“SE HICIERON UNAS BODAS” (2:1-11)

Parte  1  Lección  4

 

 

   Padre, que todos experimentemos tu gloria cuando contemplemos la gloria de Jesucristo, tu hijo, en este texto. En su glorioso nombre oramos. Amén.

 

    Es cierto que las costumbres varían de acuerdo con el tiempo y lugar, pero en el caso de las bodas, hay un ingrediente que ha sido el mismo y es que siempre se tiene cierta presión por causa de ellas. Por alguna razón, ellas parecen poner a las personas con las mejores intenciones, en posiciones incómodas. El texto bajo estudio es, (Juan 2:1-11). Habla de cuando Jesús asistió a una moda donde él también experimentó la tensión. Cuando miramos lo que él hizo durante este evento, ello nos dice mucho acerca de lo que verdaderamente es el Hijo del Hombre.

 

JESUS ASISTIO A UNAS BODAS (2:1-2).

   La madre de Jesús fue invitada a unas bodas. Jesús y sus discípulos también asistieron, lo cual hicieron ya sea porque los invitaron a ellos también, o por la invitación que recibió María. Las bodas se llevaron a cabo en Caná de Galilea, una aldea de la cual no haya una ubicación precisa.  Gerónimo (345-420 d.c.), el gran traductor bíblico, afirmaba que las luces de Caná se podían ver desde Nazaret por las noches, lo cual indica que estaba cerca el lugar en el que Jesús vivió durante su niñez.

 

     Aunque es bastante lo que se sabe acerca del matrimonio judío durante el siglo 1, es poco lo que se sabe acerca de las particularidades de las bodas de ellos. Creemos que el evento de las bodas daba comienzo sin la presencia de la novia, en la casa del novio. Los amigos y familiares de este se reunían para formar una alegre multitud, y luego caminaron juntos por entre la ciudad, tomando a menudo, una ruta larga y sinuosa, hasta la casa de la novia. Allí la ceremonia matrimonial en sí, tenía lugar. Después de un tiempo de celebración en el hogar de la novia, los recién casados y la multitud entera hacían otra procesión por las calles de la ciudad esta vez se dirigían a lugar del novio, donde el festejo se prolongará más hasta por una semana. Es probable que todo esto fuera parte de las bodas en los cuales Jesús se encontraba en Juan 2.

 

    Jesús era un participante completo en esta celebración. Era un tiempo de alegría, de gozo y de risas. No ignore el hecho de que Jesús escogió asistir a las bodas. ¿Puede usted imaginarlo allí?. ¿Puede usted imaginárselo sonriendo tranquilamente cuando habla con los demás invitados?. Vayamos al grano, ¿puede usted imaginarse a Jesús pasando un buen rato?. ¿Siente alegría el Jesús que usted se imagina?. ¿Se sentiría el cómodo en una celebración de bodas?. No hay duda de que el Jesús de este texto si se sentía así. C. H. Spurgeon, famoso predicador inglés del siglo 19, habló del gozo piadoso: "Yo les recomiendo estar alegres a todos los que se dedican a ganar almas; no estén graves ni enojados, sino que tengan un espíritu afable y felices. Son más las moscas que se atrapan con miel que con el vinagre, y serán más las almas llevadas al cielo por el hombre cuyo rostro del cielo está revestido, que las almas llevadas por aquél  cuyas miradas hacen recordar del tártaro".

 

William Barclay, hizo el siguiente comentario: "Jesús jamás consideró que fuera un crimen ser feliz”. ¿Por qué deberían sus seguidores considerarlo así?.

 

     A mi parecer, Juan quiso que nosotros echáramos una mirada por esta ventana del banquete de las bodas y observáramos a Jesús pasándola bien. Era mucho lo que en tenía que hacer, el mal estaba presente en el mundo, y había una cruz que le aguardaba más delante. Todos éstos pensamientos podían haber hecho que Jesús constantemente se pusiera austero y se sintiera agobiado; pero el Hijo del Hombre se tomó el tiempo necesario para disfrutar de un banquete, comenzó a conversar con los amigos, honrar con su presencia a una novia y aún novio, y ser parte de la celebración de las bodas de Caná. Cualquier idea en el sentido de que Jesús no le da cabida al gozo es incompleta.

 

JESUS TUVE QUE VERSELAS CON SU FAMILIA (2:3-5).

        En cierto momento de la celebración comenzó a faltar el vino (2:3). Aparentemente, la madre de Jesús sintió la obligación de hacer algo por remediar esta embarazosa situación, así que le pidió a su hijo que hiciera algo al respecto. Ella no dijo lo que ella quería que Jesús hiciera; simplemente le dijo: "no tienen vino". La respuesta que Jesús le dio fue: "¿qué tienes conmigo mujer?. Aún no ha venido mi hora". La traducción literal del griego al español de esta expresión que es: "¿y qué tenemos que ver usted y yo?". Puede que nos moleste la aspereza de las palabras de Jesús. Nos parece más humano de lo que podemos aceptar aunque no me parece que estaba siendo cruel o irrespetuoso con su madre, si me parece que Jesús estaba expresando su frustración, por la insistencia de María en verlo a él interviniendo en una situación, que podría complicar su verdadera misión.

