EL CAMINO DE LA SABIDURÍA

   ¿Por qué a menudo la adversidad trae la frustración y el ¿ desánimo, roba nuestra felicidad? Quizá porque permitimos estar rodeados por una perspectiva estrecha de la vida. Muchas veces nos fijamos en las cosas del aquí y del ahora en vez de poner la mira en las cosas de arriba como sugiere Pablo en Colosenses 3.1 - 2. Las Escrituras usan un vocablo para expresar tal perspectiva: sabiduría.

 

    ¿Qué es la sabiduría? Primero, es un atributo de Dios. Vemos exhibida la sabiduría de Dios, mientras él revela la gloria de su carácter y bondad, en contra del fundamento de un mundo maligno. Pablo escribió: ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! (Romanos 11.33).

 

   Con la sabiduría, Dios realiza sus propósitos y lleva a cabo el bien para todo creyente (Romanos 8.28). Las Escrituras también describen la sabiduría como necesaria para todo creyente, no solamente para los líderes y ancianos. Como marinero sin sus mapas de navegación, no podemos guiar el curso de una vida que glorifique a Dios sin tener la sabiduría divina. Afortunadamente, Dios da sabiduría a quienes se la piden, facilitándonos el conocerlo y vivir en armonía con sus planes.

 

   Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios (Colosenses 1.9- 10).

 

   La sabiduría nos da la capacidad de mirar la vida desde la perspectiva de Dios.  Mientras “crecemos en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3.18), seguimos poseyendo “la mente de Cristo”. Podemos entonces, ver nuestras circunstancias desde el punto de vista de Dios y actuar apropiadamente. Sin esta sabiduría, no podemos navegar en este mundo de una manera que satisfaga a Dios.

 

    Las Escrituras definen la sabiduría “como la habilidad de comprender el propósito, los principios, la perspectiva y el entendimiento”. Además es la habilidad de aplicar los principios de Dios en las situaciones cotidianas: “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre” (Santiago

3.13).

 

    La perspectiva (la humildad de la mansedumbre) y las acciones (las buenas obras de entendimiento) son las dos características del creyente sabio. La sabiduría se fundamenta en el temor reverente a Dios y en el deseo de conocerlo. El comprender se basa en la obediencia y la acción en la vida verdadera actual: “He aquí que el temor del Señor es la sabiduría. Y el apartarse del mal, la inteligencia” (Job 28.28).

 

    El salmista refuerza la distinción de Job: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos, su loor permanece para siempre.” (Salmos 111.10). Demostramos sabiduría y entendimiento cuando convertimos principios escriturales en respuestas bíblicas para tratar con las circunstancias particulares de nuestra vida

 

    Si esperamos perseverar en la sabiduría, también debemos identificar su enemigo implacable. La vida de Salomón demuestra que aun la persona más sabia puede hacerse necia e insensata si deja de andar con Dios. Aunque le fue dado, “sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar” (1 Reyes 4.29). En sus últimos años, “hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová” (1 Reyes 11.6). Las Escrituras dicen que este pecado es la necedad. Las dos causas de la necedad son: la rebelión contra Dios y la ausencia de la presencia de Dios en nuestra vida. Cuando los israelitas se rebelaron, Dios los describió de este modo: “Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron” (Jeremías 4.22).

 

    Aquí está el juicio divino de Dios acerca del necio: (1) sin entendimiento de él, (2) sin entendimiento para andar en sus caminos, e (3) inhabilidad para hacer el bien. No tenemos que buscar mucho para hallar ejemplos de esto en nuestra cultura hoy en día, pero la rebelión no es la única senda que lleva a uno a la necedad; sencillamente el no hacer caso de la presencia de Dios, también puede llevar a una persona a tomar decisiones necias. Elifaz, el amigo de Job, lo retó diciéndole: “,Oíste tú el secreto de Dios. Y está limitada a ti la sabiduría?” (Job 15.8).

 

    También necesitamos considerar las inquietudes de Elifaz. El no buscar la perspectiva de Dios en la compra de algo, en la selección de un libro ó una película, la reacción inadecuada ante las sorpresas de la vida, exponen una falta de entendimiento. Muy a menudo, tomo decisiones, planifico actividades, gasto tiempo y dinero, ó enseño sin dejar que el consejo de Dios me guíe.

 

    ¿Qué debemos hacer cuando nos encontramos inmersos en la necedad? Necesitamos escuchar las amonestaciones de la vida, prestar atención a la corrección de nuestros amigos y tener presente la Escritura (Proverbios 15.31 - 32). Los que crecen en sabiduría no se distinguen por la ausencia del fracaso, sino por la humildad y por consentimiento de acuerdo con la auto evaluación, amonestación, disciplina y adversidad. Las Escrituras señalan varias etapas prácticas que Dios ofrece para adquirirla sabiduría y conocimiento: