"¡He visto al Señor!"

(Juan 20.1-31) Juan, el camino de la fe

(Lección  34)

 

Ahora, al llegar a la culminación de Juaneste evangelio de fe enfrentamos la historia de la resurrección de Jesús. ¡No es un tema cualquiera, pues todo está en juego!

 

La presentación de la resurrección en Juan, se hace claramente y se organiza en cuatro diferentes apariciones del Señor resucitado. Cada una introduce algo nuevo en el cuadro. Al comienzo, en el capítulo veinte, podemos vernos como espectadores que observan a otros viéndoselas con las preguntas acerca de la resurrección. Al final del capítulo, no obstante, descubrimos que ¡somos nosotros los que estamos en el centro del cuadro, teniendo que decidir lo que vamos a hacer con Jesús!

 

LA RESURRECCIÓN Y MARÍA MAGDALENA (20:1-18)

   En la mañana del domingo posterior a la crucifixión de Jesús, todavía estaba oscuro cuando María Magdalena vino al sepulcro. Al ver que estaba quitada la piedra del sepulcro, ella corrió a Pedro y a Juan (el "otro discípulo, aquel al que amaba Jesús") y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto" (20:2). La idea de la resurrección no parece haberle pasado por la mente a María aquella mañana, a pesar de que era una devota seguidora de Jesús y de que había escuchado de buena gana las enseñanzas de éste. Para ella, la única manera de explicarse que la tumba estuviera vacía, era pensando que alguien se había robado el cuerpo.

 

Al oír el informe de María, Pedro y Juan corrieron hasta el sepulcro. Juan, el más rápido de los dos, llegó primero y se detuvo a la entrada. Cuando Pedro lo alcanzó junto al sepulcro, éste se precipitó adentro. (¿No era ésta la manera habitual de ser de Pedro?). Ambos vieron los lienzos puestos allí y el sudario enrollado en un lugar aparte. En este momento, Juan entró en la tumba también, y creyó. No obstante, los discípulos no entendían cómo las Escrituras habían enseñado desde un principio que el Mesías se levantaría de entre los muertos. Era demasiado como para que Pedro y Juan pudieran entender.

 

Después de que los dos discípulos hubieron regresado a sus hogares, María se quedó junto al sepulcro, llorando. Ella había amado a Jesús profundamente, y le parecía que algunos salteadores de sepulcros se habían encargado de agravarle su dolor. No podía imaginarse que en su vida pudiera encontrarse en una situación más terrible que ésta. Estaba llorando, cuando se inclinó para mirar dentro del sepulcro. Allí vio a dos ángeles, que estaban sentados como guardas, uno a la cabeza, y el otro a los pies de donde Jesús había estado. Cuando ellos le preguntaron por qué lloraba, ella dijo: "Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto" (20:13).

 

Note que el énfasis de la historia, hasta este momento, ha sido en la desaparición del cuerpo de Jesús. ¡Este no es un detalle insignificante! Es una prueba muy importante para la fe de las generaciones posteriores. Cuando se lee Juan 20, junto con los primeros capítulos de Hechos, nos damos cuenta de cuan fácilmente los oponentes de la iglesia primitiva podían haber detenido la propagación del cristianismo: Todo lo que tenían que hacer, era presentar el cuerpo muerto de Jesús. Eso hubiera detenido la propagación del cristianismo en un instante. Es obvio que no pudieron, porque, de lo contrario, lo hubieran hecho. ¡La desaparición del cuerpo es la prueba más importante de la resurrección de Jesús!

 

María luego se volvió, y vio a Jesús. Por alguna razón, tal vez porque la mañana era oscura todavía, o por los vestidos que él llevaba puestos, o porque las lágrimas le impedían ver bien, María no se dio cuenta de que estaba frente a Jesús. Creyendo que se trataba del hortelano a cargo de los Jardines del lugar donde el sepulcro se encontraba, ella le suplicó: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré" (20:15). Jesús luego la llamó por su nombre: ¡María! En ese instante, ella se dio cuenta, por primera vez, de que estaba hablando con el Señor resucitado.