 

       Es de gran importancia que veamos a Jesús teniendo que vérselas con el tira y afloja que conlleva en pertenecer a una familia humana. Como parte del hecho que él se hizo "Carne", está el experimentar la vida como hijo y como hermano. Más adelante, en el capítulo 7, vemos incluso rivalidad entre hermanos, pues los hermanos de Jesús respondieron a la creciente fama de este con celos y hostilidad. El mirar a Jesús se resolviendo un problema con su madre, y escuchando las palabras llenas de malas actitudes de sus hermanos, nos permite obtener un cuadro mucho mejor de él, que el que hubiésemos obtenido en otras circunstancias.

 

     La familia es importantísima, lo es para Jesús, así como para nosotros. Al mismo tiempo, la familia complica nuestras vidas. Las relaciones familiares son enredadas, a menudo nos confronta son situaciones que no escogimos. Dentro de nuestras familias experimentamos los más grandes gozos y las más profundas penas. Las relaciones son intensamente íntimas, cambian constantemente, y a menudo nos confunden. Damos comienzo a la vida evadiendo a nuestros padres como criaturas semejantes a Dios, que saben todas las cosas, y pasamos a una edad cuando dudamos que sepan algo, tan sólo para después volver a impresionarnos con la sabiduría de ellos. La mayoría de nuestras vidas nos la pasamos entre generación mayor y  otra menor, y nos preguntamos cuánto dominio debiéramos ejercer sobre esta y a la vez debatimos sobre cuánto dominio deberíamos permitirle aquella ejercer sobre nosotros.

 

    Cuando Jesús estaba en las bodas, él fue jalado en diferentes direcciones por las confusas corrientes de una familia. Lo vemos situado entre el amor y la honra debidos a su madre, por un lado, y su dedicación a la vez por el otro. El suyo era algo terriblemente incómodo conflicto entre "lo bueno" y "lo mejor". Se vio forzado a buscar un equilibrio entre los deseos de su madre y la voluntad de su Padre. Aunque jamás tenemos una oportunidad de ver a Jesús como esposo o como padre si lo vemos como hijo adulto, viéndoselas con una situación complicada, creada en parte por el hecho de pertenecer a una familia. Esto debería hacernos sentir agradecidos a todos los que vivimos dentro de una familia.

 

JESUS MANIFESTÓ LA GLORIA DE DIOS (2:6-11).

     Después de que le dijo a su madre que todavía no había vendido su hora de darse a conocer públicamente como obrador de milagros, Jesús se volvió a los siervos y les dio instrucciones en el sentido de llenar de agua seis tinajas de piedra estaban cerca. Ellos hicieron tal como se les dijo y llenaron las tinajas hasta arriba. Luego les dijo a los siervos que sacaran un poco de agua, y que la llevara al maestresalas. Nuevamente, ellos obedecieron. Cuando el maestresalas aprobó el agua, halló que éste se había convertido en vino. De hecho, se había convertido en el mejor vino de todo el banquete de bodas. Incluso llamó al esposo y le preguntó por curiosa estrategia de reservar el mejor vino para el final.

 

     Juan concluyó éste episodio escribiendo lo siguiente: "Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él". La palabra "señal" era muy importante para Juan. Son siete señales mayores las que están anotadas en los capítulos del 2 al 12. Esta palabra es la que se usa para referirse a las poderosas obras, o milagros, que Jesús hizo. No obstante, una señal es mucho más que un milagro; se trata de un milagro que hace que la gente vuelva su mirada a la fuente de este-si es Dios operando a través de su Hijo, Jesús. Cuando Jesús obró la señal de convertir el agua en vino, el "manifestó su gloria", demostrando así, que Dios, en efecto estaba con él. La respuesta correcta a la experiencia de presenciar una señal, es exactamente la que los discípulos de Jesús dieron: Creyeron. Las dos palabras claves, "señales" "creer", aparecen juntas en las palabras que Juan utiliza para expresar el propósito de este evangelio: "hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero ésta se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:30,31)

 

CONCLUSIÓN:

   Este intrigante incidente nos deja con una obvia invitación a creer. La señal demostró que él era quien afirmaba ser. También demostró que Jesús tenía el poder de cambiar situaciones. En este relato el agua se convirtió en vino; más adelante, los que estaban perdidos en tinieblas, fueron convertidos en hijos de Dios, portadores de la luz. No obstante, recuerde que este texto debe quedar en su contexto, dentro de la totalidad del evangelio de Juan. Esta no es sino, la primera-y tal vez la menor-de la señales que Jesús obró, más adelante veremos mayores señales invitando a tener una mayor fe. A  estas alturas es suficiente preguntar: ¿Vio usted la señal?. ¿Qué piensa usted acerca de Jesús? ¿Está usted creciendo en la fe?. ¿Se mantendrá usted buscando, escuchando, observando y siguiendo a Jesús?.  cisnerosme@yahoo.com.mx    http://henrycis.net