TU HIJO VIVE

(Juan 4:46-54)

Parte  1  -  (Lección 8) Juan, el camino de la fe

 

   He expuesto sobre este texto en estudios bíblicos personales, y se lo he leído a familias en comentarios cuando afrontaban los momentos más difíciles de sus vidas. Es un texto hermoso, lleno de poder, y consuelo; y constituye la base de esta lección.

 

El desesperado padre.

     Después de su encuentro con los samaritanos, Jesús regresó a Galilea donde él estaba llegando a ser una figura cada vez más popular. Cuando regresó a Caná, el lugar donde había hecho su primera señal, Jesús tuvo un encuentro con un oficial del rey que había venido a rogar por la vida de su hijo. El intercambio que se dio entre estos dos hombres, constituye otro modelo para nosotros los que estamos andando por el camino de la fe.

 

     Son pocos los detalles específicos que conocemos acerca de la posición o política del oficial del rey. Lo que sí sabemos es que debió haber sido parte de la administración de Herodes, el Tetrarca, mejor conocido como Herodes Antipas, el inicuo gobernante que había dado órdenes de decapitar a Juan el Bautista. Dadas las conexiones especiales que él poseía con los que estaban en las altas esferas del poder, también podemos especular que él debió haber sido un hombre de gran influencia.

 

      Es probable que Caná, el lugar donde este oficial se encontró con Jesús, estuviera situada a unos 36 kilómetros de Capernaúm, donde el muchacho guardaba cama por causa de la enfermedad. Cuando el hombre oyó que Jesús estaba en Caná, viajó hasta este lugar  para pedir a Jesús que regresara con él a Capernaúm para que sanara a su hijo, el cual estaba "a punto de morir". No es mucho lo que se sabe acerca de este hombre, pero lo que sí sabemos es que, cuando un padre tiene un hijo gravemente enfermo, no hay otra cosa en el mundo que importe.

 

      El padre del texto que estamos estudiando, trabajaba para Herodes, lo cual lo convertía en una especie de embajador político. El evangelio de Marcos, contiene una interesante referencia cruzada, en la que se dice que los Herodianos estaban envueltos en una conspiración para matar a Jesús después del incidente en el que Jesús san, el día de reposo, a un hombre que tenía una mano seca, esto es lo que leemos: "Y salidos los fariseos, tomaran consejo con los herodianos contra él para destruirle". (Marcos 3:6). Es posible que en algún momento anterior el padre de ésta historia hubiera buscado la manera de ejecutar a Jesús. No obstante, eso era política; cuando un hijo está a punto de morir, la política deja de tener importancia.

 

      Una situación similar ocurrió en 1981, cuando el presidente estadounidense, Ronald Reagan, recibió un disparo y fue llamado urgentemente al hospital. Rápidamente se le preparó para una intervención quirúrgica y se le llevó en una camilla a la sala de operaciones. Cuando vio a su cirujano, el presidente se quitó la mascarilla de oxígeno y, con el legendario humor que le caracteriza, le preguntó: ¿es usted republicano?. El doctor respondió poniéndole la mascarilla nuevamente en su lugar y diciéndole: "señor presidente, hoy todos somos republicano". Cuando es la vida lo que está en juego las diferencias partidarias se desvanece en el trasfondo de la preocupación de todos.

 

    Hay otro aspecto de la petición de aquel padre, el cual debe señalarse antes de seguir adelante con este pasaje. Cuando el vino a Jesús, que le rogó a éste que fuera a sanar a su hijo. El tiempo del verbo griego es imperfecto, lo cual indica que se trató de una acción continua. En otras palabras, este oficial, el cual es muy probable que fuera un hombre importante a los ojos del pueblo, le estaba rogando a Jesús salvará la vida de su hijo.  Esta era su última esperanza, así que hizo a un lado su orgullo y le suplicó a este polémico y pobre  Rabí por la vida de su hijo.

 

El preocupado Salvador. (4:48-50)

    Cuando Jesús oyó la petición del padre del muchacho, su primera respuesta fue reprender a la gente que estaba allí cerca. Esto fue lo que dijo: "Si no viereis señales y prodigios, no creeréis" (4:48). Una vez más, nos vemos escandalizados por la respuesta abrupta de Jesús. Era ternura, apoyo y esperanza, lo que esperábamos del Señor. En lugar de ello, hallamos reprensión. Una vez más, hallamos a Jesús motivando a la gente a tener fe, e insistiendo en que no se conformen con sustitutos inferiores de ésta, los cuales son tan comunes.

