Los tres rudimentos del arte de criar hijos

Texto: Proverbios 22.6

 

 

    Una maestra de una clase bíblica para niños de cinco años terminó su clase temprano) Le pidió a sus estudiantes que hicieran reposar sus cabezas sobre la mesa y que “pensaran en algo bonito”. Ella luego le preguntó a cada niño ya cada niña qué era aquello bonito en lo cual habían pensado. Una niña dijo: “Creo que estoy embarazada”. La maestra, perpleja, le preguntó de dónde había sacado ese bonito pensamiento. La pequeña niña respondió: “Esta mañana, cuando mami vino a desayunar, ella dijo: Creo que estoy ...embarazada, y papi dijo:  Ese es un bonito pensamiento”.

 

    La noticia de que un bebé está en camino es “un bonito pensamiento” pero también es un pensamiento que asusta. Muchos que están en camino de ser padres, se sienten como Manoa, el padre de Sansón, cuando él le pidió a Dios que hiciera volver a su mensajero para que le enseñara lo que había de hacer con el niño que había de nacer (Jueces 13.8).

Podríamos mirar muchos pasajes de la Biblia para saber qué hacer por nuestros hijos, pero en esta lección nos concentraremos en Proverbios 22.6. En nuestra última lección estudiarnos Deuteronomio 6, para conocer “El plan maestro de Dios para la crianza de los hijos”. En este estudio, querernos edificar sobre ese fundamento.

 

    Muchos estamos familiarizados con Proverbios 22.6: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Vamos a descubrir en ese texto “Los tres rudimentos del arte de criar hijos”. Cuando algunas escuelas se apartaron del enfoque en los tres rudimentos de la educación, los niños de esas escuelas no aprendieron a leer. Si los padres descuidan “Los tres rudimentos del arte de criar hijos”, los resultados serán aun más desastrosos.

 

LA RESPONSABILIDAD

    El primer rudimento es la “responsabilidad”:

Como padres que somos, nosotros tenemos la responsabilidad de enseñarles y darles instrucción a nuestros hijos (vea Deuteronomio 6.3-7; Efesios 6.4). En el texto que nos ocupa, esa responsabilidad se recalca con estas palabras: “Instruye al niño”. Las palabras clave de esta frase son: “instruye” y “niño”.

 

    Echémosle primero una mirada a la palabra “instruye”: ¿Qué significa instruir al niño? Las definiciones de la palabra española incluyen ideas como las que siguen:

1)      hacer que crezca del modo que se desea (tal como la parra en el enrejado);

2)      formar mediante la instrucción, la disciplina y los ejercicios;

3)      prepararse (por ejemplo, mediante los ejercicios) para una prueba de habilidad. Así, hablamos de hacer crecer una parra, adiestrar a un animal, o entrenar para un evento atlético.

 

    Incluso una consideración de la palabra española, sugiere que se requiere de tiempo y esfuerzo para la instrucción. Por lo tanto, debemos entender que es necesario dedicar tiempo y esfuerzo para instruir a nuestros hijos, sea que estemos hablando de instruirlos para que sirvan al Señor, o de instruirlos en asuntos prácticos, tales como el hacer su cama y el colgar sus ropas.

    Debe hacerse una distinción entre decir, enseñar e instruir. Decir es bueno; enseñar es mejor, pero instruir es lo óptimo. ¿En qué difieren estos tres? Permítame ilustrarlo: Su hijo entra a la casa y cierra de golpe la puerta. (Digamos que éste se llama Juanito). Usted le dice: “Juanito, por favor no cierres de golpe la puerta”. Eso es decir. Tal vez usted se toma el tiempo para explicarle por qué usted no desea que él cierre de golpe la puerta: “es un duro trato para la puerta y es un duro trato para mis nervios”. Eso es enseñar. ¿Qué tal si usted decide que ha llegado el momento de que Juanito rompa el hábito de cerrar de golpe la puerta? Puede que usted le diga que de ese momento en adelante, cada vez que él cierre de golpe la puerta, él tendrá que salir, volver a entrar, y cerrar suavemente la puerta —veinticinco veces. Si usted cumple con ese requerimiento y es consecuente con éste, eso será instruir.

