El desacuerdo entre las parejas

Texto: Efesios 4.25-32

 

 

    Les hemos echado una mirada al hogar en general, y al esposo y a la esposa específicamente. Antes de pasar a otros aspectos que tienen que ver con el hogar cristiano, abordemos el que tiene que ver con la relación del esposo con la esposa. Esto podría hacerse de muchas maneras, pero esta vez abordaremos el tema desde una perspectiva inusual, centrándonos en “El desacuerdo entre las parejas”.

 

    Los esposos y las esposas a veces tienen desacuerdos, aun cuando se amen el uno al otro. Esta es una característica propia de las relaciones entre los seres humanos, y el desacuerdo en sí no es del todo malo. Ya alguien lo dijo: “Si dos personas siempre están de acuerdo, no hay necesidad de uno de ellos”. Incluso Pablo y Bernabé, a pesar de lo estrecha que era la relación entre ellos, una vez tuvieron “tal desacuerdo entre ellos, que se separaron” (Hechos 15.39). Cuando usted tiene opiniones diferentes de las de su pareja, debe comportarse de modo que nadie salga lastimado.

 

    Para poder saber cómo debe conducirse cuando tenga desacuerdos con su pareja, échele una mirada a Efesios 4.25-32. En este pasaje, Pablo usó la figura del vestido para ilustrar la nueva vida que debe caracterizar a los cristianos.1 Son dos clases de vestidos las que hay en el ropero de su vida: los repugnantes y los resplandecientes. Jesús es el que elige el vestuario suyo, por decirlo así, y extiende delante de usted el vestido que él desea que usted se ponga.

 

Nota: Note las palabras “despojaos” y “vestíos” en los versículos del 22 al 24.

 

    Este pasaje contiene muchas importantes verdades, pero nos limitaremos a analizar el tema que nos ocupa: cómo debe usted actuar cuando tiene desacuerdos con su esposo o esposa. Quiero sacar del texto bajo estudio siete sugerencias.2 En cada una de ellas, primero daré una breve versión de la sugerencia; luego, una versión más prolongada para explicarla.

 

SEAN FRANCOS (4.25)

    La versión breve de la primera sugerencia, en cuanto a los desacuerdos, es: “Sean francos”. He aquí la versión prolongada: Sean transparentes el uno para con el otro —con respeto, en bondad y en amor.

 

    Con estas palabras comienza el texto bajo estudio: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros” (verso 25). Podríamos hacer aquí una pausa para dar una lección contra la mentira; pareciera que está escasa la verdad hoy día. No obstante, por el momento nos ocuparemos de la relación entre el esposo y la esposa. La palabra “prójimo” se refiere literalmente a “uno que está cerca”; no hay duda de que nadie está más cerca de nosotros, tanto en lo físico como en lo emocional, que nuestros cónyuges.

 

    Pablo ilustró su instrucción con la figura del cuerpo humano. Elaboremos más esta ilustración. La mano derecha no trata de engañar a la izquierda. Si la mano izquierda tiene problemas, la derecha tratará de ayudarle —y se compadecerá de ella— y no tratará de engañarla en cuanto a la seriedad de la situación.

 

    Cuando tenemos desacuerdos entre nosotros, deberíamos ser abiertos y francos acerca de la cuestión. Jesús dijo que cuando alguien le haya lastimado, usted debe ir a esa persona y hablarle acerca de ello (Mateo 18.15). Si es usted el que ha lastimado a alguien, usted debe sentarse con esa persona y resolver el problema (Mateo 5.23-24). Las instrucciones del Señor se aplican en el hogar del mismo modo que en la iglesia.

 

    La manera como se haga esto es tan importante como el hacerlo. Debemos respetarnos unos a otros; pues, como Pablo lo recalcó: “somos miembros los unos de los otros”. Un miembro del cuerpo físico le tiene respeto a otro miembro del cuerpo. No solamente una mano no le miente a la otra, sino que también evita abusar de ella.

 

    El ser francos debe ir acompañado del ser amorosos y bondadosos. En el versículo 15, Pablo dijo que debemos hablar “la verdad en amor” (énfasis nuestro).

