Siete deudas que tenemos para con nuestros padres

Texto: Efesios 6.1-4

 

 

    En esta serie, hemos estudiado el hogar en general. Hemos analizado la relación entre el esposo y la esposa. Hemos tratado la relación entre los padres y los hijos, recalcando la responsabilidad de los padres. En esta última lección, quiero tratar las responsabilidades de los hijos. Echémosle una mirada a “Siete deudas que tenemos para con nuestros padres”.

 

    Hay algunos que dirían que nosotros no les debemos nada a nuestros padres. En una película de hace algunos años, un padre insistía en que a él se le debía algún respeto. Su hijo adulto respondía que él no le debía nada a su padre. Decía que él no había pedido venir al mundo, como su padre era el responsable de su venida, éste le debía todo a él.

 

    La perspectiva bíblica no es tan unilateral. Aunque recalca que los padres le deben mucho a sus hijos —porque son los responsables de que hayan venido a este mundo— también recalca que los hijos les deben algo a sus padres. Si no fuera por los padres, el hijo no estaría vivo. El regalo de la vida es un regalo especial.

 

    Así, Efesios 6.1-4, le hace un llamado a los dos, a los padres y a los hijos:

Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.

 

    Hay algunos padres cuyo comportamiento da a entender que, para ellos, sólo sus hijos tienen responsabilidades. Hay algunos hijos cuyo comportamiento da a entender que, para ellos, sólo sus padres tienen responsabilidades. Ni una ni otra actitud son correctas. Ya hemos visto cómo los padres tienen la responsabilidad de cuidar de sus hijos, y de instruirlos. ¿Qué les debemos a nuestros padres por esto?

 

NUESTRO AGRADECIMIENTO

    Cuando Pablo habló acerca de cómo la gente se apartó de Dios, él incluyó la siguiente señal de cuán impíos se habían vuelto: “Ni le dieron gracias...” (Romanos 1.21).

Si hay alguien con quien debemos estar agradecidos, es con nuestros padres. Ya he mencionado el regalo de la vida. Nuestros padres también nos han amado, y han cuidado de nosotros.

NOTA: El énfasis primordial de esta presentación es en los hijos que todavía viven en el hogar, los que se encuentran bajo la autoridad de sus padres. En la última sección de la lección, no obstante, se hace una aplicación general a los “hijos” de todas las edades.

 

 

    Bergen Evans pronunció un discurso en una ceremonia de graduación de la Penn State University. Él sabía que le estaba hablando a un grupo de jóvenes que no agradecían el progreso que la generación anterior a la de ellos había logrado

—jóvenes que culpaban a sus progenitores de los males de este mundo. En su discurso, les hizo ver que los padres de la generación de él habían aumentado la esperanza de vida al nacer, habían reducido la jornada de trabajo, a la vez que aumentado el producto interno per cápita, y les habían dado a ellos un mundo más saludable que aquel al cual sus padres llegaron.  Les habló de los sacrificios hechos por la generación de sus padres y los de la generación anterior, y cómo esas generaciones habían tomado la determinación que la vida debía ser mejor para sus hijos.

 

    Les dijo a sus oyentes: “Fue porque ellos dieron lo mejor de si, que ustedes son la generación de los más altos, los más saludables, los más inteligentes, y, es probable que los mejor bien parecidos que hayan habitado esta tierra”. Les recordó que gracias a los esfuerzos de sus padres ellos trabajarían menos horas, aprenderían más, tendrían más tiempo para el entretenimiento, viajarían a lugares más distantes, y tendrían mayor oportunidad de obtener lo que más ambicionaban en esta vida.

 

    Concluyó con esta idea: “Si su generación puede lograr tanto progreso como el que estas dos generaciones han logrado, ustedes deberán ser capaces de resolver una buena cantidad de los problemas de la tierra que aun persisten... Pero no será tarea fácil. Y no lo lograrán pensando negativamente, ni destruyendo, ni menospreciando. Lo podrán lograr mediante el trabajo arduo, la humildad y la fe en la humanidad”.

