Le crucificaron

 (Juan 19:1-42)

 

 (Lección 32)

 

¿Cuál será la más grande historia de amor de todos los tiempos? Habrá algunos que piensen en un cuento de hadas tal como el de la Cenicienta, como el de la Bella Durmiente o como el de Blanca nieves. Cada historia presenta a una bella y bondadosa doncella que es rescatada por un guapo, noble príncipe, y luego fueron "felices para siempre". Tal vez su mente se trans­porte a un romance más propio de adultos tal como el de Romeo y Julieta o Lo que el viento se llevó.

 

Puede ser que cuando usted piense en historias de amor, se imagine el amor de un padre hacia su hijo. De Corea nos llega una historia acerca de una madre campesina, la cual fue atrapada por una amarga tormenta de invierno en compañía de su pequeño hijo. Buscando desesperadamente salvarle la vida a su pequeño, ella se quitó sus gruesas ropas y envolvió en ellas al bebé. A la mañana siguiente, su cuerpo congelado fue descubierto, y del bulto de ropas que había junto a ella se oyó salir el llanto de su hijo, el cual estaba a salvo y tibio. Éste, cuando crecía, a menudo le contaban acerca del amor y sacrificio de su madre. Cierto día frío de invierno, se le vio junto al sepulcro de su madre, sin abrigo ni camisa. Una y otra vez preguntaba: "¿Madre, fue así de frío como sentiste por mí?".

 

Esta clase de historias de amor enternecen nuestros corazones, pues constituyen grandes demostraciones de amor. No obstante, el más grande amor de todos los tiempos debe, sin duda, provenir de Juan 19. Se trata de la historia acerca de cuánto nos ama Dios; es la historia de la cruz.

 

LA CRUZ VISTA COMO HISTORIA DE AMOR

El referirse a la cruz como una historia de amor no es nada nuevo. Fueron varias veces que Juan señaló que la cruz era la máxima demostración del amor de Dios:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (3:16).

Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (13:1).

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos (15:12-13).

   Son varias explicaciones las que se pueden dar acerca de la cruz. La que se recalca en el evangelio de Juan, es que la cruz constituyó la máxima demostración del amor de Dios.

 

   Después de los procesos a los que fue sometido Jesús ante Anás, Caifás y Pilato, él fue entregado a los judíos para que lo crucificaran. Aunque la cruz es la piedra angular de la fe cristiana, el evento en sí es relatado en tan sólo unas breves palabras.

Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio (19:17-18).

 

   En realidad, ninguno de los escritores de los cuatro  evangelios dio muchos detalles materiales acerca de la crucifixión de Jesús. "Y allí le crucificaron", son sencillas palabras cargadas de un tremendo significado. El que cree (¡He aquí esta palabra nuevamente!) que Jesús es el Hijo de Dios, no puede leerlas sin conmoverse profundamente. Tal es el poder de las palabras con que Juan expresa: "Allí le crucificaron".

 

Después Juan contó acerca de cómo Pilato dio la orden de que se colocara un rótulo un poco arriba de la cabeza de Jesús. Esto es lo que decía: "JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS" (19:19). Estas asombrosas palabras fueron escritas en hebreo (el idioma de los judíos), en latín (el idioma de los romanos), y en griego (el idioma común para el comercio, de aquellos tiempos). Por supuesto que esto era terriblemente ofensivo para los principales sacerdotes, los cuales eran responsables de la muerte de Jesús. Ellos querían que el rótulo dijera: "él dijo: Soy rey de los judíos". Pilato, sea por una fortaleza no característica de él, o por su característica inclinación a ofender, dijo: "Lo que he escrito, he escrito" (19:22).

 

El rótulo colocado sobre la cruz, es otro ejemplo de alguien que, en el evangelio de Juan, dijo más de lo que realmente sabía. Vemos esto anteriormente, cuando Caifás le dijo al concilio judío gobernante: "Vosotros no sabéis nada; ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca" (11:49-50). Juan continuó explicando:

Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos (11:51-52).

 

   Del mismo modo, Pilato dijo una profunda verdad, la cual fue más trascendental de lo que él mismo pensó, cuando dio la orden de que fuera puesto aquel rótulo por encima de la cabeza de Jesús en la cruz.

 

Los soldados que cumplieron la orden de crucificar a Jesús tenían una terrible, y sin embargo aburrida, tarea que cumplir. Una vez que una persona era colocada en la cruz y ésta era levantada, no había otra cosa que hacer, que quedarse allí, y esperar a que la persona muriera. Con el fin de matar el rato y ganar algún dinero extra, se dividían los vestidos de la persona que estaba siendo crucificada. Esto fue lo que hicieron con los vestidos de Jesús, cuando los dividieron en cuatro partes y después echaron suertes para decidir cuál de ellos se ganaría la túnica sin costura que él llevaba puesta.

 

La crucifixión no era simplemente una forma de ejecutar a alguien; era un medio para causarle la más grande humillación y vergüenza al conde­nado. Siempre se llevaba a cabo en un lugar público por donde mucha gente pasara y observara la repugnante escena. El propósito de los romanos al hacer esto, era deshonrar a la persona que estaba muriendo y cualquier causa o crimen que ésta representaba. A los ciudadanos romanos no se les crucificaba; esta forma de ejecución estaba reservada para los esclavos, los extranjeros y la gente de baja clase. A menudo se les crucificaban desnudos, y los cuerpos de ellos eran dejados para que se pudrieran en la cruz durante semanas, haciendo más asquerosa y repugnante la escena. Cuando Juan anotó que los soldados se repartieron los vestidos de Jesús, él nos estaba recordando de la deshonrosa humillación que tenía como propósito la crucifixión¡humillación que Jesús llevó por todos nosotros!