 

Cuando María oyó su nombre en labios de Jesús, ella respondió llamándolo: "Raboni", el nombre hebreo con el que uno se dirige a un maestro. Jesús le dijo que dejara de abrazarlo (es probable que ésta fuera una cuestión emocional más que física) pues él no había ascendido aún al Padre (20:17). Saliendo del huerto, ella se apresuró a ir donde los discípulos y les dijo: "He visto al Señor" (20:18). ¡La fe de María en el gran maestro, se había convertido en fe en el Señor resucitado!

LA RESURRECCIÓN Y LOS DISCÍPULOS EN EL APOSENTO ALTO (20:19-24)

   El domingo de resurrección fue un largo y confuso día para los discípulos. Aquella noche se ocultaron a puerta cerrada, pues temían a los líderes Judíos que habían hecho morir a Jesús. El informe de María Magdalena todavía se asemejaba a la incoherente afirmación de una per­sona emocionalmente perturbada. Ellos no sabían dónde estaba el cuerpo de Jesús, pero el pensamiento de sus corazones era que Jesús estaba muerto. Nos parece necesario hacer notar en este momento, que es el temor lo que reina en el estado de ánimo de discípulos, para quienes su maestro está muerto. Incluso hoy día, cuando los cristianos son presa del temor, ellos viven como si su maestro todavía estuviera en un sepulcro.

 

Cuando los discípulos se reunieron a puerta cerrada. Jesús repentinamente se les apareció dentro de la habitación. Los saludó con estas palabras: "Paz a vosotros" (20:19), y les mostró las señales de los clavos en sus manos y pies. Los discípulos estaban asombrados y "se regocijaron viendo al Señor" (20:20). Las palabras "paz", "regocijo" y "temor", en el contexto de la fe, nos hacen recordar un pasaje anterior del evangelio de Juan, donde Jesús había anunciado su muerte y resurrección:

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo. Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis (14:27-29).

 

Al final, cuando Jesús se les apareció, estando ellos a puerta cerrada, la primera noche después de resurrección, los discípulos se estaban comenzando a dar cuenta de que él era más que un maravilloso maestro, e incluso más que un gran profeta, ¡él era el Mesías resucitado, era el hijo de Dios!  ¡El temor de ellos comenzó a disiparse, su gozo volvió a ellos, y comenzaron a experimentar la maravillosa paz de Dios!.

LA RESURRECCIÓN Y TOMÁS (20:24-29)

Tomas no había estado con los otros diez discípulos cuando Jesús se les apareció a éstos Cuando regresó, ellos le dijeron lo mismo que María les había dicho anteriormente "¡Al Señor hemos visto!" (20:25) Aunque Tomás había tenido una vez, una gran fe en Jesús,1 en este momento del relato, su corazón se había endurecido y se había vuelto escéptico Una vez se había atrevido a ser partícipe de la visión celestial que Jesús tenía de la realidad, pero las decepciones y profundas heridas lo habían hecho volver a una visión terrenal del mundo Tomás insistió "Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré" (20:25)

 

Es demasiado tentador criticar a Tomás por su escepticismo La verdad es que todos nosotros estamos familiarizados con los sentimientos que el expresó Es demasiado lo que depende de nuestra decisión a creer, como para que tomemos a la ligera tal decisión Deseáramos ver y tocar al Señor resucitado nosotros mismos Tomás nos ayuda a hacerle frente a nuestras propias dudas, y luego nos ayuda a dejarlas atrás.