 

    Nuestros padres no nos trajeron a un mundo perfecto. Después de todo, este mundo está echado a perder por el pecado (Génesis 3.17-18). No obstante, tomada como un todo, la tierra no es un mal lugar, en el cual vivir mientras nos preparamos para la eternidad. Las generaciones que nos precedieron merecen un poco de reconocimiento.

 

NOTA: La prueba más grande de que cada uno de nosotros tiene valor es el hecho de que Dios nos ama y dio a su Hijo por nosotros. En otras palabras, tenemos valor, sea que algún otro ser humano jamás exprese aprecio por nosotros o no. No obstante, la Biblia enseña que debemos expresamos nuestro agradecimiento unos a otros. (Vea, por ejemplo, Efesios 1.16; 1 Tesalonicenses 5.12).

 

 

    Según los sicólogos, una de las necesidades fundamentales de los hombres, es la necesidad de sentir que ellos tienen valor, la necesidad de ser reconocidos. La Biblia está de acuerdo con esta afirmación.  ¿Está usted agradecido con sus padres? ¿Está usted agradecido con todo lo que ellos han hecho por usted? ¿Les dice usted a ellos que está agradecido con ellos?

 

NUESTRO RESPETO

    Les debemos a nuestros padres nuestro respeto —no porque siempre están en lo correcto, sino sencillamente porque son nuestros padres. Esa verdad fundamental fue recalcada mucho tiempo atrás en los Diez Mandamientos: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Éxodo 20.12). La palabra “honrar” abarca el respeto y todo lo que va incluido en éste. Cuando el mandamiento fue repetido en Levítico 19.3, se leyó de esta manera: “Cada uno temerá a su madre y a su padre”. (Énfasis nuestro).

 

    El mandamiento incluía este maravilloso beneficio para los hijos obedientes: “que tus días se alarguen”. Los días de ellos se alargarían porque no se les daría muerte por causa de la desobediencia (tal como lo veremos en un momento). Los días de ellos se alargarían también porque aprenderían buenos hábitos que aumentarían su tiempo de vida. Lo más importante es que los días de ellos sea alargarían porque estarían obedeciendo a Dios, y Dios los bendeciría.

 

    La instrucción fundamental dada a los hijos, respecto a sus padres, fue repetida y ampliada en Deuteronomio 5.16:

Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.

 

    En aquella ocasión, Moisés recalcó que este era un mandamiento inequívoco de Dios. La bendición que le acompañaba también fue ampliada. La promesa general era que le iba a ir bien al que así hiciera. Al niño que aprende el respeto en su hogar, le va bien en la vida: Sea varón o mujer, llegará a ser un mejor estudiante, un mejor cónyuge, un mejor padre y un mejor empleado o patrono.

 

    En Deuteronomio 27, cuando Moisés daba instrucciones para la renovación del pacto, cuando los israelitas estaban entrando a la Tierra de Promisión, este mismo mandamiento fue incluido —pero en forma negativa: “Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre” (verso 16a).

 

    En el Nuevo Testamento, cuando el joven rico vino a Jesús, preguntando acerca de lo que debía hacer para heredar la vida eterna, Jesús repitió varios de los diez mandamientos, incluyendo el que dice: “honra a tu padre y a tu madre” (Lucas 18.20). El joven pudo decir: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud” (verso 21).

 

    La necesidad de que se respete a los padres es tan fundamental, que el mandamiento es repetido palabra tras palabra, como parte del Nuevo Testamento de Jesús: “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Efesios 6.2-3). ¿Cómo podemos mostrarle respeto a nuestros padres?

 

1)      Les mostramos respeto (o la ausencia de éste) a nuestros padres, en la manera como les hablamos. En Isaías 45.10 hallamos este extraño versículo: “Ay del que dice al padre: ¿Por qué engendraste? y a la mujer: ¿Por qué diste a luz?!”. En la KJV se lee: “Ay del que le dice a su padre: ¿Qué engendraste?!” (Énfasis nuestro). La Biblia Viviente hace la siguiente paráfrasis: “Ay del bebé que acaba de nacer y le grita de modo chillón a su padre y a su madre: ¿Por qué me hicieron? ¿Es que no pueden hacer nada bueno?!”. En el contexto, el escritor estaba hablando de la actitud del hombre hacia su Creador, pero este versículo describe gráficamente el irrespeto de un joven que culpa a sus padres de todo.