Sea franco —séalo amorosamente.

 

TENGA DOMINIO DE SÍ MISMO (4.26-27)

     La segunda sugerencia es: “Tenga dominio de sí mismo”. No pierda el dominio de su genio; cerciórese de que su vocabulario no sea letal.

 

    El versículo 26a dice: “Airaos, pero no pequéis”. Este versículo nos dice bastante acerca del enojo. El enojo no siempre es pecado. Hay momentos y lugares en los cuales el enojo cabe. La Escritura menciona el enojo de Dios (Números 25.4; Deuteronomio 9.8, 20; Jeremías 4.8; 12.13). En ocasiones, Jesús se enojaba (Marcos 3.5; Juan 2.13- 17; vea Mateo 21.12-13). A usted y a mí debería enojarnos el pecado; deberían enojarnos aquellos actos que destruyan a las personas en lo corporal y lo espiritual. No obstante, a la mayoría de nosotros parecen enojarnos situaciones que no deberían enojarnos. Nos quedamos de brazos cruzados ante crisis importantes, a la vez que nos ponemos furiosos por pequeñeces.

 

Podríamos traducir la primera parte del versículo 26, de la siguiente manera: “Y cuando estéis airados, no pequéis”. A menudo, cuando nos enojamos el uno contra el otro, lo que decimos y lo que hacemos es pecaminoso. Cierta mujer se encogió de hombros y dijo de sus arranques de ira:  Esa es mi manera de ser. Exploto y luego se me pasa”. Una amiga de ella, la cual fue objeto del mal genio de ella, más de una vez respondió: “Se puede decir lo mismo de una escopeta. Simplemente explota, y luego se le pasa. Pero ¡mira el daño que causa!”.

 

    Las palabras que se digan en los momentos de ira pueden ser cortantes, crueles y dañinas. Todos podemos recordar palabras crueles que se nos han dicho a nosotros, o acerca de nosotros, en el pasado—palabras que todavía nos duelen después de tantos años.

 

    Tome la determinación de que cuando usted entra en desacuerdo con su cónyuge, usted va a dejar la “artillería pesada” fuera de la batalla. Es probable que usted entienda lo que quiero decir con “artillería pesada”. Todos somos vulnerables; a todos se nos puede herir; y entre más conoce usted a una persona, mejor conocerá la manera de herirla. Cuando estamos enojados, tenemos la tendencia a echar mano de la “artillería pesada” —palabras llenas de rencor, acusaciones, recuerdos del pasado, los cuales sabemos que van a causar dolor nuevamente— y disparamos. Yo le ruego usted: No lo haga. Cuando usted está enojado, no peque.

 

    El versículo 27, añade: “ni deis lugar al diablo”. En la Biblia de Jerusalén se lee: “de otro modo le daréis pie al diablo”. Un esposo enojado o una esposa enojada es blanco fácil para Satanás. El enojo baja las defensas espirituales.

 

    Cuando usted detecta que se está enojando, y que está a punto de decir algo que no debería decir, lo mejor es que usted salga a dar una caminata y que no hable. Tómese un tiempo para “enfriarse”. Haga lo que sea necesario para evitar decir esas palabras pecaminosas de enojo.

 

Tenga dominio de sí mismo. Tenga cuidado de lo que dice.

 

NO DEJE PASAR EL TIEMPO (4.26)

    La tercera sugerencia es: “No deje pasar el tiempo”. No se aferre al enojo ni al resentimiento; resuelva los problemas de inmediato.

 

    Anteriormente aconsejábamos que el dar una caminata es mejor que el hacer comentarios que no deberían hacerse. Esto no significa que debamos llevarnos nuestros sentimientos de amargura con nosotros y darles vuelta en nuestras cabezas. En el versículo 31, Pablo dijo que debe quitarse de nosotros “toda amargura”. ¿Sabe usted cómo es que la gente se amarga? Es lo que sucede cuando se alimentan los motivos de queja, cuando nos los guardamos. Después de que se tranquilice, usted debe regresar y resolver la situación.