 

      La reprensión de Jesús debería llevarnos a pensar en lo que hacemos en el nombre de ayudarles a otros. ¿Estamos más dedicados a la búsqueda  de la verdad o a la búsqueda de la comodidad?. ¿Estamos más preocupados porque las personas crean, o porque sean liberadas de sus trastornos emocionales?. Siempre me han significado una advertencia y retención a siguientes palabras de Henri Nouwen:

 

“Un ministro no es un doctor cuya tarea primordial sea quitar el dolor.

Tal vez la tarea primordial del ministro sería el impedir que la gente sufra por razones que no debieran. Son muchas las personas que sufren por causa de los falsos supuestos bajo los cuales ha guiado sus vidas.  Uno de tales supuestos es que el amor, la soledad, la confusión y las dudas no debieran existir. Pero estos sufrimientos pueden ser tratados de modo creativo sólo cuando se les acepta como heridas que forma parte integral de nuestra condición humana. Por lo tanto, el ministerio es un servicio en el que se tiene muchas confrontaciones. No le permite a la gente de hacerse ilusiones de inmortalidad y sanidad. Nos mantiene recordándoles a los demás que ellos son mortales están quebrantados, y también que, es mediante el reconocimiento de esta condición, que la liberación da comienzo.

 

    Pienso que Jesús estaba profundamente preocupado por este afligido padre y por el hijo moribundo de este, pero también pienso que él estaba más preocupado por la relación de ellos con Dios. Jesús deseaba que el niño fuera sano y el corazón de aquel padre no siguiera destrozado, pero su deseo de que la gente perdida fuera salva, era aún mayor. Jesús vio que la necesidad más grande que aquel oficial del rey tenía, no era el que se le liberara de la muerte física a su hijo; si no necesidad de Dios. Jesús también veía que la posibilidad de que un hijo se le muriera, era lo que le había abierto el corazón de este hombre a su más grande necesidad.

 

      Antes de seguir con ésta historia, es necesario que todos hagamos una pausa para preguntarnos cuál es nuestra preocupación más grande en este momento. ¿Qué asunto es el que está ocupando su mente ahora mismo?. Aunque es importante para usted, es probable que tal asunto no constituya su más grande necesidad. Sin embargo, ello puede servirle para reconocer que su más grande necesidad es, la de abrir su corazón a Dios.

 

    La reprensión que Jesús les hizo a los oyentes es interrumpida en la historia, por el ruego persistente del padre: "Señor, desciende antes que mi hijo muera". Tal vez tenga un significado especial el modo, como el hombre habló de su hijo en este momento. Aquí él utilizó la palabra griega (paidion) que significa "mi muchachito", y no las más genéricas (huios), que significa "mi hijo", la cual aparece en los versículos 46 y 47. No se hace mención alguna de rango condición-no se mencionan títulos. Este es el cuadro doloroso de un hombre quebrantado rogando por la vida de su muchachito.

 

    Cuando las palabras de sanidad por fin fueron dichas, ellas fueron simples y directas. Esto fue lo que Jesús dijo: "Ve, tu hijo vive". No fue necesario recorrer la distancia de 36 kilómetros que lo separaba de Capernaúm, para poder cumplir con su misión. Simplemente pronunció la palabra y el muchacho fue sano.

 

La noche de fe (4:50-54)

      Con una palabra de Jesús, la pesadilla del padre llegaba a su fin ¿o no?. Eran 36 kilómetros los que todavía le separaba del momento de ver con sus propios ojos que su pequeño hijo ya se había recuperado. Por alguna razón (tal vez porque era tarde o porque el hombre estaba cansado) no pudo regresar a casa aquella noche. No fue sino hasta el día siguiente que ese pudo encontrar con sus siervos, los cuales vinieron para decirle que su hijo estaba, de hecho, sano y salvo. Cuando les preguntó acerca de la hora cuando se recuperó, esto fue lo que se le respondió: "Ayer a las siete le dejó la fiebre". El inmediatamente reconoció que en ese preciso momento fue cuando Jesús le había dicho: "Ve, tu hijo vive".

 

       El padre del chico esperó una noche desde el momento en que recibió la promesa de la sanidad de su hijo y el momento en que se le confirmó el milagro. El creyó la palabras que Jesús le dijo, y se fue (4:50). En la NIV se lee: "El hombre aceptó la palabra de Jesús y se fue". Lo experimentado aquella noche, en la vida de aquel padre, es una poderosa imagen de cómo vivimos la vida todos nosotros; la vivimos esperando con paciencia que pase la noche que separa a la promesa del cumplimiento de ella.