 

    La palabra inglesa “instruir” tiene muchos significados, pero la palabra hebrea de la que se traduce “instruir”, tiene muchos más significados todavía. La palabra que le dio origen es la misma que se usa para referirse a “el paladar, el cielo de la boca, las encías”. En la forma verbal, es la palabra que se usaba para “domar”, el hacer que obedeciera un caballo mediante el uso de una cuerda atada a su boca. El término también se usaba para describir la acción de una partera, la cual, inmediatamente después de un parto, mojaba su dedo en un jugo de dátiles exprimidos y luego lo metía en la boca del recién nacido, le masajeaba las encías y el paladar, con el fin de crearle una sensación de sabor y así llegara a tener sed. Luego ponía al bebé en brazos de su madre. La palabra también se usaba a veces para describir la práctica (antes de que existiera el alimento para bebés preparado industrialmente) de la madre, de masticar previamente el alimento para su hijo, con el fin de que éste pudiera aprender a comer alimento sólido. Por último, el término vino a significar: “dedicar, consagrar”. Cuando se refiere a los niños, la palabra hebrea de la que se traduce “instruir”, incluye el conocer en qué etapa de su desarrollo debe encontrarse el niño —y hacer todo lo necesario para hacerlo alcanzar esa etapa.

 

    Luego, consideremos la palabra “niño”, pues a veces se malentiende este término. La palabra hebrea, de la cual se traduce “niño”, no se refiere simplemente a un niño de muy corta edad. La palabra se usa en 1 Samuel 4.21 para referirse a un niño recién nacido y en 1 Samuel 1:27, para dar a entender un chico recién destetado. La misma palabra se refiere en Génesis 21.16, a un niño de una edad justo antes de la adolescencia; en Génesis 37.2, se refiere a un muchacho de diecisiete años; y en Génesis 34.19, a un joven listo para casarse. De modo que, la palabra se aplica a todas las edades que tengan un hijo o hija, mientras se encuentre bajo el mismo techo de sus padres, desde la infancia hasta que llega a ser un joven adulto.

 

    Teniendo presente todos los significados de las palabras “instruir” y “niño”, podemos ver lo que nuestra responsabilidad de “instruir al niño”, requiere:

1)      El instruir al niño requiere de conocimiento. Entre otra información necesaria, debemos tener conocimiento del “producto final” deseado. También debemos saber cómo alcanzar esa meta.

2)      El instruir a nuestros hijos requiere de tiempo. Como ya lo he dicho antes en esta serie, el hallar el tiempo necesario es la más grande dificultad que muchos padres enfrentan. Hace mucho tiempo, un siervo dio como excusa, por no haber cumplido con la responsabilidad de vigilar a un prisionero, la siguiente: “Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció” (1 Reyes 20.40)7 Hay padres que la pasan “ocupados en una y en otra cosa”. Un día levantarán la mirada y hallarán que sus hijos habrán desaparecido —sin instrucción y sin preparación para la vida.

 

    No podemos hacer todo lo que conlleva el instruir a nuestros hijos sin tomarnos el tiempo necesario para ellos. Piense en esto: Tenemos a nuestros hijos por tan sólo un corto tiempo. Durante ese período de tiempo, pongamos en orden nuestras prioridades y apartemos tiempo para instruirlos. ¿No es cierto que cuando tenemos invitados a nuestras casas, por lo general reorganizamos nuestros horarios de modo que nada interfiera con la visita de ellos y las necesidades que puedan tener? ¿Deberíamos hacer menos por nuestros hijos? En 2 Corintios 12, Pablo comparó su amor por los corintios con el amor que los padres tienen por sus hijos (verso 14). Esto fue lo que añadió: “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas” (verso15a). Como padres que somos, debemos estar dispuestos a “gastar lo nuestro y a gastarnos nosotros mismos” por nuestros hijos.

 

3)      El instruir a nuestros hijos también requiere de paciencia. No es de la noche a la mañana que las parras siguen el enrejado; ni es de la noche a la mañana que se doman los animales; ni es de la noche a la mañana que los atletas se entrenan —ni es de la noche a la mañana que los niños se instruyen. Se nos manda a ser “pacientes para con todos” (1. Tesalonicenses 5.14d); sin duda que la palabra “todos” incluye a nuestros hijos.

 

Se podrían mencionar otras cosas que se requieren para instruir a nuestros hijos.8 Una de ellas, la sensibilidad, será analizada en la siguiente sección del estudio que nos ocupa.

 

EL RESPETO

    El segundo “rudimento” es el respeto. Hemos hecho énfasis varias veces en que el respeto es necesario para que haya hogares cristianos estables, y felices. El respeto es esencial para criar con buen resultado hijos que puedan arreglárselas en la vida.

