“Que en mí tengáis paz”

(Juan 16:1-33) Juan, el camino de la fe

(Lección 30)

La experiencia de prepararse para predicar, a menudo es similar a la que tuvo Jacob la noche que luchó con Dios. Estando sólo en la ribera del Jaboc, Jacob luchó con sus pensamientos, con sus recuerdos, con sus temores y con un mensajero de Dios hasta el amanecer. Cuando el sol comenzó a levantarse, al día siguiente, el oponente de Jacob le ordenó a éste que lo dejara irse. Jacob se rehusó a hacer tal, e insistió: "No te dejaré, si no me bendices" (Génesis 32:26). La preparación para una prédica es, a menudo, así: los predicadores luchan por largo tiempo y arduamente con difíciles textos y a veces no parecen llegar a ninguna parte. No obs­tante, la lucha no nos desanima; nos mueve a "aferramos" al pasaje hasta que, por fin, éste nos bendiga a nosotros.

 

Tal fue mi experiencia con Juan 16. Durante toda la semana el pasaje pareció resistirse a todo intento mío por resumirlo y organizarlo. Eran demasiadas cosas las que estaban ocurriendo, y era demasiado lo que se estaba diciendo. Luego, una mañana que me dirigía al trabajo, caí en la cuenta de que las características que más me frustraban acerca del texto, eran precisamente las que le daban a éste la fuerza y pertinencia que tiene para la situación en que nos encontramos hoy día. Este texto se resiste a la simplificación, a la reducción y a la organización; pero ¡igual se resiste casi todo lo que conforma la vida! El apremiante mensaje de Juan 16, cual río que serpentea y se arremolina, es, tal vez, el texto idóneo para nosotros hoy día.

 

   Antes de echarle una mirada al mensaje de este capítulo, necesitamos recordar en qué parte del evangelio está ubicado. Después de doce capítulos relacionados principalmente con el ministerio público de Jesús, los capítulos trece al diecisiete están llenos de conversaciones íntimas entre Jesús y sus doce discípulos. El se preocupaba cada vez más por ellos, conforme la hora de su muerte se acercaba. Como resultado de lo anterior, las enseñanzas de estos cuatro capítulos fueron consagradas principalmente al propósito de preparar a los discípulos para la partida de Jesús de en medio de ellos. Para el comienzo del texto bajo estudio, Juan 16, Jesús ya les había lavado los pies, Judas ya había salido a traicionar a Jesús / Jesús ya les había dicho que él se iba, y ya les había advertido acerca de la persecución que vendría después.

"SIGA LA GUÍA DEL ESPÍRITU SANTO" (16:5-15)

Con el fin de continuar preparándolos para su partida. Jesús les comenzó a decir a sus discípulos, que les convenía que él se fuera (16:7). Les recordó que la única manera que "el Consolador" viniera, era que él se fuera. Este Consolador, el Espíritu Santo, continuaría el ministerio que Jesús había comenzado. Esto fue lo que Jesús les dijo:

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará;... (16:12-14a).

 

   El debate acerca del Espíritu Santo hoy día, es a menudo causa de confusión y división. Aunque este pasaje no agota el tema del Espíritu Santo, sí describe la misión de éste: guiar a los seguidores de Jesús a toda la verdad. Para los cristianos de hoy día, toda verdad ha de ser evaluada a la luz de lo que el Espíritu les reveló a los apóstoles, cuando él los guió "a toda la verdad". También debemos recordar que el propósito del Espíritu no es atraer atención hacia sí, sino glorificar al Hijo. Toda enseñanza acerca del Espíritu debe ser consecuente con estas dos verdades.

 

"NUESTRA RELACIÓN SERÁ ESPIRITUAL" (16:16-22)

Jesús dijo muchas palabras que hoy entendemos con facilidad, pero que en el momento que las dijo, confundieron completamente a sus discípulos. Tal es el caso de lo que dijo en 16:16-22. Jesús les dijo que dentro de poco no le verían, pero que "de nuevo un poco" le verían otra vez (16:16-17). La muerte, sepultura y resurrección de Cristo, son temas sobre los cuales los cristianos están constantemente hablando, y son los eventos que ellos recuerdan y celebran cada domingo cuando observan la cena del Señor. No obstante, antes del evento de la cruz, lo anterior era una idea inconcebible. Para los discípulos, parecía que Jesús estaba hablando en acertijos imposibles de descifrar.

