EL AGUA VIVA

 

Juan 4:1-42

 

Parte  1-  Lección  7

De la serie: Juan el Evangelio

 

 

      Son tantos los aspectos de la vida de la mujer samaritana que no conocemos. ¿Era ella alguien a quien la gente de su ciudad natal veía con agrado, o simplemente alguien a quien la gente agradable trataba de esquivar?. ¿Cómo fue la vida de ella cuando niña?. ¿Fueron amorosos sus padres con ella cuando era una menor?. ¿Qué clase de hombre fue su primer esposo?. ¿Era el número de matrimonios de ella sino como un récord en Sicar?. ¿Qué actitud tendría ella el día que se encontró con Jesús junto al poso?. ¿Tendría ella un espíritu de arrogancia, el cual se reflejará en sus ojos, o se acercaría ella con humildad y con espíritu quebrantado?.

 

      Son muchos los datos que jamás se conocerán acerca de la samaritana, y no deseo extenderme en los detalles sentimentales de lo que podría haber tenido lugar en su vida. No obstante, su historia es uno de los más integrantes encuentros, entre Jesús y un alma perdida, que se pueda hallar en los evangelios. Ella fue un día a un poso a sacar agua y se convirtió en un símbolo para todas las personas en todo lugar, que anhelan levantarse por encima de lo que parecen abrumadoras fuerzas que los arrastran para abajo. La historia de ella es conocida como el relato de "la mujer samaritana", de modo muy similar como la historia del “Hijo pródigo" recibe su nombre del principal personaje humano de ella. En realidad las dos son, primordialmente historia sobre Dios, la clase de Dios que recibe nuevamente a sus hijos, cuando éstos regresan a él y que colma de su amor a las personas que menos pensamos. La historia de la mujer samaritana es también un estudio de la fe, y el encuentro entre Jesús y esta mujer fue utilizado por Juan para comunicar tres importantes verdades acerca de la clase de fe, a la cual él estaba llamando a tener mediante su evangelio.

 

La serie esta por encima de las circunstancias:

      Era cerca del mediodía cuando Jesús y sus discípulos se detuvieron junto al poso de Jacob, estando camino a Judea y regresando de Galilea. Este antiguo lugar estaba ubicado cerca de la ciudad samaritana de Sicar. Ellos se detuvieron a descansar sabiendo que podían comprar alimentos allí. Como Jesús estaba cansado del viaje, él se sentó junto al poso mientras los discípulos iban a la ciudad a comprar de comer. Cuando Jesús estaba allí sólo, una mujer samaritana vino sacar agua. Lo típico era que un suceso así pasara desapercibido; la mujer sacaría el agua y regresaría a la ciudad, sin siquiera hacer contacto visual con el cansado judío que estaba sentado allí cerca.  No obstante en esta ocasión, algo asombroso le sucedió a la mujer, el judío le habló a ella. Todo lo que hizo fue pedirle agua para beber, pero esa simple petición le sorprendió y ella le preguntó: ¿Cómo tú, siendo judío me pides a mí de beber que soy mujer samaritana?. Así dio comienzo una trascendental conversación entre Jesús y esta mujer que provenía de la ciudad que estaba cerca.

 

      Durante los minutos que siguieron, él le habló a ella acerca de las más profundas necesidades y más grandes penas de ella, y acerca de que él era el Mesías.  Al final ella no sólo llegó a creer en Jesús, sino que muchos otros de su ciudad llegaron también a creer. Lo que hace única esta historia es que esta mujer probablemente era, desde la perspectiva humana, la persona menos indicada de todo el mundo a la cual Jesús le podía hablar acerca del evangelio. El hecho de que lo hiciera declara abiertamente que la fe no está condicionada por las circunstancias en las que uno viva. Si así fuera, esta mujer jamás hubiera llegado a ser creyente, pues había por lo menos tres problemas con ella.

 

Problema 1: ella era samaritana.

      La mala voluntad que se tenían judíos y si samaritanos se remontaba, 700 años atrás al tiempo de la cautividad de los israelitas en Babilonia.  Muchos de los que se quedaron en la tierra de ellos, se habían casado  con personas de otras nacionalidades, diluyendo así sus características nacionales y culturales o hijos de Israel. Cuando los judíos de Babilonia regresaron a Jerusalén a reconstruir el templo, ellos evitaron relacionarse con los de su raza que se había quedado en la tierra.