 

    El versículo 26, nos dice que debemos resolver nuestras diferencias inmediatamente: “Airaos pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”. No lo posponga para tres meses después; no lo posponga ni para el día siguiente. Pablo dijo: “No se ponga el sol sobre vuestro enojo”; encárguese de los desacuerdos ahora. Un esposo que conozco, dice que él y su esposa se han puesto de acuerdo en que no se irán a dormir, sino hasta que estén en paz. “Funciona”, dice ella. “Uno se pone de acuerdo en casi todo cuando ya son las dos o tres de la madrugada”.

 

    ¿Y qué se puede hacer cuando uno ha dejado que pasen meses, tal vez años, sin resolver el asunto? El pasaje todavía se aplica. No deje que el sol se ponga sobre su amargura el día de hoy. Ya no se puede volver al ayer para resolverlo, pero tampoco debe esperar un día más.

 

    El no dejar pasar el tiempo para resolver los asuntos, es la clave para superar las diferencias. Resuelva las situaciones desagradables tan pronto como sea posible, pero trate de resolverlas cuando las circunstancias son las más favorables. Pónganse de acuerdo en cuanto a la hora cuando hablarán. Asegúrese de que los dos tienen dominio de sus emociones. Oren juntos antes de centrarse en la cuestión. Comiencen por decirse lo que les gusta y lo que admiran el uno y del otro,  para que así su conversación no parezca un ataque personal.

 

No deje pasar el tiempo en las confrontaciones.

 

    NOTA: Esto es algo que se podría intentar cuando hay miembros de la congregación que no se pueden llevar bien entre ellos: Póngalos juntos en una misma habitación, y ¡no los deje salir sino hasta que lleguen a un acuerdo!

   Una frase que se usa actualmente en los Estados Unidos es: “Afirmarse el uno al otro”.

   Aborde los problemas de modo tal que el resentimiento no tome fuerza.

 

SEA POSITIVO (4.28)

    La cuarta sugerencia se relaciona estrechamente con la tercera: “Sea positivo”. Antes de señalar los problemas, tenga a mano algunas soluciones positivas.

 

    La primera impresión que se recibe del siguiente versículo del texto bajo estudio, es que parece un consejo general en el sentido de posponer lo malo y abordar lo bueno: “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad” (verso 28). Es probable que Pablo insertara este consejo para ilustrar lo que estaba pensando cuando dijo: “ni deis lugar al diablo” (verso 27). Si un ladrón decide no robar, el diablo todavía tiene de qué asirse en la vida de él. Necesita hacer algo positivo: “Trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno”. También, necesita concentrarse en sus motivos: “Para que tenga qué compartir con el que padece necesidad”. Visto a la luz de la anterior explicación, este versículo sugiere algunas aplicaciones prácticas, las cuales se relacionan directamente con los desacuerdos entre los esposos y las esposas.

 

    Muy a menudo, cuando creemos que estamos siendo francos y sinceros, todo lo que sabemos hacer, es expresar crítica. Esto es inaceptable. La crítica es fácil de expresar —cualquiera puede hacerlo. El proponer una solución positiva es una prueba mayor.

 

    Cuando predico sobre el tema, a menudo le pido a la audiencia que le eche una mirada al edificio en el que nos encontramos. Les pregunto:  ¿Cuántos creen poder destruir este edificio, de tener el equipo apropiado?”. Casi todo mundo levanta su maño. Luego les pregunto: “Cuántos se creen capaces de construir este edificio, comenzando a nivel del suelo —vaciar los cimientos, colocar la tubería y el cableado eléctrico, poner los ladrillos, todo lo que se necesita para construir una estructura así— de tener el equipo apropiado?”. Por lo general, algunas pocas personas levantan sus manos, pero no son muchos. Luego les explico la ilustración: Es más fácil destruir que construir.