 

    Según la ley del Antiguo Testamento, aquel que maldecía a su padre o a su madre, debía ser apedreado hasta morir (Éxodo 21.17; Levítico 20.9; Proverbios 20.20; vea también Proverbios 30.11). Si ese mandamiento se cumpliera en ciertos lugares hoy día, la población se reduciría considerablemente.

2)      También mostramos respeto (o la ausencia de éste) en la manera como hablamos acerca de nuestros padres. Cuando Cam vio la condición deplorable de su padre,9 él fue maldecido (Génesis 9.20—25).

3)      Nosotros mostramos respeto (o la ausencia de éste) hasta en la manera como actuamos; no son necesarias las palabras para ser irrespetuoso. En Proverbios 30.17 se habla de “El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre”, pidiendo que “los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila”. Cuando leo esto, puedo imaginarme al adolescente protestando, después de haber sido reprendido: “.Qué fue lo que dije?” —y al padre respondiendo: “No fue lo que dijiste. Fue la manera como revolviste tus ojos”.

    Según el Antiguo Testamento, al hijo que de alguna manera maltrataba a sus padres era “causa de vergüenza y... oprobio” (Proverbios 19.26). Al hijo que golpeara a sus padres se le hacía morir (Éxodo 21.15). Podríamos hacer una larga lista de las maneras como los hijos pueden mostrar respeto —o la ausencia de éste— a sus padres.

 

    Cuando el profeta Miqueas habló acerca de cuán malas eran las condiciones espirituales de su tiempo, él dijo: “Porque el hijo deshonra al padre” y “la hija se levanta contra la madre” (Miqueas 7.6). Les debemos respeto a nuestro padres.

 

NUESTRA OBEDIENCIA

    El obedecer a nuestros padres se relaciona estrechamente con el imperativo de respetarlos. La desobediencia de los hijos a los padres es un problema perenne. Cuando Pablo estaba describiendo la decadencia de los hombres de su tiempo, él incluyó estos síntomas: “soberbios, altivos,... desobedientes a los padres”.

Hace algunos años, Eleanor Roosevelt  escribió en su columna diaria de periódico: “Podría ser alentador para muchos de nosotros, que nos preocupamos acerca del estado de nuestro mundo y particularmente de nuestra juventud, el recordar que los problemas de hoy día han existido por largo tiempo”.” Luego, citó lo siguiente: “Nuestra tierra se ha degenerado en estos últimos días; el soborno y la corrupción son comunes; los hijos ya no obedecen a sus padres; hay señales de que se está acercando el fin del mundo”.’2 Luego dio a conocer que estas palabras provenían de una lápida asiria, inscrita cerca del 2,800 a.C.

 

    La señora Roosevelt hizo otra cita: “Los hijos aman hoy los lujos, tienen malos modales, desacatan la autoridad. Los hijos son hoy tiranos, no siervos de sus hogares. Contradicen a sus padres, parlotean delante de las visitas, se engullen los bocadillos a la mesa, tiranizan a sus maestros”.” Estas palabras fueron escritas por Platón tres siglos antes de Cristo, citando a Sócrates de la Grecia antigua. La enseñanza de Efesios 6.1, es sencilla y directa: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo”. ¿Debemos obedecer a nuestros padres porque ellos siempre son justos? No, sino porque “esto es justo”. El ser obedientes es la forma justa de vivir. La frase: “en el Señor”, tiene que ver con nuestra relación con el Señor, con el hecho de ser usted cristiano. Si tanto usted como sus padres son cristianos, eso hace que su relación sea doblemente especial. Aun si sus padres no lo son, usted debe obedecerles, pues esta es la voluntad de Dios. “Esto es justo”.

 

   En Colosenses 3.20, Pablo añadió una o dos ideas más: “Hijos obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor”. La frase: “en todo” significa: “en todo lo que no sea directamente contrario a la voluntad de Dios” (vea Hechos 5.29). El hijo que haga esto, dijo Pablo, agradará a Dios. Jesús fue el propio hijo de Dios; pero siendo él adolescente, continuó estando sujeto a José y María (Lucas 2.51).