 

     Con el tiempo, lo samaritanos que sufrieron el ser esquivados o extraviados por los judíos, construyeron su propio templo sobre el Monte Gerizim, el monte que el Antiguo Testamento señala como Monte de la Bendición. Los dos grupos se guardaban gran recelo entre sí, y en el año 128 -A.C., un grupo de judío redujeron a cenizas el templo samaritano. Este lamentable evento, no es de sorprender dado el desempeño de los maestros judíos para con los samaritanos. Esto es lo que el Mishnah dice: “Las hijas de los samaritano son consideradas mujeres menstruantes desde que nacen". En otras palabras, las samaritanas eran consideradas inmundas por naturaleza. El Mishnah también incluye el siguiente dicho de Eliécer: “El que come el pan de los samaritanos, escome el que come carne de cerdo". La declaración (4:9), en el sentido de que "judíos y si samaritanos no se tratan", probablemente signifique: "los judíos no usan utensilios con los samaritanos", o tal como se lee en la versión de la Biblia NRSV:" los judíos no tienen cosas en común con los samaritanos". Con todo el anterior trasfondo, es causa de asombro que Jesús le hablara a una mujer samaritana. Es causa de conmoción que él le pidiera de beber en el cántaro de ella, pero ¡lo asombroso es que le ofreciera a ella el "agua viva" de Dios!.

 

Problema 2: era mujer.

      Cuando los discípulos regresaron de comprar pan en la ciudad, ellos “se maravillaron de que Jesús hablara con una mujer” (4:27). La sorpresa de ellos no tenían nada que ver con esta mujer en particular;  ¡ellos estaban asombrados por el hecho de que estaba hablando con una mujer!. Era de mal gusto para los discípulos ver a Jesús sentado conversando con una mujer samaritana, y no se imaginaban que a su regreso lo iban a encontrar hablando con una mujer samaritana.

 

      Una vez más, las enseñanzas de los israelíes condenaban a la mujer samaritana. El Talmud cita a un rabí, el cual alentaba a sus oyentes a no hablar mucho con las mujeres ni siquiera con la esposa de uno. A las mujeres las consideraban moralmente inferiores algunos maestros de la ley, y una antigua oración proclama: "Bendito seas, OH Señor, que no fui mujer". El hecho de ser mujer era el segundo problema que había con esta samaritana.

 

Problema 3: tenía un pasado manchado.

       Durante la conversación que detuvieron, Jesús le indicó que él conocía los dolores secretos del pasado de la mujer samaritana.  Ella se había casado cinco veces y estaba en el momento presente, viviendo con un hombre que no era su esposo. Se nos deja a nuestra imaginación la clase de conflictos, los rechazos, la inseguridad, la vergüenza y el dolor que ella debió haber experimentado en las relaciones que habían fracasado. Cuando ella vino al poso, tal vez ya había perdido su fe en el matrimonio, o tal vez se encontraba en un momento de su vida, cuando ya ningún hombre estaría dispuesto a honrarla dándole su apellido.

 

       Tengo varios amigos cristianos que han experimentado la desgracia del divorcio. Ninguno de ellos quería divorciarse y la mayoría luchó desesperadamente por salvar sus matrimonios cuando éstos estaban fracasando. Todos han sufrido la agonía de separarse, cuando lo que era una sola carne repentinamente se convierte otra vez en dos; y todos han experimentado el estigma que el divorcio conlleva. He hallado que la mayoría de mis hermanos y hermanas  divorciados, aborrecen el divorcio con más fuerza que las personas no divorciadas. Ellos conocen por experiencia propia, las razones por las cuales Dios aborrece el divorcio, pues han experimentado en sus propias vidas los destrozos que causa. La mayoría de ellos lleva consigo, varios años después, las cicatrices emocionales que tales destrozos dejan. Imagínese las cicatrices que la mujer samaritana debió haber llevado consigo, como resultado de sus cinco divorcios.