 

    Se observa otra verdad en el versículo 28:  Cuando creemos que estamos siendo francos y sinceros, en realidad sólo estamos pensando en nosotros mismos. Uno de los grandes principios del versículo 28, es que pensemos en los demás. (Son muchos los que prefieren trabajar a robar, pero no lo hacen con el fin de dar). Es necesario hacer un examen de conciencia: ¿Me preocupo más por mí mismo que por mi cónyuge? Cuando se trata de cuestiones que afectan mi matrimonio y mi hogar, ¿me preocupo más por lo que yo deseo, o por lo que es mejor para mi familia?

    Sea positivo. Reflexione en las soluciones más que en los problemas.

 

USE DE TACTO AL HABLAR (4.29-30)

    La sugerencia número cinco es: “Use de tacto al hablar”. Tenga cuidado de lo que dice, y cómo lo dice.

    Es costumbre nuestra utilizar las mismas palabras una y otra vez cuando hablamos estando enojados, pues en nueve de cada diez veces” que los esposos y las esposas tienen problemas, se dicen palabras que no deben decirse. El versículo 29, comienza diciendo: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca” (verso 29a). La palabra del griego que se traduce como “corrompida” significa literalmente “putrefacta”. Esta es la palabra que los griegos utilizaban para referirse a los vegetales en estado de descomposición, o a la carne podrida.

 

    Me acuerdo de una extraña comida que un amigo y yo tuvimos en otro lugar, hace tiempo: El plato principal era carne cerdo rancia, la cual todavía tenía la piel adherida y le salían cerdas a ésta. Las verduras provenían de un montón de frutas y verduras podridas. El postre era de bananos podridos cocidos. Cada vez que describo esta comida (con más detalle del que lo he hecho aquí) puedo adivinar por las expresiones faciales lo que algunos están pensando: “Eso da asco, ¿por qué contará algo así?”. No es mi intención denigrar al que sirvió aquella comida; pudo haber sido la mejor que tenía. Mi intención es, más bien, señalar que si la idea de carne podrida, verduras podridas y fruta podrida les resulta repugnante, ¿cuánto más repulsiva puede resultarles la idea de las palabras podridas que les hablamos a otros? Es precisamente con nosotros mismos con quienes deberíamos sentirnos molestos, cada vez que recordemos las palabras podridas que les hemos hablado a nuestros esposos o esposas.

 

    ¿Qué clase de palabras deberíamos usar? Palabras que edifiquen, palabras que construyan:  la [palabra] que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (verso 29b). En la traducción de la Biblia de Phillips, se lee que debemos usar “buenas palabras... —palabras que sean apropiadas para la ocasión”.

 

    Debemos usar de tacto. El diccionario define la palabra “tacto” como: “Sensibilidad aguda para lo que es apropiado en el .trato con los demás, incluyendo la habilidad para hablar o actuar sin ofender”.’4 Me gusta esta definición: “Tacto es el arte de decir las cosas claramente y no por ello hacerse de enemigos”. El sabio escritor de los Proverbios, le llamó “blandas” a las palabras que se dicen con tacto. Estamos familiarizados con la manera como la Reina-Valera traduce Proverbios 15.1: “La blanda respuesta aparta la ira; mas las palabras ofensivas hacen subir el enojo”. En la NASB, se lee: “La respuesta bondadosa aparta la ira, pero la palabra áspera hace subir el enojo”.

 

    El texto bajo estudio enseña que debemos usar palabras que den “gracia a los oyentes” (Efesios 4.29c). “Gracia es algo que usted necesita, no algo que usted merece”. Nuestras palabras deben servirle de bendición a nuestros cónyuges, no de maldición. Ya alguien lo dijo: “Podemos lanzar rocas, o podemos lanzar rosas”.

 

    En el versículo 30, Pablo hizo una declaración, la cual invita a pensar: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. El primer capítulo de Efesios habla de ser sellados con el Espíritu Santo (1.13— 14). Cuando somos bautizados (sumergidos en agua), nosotros recibimos el Espíritu Santo como don de Dios (Hechos 2.38), y Dios pone su sello sobre nosotros. Nosotros le pertenecemos a El, y estamos bajo su protección. El hecho de pertenecerle a Dios, significa que cada vez que no nos comportamos como debiéramos, estaremos partiéndole el corazón al Espíritu de Dios. En el contexto, estaremos partiéndole el corazón al Espíritu de Dios cada vez que no hablamos como deberíamos. Apliquemos este principio específicamente a nuestro tema: Nosotros le partimos el corazón al Espíritu cada vez que no nos llevamos bien con nuestras esposas o esposos.

