“HE AQUÍ EL CORDERO DE DIOS” (1:19-51)

 

Parte  1 -  Lección  3

 

 

    El maravilloso libro para niños, (Sarah, la sencilla y alta), cuenta la historia de una mujer del estado de Maine, la cual decidió dejar la costa para mudarse a las praderas, y ser una especie de esposa pedida por correo. Antes de convertirse en la esposa de un agricultor de las praderas, el cual había enviudado, intercambió algunas cartas con este y con su pequeño hijo e hija. Ella les había escrito acerca de su gato y del océano, y los niños le había escrito preguntándole si podía hacer trenzas en el cabello y si podía cantar. Mientras llegaba el momento de que Sarah hiciera su viaje hacia el oeste para formar parte de la familia que nunca antes había conocido, esto fue lo que les escribió: "estimado Jacob. Llegaré en tren. Llevaré puesto un gorro amarillo. Soy sencilla y alta. Sarah".

 

      ¿Puede usted imaginarse las ansias de todos ellos cuando estaba a punto de ver el tren en el día que Sarah llegaba?. ¿En qué habían estado pensando?. Las cuatro personas envueltas en aquel drama no tenían idea de lo que podían esperar.

 

        El texto bajo estudio (Juan 1:19-51), da comienzo con el mismo sentimiento de incertidumbre y confusión. Era algo grande y maravilloso, lo que les estaba sucediendo a las personas envueltas en estos eventos, sin embargo no tenían certeza acerca del modo como debían responderles a éstos. Jesús entró en un mundo que estaba ansioso a la espera de algo; el único problema era que la gente no sabía exactamente qué era ese algo al que esperaban. Esta parte del evangelio de Juan da comienzo mostrándonos, a través de las perspectivas de sufridos testigos, quien realmente fue este Jesús de Nazaret.

 

EL TESTIMONIO DE JUAN EL BAUTISTA (1:19-34).

      Para el tiempo que Jesús vino a ser bautizado en el río Jordán, Juan el Bautista ya había creado un no pequeño revuelo en Judea.  Su tosca apariencia al estilo de profeta, y sus poderosas prédicas, también al estilo de profeta, en el sentido de que el reino de Dios estaba cerca, habían atraído gente de Jerusalén, así como de toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, donde Juan estaba bautizado (Mateo 3:5). Tal vez fue debido a que muchos esperaban que el Mesías reuniera a sus seguidores en el desierto, que la gente comenzó a especular acerca de quién era en realidad Juan el Bautista. Cuando la conmoción llegó a ser lo suficientemente grande, los judíos enviaron algunos sacerdotes y levitas a preguntarle a Juan que tenía el que decir acerca de sí mismo.

      Tanto en sus predicas como en su conversación, Juan el Bautista parece haber sido un hombre franco, que no dejaba duda alguna acerca de lo que quería decir. Esto fue lo que les dijo a los hombres que vinieron de Jerusalén: "Yo no son el Cristo" (Juan 1:20). Además, declaró que él no era Elías ni el profeta del cual había hablado Moisés (Juan 1:21; Deut. 18:15). En fin, les estaba diciendo que él no era aquel que ellos estaban esperando. Más bien, citando (Isaías 40:3), se identificó asimismo "la voz de uno que clama en el desierto: Enderezar el camino del Señor". Él era un simple mensajero, un simple precursor. Después de Juan, vendería uno, cuyas sandalias él no era digno desatar.

 

      Juan el Bautista era fiel a su palabra y a su misión. Al día siguiente, cuando vio a Jesús acercarse, esto fue lo que declaró: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29).  Aunque el bautismo de Jesús no se menciona en este evangelio, Juan hizo una alusión al evento cuando reveló que él había visto el Espíritu de Dios descender del cielo como paloma, y permanecer sobre Jesús. Luego confesó: "este es el hijo de Dios". (Juan 1:32). A los ojos de Juan el Bautista, Jesús no era un Hijo de Dios; era el Hijo de Dios. El no era un Cordero de Dios; era el Cordero de Dios.

 

EL TESTIMONIO DE ANDRES (1:35-42).

      Al día siguiente Juan, nuevamente dirigió la mirada de sus discípulos a Jesús describiendo a éste como "el Cordero de Dios", de modo que ellos lo dejaron y se fueron tras Jesús. Uno de ellos, Andrés, comenzó llamando "Rabí” a Jesús, término por el cual él indicaba que estaba dispuesto a seguirlo dentro del ámbito de una relación estudiante-maestro. No obstante, las razones que tenía para seguirlo, eran más profundas que un simple deseo de ser impresionado por la sabiduría de Jesús. El de inmediato halló a su hermano Simón Pedro y le dijo a éste: "Hemos hallado al Mesías" a estas alturas del relato, Jesús ya había sido dado a conocer como el Cordero de Dios, como el Hijo de Dios, como un Rabí y como el Mesías.

 

EL TESTIMONIO DE FELIPE Y NATANAEL (1:43-49).