 

Después de que Tomás hubiera expresado repetidamente su escepticismo, por un período de ocho días, los discípulos estaban nuevamente reunidos a puerta cerrada Esta vez Tomás estaba con ellos, cuando Jesús se les apareció nuevamente, justo como lo había hecho la vez anterior Confrontando las dudas de Tomás, Jesús le dijo a este que mirara sus manos, tocara sus cicatrices, e incluso, que metiera la mano en su costado Tomás luego confesó "¡Señor mío y Dios mío!" (20:28) De las confesiones de fe en Jesús como Señor, que aparecen en el evangelio de Juan, esta es la más grande de todas, y provino de los labios del obstinado corazón de uno que había sido una vez un decepcionado escéptico

 

Después de la confesión de Tomás, Jesús le dijo algo que describe nuestra situación hoy día Le dijo "Porque me has visto, Tomás, creíste, bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (20: 29) A nosotros nos gustaría tener la prueba que Tomás tuvo, pero eso es imposible hoy día, pues Jesús ha ascendido al cielo para estar con el Padre Para nosotros, la fe debe basarse en otra cosa Lo que la señal de los clavos fueron para Tomás y los otros discípulos, corresponde a lo que el evangelio de Juan es para nosotros hoy día una forma de tener un encuentro con el Señor resucitado Aunque no lo vemos cara a cara, nos encontramos con él a través de sus testigos, sus afirmaciones, sus enseñanzas y el poder de la palabra de Dios escrita

LA RESURRECCIÓN Y NOSOTROS (20:30-31)

En 20:30-31, llegamos a la declaración del propósito, para el cual se escribió todo el evangelio de Juan

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre

   Él dijo llanamente que Jesús hizo muchas otras "señales" en presencia de sus discípulos, pero las siete señales que "quedaron escritas" en este evangelio fueron incluidas con el propósito de producir fe en las generaciones posteriores Los que entren en contacto con la historia de Jesús a través de este evangelio pueden llegar a creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y creyendo, pueden tener vida en su nombre El evangelio de Juan es un libro de carácter práctico, con un importante propósito.

 

   En los relatos de la resurrección de los cuatro evangelios, no hay un solo versículo que sugiera que alguien de hecho viera a Jesús salir del sepulcro Muchos lo vieron cuando lo mataban, y muchos lo vieron después de su resurrección, pero nadie lo vio salir del sepulcro A nosotros, al igual que a los primerísimos discípulos, se nos deja que saquemos nuestras propias conclusiones. Tal como aquella amiga de la universidad una vez me dijo:

“Todo descansa en la resurrección. Si es cierta, entonces todo lo demás es cierto. Si es mentira, entonces nada importa”.

 

CONCLUSIÓN

   Los eruditos han debatido por largo tiempo si Juan escribió este evangelio para producir fe en los que jamás habían creído anteriormente, o si lo escribió para fortalecer la fe de aquellos cuya fe se estaba debilitando. ¿Significará ese “que creáis”, un “que comencéis a creer”, o un “que sigáis creyendo”? En el evangelio de Juan, cuando una pregunta se responde de un modo o del otro, a menudo la mejor respuesta incluye ambos modos. No hay duda de que Juan escribió con el fin de crear fe en aquellos que jamás la habían tenido anteriormente. Al mismo tiempo, gran parte de este evangelio aborda los problemas de una fe de discípulos cansados, o que batallan, o que se han debilitado o acobardado, dentro de la comunidad cristiana.

 

   Creo que a Juan le hubiera gustado la historia de Schia, una niña de cuatro años que le pidió a sus padres que la dejaran a solas con su hermanito recién nacido. Al comienzo sus padres se rehusaron a concederle tal deseo, pero cuando ellos vieron cuán tierna y cariñosa ella era con su hermanito, ellos consintieron. Cuando miraban, llenos de curiosidad, a través de una abertura de la puerta, vieron a Schia andar por encima de la cuna y la oyeron cuando suavemente le decía al niño: “Bebé, dime cómo se siente Dios. Se me está empezando a olvidar”.

 

   Para algunos que lean esta lección, la fe es tan sólo el comienzo. Esta fe en crecimiento puede ser aterradora y emocionante al mismo tiempo. Para otros, la fe se expresa principalmente en tiempo pasado —algo que una vez estuvo vivo, pero que ahora está casi muerto. El evangelio de Juan es para aquellos que jamás han conocido la fe, como también, para aquellos que se les está “empezando a olvidar”.

 

¿A qué conclusión llegó acerca de la resurrección de Jesús? ¿Cree usted? ¿Creerá usted? ¿Renovará su fe usted? ¡Todo depende de esta decisión!

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