 

El relato de Juan dirige después su atención, a las mujeres que estaban al pie de la cruz. Una de ellas era María, la madre de Jesús. Es difícil incluso, imaginarse el dolor en el corazón que una madre siente cuando mira a su hijo sufrir tan horrible muerte. No obstante, hasta en su sufrimiento. Jesús pudo ver y ministrarle a las necesidades de su madre. Dado que, según parece, José había muerto en cierto momento de la juventud de Jesús, Jesús sabía que María iba a tener dificultades cuidando de sí una vez que él se hubiera ido. Jesús, mirando hacia abajo desde la cruz, vio "al discípulo a quien él amaba" (aparentemente a Juan) y le dijo a su madre: "Mujer, he ahí a tu hijo" (19:26). Luego le dijo a Juan: "He ahí a tu madre" (19:27). Los dos entendieron lo que él estaba diciendo; Juan había de responsabilizarse de María como si ella fuera su propia madre, y desde ese día María se fue a vivir a la casa de Juan.

 

Hasta sus palabras hacia María y Juan indican la fuerza y la pureza del amor de Jesús. El sufrimiento por lo general nos vuelve egocéntricos. Cuando sentimos dolor, es difícil que pensemos en otra persona o cosa. Este hecho vuelve más extraordinario el que Jesús se preocupara por las necesidades de su madre en los momentos en que moría en la cruz.

Después de estos eventos, la historia de la cruz llega abruptamente a su final. Jesús sabía que había cumplido con su tarea. Luego dijo: "Tengo sed" (19:28), y alguien le dio de beber vinagre de una esponja empapada. Una vez más, tal como ya lo hemos visto tan a menudo en este evangelio, la humanidad de Jesús es recalcada Él sabía lo que era tener hambre y estar cansado (4: 6) y lo que era ser conmovido en espíritu (11:33) Jesús entiende perfectamente nuestra condición humana, y él ilustro este entendimiento momentos antes de morir cuando dijo "Tengo sed"

 

Jesús luego dijo sus ultimas palabras en la cruz "Consumado es" (19: 30) Al decir esto, inclinó su cabeza y "entrego el espíritu" El había seguido un plan para su vida, y por fin lo había cumplido Su muerte no fue accidental, y nadie le quitó su vida El había entregado su vida siguiendo el plan de Dios para el perdón de nuestros pecados

LA CRUZ VISTA COMO UN LLAMADO A TOMAR UNA DECISIÓN

¿Qué hemos de hacer con la historia de la muerte de Jesús en la cruz? ¿Hemos de sentirnos mal por ello? ¿Deberíamos regocijarnos? ¿Habrá algo que debamos hacer?

 

A través de todo el evangelio de Juan se nos ha invitado a ser partícipes de historias en las que la gente observó, escuchó e interacciono con Jesús Jamás fue el propósito de éstas ser simplemente las historias de ellos, también son nuestras historias Este evangelio no trata solamente sobre la fe de ellos en Jesús, también trata de nuestra fe Juan nos recordó de esto después de su relato de la muerte de Jesús "Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis" (19: 35) Nuevamente vemos el tema de la fe Juan nos presentó a Pedro y a Pilato como ejemplos de personas que ceden a la presión En contraste con los anteriores, también proporcionó dos ejemplos de personas que tuvieron suficiente valentía como para confesar su fe en Jesús, inmediatamente después de la muerte de éste

 

José de Arimatea era un discípulo de Jesús, pero el lo había sido en secreto, pues temía a los líderes judíos Cuando Jesús murió, José fue a Pílate y le pidió el cuerpo de Jesús, con el fin de darle sepultura (es obvio que ésta no constituía una acción "secreta", por parte de uno que temiera ser señalado como seguidor de Jesús"

 

El compañero de José, en la audaz acción de darle sepultura al cuerpo de Jesús, fue m mas ni menos que Nicodemo, "el que antes había visitado a Jesús de noche" (19:39) Lo vimos en el capitulo tres, cuando Jesús le habló acerca del nuevo nacimiento Lo vimos nuevamente en 7: 50-52, cuando todavía no declaraba "públicamente" su fe en Jesús Esta vez, no obstante, lo vemos en las horas más negras de la historia de la humanidad, el tiempo que transcurrió entre la muerte y la resurrección de Jesús Aquí, él demostró una fe valiente, decisiva y atrevida Juntos, José y Nicodemo prepararon el cuerpo de Jesús para su sepultura y lo colocaron en un sepulcro

 

CONCLUSIÓN

La historia de Jesús no se cuenta con el fin de proporcionar un entretenimiento pasivo Se cuenta con el fin de crear una fe viviente, transformadora, en los corazones de aquellos que la oigan La cruz no es algo de lo cual podamos oír para después olvidar Se requiere de una respuesta La pregunta que Juan plantea es ineludible, ¿Se decidirá usted a dar un paso y ser identificado con el que murió por usted? Jesús murió por usted ¿Qué va a hacer usted al respecto? cisnerosme@yahoo.com.mx    http://henrycis.net