     Jesús empleo para llamar a Felipe, la poderosa expresión: "Sígueme", la cual en labios de Jesús, cambian las vidas de los que la obedecen (1:43).  Felipe después halló a Natanaél y le dijo a éste que ellos habían hallado a aquel que había sido prometido por Moisés y los profetas; que se trataba de Jesús de Nazaret, el hijo de José (Juan 1:45). La respuesta del Natanaél fue menos entusiasta, pues cínicamente preguntó: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? (Juan 1:46). Aunque no convencido, acompañó a Felipe a ir a ver a Jesús. Cuando Natanaél se acercaba, dijo Jesús: "He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño". (Juan 1:47).Natanaél se preguntó de qué modo le había conocido Jesús, así que se lo preguntó. La respuesta de Jesús emocionó profundamente a Natanaél: antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi". Tal vez Natanaél había estado meditando u orando debajo de la higuera, y las palabras de Jesús le dieron a entender que él conocía los pensamientos íntimos del corazón de Natanaél. Por la razón que fuera, lo cierto es que este cambio significó que Natanaél rápidamente pasara de ser un cínico endurecido, a ser un entusiasta discípulo, quien incapaz de contenderse, expresó la confesión más radical que si hubiera hecho hasta aquel momento: "Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel".

 

       En todos estos primeros encuentros, entre Jesús y los testigos, las personas que parecían quedarse sin palabras para describir lo que ellos habían llegado a creer acerca de éste hombre. Es como si estuvieran tratando de pintar el cuadro de un hermoso atardecer, con sólo cinco colores pincel a mano "Cordero", "Hijo de Dios", "Rabí", "Mesías", "Rey". Ninguno alcanzaba a describir la brillantez que veía. La más importante confesión estaba todavía por expresarse pues Jesús después señaló, con sus propias palabras, quién era él.

 

EL TESTIMONIO DE JESUS (1:50-51).

      Jesús parecía estar maravillado por la efusiva respuesta de Natanaél a algo tan pequeño como el haber oído que le había visto cuando estabas debajo de la higuera antes de que Felipe lo llamara. Jesús le informó que más adelante vería señales más impresionantes que ésa: "Desierto, desierto os digo: de aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y desciende sobre el Hijo del hombre" (Juan 1:51). El cielo, decía, se abriría. La construcción en griego (participio perfecto) indica que el cielo había de abrirse y quedar abierto. Habría de permanecer abierto. Jesús, aquel que venía de Nazaret, estaba afirmando que él iba a cambiar la relación entre el cielo y la tierra para siempre no era un vislumbre del cielo lo que le estaba prometiendo a Natanaél. En lugar de ello, lo que estaba diciendo que la gloria del cielo estaba siendo revelada por siempre en él. Luego Jesús se refirió a sí mismo como "el Hijo del hombre", la descripción favorita de sí mismo en los evangelios. Esta interesante expresión tiene un rico trasfondo antiguo testamentario. Parece que Jesús la usó primordialmente porque ella era una muestra del lenguaje profético, la cual no había sido contaminada por el mal uso que comúnmente se podría haber hecho de ella. Términos como "Mesías" y "Rey de Israel" tenían ambos connotaciones militares que él no deseaba atribuirse, y todas las demás denominaciones eran sólo descripciones parciales de quién era Jesús de Nazaret, y de lo que él había venido a hacer. Por lo tanto, Jesús se llamó a sí mismo el "Hijo del hombre". Ésta frase indicaba su dignidad y su humanidad al mismo tiempo. De modo que, ella le permitiría a Jesús expresar la idea de que él era aquel a quien los profetas habían señalado, y al mismo tiempo le daba la libertad de darse a conocer utilizando sus propios términos.

 

CONCLUSIÓN:

     El hecho de que todavía nos encontramos al comienzo del evangelio de Juan, hace que también se apliquen a nosotros las palabras: "Cosas mayores que estas veréis". Aunque hayamos ido a clases bíblicas desde que tenemos seis semanas de edad, todavía veremos cosas mayores que éstas. Aunque tengamos títulos bíblicos de universidades cristianas, veremos cosas mayores que éstas. Cada vez que miramos a Jesús de Nazaret nuevamente, veremos el cielo y que este permanecer abierto.

 

     Uno de los más grandes peligros de cualquier relación entre dos personas es que una de ellas deje de aprender acerca de la otra. El creer que uno conoce lo que otra persona es, "por dentro y por fuera", lo predispone a llevarse menudas sorpresas. Para que una relación se mantenga saludable debería haber continuos descubrimientos mutuos. Las personas que se han conocido todas sus vidas, o las parejas casadas que han estado juntos por más de 50 años, todavía tienen mucho que aprender el uno acerca de lo otro. ¿Se siente usted de igual modo con respecto a Jesús?

 

     El texto que hemos estudiado nos recuerda que nuestra caja de colores  es demasiado pequeña: las categorías que tenemos para definir a Jesús siempre serán insuficientes. El darse cuenta de esto, ¿Hará que usted continué buscándole a él?. ¿Continuará usted leyendo acerca de él?  ¿Continuará usted buscando conocerle cada vez más profundamente?. ¿Aún sabiendo que él, en ciertos momentos, le reprenderá y le hará replantearse lo que siempre ha dado por sentado?. ¿Continuará usted dejando a Jesús definirse asimismo por sus acciones y palabras, el lugar de insistir en que Jesús encaje en su imagen de lo que él debiera ser?. Donde sea que usted se encuentre en la vida hoy día, si usted continúa buscando a Jesús en este evangelio, "Cosas mayores que éstas verás".

 

      Cuando Jesús llamó a Felipe, simplemente le dijo: "Sígueme". En aquel momento de la vida de Felipe, había mucho que éste no entendía acerca de Jesús, y era poco lo que entendía. No obstante, él lo siguió y al seguirlo, el gradualmente llegó a ver quién era Jesús. Si queremos entender a Jesús, debemos estar dispuestos a seguirlo; pues es en el seguirlo que llegamos a entenderlo.   cisnerosme@yahoo.com.mx       http://henrycis.net