 

Jesús continuó preparando los discípulos para su partida; pues -aunque estuvieran confundidos esa noche. Jesús sabía que más lo iban a estar al día siguiente, cuando fuera crucificado. Por lo tanto, continuó con su mensaje acerca de lo que estaba a punto de ocurrir. Les dijo que ellos llorarían, mientras el mundo se alegraba, sin embargo, en poco tiempo, el mundo lloraría y los discípulos se regocijarían (16:20-22). Podemos ver que esto fue lo que ocurrió en la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, pero los discípulos no podían en aquel momento entender esta importante verdad.

 

"PIDAN EN MI NOMBREW (16:23-28)

   Jesús continuó consolando y preparando a los discípulos explicándoles que la situación en la cual ellos realmente quedarían, sería mejor una vez que él ascendiera al Padre: "En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuando pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido" (16:23-24). Aunque a ellos no les cabía en la cabeza, cómo esto podía tener la posibilidad de ser cierto. Jesús les aseguró que cuando él regresara a los cielos, sería un poder espiritual indecible el que se liberaría en el mundo: ¡Su sangre, la cual estaba a punto de ser derramada por los pecados del mundo, y el Espíritu Santo, el cual estaba a punto de venir y tomar su lugar, eran dos fuerzas que bendecirían al mundo de formas inimaginables! Jesús les había hablado en lenguaje figurado, pues no estaban preparados para recibir más que eso en aquel momento. No obstante, ellos pronto entenderían "claramente" lo que él les había querido decir (16:25). Les aseguró que cuando pidieran en su nombre, ellos recibirían las respuestas a sus oraciones (16:26-28).

"CREAN EN MÍ" (16:29-32)

   Una confesión de fe en él, fue la respuesta que los discípulos les dieron a las palabras de consuelo de Jesús. Esto fue lo que dijeron: "Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios" (16:30; énfasis nuestro). Nuevamente observamos la importancia de la palabra "creer" en el evangelio  de Juan. El propósito de este evangelio es que el lector llegue a creer que Jesús es el Hijo de Dios (20:30-31). Se nos recuerda que Juan utilizó la palabra "creer" de muchos modos. En algunos versículos significa que la persona aceptó una afirmación como verdadera. En otros significa que alguien aceptó a Jesús como Hijo de Dios. Hay instancias en las que significa que uno ha reconocido públicamente su fe en Jesús, mientras que en otras significa que uno "está firme" en cuanto a su determinación de seguir a Jesús. En 16:30, los discípulos se estaban refiriendo a que ellos aceptaban como verdaderas las afirmaciones de Jesús; creyeron en que él había "salido de Dios".

 

Jesús puso en duda la declaración de fe de ellos, pues, sabía que ellos no estaban preparados todavía para sacrificarse por sus convicciones (16:32). Les dijo que ellos lo dejarían solo. Llegado a este punto, vemos a Jesús mirando hacia fuera de los eventos del evangelio de Juan, y poniendo en duda nuestras confesiones de fe hoy día. ¿Realmente creemos? Decimos que confiamos en que él es el Hijo de Dios, pero ¿estaremos firmes en la defensa de él cuando el hacerlo así significa que sufriremos? El evangelio de Juan no es solamente la historia de la fe de los discípulos; ¡también lo es de nuestra fe!

"RECIBAN MI PAZ" (16:33)

Si todas las enseñanzas de Jesús que se en­cuentran en el capítulo 16, se pudieran resumir en un tema central, éste sería el mensaje del versículo 33. ¡Todas las advertencias, todas las predicciones, todas las promesas se hicieron con el propósito de darles paz a los discípulos en el momento más tumultuoso de sus vidas! Jesús jamás les prometió a sus discípulos que sus vidas estarían libres de problemas, pero SÍ les prometió que tendrían la paz de Dios en medio de los problemas: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo" (16:33). El énfasis aquí es en el "yo". Serían muchas las formas como los eventos de las siguientes veinticuatro horas llevarían a los discípulos a creer que el mundo había vencido, y que el mal había triunfado. Jesús los preparó para esto, afirmando confiadamente que él había "vencido al mundo". También es significativo que la frase "he vencido" haya sido utilizada, en griego, en el tiempo perfecto. Por lo tanto, conlleva el siguiente significado: "Yo ya he vencido al mundo, y el resultado de mi victoria, ¡ya se está dando!". Aunque el evento de la crucifixión no se verificaría literalmente, sino hasta al día siguiente. Jesús les expresó a sus discípulos su confiada certeza de que todo marchaba según se había planeado, y que ellos serían bendecidos por los eventos que dentro de poco tendrían lugar.