 

       La noche tiene algo que vuelve los problemas y los temores, más amenazadores de lo que son cuando son vistos a plena luz del día. Las películas de terror casi siempre se programan para la noche, pues es la oscuridad lo que nos aterroriza. Yo no permito que los problemas serios ocupen mi mente cuando todo está oscuro junto.  Si no puedo dormir, o si me despierto de noche, preocupado por algún problema en particular, es el momento de accionar físicamente, prender la luz  y así pensar en una solución para mis dificultades, con los ojos abiertos.

 

      Como él se encontraba a 36 kilómetros de su casa, podemos suponer que este oficial pasó la noche poniendo esperanza contra esperanza, y batallando con sus temores. Me pregunto si él pasó de la confianza llena de optimismo en un momento, a las oscuras dudas en el siguiente. Ni siquiera sabemos su nombre, pero todos nosotros podemos identificarnos con este hombre; pues todos nosotros conocemos las luchas de la noche que transcurre entre la promesa del cumplimiento de ella.

 

      Claudette  Jones, una maravillosa dama cristiana, murió el 10 de noviembre de 1994, después de una larga batalla contra el cáncer. Ella le hizo frente a su enfermedad y a su dolor con una singular gracia y asombrosa valentía. El esposo de ella, Jerry, y los hijos de ellos-junto con sus amigos y miles de personas, que ni siquiera la habían conocido-fueron bendecidos por la forma tan maravillosa como ella le hizo frente a su enfermedad de su muerte. La semana antes de fallecer, ella habló con su madre, Georgia DuBois, por teléfono. Sabiendo que pronto moriría, Claudette le dijo a su madre: "papito y yo te estaremos esperando". Tal es la promesa que Dios les ha hecho a sus hijos. Para Claudette, la fe ya se convirtió en vista, mientras que al resto de nosotros que quedamos, nos falta esperar con paciencia a que pase la noche que separa a la promesa del cumplimiento de ella en los cielos.

 

      La experiencia del preocupado padre no sirve del modelo a todos nosotros para que crezcamos en nuestra fe en Jesús. Al comienzo de la historia, este padre tenía suficiente fe en Jesús, como para venir y rogar por la vida de su hijo. Es probable que su fe fuera la del que piensa que "nada se pierde con pedir". Luego, después de hablar con Jesús, él creyó la palabra que Jesús le dijo. Por último, cuando oyó de testigos oculares, que su hijo vivía, creyó él con toda su casa. Observe como su fe progreso, pues siendo esta al comienzo, la esperanza de uno al borde de la desesperación, se transformó más adelante en la seguridad de uno que está lleno de confianza. La fe, como él lo demostró, es un proceso difícil, a menudo agotador, el cual consiste en depositar nuestra confianza en la confianza.

 

Conclusión:

     Una última verdad debe enfatizarse antes de concluir la historia del oficial del rey y Jesús. Quiero que usted mire detenidamente el rostro de Jesús. Lo que usted vea allí le hará arder la esperanza y le llevará a tener confianza.

 

     En primer lugar, vea el rostro de la verdad. Jesús reveló en este encuentro que él se rehúsa a permitir que alguno de nosotros viva con una mentira cómoda. Hay algo más importante que el estar olvidados  o libres del dolor: nuestra relación con Dios. Como cristianos que somos, no debemos permitir que la obsesión de nuestra sociedad, por una vida libre de dolor, nos oscurezca nuestros compromisos con la verdad. La cuestión más importante la vida de toda persona es la salvación de su alma. Eso siempre tuvo a la vista esta verdad todo el tiempo; usted y yo no debemos hacer menos.

 

     En segundo lugar, vemos el rostro de la compasión. Jesús continuamente demostró que como el "Verbo fue hecho carne". El pudo identificarse con la condición humana. Jesús sabía que en el contexto de la eternidad, la sanidad del muchachito sólo serviría para demorar lo inevitable. Algún día, el muchacho iba a morir. En el contexto de la eternidad, dudo que esto tenga alguna importancia; pero los seres humanos se duelen en gran manera cuando un ser querido muere. Jesús entendía el amargo dolor que sentía el padre del muchacho y actuó por compasión salvando al hijo.

 

      Por último, vea el rostro de la esperanza. Jesús jamás prometió sanarnos de todas nuestras enfermedades, pero sí prometió y está prepararnos un lugar para nosotros (Juan 14:2). Jamás prometió facilitar los todas las cosas, pero sí prometió estar siempre con nosotros (Mateo 28:20). Los ha llamado a depositar nuestra confianza en él y a seguirlo a través de la noche de la vida, la cual en ciertos momentos puede ser causa de temor. Juan declaró, y lo creemos, ¡que Jesús es digno de nuestra confianza!.

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