EL CELO DE TU CASA

(Juan 2:12-22)

 

Parte 1-  Lección  5

De la serie: Juan el Evangelio

 

     Las noticias trágicas nos causan un profundo malestar y afectan varios aspectos de nuestras vidas. Nos causa gran conmoción el oír  que celebridades favoritas, o respetados líderes, hayan sido inesperadamente acusados de consumo de drogas, de hacer negocios carentes de ética, de conductas inmorales o de violencia doméstica. Cuando así sucede, nos comenzamos a preguntar si realmente conocemos a las personas: a nuestros cónyuges, a nuestros hijos, a nuestros hermanos y hermanas e incluso a nosotros mismos. Por ésta razón, es importante que experimentemos diferentes situaciones con las personas que anhelamos conocer bien. En el caso mío, que trabajó con muchos estudiantes universitarios que salen en parejas, a menudo les recuerdo a éstos la importancia de que tengan suficientes citas como para poder observar el comportamiento del futuro esposo o esposa, en una amplia variedad de situaciones vivenciales. Es necesario que el joven y la joven observen como es el comportamiento del uno y del otro cuando las cosas marchan bien y cuando las cosas marchan mal. Necesitan observarse cuando están descansados y cuando están exhaustos. Necesitan observarse cuando han tenido éxito y cuando han fracasado en algo, pues solamente cuando observan a alguien en muchas diferentes situaciones, es que se puede decir que hemos llegado a saber quién es verdaderamente esa persona.

 

      El texto de esta lección (Juan 2:12-22), nos da la oportunidad de ver a Jesús en una situación más. Esta vez se trata de un lugar más grande, más  amenazador, y menos personal, que el de la escena de las bodas de Caná. Este pasaje nos lleva al templo que estaba en Jerusalén, el cual era el centro de la fe judía, y el lugar donde Jesús sería sentenciado a la crucifixión. El observar y escuchar a Jesús en este escenario tan hostil nos permite ver otro aspecto del que afirmó ser el Hijo de Dios. Lo que observemos en este texto nos permitirá conocer a Jesús más de lo que lo conocimos anteriormente.

 

VEMOS SU INDIGNACIÓN (JUAN 2:12-16).

       Estos eventos ocurrieron durante la época de la Pascua (2:13). Esta era una de las tres fiestas judías anuales a las que todo varón judío debía asistir cada año. Era una fiesta que conmemoraba la liberación de Israel de Egipto, la cual ocurrió en la época de Moisés y servía para recordarle al pueblo judío, de la manera como ellos habían llegado a existir. Uno de los efectos de la celebración de la Pascua, era que la población de Jerusalén aumentaba varias veces su tamaño normal, por causa de los visitantes que venían de otras ciudades. La gente tiende a alborotarse cuando se forman muchedumbres, y estos judíos no fueron la excepción; con el paso de los años, la Pascua se convirtió en una época durante la cual aumentaban las expectativas de la avenida de un Mesías. Una pregunta que el pueblo se hacía era ésta: "¿vendrá el Mesías éste año?". Por alguna razón, era durante la Pascua cuando resultaba más difícil pensar que él vendría.

 

         El templo que Jesús halló cuando él llegó a Jerusalén, era ya el tercero de una sucesión de tres, que fueron construidos durante el pasado histórico de Israel. El actual había sucedido a los templos que habían sido construidos por Salomón y Zorobabel, y se le conocía como el templo de Herodes, nombre que recibió de Herodes el grande, que fue el responsable de su construcción. Cuando Jesús entró en el templo en esta ocasión, este ya había estado siendo construido durante 46 años (2:10), y no habría de ser completado sino hasta que pasaron treinta y cinco años más, en el 64 d.C. Los terrenos alrededor del templo no eran sino, una gran área de atrios y muros que llevaba hasta el templo mismo. El primer atrio que se encontraba uno al entrar al templo, era el de los gentiles. Cualquier persona podría entrar en ésta área. Más adelante estaba el atrio de las mujeres, en el cual sólo mujeres judías podían entrar. La siguiente entrada llevaba al atrio de Israel, al cual sólo los varones judíos podrían ir. Por último estaba el  atrio en el cual sólo podían entrar los sacerdotes judíos. Este era el lugar donde se ubicaba el edificio que la mayoría de nosotros se imagina cuando decimos la palabra "templo".

