iglesia: 1) “No quisiéramos vernos comprometidos”; 2) “No vamos a sacrificar nuestras comodidades ni a renunciar a ellas”; 3) “Exigimos ser servidos, no servir”; 4) “Lo que queremos es entretenimiento, servicios que se dejen oír, y emoción constante”; 5) “Queremos sacarle el máximo provecho a cada dólar”; 6) “En pocas palabras, estamos más interesados en el acá y en el ahora, que en un futuro cielo”.

 

LA IGLESIA CONFUNDIDA CON UNA FRANQUICIA

    Mucha gente ha llegado a esta conclusión:  Estoy en mi propia iglesia; tengo derecho a creer en lo que me plazca”. ¡Opción! Muchos ven la religión como un asunto que cada uno escoge en lo personal. Se han olvidado de que la iglesia fue hecha por la palabra de Dios. No quieren escuchar un “Así dice Jehová...”.

 

    Un escritor observó sucintamente que, lo que la gente está buscando, es una “religión jacuzzi” —una fe que les haga sentir a gusto. Si usted desea algo fácil y que le haga sentir a gusto, yo no le recomendaría el cristianismo. La “religión jacuzzi” es para la “cultura del narcisismo”: “Haz lo que te plazca, siempre y cuando te haga feliz”. En un clima así, el cristianismo se reduce a una religión “sentimentaloide” —sentimientos, autoestima, sentirse bien consigo mismo. En el mostrador de ensaladas de abundantes opciones de mezclas y combinaciones, en que se han convertido las religiones de hoy día, todo lo que la gente desea saber es: “Qué gano yo con ello?”. Una actitud así, no sólo es peligrosa, sino también blasfema. La gente se siente bien con ser mala. La terapia trata de cambiar el comportamiento; el evangelio nos da lo que verdaderamente necesitamos. La iglesia no es una “comodidad”; ¡la iglesia es un hogar!

 

    La diferencia está en el mensaje. O escuchamos al mundo, o escuchamos la palabra. Lea 1 Tesalonicenses 2.13. La gente de ese lugar escuchó el evangelio, la palabra de verdad. ¡No fue palabra de hombres, sino palabra de Dios lo que escucharon! Los convirtió a ellos en aquel tiempo, y nos convertirá a nosotros hoy día. La iglesia todavía es columna y baluarte de la verdad. La iglesia es contracultura. ¡La iglesia está aquí para predicar toda la verdad! Este llamado es sobrecogedor. Lo trágico es que muchas iglesias han borrado las palabras “pecado”, “derrota” y “condenación” de sus vocabularios. El infierno no lo mencionan. La gente tiene más interés en estar bien consigo mismos que con Dios. Se han especializado en sicología no en teología; desean terapia, no predicación. La iglesia debe ser, ante todo, la iglesia. El mundo necesita a la iglesia. Cuando el crecimiento de la iglesia es demasiado rápido ¡ella se convierte simplemente en un gran negocio en un mundo de grandes negocios! La iglesia debe ser un lugar lleno de amor en medio de un mundo que se está muriendo.

 

EL MENSAJE BÍBLICO

    La iglesia debe tener un mensaje para el mundo. Nuestra cultura se ha perdido en el pecado. Estas no son ideas de un predicador desconectado de la realidad. Somos pecadores, no lucimos bien, y estamos perdidos. Los pecadores no saben que están perdidos. Nuestra responsabilidad como cristianos es decírselo a ellos. Debemos decirles a todos los pecadores perdidos que Jesús es el Salvador de ellos. Este es el gran evangelio de salvación. La cruz era locura para la gente del siglo primero (1 Corintios 1), y es considerada locura hoy día. Se rieron de ella entonces; se reirán de ella hoy día. La cruz siempre será locura para el mundo. ¡Cuán fácilmente cae la iglesia en la trampa de conformarse a la cultura! Nadie desea ser considerado fanático, de miras estrechas o intolerante —por esta razón, buscamos la manera de llegar a ser “políticamente correctos”. ¡Deshagámonos de la religión del consumista, del complejo del “edificio”, de las hábiles estrategias de mercadeo y de los sermones dulzarrones!

 

    Caemos en la trampa de estar reinventando la iglesia cada vez que una nueva visión nos parece factible, o cada vez que los desacuerdos inquietan a la congregación. El desvalorizar a la iglesia debilita a los cristianos en dos aspectos: Nos cercena nuestros lazos con el pasado, y nos libra del tener que rendir cuentas. En una era cuando la fe es considerada pertinente, pero ella es a menudo superficial y egocéntrica, los cristianos deben neutralizar la corriente de los que piensan que “entre más nueva es una cosa, mejor será ella”. Muchas de las enseñanzas que se ofrecen hoy día carecen de la fuerza intelectual o espiritual suficiente corno para proveer una visión orientadora de la vida. Muchos estadounidenses son huérfanos históricos cuya retrospectiva jamás lograron extender hasta rescatar su herencia cristiana.

 

    El cristianismo no es cuestión de estar eligiendo lo que personalmente nos gusta. Cada miembro del cuerpo redimido —la esposa de Cristo— es responsable y debe dar cuenta de su ayuda para que la iglesia funcione siguiendo una meta común, el patrón bíblico. ¿De qué otro modo pueden los débiles y los fuertes, los maduros y los inmaduros, interaccionar como una sola entidad que busca edificar el cuerpo en los buenos y en los malos tiempos?

 

    La religión moderna ha evolucionado cual supermercado, cual plaza de mercado de religión orientada por los gustos del consumidor. Este mercado de compradores apela al libre albedrío del individuo y exalta la diversidad de opciones por encima del compromiso y la continuidad. Para poder promover el ideal bíblico de la iglesia —de que la presencia de Cristo mora en el todo, no solamente en las partes individuales—, los predicadores del evangelio van a tener que ir a contrapelo de la cultura estadounidense y a contrapelo de algunas de sus más acariciadas teorías. Debemos estar alertas al mal hábito de estar reinventando la iglesia cada vez que una nueva tendencia se apodera del mercado.

 

CONCLUSIÓN

    Al comienzo la iglesia era una comunidad en cuyo centro se encontraba el Cristo viviente. En Grecia, la iglesia llegó a ser una filosofía. Luego se trasladó a Roma y se convirtió en una institución. Luego pasó a Europa, donde se convirtió en una cultura.

    Por último vino a los Estados Unidos, y se convirtió en “un sector económico respetable”. La iglesia debe comenzar por ser la iglesia.

“Os saludan todas las iglesias de Cristo” (Romanos 16.16).