     En otros contextos, tres problemas son suficientes para descalificar a cualquier candidato. ¿Podía haber ido Jesús algún otro lugar con el fin de hallar un candidato menos  idóneo para la fe?. Bastaba que la mujer que vino al poso hubiera sido una mujer virtuosa de Samaria para que la situación fuera problemática. El doloroso pasado y el indecoroso presente de ella hacían más excepcional el hecho de que Jesús la escogiera para recibir el evangelio.

 

    La totalidad del encuentro entre Jesús y la mujer samaritana demuestra de modo eficaz que la fe no está condicionada por las circunstancias que le rodea a uno. A los ojos de Dios, la raza, nacionalidad, género y pasado de uno, no constituyen barrera alguna. La conversación junto al poso es más elocuente para decir lo anterior que el mejor sermón predicado.

 

La fe y el comportamiento van juntos.

      En un momento crítico de su conversación con la mujer, Jesús le pidió a ésta que fuera y trajera a su marido.  Cuando ella dijo que no tenía marido, Jesús les dijo:”Bien has dicho: no tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad” (4:17-18). Al comienzo pareciera que se trata de una extraña interrupción de una conversación profundamente espiritual. ¿Porque saltaría Jesús del tema del agua viva al de traer el esposo de ella?. La respuesta de la mujer y la reacción de Jesús a esa respuesta, indican que Jesús cambió el tema con el propósito deliberado de asegurarse de que llevaría la vida entera de ella (a la fe verdadera- al Señor), no solamente la curiosidad de ella.  Mientras ella no reexaminara su vida personal, la fe de ella sería un fraude (sin fruto).

 

     Aunque la fe no tiene relación con las circunstancias, es de importancia crucial que la relacionemos con nuestro comportamiento. Es posible para uno expresar su fe en Jesús y a la vez rehusarle a él la entrada en su vida.  Cuando uno anda en la búsqueda del camino de la fe, es esencial que se lleve la vida entera al Señor. Tal ves usted haya oído acerca de los soldados que peleaba hace varios años en un ejército llamado "cristianos”. Cuando éstos soldados eran bautizados, ellos dejaban afuera del agua su mano derecha. De este modo, podrían hacer en batalla lo que les diera la gana con su mano derecha, y se justificaban diciendo: "Esta mano no fue bautizada". La pregunta que Jesús le hizo a la mujer, fue su manera de decirle que ella tenía que entregarle toda su vida, o nada al Señor.

 

    La relación de la obediencia con la fe verdadera, se expresa en varios lugares del Nuevo Testamento. Esto fue lo que su Jesús dijo en (Mateo 7:21): "No todo el que me dice: Señor, Señor, no entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre está en los cielos". Años más tarde, Santiago escribió: “Así también la fe, sino tiene obras, es muerta en sí mismo” (Sant. 2:17). Sencillamente, no pueden separarse la fe y la obediencia. La mujer samaritana no podía haber llegado a la verdadera fe, sino hasta que estuviera dispuesta a abrirle la puerta a Jesús en todo aspecto de su vida.

 

    Cuando Jesús le pidió a esta mujer que trajera a su esposo es como si le pidiera a usted y a mí hoy día que le trajéramos nuestra chequera, nuestros  formularios de impuestos sobre la renta, nuestras agendas o nuestros diarios. La fe no es un aspecto de nuestras vidas; ella entraña la totalidad de nuestras vidas. Jesús no consideró que el pasado de ella la descalificara para entrar en el reino; pero si insistió en que ella le trajera a él toda su vida. El le pidió que hiciera un rompimiento con su pasado pecaminoso. ¡La fe que no es está relacionada con el estilo de vida que uno vive, no es del todo fe!.

 

La fe expresada en la verdadera adoración.

      Cuando Jesús le pidió a la mujer que trajera a su esposo, parecía como si la conversación se desviara en gran manera de su rumbo; sin embargo, como lo vimos no fue así. Luego la mujer le dijo:”Nuestros padres abordaron en este Monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar” (4:20). Pareciera que ella estaba tratando de restarle importancia a su situación personal embrollando a Jesús en una polémica religiosa. No obstante, Jesús utilizó la pregunta de ella para continuar llevándola a Dios.