 

        Dado qué el atrio de los gentiles era el único lugar del templo al cual todo mundo podía ir, se convirtió en un lugar donde los mercaderes y los cambistas podían establecer su negocio. Los adoradores que venían de lejos, tenían necesidad de comprar algún animal para sacrificar, así que era activo el negocio que se daba por la venta de ovejas, palomas y vacas. Se esperaba que todo varón judío, mayor de 20 años, pagara un impuesto del templo, lo cual creaba una oportunidad de negocios en los terrenos del templo para los cambistas. Es probable que toda esta actividad produjera mucho ruido y que produjera algún desorden y que se propagara en el atrio del templo; pero con el tiempo la gente lo llegó a aceptar como algo normal.  Luego vino Jesús.

 

       Cuando Jesús entró en el templo, él vio lo que estaba sucediendo desde una perspectiva diferente de la que el resto de la gente la veía. Esto fue lo que Juan escribió:

"Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: ¡Quitad de aquí  esto, y no a hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado"! (Juan 2:15-16)

 

      El relato que Mateo, Marcos y Lucas hicieron sobre la purificación del templo, ellos señalaron que Jesús objetaba la forma como los mercaderes habían convertido el templo en una "cueva de ladrones", con lo cual indicaron que Jesús estaba enojado por el fraude en los negocios. Juan, no obstante indicó que la objeción de Jesús se extendía a todo negocio en general que se llevara a cabo en el templo. El templo había sido creado para servir como casas de oración, como un lugar donde la gente de todas las naciones podía venir a adorar a Dios. Lo que Jesús vio tenía más apariencia de almacén o de mercado, que de un lugar para recogimiento espiritual. Cuando Jesús asumió el control de la situación y echó a los mercaderes y a los animales del templo, él debió haber causado una gran impresión y un gran temor.

 

       Tanto Pablo como Jesús condenan que el enojo sea parte del estilo de vida, sin embargo Jesús en esta ocasión se enojó- y pudo hacerlo sin pecar. ¿Cuál será la diferencia entre estas dos clases de enojo?. Aparentemente una clase de enojo es el que se origina en la mezquindad, la inseguridad y la frustración humanas.  El enojo santo por otro lado, es el que se tiene cuando se mira que hay personas que están siendo lastimadas, o que se les está impidiendo que se acerquen al Señor, por causa de las acciones de terceros. Jesús vio que las transacciones comerciales que se estaban llevando a cabo dentro del templo, estaba causando que se mantuvieran alejadas de Dios a las personas, y eso era algo que no se podía tolerar.

 

       Una aplicación sencilla de la escena del templo se relacionaría con la forma como tratamos a nuestros hermanos y hermanas en Cristo cuando nos reunimos para adorar. He sabido de muchas personas, especialmente de doctores en medicina y de propietarios de negocios, que tienen problemas cuando van a los cultos de adoración, pues la gente insiste en hacerles preguntas relacionadas con sus ocupaciones, antes y después de los servicios. Ellos quieren venir a una casa de oración, pero sólo hayan qué es casa de mercado. De vez en cuando necesitamos que  se nos recuerde acerca de dejar los negocios fuera de nuestras asambleas como iglesia con el fin de que todos podamos adorar sin estorbo.

 

     Una importante aplicación de nuestras vidas, del comportamiento de Jesús en el templo se da con la siguiente pregunta que nos hagamos: ¿Me enojo yo por las mismas situaciones que se enojaría Jesús?. La tentación de la cual somos objeto es la de enojarnos por asuntos que no enojaría a Jesús, y de conservar la calma cuando vemos problemas como el que llevó a Jesús a purificar el templo. Cuando Jesús se enojaba lo hacía correcta, positiva y equilibradamente. Su enojo fue siempre causado por su amor que le llevaba a actuar por el bien de los demás.

 

      La mayoría de nosotros tenemos problemas con el enojo. Para algunos de nosotros se trata de la presencia en nuestras vidas de demasiado enojo de la clase que no debemos tener. En el caso de otros, el problema es la casi total ausencia de enojo santo.

 

     ¿Qué hay entre los niños abandonados?. ¿Le destroza su corazón la situación tan grave por la que ellos pasan, y se enoja usted por ello lo suficiente como para hacer algo que les ayude?. James Dobson habló recientemente acerca de algunos signos alentadores que nuestra cultura está mostrando. Dijo que está comenzando a anotar que existe cierta cantidad de personas jóvenes, que están enojados por el abandono del cual han sido objeto por parte de padres ocupados de sus propios intereses, están tan enojados que han tomado una actitud en contra del divorcio, mayor que la de la generación que les precedió. En el caso de estas personas el enojo les está ayudando a alimentar un propósito positivo.

 

     ¿Qué hay del poder que Satanás ejerce sobre las naciones? Cuando usted oye de guerras, enfermedades, hambrunas y necesidades, ¿Le enoja todo esto lo suficiente como para ayudar, ya sea yendo a los lugares donde tales problemas ocurren, o sosteniendo a los que puedan ir?. ¿Puede usted cruzar sus brazos y mirar cómo Satanás se sale con la suya llevándose con él al mundo?.

