SE BUSCAN HOMBRES QUE

Hogar Cristiano

 

Se buscan hombres

Texto: Ezequiel 22.30

 

    En la lección anterior abordamos brevemente algunas de las pruebas a las que es sometido el hogar en general. En esta lección analizaremos las responsabilidades de los esposos y de los padres en particular; hablaremos acerca de las esposas y de las madres en la siguiente lección.

 

    Hace mucho tiempo Dios dijo: “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé” (Ezequiel 22.30; Jeremías 5:1). Los hijos de Israel habían pecado gravemente, y la destrucción era inminente. Dios dijo que él había buscado hombre que levantara vallado, que cerrara la brecha, pero tal hombre no fue hallado.

 

    Una de las más grandes necesidades de cualquier sociedad es la de la clase correcta de hombres —la de hombres piadosos, la de hombres devotos, la de hombres valientes, la de hombres que den un paso adelante y tomen el liderazgo— pero tal clase de hombres no puede ser hallada. “Busqué... hombre... pero no lo hallé”.

 

    Hay congregaciones en que se tienen varios programas que se han acordado llevar, y en muchas veces las mujeres responden más positivamente que los hombres de dichas congregaciones.  Ellas llevaban a cabo la mayor parte de la visitación; ellas cuidaban de los enfermos; ellas tenían clases acerca de cómo ser mejores esposas y madres. Nos preocupaban nuestros jóvenes y les hacíamos planes especiales a ellos, diciendo: “Ellos

son los líderes del mañana”. Lo anterior es cierto y bueno —pero, ¿y qué de los líderes de hoy día, los hombres? Mientras los hombres de una congregación no se entusiasmen por el Señor ni trabajen para éste, cualquier programa de trabajo que la congregación emprenda se verá paralizado.

¿Qué clase de hombres necesita la sociedad, la iglesia y el hogar?

 

SE BUSCAN HOMBRES QUE SEAN CRISTIANOS —VERDADEROS CRISTIANOS

    En primer lugar, necesitamos hombres que sean cristianos —verdaderos cristianos.

Hubo quien dijo, bromeando, que en el cielo no se casarán ni se darán en casamiento (Mateo 22.30), porque no va a haber suficientes hombres allí. Por supuesto que esa no es la razón, pero entiendo lo que se quiso decir. He conocido demasiados esposos, los cuales parecieran pensar que la letra de cierto gran himno antiguo es: “Toma mi esposa, y deja que ella, se consagre, oh Señor, a ti”. (El himno en realidad dice: “Toma mi vida, y déjala ser”) Un predicador conocido mío, dijo que la iglesia tiene demasiados “cuñados”. Fue su manera irónica de referirse a los maridos cuyas esposas eran cristianas, sin serlo ellos.

 

    Si usted es hombre, pero no es Cristiano, yo le animo con todo mi ser a que llegue a ser esto último también. Le animo a hacerlo, antes que todo, para que su propia alma sea salva. La justicia de otra persona no puede ser el fundamento de su salvación. Pablo recalcó que “cada uno de nosotros dará cuenta a Dios de sí” (Romanos 14.12).

 

    Se cuenta la historia imaginaria de un hombre que no era cristiano, el cual tuvo un sueño. En el sueño, él murió y fue a las puertas del cielo. Cuando trató de entrar, el guarda de la puerta le dijo: “¿Quién eres?”. “Estoy seguro de que conocen a mi esposa”, dijo el hombre. Dio el nombre de ella y comenzó a explicarle al guarda acerca de la forma como su esposa asistía a la iglesia, estudiaba, oraba, trabajaba y ayudaba a los demás. Habló de cuán buena cristiana fue ella. “Pero no puedes entrar en el cielo porque tu esposa haya sido una buena cristiana”, le dijo el guarda. El hombre protestó:

“Pero mi esposa vivió la vida cristiana en mí lugar y asistió a la iglesia en mi lugar”. “Pues bien”, le dijo el guarda, “ahora ella ha ido al cielo en tu lugar”. Es usted, estimado lector, el que debe llegar a ser cristiano para que su alma sea salva.