Uno de los temas comunes en casi todo libro sobre el matrimonio y la crianza de los hijos, es el de la necesidad de que haya respeto. Ese mismo énfasis en el respeto se encuentra en la Biblia. Algunas de las palabras de la Biblia que sugieren este concepto, son “gloria”, “honor”, además de la misma palabra “respeto”.9 No se peca de exceso al recalcar la necesidad de que haya respeto entre todos los miembros de la familia:

 

    El padre debe respetar a la madre:1ª  Pedro les presentó a todos los esposos el desafío a “vivir con [sus esposas] sabiamente, dando honor a la mujer... como a coherederas de la gracia de la vida,...” (1 Pedro 3.7). El elogio a “la mujer virtuosa” de Proverbios 31, hace notar que el esposo de ella se levanta y “la alaba” (verso 28).

 

    La madre debe respetar al padre. Pablo dijo llanamente: “... y la mujer respete a su marido” (Efesios 5.33b). En la Primera de Pedro hay una larga sección sobre la actitud de esposa hacia el esposo no cristiano (1 Pedro 3.1-6). La sección comienza diciendo: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que... sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (versos 1-2; énfasis nuestro). Si una esposa cristiana debe ser respetuosa de su marido no cristiano, ¡cuánto más no deberá serlo una esposa creyente, de un marido creyente!

    Los hijos deben respetar a sus padres. El pasaje mejor conocido que se refiere a este respeto, se encuentra en Efesios 6: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (versos 1-3).

 

    Además, los padres deben respetar a sus hijos. Pablo les planteó este desafío a los padres: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6.4). La Biblia Viviente presenta la siguiente paráfrasis de la primera parte del versículo: “No estén continuamente castigando y regañando a sus hijos, enojándolos y resintiéndolos”. De nuevo, Pablo dice: “Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten” (Colosenses 3.21). La forma irrespetuosa como muchos padres tratan a sus hijos, quebrantan estos pasajes: Les dicen a sus hijos que son “tontos” o “perezosos”. Están constantemente echándoles en cara errores del pasado, a pesar del hecho de que ya castigaron a sus hijos por tales errores mucho tiempo atrás. Les hablan a los demás acerca de sus hijos de modo negativo. James Dobson dijo:

 

hacerlo sentirse inferior ni avergonzarlo delante de sus amigos. Jamás debe castigarse al niño a la vista de los que se alegren por ello. El niño no debe ser objeto de risa inmisericorde. Sus sentimientos más profundos y sus peticiones, aun si son insensatas, deben ser sinceramente tomados en cuenta. El debe sentir que sus padres realmente cuidan de él”.

 

NOTA: El respeto no dará buen resultado si se espera que se dé unilateralmente; debe operar en una corriente de doble vía. Una madre no puede exigirle a su hijo que la trate a ella dignamente, si ella no hace lo mismo con él. Ella debe ser bondadosa con el ego de su hijo, jamás deberá.

 

    El padre que desea que se le respete, debe mostrar respeto.

Por último, los hijos deben respetarse entre ellos. En el hogar debe esperarse y exigirse la actitud que sugieren los principios de Romanos 12.10: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal,... prefiriéndoos los unos a los otros”. Deben permitirse las diferencias de opinión, pero no el irrespeto. Los padres deben enseñarles primero el respeto hacia todos en el hogar, y luego el respeto hacia todos los hombres.

 

    El concepto de respeto es inherente a la segunda parte del texto que nos ocupa: “en el camino que él debe seguir”.  En algunas traducciones de la Biblia parece recalcarse que debemos criar a nuestros hijos en el camino correcto (esto es, el camino de Dios). Debemos instruir a nuestros hijos en el camino correcto; no hay duda de que esta verdad es parte esencial del mensaje general del versículo. El texto hebreo, no obstante, recalca una palabra que el texto inglés no recalca: recalca la palabra “su”. En el hebreo se lee literalmente: “en su camino”

  

    Tomémonos un momento para analizar estas tres palabras. La palabra “camino” es una palabra hebrea que sugiere la idea de “característica, manera o modo”. La palabra se usa en Proverbios 30.19, donde habla del “rastro del águila en el aire; el rastro de la culebra sobre la peña; el rastro de la nave en medio del mar;...”. La forma verbal de la palabra se usa en Salmos 7.12 y 11.2, donde habla de arqueros tendiendo sus arcos. La palabra “tender” se traduce de la forma verbal de la palabra “camino” de Proverbios 22.6. Así, la palabra “camino” de Proverbios 22.6, se refiere a la característica o manera del niño. Algunos le llaman a esto la “tendencia” del niño. Por lo tanto, la frase “en su camino”, significa “de conformidad con tales características, en cooperación con ellas, y de acuerdo a ellas”.