 

   Ojalá que Dios nos convierta en un pueblo más enojado-no más mezquinos, ni más ocupados en intereses personales, ni más frustrados, sino más enojados por el sufrimiento que haya en el mundo. Ojalá que él nos haga lo suficientemente enojados como para amar.

 

VEMOS LA PERCEPCIÓN QUE EL TENIA DE SU PROPIA INDENTIDAD (2:16-17).

      Una cosa es cuando entro en un estacionamiento y veo que un auto ha sido aboyado por una carretilla de supermercado, y otra totalmente diferente, cuando el carro que ha sido aboyado es el mío. Una cosa es cuando veo que arrojan latas vacías de cerveza en el jardín de alguien y  otra, cuando ese jardín es el mío. Es molesto que una banca del parque haya sido destrozado; pero, mucho más molesto es cuando el mueble que ha sido dañado es el mío. Cuando algo no nos pertenece, no nos importa lo que suceda. En cambio sí nos importa lo que le sucede a la propiedad nuestra.

 

       Cuando Jesús vio la manera como el templo de Dios estaba siendo mal utilizado, él lo tomó como algo personal. Jesús se refirió al templo como "la casa de mi Padre. Para él era mucho más que el templo de los judíos, mucho más que cualquier otro edificio público de Jerusalén; era la casa de su Padre. Jesús estaba tan molesto con lo que estaba sucediendo que sus discípulos recordaron un pasaje del salmo 69: "Porque me consumió el celo de tu casa". La palabra "consumir" con lleva la idea de "devorar" o "converse algo completamente". Se podría decir que la profanación del templo era, utilizando un modismo estadounidense, como "comerse vivo a Jesús". Se trataba de mucho más que un lugar, se trataba de la casa de su Padre.

 

       El hecho de que Jesús tomara lo sucedido en el templo como algo personal, es otra señal de quien percibe a Jesús que él era “YO SOY”. Cuando él gritó a los mercaderes: "la casa de mi Padre", también les estaba diciendo con estas palabras: "Yo soy el Hijo de Dios". Esta es la afirmación acerca de Jesús, que Juan desea que nosotros hayamos creído al terminar de leer su Evangelio.

 

      Hágase usted las siguientes preguntas: ¿Cuánto me identifico yo con las cosas de Dios?.  ¿Defiendo yo este mundo, teniendo en mente que, es el mundo de mi Padre?.  ¿Defiendo  la iglesia, teniendo en mente que, es la iglesia de mi Padre?.  ¿Es para mí el negocio de predicar el evangelio, el negocio de mi Padre? Jesús demostró en el templo que un hijo de Dios no puede ser indiferente a las cosas que son importantes para su Padre.

 

VEMOS LA PERCEPCIÓN QUE ÉL TENÍA DE SU PROPIA MISÓN (2:18-22).

     No a todo el mundo le agradó la demostración de celo que Jesús hizo en el templo. Algunos se preguntaban: ¿Qué autoridad tenía él para interrumpir la rutina diaria y perturbar el negocio de que ellos?. Fue por esta razón que preguntaron a Jesús: "¿Que señal nos muestras, ya que haces esto? (Juan 2:18). Pero Jesús, en lugar de obrar un milagro como ellos lo querían, les dijo que si ellos destruían el templo, él lo levantaría en tres días (Juan 2:19). El hecho de está allí rodeado por las enormes paredes, construidas con piedras que pesaban varias toneladas cada una, hacían parecer tales palabras los delirios de un loco. Juan explicó que Jesús estaba hablando de su cuerpo, el cual iba ser destruido en la Cruz y ser levantado tres días después por el poder de Dios (Juan 2:21).

 

     Después de la crucifixión y la resurrección, los discípulos recordaron las palabras de Jesús. La resurrección llegó a ser la más grande de todas las señales. El propósito de esta señal se cumplió cuando los discípulos creyeron (2:22), tanto en las Escrituras, como en las palabras de Jesús. A partir de aquel momento, muchos eventos de la vida de Jesús empezaron a tener sentido para ellos.

 

CONCLUSIÓN:

   Cuando leemos el evangelio de Juan nos damos cuenta que él termina en la resurrección antes de comenzar con el relato. En consecuencia leemos todo el evangelio con la clase de visión que los discípulos no tuvieron, sino hasta que Jesús resucitó de entre los muertos. Cuando lo leemos hoy día el propósito del Espíritu es que nosotros respondamos del mismo modo que creyeron los discípulos del siglo 1: ¡Que creamos que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios; y que creyendo tengamos vida en su nombre!.

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