 

    Si usted es padre, también debe llegar a ser cristiano para poder ayudar a salvar las almas de los miembros de su familia. Aunque usted no se percate de ello, su influencia como padre es inmensa— ya sea para bien, o para mal. Puede que usted no se oponga abiertamente a su esposa ni frustre deliberadamente los esfuerzos de ella por hacer el bien; pero por simple omisión, usted puede estar deshaciendo la influencia positiva que, de otro modo, ella podría ejercer en sus hijos. La influencia de los hombres es subrayada en toda la Biblia en pasajes tales como 2 Timoteo 2.2, en el cual Pablo le dice a Timoteo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”. (Énfasis nuestro).

 

    Es por mi preocupación por usted, y por su familia, que yo quiero hablarle tan llanamente como pueda: Sin Cristo, usted jamás podrá ser el hombre que debería ser. Usted jamás podrá ser el esposo que debería ser. Jamás podrá ser el padre que debería ser. Jamás podrá ser la clase correcta de influencia.

 

    Una vez se le preguntó a Platón: “.Qué es un hombre?”. Este respondió: “Un animal de dos patas y sin plumas”. ¿Será el hecho de que los animales tienen cuatro patas y usted dos, lo único que le distingue de los animales? ¿Es usted diferente de las aves, tan sólo porque ellas tienen plumas, y usted no? ¡Por supuesto que no! En realidad, usted es superior a los animales porque Dios le dio un alma inmortal (Eclesiastés 12.7). Si se da cuenta de esto, ¿vive usted tomando en cuenta que su alma comparecerá un día ante Dios para ser juzgado (Apocalipsis 20.11-45)? Usted jamás podrá ser lo que un hombre debe ser, mientras usted no sea cristiano.

 

Platón fue un filósofo de la antigüedad.  Cita atribuida a Platón en: Herbert y. Prochnow and.  Herbert V. Prochnow, Jr., A Dictionary of Wit, Wisdom, and Satire (Un diccionario de entendimiento, sabiduría y sátira) (New York: Popular Library, 1962), 172.

 

SE BUSCAN HOMBRES QUE SEAN PADRES —VERDADEROS PADRES

    En segundo lugar, necesitamos hombres que sean padres, verdaderos padres. Habrá algunos que argumenten: “Pero yo soy un padre”. Yo estoy usando la palabra en el sentido completo que le da la Biblia. EI sólo hecho de tener un hijo en su casa no le convierte en padre, como tampoco el tener un libro en su casa le convierte en autor.

 

    La Biblia descarga una gran responsabilidad en los que son padres: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6.4; énfasis nuestro). Muchos piensan que la responsabilidad de tomar la iniciativa de enseñarles a los hijos el bien, es de la madre, pero esto no es así. Este es trabajo del padre. El padre es el primero, ye! que mayormente dará cuenta de la manera como sus hijos se hayan criado.

 

    Dios dijo de Abraham: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio” (Génesis 18.19a). Dios confió en Abraham que éste iba a ser el líder espiritual de su hogar. ¿Puede Dios tener la misma confianza en usted?

 

    Cuando pronunció su grandioso discurso de despedida de los israelitas, Josué dijo:

 

Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová (Josué 24.15; énfasis nuestro).

 

    Josué pudo hablar en representación de toda su familia. ¿Por qué? Porque estuvo dispuesto a cumplir con sus responsabilidades de padre.

 

    Para ser esa clase de padre se requiere de tiempo. Desde el momento cuando mi primera hija nació, una de las primeras metas que perseguí, fue tomarme todo el tiempo necesario para criar a mis hijos de modo tal que llegaran a ser cristianos fieles. He visto a demasiados predicadores, los cuales estaban tan ocupados ayudándoles a otros que descuidaron a sus propias familias y como consecuencia perdieron a uno a varios de sus hijos para el Señor. Cuando miro en retrospectiva, puedo decirle que el arte de ser padres no es fácil. Todo padre debe batallar para poder hallar el tiempo (o hacer el tiempo) que necesita para estar con sus hijos. Ese tiempo es esencial.