 

    ¿Qué significa la palabra “contristar”? ¿Cómo reacciona usted cuando se contrista? Tal vez usted se queje; tal vez gima; tal vez suspire;  tal vez derrame lágrimas. ¿Puede usted oír los quejidos, gemidos, suspiros, y ver las lágrimas que emanan del cielo cuando Dios ve la manera como algunos esposos y esposas se tratan el uno al otro?”

     Use de tacto al hablar. Hable sólo palabras que edifiquen, no palabras que destruyan.

 

QUE TODO QUEDE EN PRIVADO (4.31)

    La sexta sugerencia es: “Que todo quede en privado”. Cuide, todo cuanto sea posible, que sus desacuerdos se mantengan en privado. Redúzcalo al ámbito de su pareja y minimícelo; no lo maximice ni lo haga público.

 

    El versículo 31, es un resumen de todo aquello, de lo cual debemos despojarnos, si es que hemos de poder llevarnos bien con los demás: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”.

 

    Lo primero que menciona el pasaje es la “amargura”. La amargura es un resentimiento que tiene mucho tiempo de abrigarse; son golpes y heridas que se recuerdan vívidamente. Las personas se amargan al pensar en forma obsesiva en ofensas del pasado, al repasar una y otra vez los insultos y al abrigar rencores.

 

    Después de la Guerra Civil, el general Robert E. Lee visitó una hacienda del estado de Virginia. En el patio de enfrente había un gran árbol con señales de maltrato, sin hojas, y además quemado. La mujer a la cual visitaba le dijo: “Perdí a mi esposo y a mi hijo en la guerra. El árbol es un símbolo de mi amargura y enojo”. Lee la volvió a ver a ella, y le dijo: “Córtalo”. Hay esposos y esposas que tienen árboles de amargura que deberían ser cortados.

 

   El pasaje también menciona el enojo y la ira. Ya hablamos sobre éstos cuando tratamos el versículo 26, Pablo también dijo que debería quitarse la “gritería”. En el contexto, la “gritería” se refiere a levantar la voz al hablar o al gritar cuando se está enojado. En la NIV se lee “gritos de enojo”. Los esposos y las esposas no deberían gritarse el uno al otro con enojo, ni siquiera en privado, y mucho menos en público.

 

    Luego, el apóstol dijo que se quitara la “maledicencia”. Este término, el cual es una traducción de la palabra griega que se traduce literalmente como “blasfemia”, se refiere al hablar mal de otra persona, ya sea de Dios o de un ser humano. En la KJV se lee “malas habladurías”. Esta idea incluye la calumnia, el poner en ridículo y el sarcasmo. ¿Ha oído usted a un esposo o esposa burlarse de su cónyuge en público? Puede que las bromas hagan reír, pero también producen cicatrices.

 

    Por último, Pablo añadió: “y toda malicia”. Subraye la palabra “toda”: Debemos despojarnos de cualquier malicia de cualquier clase. En la NEB’9 se lee “sentimiento maligno de cualquier clase”. Esto incluye el lastimar a otros por despecho. Todos estos términos tienen que ver con el que hagamos público, o no, nuestro enojo cada vez que estamos molestos con nuestros cónyuges.

 

    La última vez que usted fue a la farmacia, ¿tomó consigo su ropa sucia? ¿No cree que sería extraño el que alguien entrara a la farmacia con un gran bulto de pantalones, camisas y calcetines apestosos —y lo vaciara en medio de ella? Hay esposos y esposas que llevan su “ropa sucia” a todo lugar donde van, “vaciando” sus molestias con sus cónyuges a todos los que los escuchen.