 

      En primer lugar, le dijo que la verdadera adoración no dependía de un lugar específico, ya fuera Jerusalén o el Monte Gerizim.  Al decir esto, él no estaba dando a entender que el monte Gerizim fuera tan bueno como Jerusalén, pues él dejó claro que la salvación viene de los judíos. Más declaro, la ahora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en Verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que adoren (Juan 4:23).

 

     La adoración, Jesús lo enseñó, no es una cuestión de lugar.  Tanto Jerusalén como el monte Grizim pronto serían irrelevantes.  La verdadera adoración en espíritu, en contraste con las regulaciones específicas de naturaleza material, de la adoración bajo el antiguo pacto, y en verdad en contraste con la sombra del antiguo pacto. Sobre esta cuestión, es posible que la mujer samaritana tuviera las mismas nociones cerradas de los doce apóstoles. Para ella, Jesús estaba esperando la adoración de un lugar específico y señalándole el camino a la verdadera adoración. Dada la naturaleza espiritual de Dios, la verdadera adoración es cuestión que concierne al espíritu. John Killinger contó acerca de una conversación que él tuvo con un ministro ya mayor, el cual estaba a punto de jubilación. Cuando los dos hombres atravesaban el magnífico edificio de la iglesia donde el mayor predicaba, Killinger le preguntó acerca de sus pensamientos diarios en ese momento de su vida. Uno de sus pensamientos frecuentes, respondió, es sobre el amor:

 

"Cuando digo amor", dijo él, "me refiero a esto". En ese momento movió su mano en un gesto para marcar cierta área, indicando así el desproporcionado tamaño del edificio de la iglesia que había sido terminado de construir en los últimos cinco años. "Yo creía que construir este edificio era lo máximo. Me refiero a todo el complejo del edificio. Ahora que ya está construido, pienso mucho en el amor. ¿De qué sirve un edificio si las personas no cambian?. Me gustaría pasarme el resto de mi vida como ministro, enseñándole a la gente como amar. Si no aprenden... En ese momento sus palabras se apartaron para dar lugar a otro gesto, un gesto de desesperanza parcial, como si no estuviera seguro de que el iba a poder lograrlo, como su glorioso éxito como constructor hubiera sido de algún modo fatalmente es apropiado por sus descubrimientos demasiado tardío de que el amor es la menta de todo.

 

      Son muchas las cuestiones que se le adhieren a la religión; una son más importantes que otras. Más grandes que todas las demás cuestiones, son la fe, la adoración y el amor. Jesús le mostró a una confundida y necesitaba mujer samaritana el camino hacia lo que es importante en la vida, cuando le señaló el camino hacia la adoración verdadera y espiritual. La mayoría de las más cuestiones, incluyendo los templos y los montes santos, carecen de valor alguno cuando se les compara con lo anterior.

 

Conclusión:

     Después de las palabras que Jesús dijo, acerca de la adoración, la mujer trató nuevamente de cambiar el tema. Esto fue lo que dijo: “Sé que a de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él vengan nos declarará todas las cosas" (Juan 4:25). Jesús después hizo algo sorprendente-algo muy extraño en los evangelios: le dijo a ella exactamente quién era El. "Yo soy, el que habla contigo". No fue a los sacerdotes ni a los reyes que le hizo tal revelación; sino a una inmoral mujer samaritana. Jesús vivió en el corazón de ella el suelo fértil que hace crecer la semilla del reino, así que la hizo partícipe del mensaje de Dios.

 

       Al final, somos usted y yo los que estamos junto al poso con Jesús. Tenemos un encuentro con el Hijo de Dios, y lo hacemos llevando nuestra confusión, nuestras esperanzas, nuestro pasado y nuestro gran dolor. Escuchamos y tratamos de entender cuando él nos señala las siguientes verdades

 

  1. La fe está por encima de las circunstancias.
  2. La fe está relacionada con el comportamiento
  3. La fe se expresa en la verdadera adoración.

   Tan ciertamente como que Jesús invitó a la mujer samaritana a andar por el camino de la fe, así también él nos está invitando a usted y a mí a hacer lo mismo hoy día.

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