 

    Yo entiendo que usted está ocupado. Puede que usted se vea abrumado por todas las responsabilidades que la vida le ha amontonado sobre sus hombros, pero no sacrifique a sus hijos en el altar del triunfo y de los logros. Judas vendió a su Señor por treinta monedas de plata. Cuando él se dio cuenta de lo que había hecho, “salió, y fue y se ahorcó” (Mateo 27.5b). Hoy día, muchos padres están vendiendo a sus hijos para tener una casa más grande, un mejor auto, una posición más influyente. ¿Cómo se sentirán cuando al final se den cuenta de lo que han hecho? Una adaptación de las conocidas palabras de Jesús sería la siguiente:  Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere a su hijo? ¿O qué recompensa dará el hombre por sus hijos?” (Vea Mateo 16.26).

 

SE BUSCAN HOMBRES QUE SEAN LÍDERES —VERDADEROS LÍDERES

    En tercer lugar, se necesitan hombres que sean líderes —verdaderos líderes. Con lo anterior no me refiero necesariamente a líderes públicos. Más bien, necesitamos hombres que estén dispuestos a tomar el liderazgo en los asuntos espirituales, ya sea en público o en privado.

 

    Dios ha establecido que son los hombres los que deben estar a la cabeza. El Espíritu Santo precisó los requisitos que deben llenar los que han de ser ancianos u obispos; y esos requisitos reducen estos puestos al ámbito de los hombres (1 Timoteo 3.2; Tito 1.6), Cuando el Nuevo Testamento habla de las reuniones que la iglesia hace para adorar, dice que en ellas las mujeres deben “guardar silencio” (1 Corintios 14.34) y que no deben “ejercer dominio sobre el hombre” (1 Timoteo 2.12).

    Cuando pensamos en las grandes figuras de la Biblia, a menudo recordamos a hombres destacados. Noé es el ejemplo de la valentía y la obediencia. Abraham es el gran ejemplo de la fe. Job se yergue como ejemplo de la paciencia. José nos da el ejemplo de una vida pura. El optimismo de Caleb sería difícil de superar. David nos enseña acerca del confiar en Dios. Después de la resurrección de Jesús, Pedro ejerció un dinámico liderazgo. En cuanto al trabajo arduo, ¿quién podría dar un mejor ejemplo que Pablo?

NOTA:  Hay padres que justifican esto diciendo: “Oh, esas no son las razones por las que trabajo todas las horas del día y de la noche. Lo estoy haciendo para que mis hijos tengan una mejor vida que la que yo tuve.” El resultado al final es el mismo: Están descuidando a sus hijos.

 

    No me malentienda: Yo no estoy diciendo que no se menciona a grandes mujeres en la Biblia. Hay algunas que, tal vez, sobrepasaron los ejemplos masculinos que he citado. Lo que estoy diciendo es que, como regla, fue a hombres a quienes Dios eligió para que ejercieran el liderazgo. Dios desea que los hombres brillen en los caminos del servicio y la utilidad; Dios desea que los hombres vean qué es lo que debe hacerse y se aseguren de que se haga.

 

    Cuando dio razones por las que las esposas deben estarles sujetas a sus esposos, Pablo dijo: “Porque Adán fue formado primero, después Eva” (1 Timoteo 2.13). También escribió que el varón no “fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón” (1 Corintios 11.9).

 

    La Biblia enseña que, desde el punto de vista de las Escrituras y por naturaleza, el hombre debe ejercer el liderazgo; el no hacerlo es incorrecto, no es bíblico y no es natural. Desconozco por qué Dios lo organizó de tal manera. Me he preguntado si Dios dio esta instrucción porque la tendencia natural del hombre ha sido la de “dejar que sea otro el que se encargue de hacer las cosas”. (He notado que en las organizaciones de servicio, donde los miembros son igualmente hombres y mujeres, los hombres están a menudo dispuestos a dejar que sean las mujeres las que ejerzan el liderazgo—y las que hagan la mayor parte del trabajo). Cualesquiera que sean las razones, la Biblia es clara en el sentido de que los hombres deben ser los líderes espirituales —en la iglesia y en sus hogares.