 

   Que todo quede en privado en la medida de lo posible. Trate de resolver sus diferencias entre usted y su cónyuge estando a solas.

 

DEJE TODO LIMPIO (4.32)

    La séptima y última sugerencia es: “Deje todo limpio”. Cuando el desacuerdo ha pasado, ayude a dejar todo limpio, mediante el comportarse como cristiano.

Si los esposos y las esposas siempre siguieran las instrucciones del versículo 32, no habría problemas de larga duración entre ellos: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. Este es uno de los primeros versículos que nuestros hijos aprenden en las clases bíblicas. ¡Qué vergüenza es que, a medida que crecemos, o se nos olvida, o por lo menos le prestamos menos atención a los principios que el pasaje encierra!

 

    Las palabras de Pablo nos invitan a “ser benignos unos con otros”. En el corazón de toda persona debería haber una etiqueta que diga: “Frágil, manéjese con cuidado”. Debemos ser “misericordiosos”, tener compasión unos a otros. El versículo también nos invita a perdonar: “perdonándoos unos a otros”. Note cuál es la base para tener esta actitud: “como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. Esto nos refiere nuevamente a los tres primeros capítulos de Efesios, donde Pablo recalcó lo que Dios ha hecho por nosotros. Dios nos ha perdonado; por lo tanto, nosotros debemos perdonar a los demás.

 

    La parábola más larga que se consigna en Mateo, la de “los dos deudores” (Mateo 18.21-35), concluye con estas palabras: “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas”(v. 35). Perdone o pierda —es decir, pierda el derecho a que se le perdone. El abrigar rencores puede ser fatal para un matrimonio. Sane las viejas heridas y luego, no las vuelva a abrir.

 

    Por años, fui director de un campamento de verano para jóvenes. Uno de mis discursos de apertura era más o menos como sigue: “No tendremos riñas generales en las cabinas: nadie golpee a nadie con una toalla, no hagan peleas de almohadas, ni acrobacias peligrosas. He aquí por qué: Usted golpea a alguien con una toalla, y éste se provee de un garrote y le golpea a usted. Usted junta una roca y golpea al otro. Este saca un cuchillo y lo apuñala. Usted saca una pistola y le dispara. El otro saca un arma automática y comienza a dispararle a usted. Usted dispara en todo el campo con una ametralladora. El otro apunta con sus misiles hacia donde usted se encuentra. Usted se sube a un aeroplano y deja caer una bomba. El otro deja caer una bomba más grande. Usted deja caer una bomba atómica. El otro deja caer una bomba de hidrógeno. La civilización tal como la conocemos se acabará —y todo porque usted le dio a otro un golpecito con una toalla”.

 

    Por lo general no son muchos los que se ríen al terminar ese pequeño discurso, pero mi esperanza es que haya quedado en claro lo que quería decir. Desafortunadamente, la exagerada secuencia de eventos que describí es más real de lo que nos gustaría pensar. Cuando el común de los humanos es maltratado, él razona en términos de “hacer que se las paguen todas” —pero el último en recibir maltrato jamás piensa que las balanzas de la justicia ya han alcanzado su equilibrio; él piensa que debe infligir una herida más. Si la animosidad se ha acelerado de esta manera en su matrimonio, uno de los dos tiene que detener la locura. Sea usted el que así proceda.

     Deje todo limpio. Perdone, y luego ocúpese de cosas más importantes.

 

CONCLUSIÓN

    Repasemos las siete sugerencias que se sacaron del texto: Cuando usted y su cónyuge tengan desacuerdos, usted debe...

1) Ser franco.

2) Tener dominio de sí mismo.

3) No dejar pasar el tiempo.

4) Ser positivo.

5) Usar el tacto.

6) Hacer que todo quede en privado.

7) Dejar todo limpio.

 

    Los anteriores son buenos consejos para uno y para todos —para las iglesias, para los negocios, para las comunidades y para las naciones. Es especialmente buen consejo para su matrimonio y para su hogar. Que Dios le ayude a tener la clase de matrimonio que le bendecirá su vida, la de su cónyuge, y las vidas de sus hijos.