 

    La mayoría de la gente coincide en que es necesario guiar a los niños de corta edad. Serían pocos los niños (si es que habría alguno) que sobrevivirían para llegar a la edad adulta, a menos que alguien les impidiera salir a las congestionadas carreteras y jugar con fuego. Puede que a los adolescentes no les parezca que ellos todavía necesitan ser guiados, pero sí lo necesitan.

 

    ¿Qué significa obedecer a los padres de uno? ¿Significa que los niños hacen lo que los padres dicen, después de que éstos los han regañado una y otra vez? No, la verdadera obediencia significa que el hijo responde prontamente, con alegría, incluso anticipando lo que se le va a pedir. Eso es lo que Dios desea, y tal comportamiento es un gozo para todo padre.

 

    A Dios le preocupa que los hijos obedezcan a los padres —no solamente por el efecto que esto tenga en el hogar solamente, sino también por el efecto que tiene en la sociedad entera. Edward L. Kast escribió:

 

Cuando los hijos dependen de los padres y les obedecen por largos períodos, ellos aprenden una de las cosas más importantes que deben aprender, y esta es el confiar en otras personas y el confiar en Dios. Si un hijo no aprende a confiar en sus padres, su capacidad para confiar en otros es dañada severamente... En la sociedad humana nada es más obvio que la necesidad intrínseca de que los hijos obedezcan a sus padres.

 

    Kast señalaba que la desatención a la responsabilidad de cuidar de sus hijos, por parte de los padres, no es más justificable que la desatención a la responsabilidad de los hijos, de obedecerles. El lanzó la siguiente pregunta: “Por qué debería alguien obedecer a otro?”, y dio esta respuesta:

 

“la sociedad es un esfuerzo humano cooperativo, y ¿cómo puede la sociedad funcionar si nadie honra ni cumple con los demás dentro de un limite razonable de autoridad? Cuando, en una sociedad, es frecuente ver que los hijos les desobedecen a los padres, todos los historiadores sacan sus lápices y sus cuadernos de notas y comienzan a escribir acerca del declive y caída de esa sociedad”.

Las consecuencias que los hijos desobedientes causan en la sociedad se refleja en esta sorprendente ley que Dios les dio a los hijos de Israel:

 

Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere; entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva; y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá (Deuteronomio 21.18-21).

 

    El Nuevo Testamento (el pacto bajo el cual estamos) no nos enseña que hay que matar a los hijos si no obedecen a sus padres, pero el mandamiento del Antiguo Testamento es un vívido recordatorio de la importancia que tiene el que los hijos obedezcan a sus padres.

 

    Los padres no siempre son justos, pero si a ellos realmente les preocupan sus hijos, es probable que serán justos más a menudo que injustos. Adolescente, si usted tiene padres que cuidan de usted lo suficiente como para ponerle restricciones, ¡déle gracias a Dios por tales padres! Les debemos a nuestros padres nuestra obediencia.

 

NUESTRA COMPRENSIÓN

    Otra de las “deudas” que mencionaré, se relaciona estrechamente con las del agradecimiento, el respeto y la obediencia; pero es lo suficientemente importante como para ser tratada por separado. La deuda que sigue en la lista es la de la “comprensión”. Les debemos a nuestros padres toda la comprensión compasiva de la que somos capaces de darles.

    En una lección anterior, hicimos notar que a los esposos se les exhorta a vivir con sus esposas “sabiamente” (1 Pedro 3.7).15 Este no es mal consejo para todas las relaciones entre los miembros del hogar. Debemos tratar de comprendernos unos a otros.

He oído adolescentes quejarse: “Mis padres no me comprenden”. Muchos de estos jóvenes parecen no estar conscientes de que la comprensión es un proceso de doble vía.

Si usted es un adolescente, ¿ha considerado la posibilidad de que la más grande falta de comprensión sea la que está de su lado? Después de todo, sus padres fueron jóvenes una vez. Ellos conocen qué es ser adolescente y qué es ser adulto. Por otro lado, usted sólo conoce qué es ser adolescente. Puede que usted desee que su padres y su madre vean su punto de vista, pero ¿cuánto tiempo pasa usted tratando de ver el punto de vista de ellos?