 

   ¡Cuán a menudo descuidan los hombres este aspecto! Tomen en cuenta lo que concierne a la asistencia a la iglesia: He visto hombres llegar hasta el edificio de la iglesia, donde dejan bajarse del auto a su esposa e hijos, para después irse a su casa a pasar otro domingo sin Dios.

 

    El siguiente titular de noticias apareció en un periódico de Corpus Christi, Texas: “La madre en la iglesia, el padre dormido, el niño muerto”. Se trata de una noticia acerca de un niño de corta edad, al cual dejaron en casa con el padre, mientras la madre asistía a los servicios de la iglesia. En lugar de cuidar del hijo, el padre se durmió, y el pequeñín se introdujo en un tanque de agua y se ahogó. La verdadera tragedia es que, en un nivel espiritual, esta escena se repite en miles de hogares cada domingo por la mañana. Mientras la madre está en la iglesia, el padre está dormitando, y los niños están muriendo espiritualmente —pues la madre no los puede criar ella sola.

 

 

NOTA:-Los ejemplos que les doy, son maneras como los hombres algunas veces omiten ejercer el liderazgo en la parte del mundo donde yo vivo. Usted debe dar ejemplos que sean característicos de la parte del mundo donde usted viva.

 

    Considere el aspecto de la enseñanza e instrucción en el hogar. Ya hemos hecho notar que la Biblia descarga esta responsabilidad de lleno en los hombros del padre (Efesios 6.4). A pesar de esto, hay niños que jamás oyeron sus nombres ser mencionados en oración por los labios de sus padres.

 

    ¿Y qué del trabajo para el Señor? Las mujeres llevan sobre sus hombros multitud de responsabilidades. En algunas congregaciones, si no fuera porque las mujeres visitan, les ayudan a los demás y tratan de alcanzar a los perdidos, tales tareas necesarias, sencillamente no se harían.

 

    Tengo amigos varones a los cuales les molestaba el “movimiento de liberación de la mujer”. Se quejaban de que las mujeres estaban “usurpando el liderazgo del hombre”. Al mismo tiempo, nadie los veía que alguna vez ejercieran el liderazgo en campo alguno. Es cierto, hay hombres a los que les gustaría que las mujeres hicieran exactamente lo que ellos dicen, pero ellos jamás aceptaron las responsabilidades dadas por Dios que entraña el hecho de ser hombres.

 

    Un artículo que hace reflexionar, el cual se titulaba “Por qué cayó Roma?”, apareció hace algún tiempo en el Oklahoman and Times, un periódico de Oklahoma City. He aquí un fragmento tomado del artículo:

 

El Dr. Maurice E. Linden, un prominente siquiatra de Filadelfia, ha hecho un llamado en favor de la “restauración del liderazgo masculino” en los Estados Unidos.

Dijo en una conferencia de prensa, que los Estados Unidos, al igual que la Roma de la antigüedad, está pasando por un “proceso hedonista de ceder a la prosperidad”.

La prosperidad romana llevó a cambios en el papel de las mujeres, afirmó. Ellas llegaron a ser poderosas y agresivas a expensas de los hombres... Le llamó a este fenómeno el comienzo de la caída del Imperio Romano.

 

    Tengo la sospecha de que el Dr. Linden estaba en lo correcto. Somos demasiados los hombres que deseamos gozar de los privilegios de ser hombres sin aceptar las responsabilidades que conlleva tal condición. Que Dios le ayude a todo padre a tomar el lugar que le pertenece como líder del crecimiento espiritual de su familia.