 

    Esto nos lleva a la palabra “su”: “en su camino”. El reto que cada niño le plantea a la habilidad del padre para criarlo, no está en obligarlo a convertirse en lo que deseáramos haber sido, ni en alentarlo a que haga realidad nuestros sueños. Más bien, nuestro reto está en instruir a cada niño de conformidad con “la composición básica de su temperamento y personalidad”.

 

    Son varias verdades las que se pueden inferir de esta parte del texto que nos ocupa. Estudiemos cinco de estas verdades:

1)      Cada niño es único; cada niño es diferente. En el pasado le he dicho a los padres que los hijos de ellos son “lienzos en blanco”, a la espera de que se pinte algo en ellos. La Biblia y la vida me han convencido de que he exagerado tal proposición. Cada niño nace con ciertas características y tendencias dadas por Dios. El Señor le dijo a Moisés: “Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?” (Éxodo 4.11; vea también Isaías 44.24). Incluso dentro de la misma familia, cada niño es único. Piense en las diferencias que había entre Caín y Abel, entre Esaú y Jacob, y entre Absalón y Salomón. ¿Es cada niño de su familia diferente de los demás? Usted sabe que así es.

2)      A todo niño debe respetársele su individualidad. Ser “diferente” no significa ser malo ni bueno, ni mejor ni peor; el que es “diferente”, simplemente es “diferente”. El hecho de que cada niño es único nos obliga a prestarle a cada niño atención individualizada. Es porque cada niño es único, que debemos evitar las comparaciones desfavorables. Es porque cada niño es un individuo, que debemos esforzarnos por ver las fortalezas de esa individualidad. Por ejemplo, el niño obstinado puede tener la capacidad de abrigar convicciones más profundas; el niño con más cambios de humor puede ser más creativo. Cualesquiera que sean las diferencias, a cada niño debe aceptársele tal cual él es.

3)      A cada niño debe instruírsele (criársele) teniendo presentes estas diferencias. A través de los años, he oído a los padres lamentarse diciendo:  Nosotros criamos a todos nuestros hijos del mismo modo, pero Juanito [o Susana] se echaron a perder. ¡No entendemos qué pasó!”. No es mi intención poner en tela de juicio la opinión de los padres, pero tal vez el problema sea que criaron a todos sus hijos “del mismo modo”. Hay algunos aspectos de la instrucción que no se pueden variar, pero hay otros que sí se pueden y se deben variar. Por ejemplo, no nos corresponde a nosotros variar los principios establecidos por Dios del bien y del mal, y no debemos tener favoritismos para con nuestros hijos. Por otro lado, podemos variar la forma como guiamos a cada niño “en su camino” y en el camino de Dios. Podemos maximizar las mejores características y reorientar las características menos aceptables. Podemos adaptar las recompensas y castigos a lo que funciona para cada hijo.

4)      Cada hijo merece nuestra comprensión. Debemos conocer a cada hijo individual, personal e íntimamente. Esto es esencial para hacerle ver que él nos importa, es esencial para poder disciplinario eficazmente y es esencial para poder instruirlo. ¿Cómo podemos aprender acerca de nuestros hijos? Hay libros que nos pueden ilustrar acerca de un grupo de edad en particular. El acordarnos de cómo era cuando teníamos esa edad puede ayudar. No obstante, no hay nada que pueda tomar el lugar del pasar tiempo, tanto tiempo de calidad como tiempo en cantidad, con nuestro hijo —haciendo cosas con él, observándolo — y, mientras estemos con él, siendo sensible con él.