 

    Hay algunos que dicen que el ser un adolescente es difícil hoy día —y eso es cierto. El criar adolescentes también es difícil. Adolescentes, ¿han tomado en cuenta que sus padres están envejeciendo y están más vulnerables a la fatiga? ¿Han tomado en cuenta las crisis por las que ellos están pasando en el mundo de los negocios? ¿Ha pensado cuán difícil puede ser para ellos “poder pasarla con lo que tienen” en una economía como la de hoy? ¿Está usted consciente de que su madre puede estar pasando por la menopausia o que su padre puede estar batallando con la “crisis de media vida”?

 

    Algún autor desconocido expresó jocosamente la necesidad de que los adolescentes comprendan a sus padres en un artículo titulado: “Seis pasos para llevarse bien con los padres”:

  1. No temas hablar el idioma de ellos. Trata de usar frases que suenen extraño, tales como: “Te ayudaré lavando los platos” y respuestas afirmativas tales como un “Sí”.
  2. Trata de entender la música de ellos. Pon a sonar la “Serenata Claro de Luna” de Glenn Miller, hasta que te acostumbres al sonido de ésta.
  3. Ten paciencia con el bajo rendimiento de ellos. La próxima vez que sorprendas a tu mamá comiendo galletitas de cacahuete cuando debía estar a dieta, no dejes ver tu desaprobación. Dile que le gustas tal como está.
  4. Alienta a tus padres a hablar acerca de los problema de ellos. Trata de tener presente que a ellos, cosas tales como el ganarse la vida, y el pagar la hipoteca de la casa, les parecen importantes.
  5. Sé tolerante de la apariencia de ellos. Cuando a tu papá le quede corto el pelo después de hacérselo cortar, no te sientas humillado en lo personal. Recuerda, es importante para él parecerse a los de su edad.
  6. Lo más importante de todo: si ellos hacen algo que te parece errado, hazles saber que no son ellos, sino el comportamiento de ellos lo que te disgusta. Recuerda que los padres necesitan que se les recuerde que son amados.

 

NUESTRA COOPERACIÓN

    Les debemos a nuestros padres toda la cooperación que esté a nuestro alcance darles. Los padres tienen responsabilidades sobrecogedoras. En la Primera de Timoteo 5.8, dice que “Si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”. En Efesios 6.4, a los padres se les manda criar a sus hijos “en la disciplina y amonestación del Señor”. Dios les ha dado a los padres la responsabilidad de proveer para sus familias, tanto en lo material como en lo espiritual, y algún día tendrán que dar cuenta de su mayordomía (1 Corintios 4.2). Debemos hacer más llevadera su abrumadora tarea.

 

    Con respecto a la responsabilidad de ellos de proveer para nosotros en lo material, no debemos quejamos cuando no tenemos todo lo que nos gustaría tener. Con respecto a la responsabilidad de ellos de proveer para nosotros en lo espiritual, debemos ser cooperativos. Cuando ellos tratan de criamos “en la... amonestación del Señor”, seamos educables. El sabio escribió: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre; porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello” (Proverbios 1.8-9). También dijo:

 

Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre,

Y no dejes las enseñanzas de tu madre;

Átalos siempre en tu corazón,

Enlázalos a tu cuello.

Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán;

Hablarán contigo cuando despiertes

(Proverbios 6.20-22).

 

NOTA: Los padres tienen la obligación primordial de enseñarles a sus hijos, pero las madres pueden y deben ayudar en esta tarea.

 

 

    El comparar a ornamentos las instrucciones de sus padres es una manera pintoresca de decir que si usted atiende a las instrucciones de ellos, usted tendrá una hermosa vida.

 

    Muchos pasajes recalcan la importancia de ser receptivos: “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones” (Proverbios 4.20); “Retén el consejo, no lo dejes; guárdalo, porque eso es tu vida” (Proverbios 4.13). Adolescentes, si sus padres están tratando de enseñarles lo que es correcto, denle gracias a Dios por ellos.