 

CONCLUSIÓN

    No hemos agotado la lista de requisitos que deben llenar los hombres de Dios. Algunos han compilado la siguiente lista de “Los diez hombres más buscados”:

  1. El hombre que le da más importancia a los negocios de Dios, que a cualquier otro negocio.
  2. El hombre que trae a sus hijos a los servicios, en lugar de enviarlos.
  3. El hombre que está dispuesto a ser el ejemplo correcto a toda persona que conoce.
  4. El hombre que piensa más en su clase de Biblia que en su sueño del domingo por la mañana.
  5. El hombre que da su ofrenda según ha prosperado, y no según lo que encuentra en sus bolsillos.
  6. El hombre que asiste a los servicios de adoración para agradar a Cristo y no para agradarse a sí mismo ni a nadie más.
  7. El hombre que se apasiona por ayudar y no por buscar ser ayudado.
  8. El hombre que mira sus propias fallas antes que las fallas de los demás.
  9. El hombre que tiene una mente dispuesta, en lugar de una mente brillante.
  10. El hombre que está más preocupado por ganar almas para Cristo, que por ganar la honra que le pueda dar el mundo.

 

    La invitación que le hago es a que “Seamos hombres”. Cuando David le daba sus recomendaciones finales a Salomón, su hijo, le dijo:  ... esfuérzate y sé hombre” (1 Reyes 2.2b; énfasis nuestro). En primera de Corintios 16.13, se da la siguiente exhortación: “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos” (Énfasis nuestro).

 

    Que Dios nos ayude a los hombres a comportarnos como hombres —a ser los primeros en llegar a ser cristianos. Seamos los primeros en acercar más a nuestros hogares al Señor. Seamos los primeros que se ocupan de todo lo que es bueno y recto.

 

    El título de esta lista se deriva del hecho de que las agencias de policía, algunas veces distribuyen una lista de “Los diez criminales más buscados”. Esta lista espiritual de “Los diez más buscados”, fue impresa en los boletines de las iglesias hace algunos años, con la nota de que el autor es anónimo.

 

    Si usted termina su sermón con alguna invitación al bautismo, o a ser restaurados al servicio cristiano fiel, primero estimule a todos los hombres presentes a responder al Señor en lo que sea que ellos tengan necesidad. Luego amplíe su invitación para incluir a todos los presentes.

 

SUPLEMENTO:

 

Un llamado para hombres

    En el London Times, allá por 1920, apareció el siguiente anuncio en un pequeño cuadro:

Se buscan hombres:

    Para un peligroso viaje. La paga es mala, el frío es penetrante, se pasan largos meses en completa oscuridad, el peligro es constante, no se garantiza el regreso. Habrá honores y reconocimientos en caso de que se llegue a feliz término.

Sir Ernest Shackleton

 

    El anuncio no incluyó ningún incentivo, sólo la firma de un famoso explorador de la Antártida. De todo Inglaterra, llovieron respuestas y ofertas.

 

    Hoy día Jesús está llamando a hombres y a mujeres que estén dispuestos a hacer cualquier sacrificio que sea necesario. “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16.24).

Tomado de “The Geraldine Voice”, boletín semanal de la 25Th and Geraldine church

en Oklahoma City, Oklahoma

 

Hombres también

    Una noticia publicada en el Houston Post, contaba acerca de un hombre joven de treinta y ocho años, el cual había muerto dejando esposa y cuatro hijos. Lo que hizo que esta noticia se destacara fue que el joven padre y esposo había muerto de poliomielitis, una enfermedad que pudo haberse prevenido, si él hubiera atendido la advertencia de las autoridades médicas. Su amor por su familia le motivó a insistir en que todos los miembros de ésta fueran vacunados contra la poliomielitis, pero él no creyó necesario vacunarse él mismo. Creía que era sólo para mujeres y niños.

 

    Esta tragedia, tan grave como ella es, no es mayor que la del hombre que cree que la religión es solamente para mujeres y niños.

 

Tomado del boletín semanal de la iglesia de Yukón, Oklahoma