 

    Para entender a nuestros hijos, Charles Swindoll sugirió, “que, por sí solo, el ingrediente más necesario es la sensibilidad. Un padre que es verdaderamente sensible con su hijo, por lo general tendrá poca dificultad para llegar a conocerlo”. Habló de un lema jocoso que los hijos le inventaron: “Las dietas son para gente que es gruesa... y están cansados de serio”. Luego agregó:

 

Hay otra grosura... mucho más seria que la grosura del cuerpo. Se trata de la grosura de los padres... el estar ausentes, no percatados, carentes de comprensión y percepción. En una sola palabra, se trata de la insensibilidad. Con la frase “grosura de los padres”, quiero dar a entender el problema común de no conectar con nuestros hijos, de la torpeza en la comunicación con ellos, de andar preocupados, de ser insensibles a la forma de ser de ellos y a sus necesidades.

 

SEGURIDAD

    La responsabilidad de criar un hijo puede causar temor. De hecho, entre más conciencia tenga uno de esa responsabilidad, más temor le causará ésta. Cuando miramos la condición del mundo y la cantidad de jóvenes que “se echan a perder” nos vemos en la necesidad de que se nos dé aliento. Así, nuestro tercer rudimento es la seguridad. El texto que nos ocupa nos da esperanza con la frase que dice: “cuando fuere viejo no se apartará de él”.

 

    Permítame recalcar lo que este pasaje no está diciendo: No dice que “cuando fuere viejo volverá a él”. Hay algunos que buscan consolarse con la idea de que una vez que el hijo la haya corrido, y esté demasiado decrépito como para poder seguir pecando, él volverá al camino que se le enseñó. Hay hijos que se extravían. Cuando así lo hacen, abrigamos la esperanza y oramos que, al igual que el hijo pródigo, sus recuerdos del hogar lo harán volver (Lucas 15). No obstante, esto no es lo que el pasaje enseña. La palabra hebrea de la que se traduce “viejo”, significa “tener vello en el mentón”. Una traducción literal significaría “el barbudo”. En lo personal, yo comencé a afeitarme varios años antes de que dejara mi hogar. En este pasaje, la palabra “viejo” se refiere a esa “indescriptible edad de la independencia”,  cuando un hijo está preparado para dejar el hogar. El pasaje recalca que cuando el hijo deja el hogar (y la influencia directa de sus padres), él no se apartará de la instrucción que le dieron. El pasaje no enseña que, silos padres han hecho bien su trabajo, va a ser imposible que el hijo se aparte de la enseñanza recibida. Eso significaría que, si él se aparta, los padres serían automáticamente culpables. Tal idea sería una variación de la doctrina antibíblica de la “imposibilidad de la apostasía” (vea i Corintios 10.12). Además, tal idea ie negaría el libre albedrío al hijo, dando a entender que el hijo no es responsable de su propia vida —una postura antibíblica (vea Romanos 14.12).

 

NOTA: lbíd., 65. Si se interpreta un pasaje bíblico, una pregunta que se debe hacer es esta: ¿Qué clase de literatura es esta? La poesía (tal como la de 105 Salmos) debe interpretarse como lenguaje poético. La literatura apocalíptica (tal como la del libro de Apocalipsis) debe interpretarse como lenguaje apocalíptico (esto es, lenguaje altamente simbólico). Así también, los proverbios son una clase especial de literatura y deben interpretarse como tal. Hablando de modo general, lo que los proverbios hacen, no es declarar verdades, sino ilustrarlas.

 

    Entiéndase que Proverbios 22.6, es un proverbio. Por su esencia misma, un proverbio declara una verdad general, pero no necesariamente, una verdad absoluta.  Lo mismo se puede decir de proverbios comunes. Por ejemplo, el proverbio que dice: “El que temprano se acuesta y temprano se levanta, será hombre sano, pudiente y sabio”, no es una verdad absoluta; el dormir bien y el levantarse temprano pueden contribuir a tales fines, pero no pueden garantizarlos.  Lo mismo se puede decir de Proverbios bíblicos: Un “hombre solícito en su trabajo”  tendrá mayor probabilidad, que uno que no sea solícito, de estar “delante de los reyes” (Proverbios 22.29), pero hay muchos hombres solícitos que jamás han estado, y jamás estarán, delante de los reyes.

 

    Aunque la influencia primordial en la vida de un hijo es la de los padres, hay otras influencias que también son importantes: la de otros miembros de la familia, los iguales del niño, y la sociedad en general. Estos factores, además de la instrucción de los padres y la personalidad propia del niño, se combinan para ayudar a determinar el curso de su vida.