 

    Edward H. White fue uno de los tres astronautas que murió, cuando Apolo 1 explotó en Cabo Kennedy el 27 de enero de 1967. Anteriormente, él había expresado lo siguiente acerca de sus padres:

 

Cuando yo era muchacho, no creo haber tenido un mayor interés en la fe que la mayoría de los jóvenes. Pero tuve padres que sabían comunicar sus propias creencias en términos que yo pudiera entender. Mi hermano Jim y mi hermana Jean y yo, jamás tuvimos dudas acerca de la posición de nuestros padres en cuestiones de religión. La Biblia de nuestro hogar no era un libro que estuviera todo el tiempo en un estante; estaba a mano para ser usado. La iglesia no era una actividad de temporada; el ir a la iglesia el domingo era parte del ritmo de vida tanto como el lavar la ropa el lunes.

 

    Nuestros padres deben criamos “en la disciplina... del Señor”. Reiterándolo, debemos ser cooperativos. “El necio menosprecia el consejo de su padre; más el que guarda la corrección vendrá a ser prudente” (Proverbios 15.5; vea también 12.1). Cuando mis padres me disciplinaban, era porque me amaban y deseaban que yo creciera hasta llegar a ser un cristiano fervoroso.

 

    El escritor de Hebreos declaró que “el Señor al que ama, disciplina” (12.6a). Luego estableció un paralelo entre nuestro padre celestial y nuestros padres terrenales: “Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos” (verso 9a). Luego hizo esta observación general sobre la disciplina: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza [casi me parece oír a los niños y a los adolescentes diciendo: ‘Amén’ a esto], pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (verso 11).

Adolescentes, si a sus padres les preocupan ustedes lo suficiente como para disciplinarios, dé gracias por eso también. Les debemos a nuestros padres nuestra cooperación.

 

EL SER LOS MEJORES HIJOS

    Les debemos a nuestros padres el ser los mejores hijos e hijas que podemos llegar a ser. No importa cuánto les hayamos dicho a nuestros padres que los respetamos, sino vivimos justamente, estaremos siendo irrespetuosos. Cuando los hijos de Jacob fueron injustos, esto fue lo que Jacob les dijo: “Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra,...” (Génesis 34.30). Los matrimonios fracasados de Esaú “fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca” (Génesis 26.35; vea también 27.46). Citamos Deuteronomio 21 anteriormente. ¿No le parece a usted que se expresaba cierto dolor en las voces de los padres cuando reconocían: “Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho” (Deuteronomio 21.20)?

 

    El más grande cumplido que les podemos hacer a nuestros padres es el llegar a ser cristianos —verdaderos cristianos con convicción y fe propias— y luego el vivir la vida cristiana poniendo el mejor empeño del que somos capaces. Debemos ser lo mejor que podemos mientras seamos jóvenes. “Aun el muchacho es conocido por sus hechos” (Proverbios 20.lla). Debemos ser lo mejor que podemos cuando lleguemos a la vejez. Debemos ser lo mejor que podemos, aun si nuestros padres ya han muerto; debemos ser fieles a la memoria de ellos. Debemos ser lo mejor que podemos ser, aun si nuestros padres no son (o no fueron) cristianos. Si ellos todavía viven, podemos ganarlos para Cristo por medio de nuestro ejemplo (1 Pedro 5.1-4). Si ya no viven, todavía les haremos un cumplido al ser fieles a lo que nosotros sabemos que es la verdad.

Les debemos a nuestros padres el ser lo mejor de lo que somos capaces.

 

NUESTRO CONTINUO AMOR

    Por último, les debemos a nuestros padres nuestro continuo amor y preocupación por ellos durante todo el tiempo que vivan. Algunas de las verdades que he presentado en esta lección se aplican primordialmente a los hijos que todavía viven en casa con sus padres (y especialmente a los adolescentes), pero muchas de las enseñanzas se aplican a todos nosotros durante todo el tiempo que vivamos. Mientras estemos vivos, les debemos a nuestros padres nuestra gratitud, nuestro respeto, nuestra comprensión compasiva, y nuestro mejor empeño en ser los mejores hijos e hijas que podemos llegar a ser.

 

    Nuestro comentario final se dirige primordialmente a los que ya somos adultos. Debemos continuar externándoles el respeto debido a nuestros padres así como nuestra preocupación por ellos por el tiempo que ellos vivan. Debemos hacer esto con palabras —palabras dichas cara a cara, palabras habladas por el teléfono, palabras escritas en una carta. También debemos hacer esto con hechos.