CONCLUSIÓN

Aunque al comienzo nos puede parecer que las circunstancias en que nos encontramos, distan mucho de ser aquellas en las que se encontraban los discípulos que primero oyeron las palabras de consuelo de este capítulo, es necesario pregun­tarnos: ¿Es realmente diferente el mundo en que vivimos? Del mismo modo que ellos, nosotros enfrentamos problemas inesperados, somos tentados a perder la confianza en Dios, afirmamos que creemos, tan sólo para después vernos negando nuestra confesión de fe, y desesperadamente anhelamos tener paz en medio de este mundo en el que a menudo reina el caos. Jesús quería que sus discípulos estuvieran preparados para las intensas batallas en las que pronto se verían envueltos. No hay duda de que sus palabras cumplen el mismo propósito en nuestras vidas, puesto que ellas nos preparan para cualquier vicisitud que podamos enfrentar en el futuro. La fórmula que Jesús propone en Juan 16, para conservar la paz de Dios en medio de las vicisitudes, es: "Los problemas son de esperar y hay que prepararse para ellos".

 

En junio de 1995, el capitán Scott Francis 0'Grady, un piloto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, fue derribado mientras cumplía con una misión aérea sobre Bosnia-Herzegovina. A pesar de esto, él pudo descender en paracaídas sin haber sufrido rasguño alguno, pero él sabía que los que lo habían derribado pronto vendrían a buscarlo para llevárselo prisionero. Poniendo en práctica todo lo que había aprendido durante años de intensa preparación en la Fuerza Aérea, para poder sobrevivir, 0'Grady logró permanecer oculto a los ojos de soldados enemigos durante seis días, hasta que por fin fue rescatado por los infantes de marina. Durante ese tiempo él sobrevivió recogiendo agua de lluvia y comiendo insectos. Cuando le preguntaron acerca de la prueba sufrida, 0'Grady dijo que la salvación de su vida se debió a la preparación para sobrevivir que había recibido. La Fuerza Aérea le había enseñado a esperar los problemas, así que, estaba preparado para ellos en el momento que llegaran.

Jesús no quiere que sus discípulos de hoy día se preocupen por las terribles posibilidades de la vida (Mateo 6:25-34), pero sí desea que nosotros entendamos que los problemas son parte de la vida del discípulo. Al entender esto, podemos estar preparados, y así, no ser destruidos espiritualmente cuando los problemas lleguen.

 

Este capítulo sugiere que muchas veces tenemos necesidad de oír lo que no nos parece necesario oír en el momento. La gente a veces se queja de alguna clase bíblica o sermón, diciendo: "No tiene nada que ver con las circunstancias en que me encuentro actualmente". La verdad es que a menudo tenemos necesidad de oír lecciones "acerca de las circunstancias en las que no nos encontramos actualmente". Es decir, necesitamos oír acerca de aquello en lo que nos podamos encontrar eventualmente, estar preparados para situaciones que podamos enfrentar en el futuro. Es obvio que a los discípulos no les agradó lo que Jesús les dijo en el capítulo dieciséis, pero Jesús sabía que necesitaban oírlo. Del mismo modo, nosotros también necesitamos oír el mensaje completo de las Escrituras. Luego, tal como Pablo lo dijo, es­taremos completamente preparados para cualquier eventualidad que se nos presente (2ª  Timoteo 3:14-17).

 

Tengo dos hijas, una de doce y otra de catorce años. Como padre que soy, oigo que el tictac del reloj es cada vez más alto en estos días. Sé que mi tiempo con mis hijas se está yendo rápidamente, y en tan sólo unos pocos años ellas ya no vivirán en mi casa. Cuando me doy cuenta de esto, a menudo me pregunto si ellas estarán preparadas. ¿Sabrán ellas cómo sobrevivir y prosperar en este mundo? ¿Sabrán ellas cómo cuidar de sí mismas? ¿Tendrán ellas una firme fe en Jesús, la cual las preservará a través de cualquier crisis que puedan enfrentar?

 

Yo no conozco el futuro que les aguarda, y me pregunto, como padre que soy, si las habré preparado para lo que les sobrevenga.

 

Jesús, en el texto de esta lección, suena como un preocupado padre que está a punto de enviar a sus hijos a ganarse la vida en el mundo. Les dijo que él enviaría "el Consolador" para que estuviera con sus seguidores, que la verdad nos había sido dada como un ancla para nuestras vidas, que tan ciertamente como el día sigue a la noche, nuestro gozo seguiría a nuestra tristeza, que nuestras oraciones son escuchadas por un Padre amoroso que desea lo mejor para nosotros, y que él había vencido al mundo. ¿Era posible que hubiera algo más, de lo cual pudieran tener necesidad de oír? Lo que sea que el mañana nos pueda deparar en nuestras vidas, sea problemas o tranquilidad, podemos tener paz. ¡Jesús nos ha preparado para nuestro futuro!  cisnerosme@yahoo.com.mx    http://henrycis.net