 

    Después de haber demostrado lo que esta parte del texto no enseña, ¿qué es lo que sí enseña? ¿Qué es este mensaje de esperanza? Esta optimista declaración es de tres dobleces:

1)      Aunque hay muchas influencias que dejarán su huella en la vida del niño, no hay otra que sea tan importante como la suya. Los expertos en crianza de los hijos, coinciden en que “los padres son los modelos e instructores decisivos” de sus hijos, los cuales ejercen más influencia en éstos “que cualquier otra persona, factor, elemento o grupo”.

2)      La verdad general del pasaje es que si ponemos nuestro mejor empeño en la correcta instrucción de nuestros hijos, ellos no se extraviarán. Las probabilidades están a favor de ellos. Un escritor hizo una paráfrasis del texto con las siguientes palabras: “Adapte la instrucción de su hijo a las características y tendencias que Dios le ha dado; y cuando él llegue a la madurez, él no se apartará de la instrucción que ha recibido”.

3)      El pasaje recalca que un niño bien enseñado entra en un mundo hostil con muy buenas probabilidades a su favor, en contraste con el hijo no enseñado, el cual no tiene nada o tiene muy poco obrando a su favor.

 

    Una vez entendidas las verdades generales de Proverbios 22.6, podremos hacernos cargo con confianza de la empresa que representa la crianza de nuestros hijos. Dios dice que podemos hacerlo. El está de nuestro lado; ¡él estará con nosotros!

 

CONCLUSIÓN

    Una vez más he presentado la empresa de la crianza de los hijos, como una tarea para la cual se requiere de tiempo —de mucho tiempo. Entienda que sus hijos no estarán con usted para siempre. ¡El tiempo pasa tan rápidamente! Antes de que usted se percate, sus hijos se habrán ido. Un popular columnista escribió un artículo sobre esto, con el siguiente título: “Cuandó los hijos ya son adultos”:

 

Uno de estos días usted exclamará: “Chicos, ¿por qué no crecen de una vez y se comportan conforme a su edad?”. Y así será. O tal vez exclame: “Chicos, salgan y busquen algo en qué ocuparse,... y no tiren la puerta al salir”. Y así será.

Usted ordenará la habitación del chico, dejándola nítida y bien arreglada... en la basura, las calcomanías... las colchas, plegadas y allanadas.., los juguetes, colocados en los estantes... las perchas, en el closet... las mascotas, en su jaula. Y usted dirá: “Ahora deseo que todo se quede así”. Y así será.

 

Usted preparará la cena perfecta, con una ensalada que no habrá sido manoseada, y un pastel sin huellas de dedos en el lustre, y usted dirá: “Ahora tenemos una comida digna de comer acompañado”. Y usted se la comerá solo...

No más noches ansiosas dentro del sauna. No más arena en las sábanas, ni películas de Popeye en el baño. No más parches de pegar con plancha... ni amarras de zapato mojadas y llenas de nudos... ni botas ajustadas... ni bandas de caucho para las colas de caballo.

 

Imagínese un lápiz labial con la punta intacta. Sin niñera para la noche de año nuevo. El lavado de la ropa haciéndose una vez a la semana, Ante un biftec que no ha sido molido. Haciendo que le limpien sus dientes [un dentista] sin que haya un bebé en su regazo. Sin reuniones de padres de familia en la escuela. Sin coches de uso compartido. Sin radios a todo volumen. A nadie lavándose su cabello después de las once en punto de la noche. Teniendo usted su propio rollo de cinta adhesiva transparente.

 

Piense en ello. No más regalos de Navidad hechos con mondadientes y engrudo de biblioteca. No más besos llenos de cereal de avena. No más dientes de leche que canjear por regalos. No más risitas en la oscuridad. No más rodillas que sanar, ninguna responsabilidad.

Sólo una voz que dama: “iPor qué no te haces adulto?”.

Y en el silencio un eco que responde: “Ya lo soy”

 

NOTA:  Cita es de una mujer de los Estados Unidos, pero dondequiera que usted viva, usted puede captar la idea del artículo y escribir el suyo propio, sustituyendo con recuerdos de la niñez que les sean familiares a los miembros de su sociedad.

 

   ¡Es tan breve el tiempo que tenemos a nuestros hijos! Pareciera que fue ayer que mis tres hijas nacieron; pero ahora todas son adultas, se han mudado fuera de casa, y están formando sus propio hogares. Permítame invitarle a poner en práctica, mientras pueda, todo lo que sea necesario para instruir a sus hijos en su camino.., para que, cuando fueren viejos, no se aparten de él.  Fin.