 

    Una parte de este amor tiene que ver con cuidar de nuestros padres a medida que envejecen. Anteriormente me referí a 1 Timoteo 5.8: “Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”. Yo apliqué ese pasaje a los padres—y creo que esa aplicación general puede hacerse— pero debemos entender que en su contexto, el pasaje enseña que el hijo adulto debe cuidar de sus padres a medida que estos envejecen.

 

    Una vez que Jesús les enseñaba a sus discípulos, algunos escribas y fariseos vinieron a su presencia, preguntando: “Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos?” (Mateo 15.2a). La siguiente fue la respuesta que Jesús les dio:

 

¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas,... (versos 3-7).

 

    Los escribas y fariseos creían que ellos podían evitarse las obligaciones para con sus padres con sólo decirles: “Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte” (Marcos 7.ll b). Corbán es una palabra hebrea que significa: “lo que se lleva cerca”; se usaba para referirse a una ofrenda. El tesoro del templo era llamado corbanas.

 

Al decir esta palabra [Corbán] como parte de un voto religioso, un judío irresponsable podía formalmente dedicarle a Dios (esto es, al templo) las ganancias que de otro modo podrían haberse empleado en el sostenimiento de sus padres. El dinero, no obstante, no necesariamente tenía que dedicarse a propósitos religiosos. El formulismo de decir Corbán era simplemente una manera de burlar la clara responsabilidad de los hijos para con los padres, tal como ésta había sido ordenada en la ley. Los maestros de la ley sostenían que el juramento Corbán era vinculante, aun cuando se pronunciaba a la ligera.

NOTA: Este pasaje también se refiere a los hijos adultos que cuidan de otros familiares de mayor edad.

Corbanas es la palabra que se traduce por “tesoro en

Mateo 27.6.

 

    Jesús condenó la tradición de los hombres, porque un hombre no puede “honrar” a su padre y a su madre sin, a la vez, estar preocupado por el bienestar de ellos a medida que envejecen. Batsell Barret Baxter escribió:

 

No habrá suficiente asistencia a la iglesia, ni suficiente apoyo financiero para ésta, ni moralidad tan estricta que pueda excusarlo a uno del deber de honrar sus padres.

Una de las tragedias de nuestra supuestamente iluminada era, es la forma como hemos olvidado y descuidado a los padres de esta sociedad. La ciencia médica ha prolongado el ciclo de vida, de modo que la población que pasa de los sesenta y cinco años de edad ha continuado aumentando. Pero la ciencia médica no puede resolver el problema humano de los ancianos abandonados, olvidados y desatendidos. La solución para este problema humano es el despertar de nuestras conciencias, lo cual es algo que se logra mediante nuestra relación con Jesucristo.

 

CONCLUSIÓN

    Proverbios 28.24, habla del terrible pecado de robarle uno a su padre. Jamás seríamos culpables de tan atroz crimen, diríamos —pero, ¿qué tal si no les damos a nuestros padres lo que les debemos? ¿Qué tal si no les damos nuestra gratitud, nuestro respeto, nuestra obediencia, nuestra compresión compasiva ni nuestra cooperación? ¿Qué tal si no somos los mejores hijos que podemos llegar a ser? ¿Qué tal si no les damos nuestro continuo amor ni cuidamos de ellos por el resto de sus vidas? ¿No les habremos robado de algo que es mucho más precioso que el oro?

 

    Terminemos esta serie de lecciones con una oración:

 

Dios, te alabamos por haber instituido el matrimonio y el hogar. Te damos gracias por la bendición que éstos han significado en nuestras vidas. Ahora te pedimos que nos ayudes a ser la clase de esposos y padres, de esposas y madres, y de hijos que deberíamos ser. Es por nuestra insensatez que dependemos de ti para que nos des sabiduría. Es por nuestra impaciencia que dependemos de ti para que nos des la capacidad de resistir. Es por nuestra debilidad que dependemos de ti para que nos fortalezcas. Que seas glorificado en todos nuestros hogares. En el precioso nombre de Cristo, Amén.