"Yo soy la vid"

(Juan 15:1-16:4) Juan, el camino de la fe

(Lección 29)

 

Existe un cuadro de Norman Rockweil, la gente suele colgarla en paredes de sus salas, estudios, etc.  En ella se cuenta una experiencia que, de una u otra forma, todos hemos tenido: la experiencia de dejar el hogar. En el cuadro, se observa a un padre sentado junto a su hijo, sobre la batea de la desvencijada camioneta de la familia, mientras esperan algo, tal vez un autobús, que llevará al hijo que se muda a la ciudad, para poder asistir a la universidad. El padre lleva puesto el atavío de trabajo, propio de un granjero, y el hijo está vestido de traje entero y corbata. El padre luce envejecido, ojeroso y preocupado. El hijo luce joven, lleno de energía y ansioso por ir a ver el mundo. Hay cierto toque de tristeza en el cuadro; uno no puede evitar sentir lástima por el padre y por el perro de la familia, el cual sabe que este es el momento del "adiós", y afligidamente apoya su cabeza sobre la pierna del joven. Hay momentos, cuando miro este cuadro, que me identifico con el joven. Más a menudo, en estos tiempos, me identifico con el padre. En ocasiones, ¡me identifico incluso con el perro!

 

Una pregunta que el cuadro de Rockweil parece hacer es: "¿En qué estará pensando el padre?". Yo me imagino que cuando el autobús llegue, los dos hombres se pondrán de pie, y el padre le dirá al joven: "Ten cuidado, ¿me oíste?", o tal vez: "Hijo, escríbele a tu madre, que ella lo apreciará bastante". No obstante, no me interesan tanto las palabras que pueda decir, como los sentimientos que pueda abrigar muy profundo en su corazón. Imagino que se estará preguntando qué le espera a su hijo. ¿Estará preparado? ¿Irá a tener buenos amigos? ¿Soportará el dolor de la separación? ¿Le irá a producir cambios el éxito? ¿Le habrá enseñado el padre todo lo que necesita afuera en el mundo?

 

Las imágenes del cuadro de Rockweil, del padre y el hijo en la parada de autobuses, nos preparan bien para el estudio de nuestra lección. En los capítulos del trece al diecisiete, del evangelio de Juan, se narran las últimas horas anteriores al momento de ir a la cruz, de Jesús. En el capítulo trece, él les lavó los pies a los discípulos, y en el capítulo catorce los calmó de sus temores. En este texto, 15:1-16:4, veremos cómo él preparó a los discípulos para los problemas que enfrentarían. Lo hizo anticipando tres cuestiones mayores que ellos enfrentarían sin él.

CUESTIÓN UNO: LA PERSECUCIÓN POR PARTE DE LOS HOMBRES (15:18—16:4)

¿Ha habido alguien que le haya tenido aversión a usted, o que, incluso, lo haya aborrecido, y sin embargo, usted no tenía idea de la razón? Una de mis hermanas tuvo tal experiencia en sus años de universidad. Ella comenzó a notar que un estudiante la miraba a ella como si la aborreciera, pero ella ni siquiera conocía a tal persona. Algunas veces se topaban en las aceras, y mi hermana le sonreiría y le saludaría con un cortés "Hola". No obstante, él frunciría el ceño, miraría hacia otro lado, y expresaría con un suspiro su disgusto. Ella le contó a sus amigas acerca de esta extraña situación, pero ellas creyeron que debía ser su imaginación.

 

   Un día, mi hermana fue invitada a una "cita a ciegas", a salir con otra pareja y un joven que era amigo de la pareja. Ella aceptó. La noche de la cita llegó, y ¡quién resultó ser su cita, sino el estudiante que la aborrecía a ella! La noche fue un desastre. No solamente parecía aborrecerla, sino que en realidad la aborrecía. Nada de lo que él dijo fue amable ni cortés, y él ni siquiera se propuso hacer que la cita fuera agradable. Mi hermana estaba desconcertada por toda la situación. Que ella supiera, no había hecho nada que pudiera lastimar a esta persona; sin embargo, él la trató como si fuera su peor enemiga. Algún tiempo después, descubrió que, desafortunadamente, ¡ella se parecía a una antigua novia que le había destrozado el corazón a este joven, en su ciudad natal, poco antes de que saliera para asistir a la universidad!

 

En el texto bajo estudio. Jesús les advirtió a sus discípulos que ellos estaban destinados a pasar por una época difícil. ¡Inmediatamente se sintieron tan desconcertados como mi hermana lo estuvo! Jesús los preparó de varias maneras para esta dolorosa experiencia. Primero, les dijo que si el mundo los aborrecía, debían recordar que el mundo lo había aborrecido a él primero (15:18). El hecho de que ellos eran sus discípulos, era razón para que esperaran el mismo trato que él había recibido (15:20). Si el mundo le había escuchado a él, entonces les escucharía a ellos. No obstante, puesto que el mundo por lo general lo persiguió a él, ellos debían esperar que el mundo los persiguiera a ellos también.

 

La persecución por parte del mundo, les dijo Jesús, no sería algo personal en contra de ellos, sino que vendría por causa de que ellos eran seguidores de él (15:21). El deseaba que sus discípulos supieran que aquellos que lo aborrecían a él, y a ellos también, aborrecían al Padre (15:23). Jesús sabía que lo más angustiante de la persecución que se acercaba, era que ¡ella no tenía sentido de ser! El previo que esa persecución sería "sin causa" (15:25). Él esperaba que el estar avisados de esto a tiempo, de alguna manera les haría más llevadera la experiencia a los discípulos.

Los discípulos también debían esperar el ser echados de las sinagogas.1 De todo lo que Jesús les advirtió, lo más doloroso pudo haber sido la siguiente declaración: "... aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios" (16:2). ¿Por qué les dio Jesús tan angustiantes nuevas, la víspera de su crucifixión? Su propósito era prepararlos para que no tropezaran cuando los momentos difíciles llegaran (16:1). Si ellos recordaban que Jesús les había advertido de tales tribulaciones, entonces ellos no desmayarían (16:4). Estando Jesús presente para darles ánimo y enseñanza, ellos no hubieran tenido necesidad de tales advertencias. El hecho de que él estaba a punto de dejarlos, volvía esenciales estas enseñanzas para la supervivencia espiritual de ellos.

 

Aunque las situaciones en las que nos encon­tramos comió seguidores de Jesús que somos, son algo diferentes hoy día; nosotros, de igual modo, necesitamos atender a sus palabras acerca de las tribulaciones que enfrentaremos. En algunos lugares del mundo hoy día, la oposición que algunos cristianos enfrentan, es severa. Son gol­peados y encarcelados. Sus hogares son quemados, o sus reuniones de iglesia son prohibidas. Estos cristianos pueden entender las palabras que Jesús dice en este pasaje. Ellos saben que no les debe extrañar su sufrimiento, pues ¡Jesús mismo sufrió primero!

 

Puede que otros cristianos no enfrenten la persecución física tanto como sí enfrentan la social. Aunque no son golpeados físicamente, pueden ser ridiculizados por las creencias de ellos, y ser objeto de que se rían de ellos por las convicciones que tienen. En 1992, el crítico de cine Michael Medved publicó un libro llamado Holly-wood vs. América, en el cual él demostró cómo la industria cinematográfica aprovecha toda opor­tunidad que puede, para menospreciar la religión y los valores religiosos. Después produjo el video llamado Hollywood vs. Religión. Tanto en el libro como en el video, él declaró que, aunque a menudo les cuesta grandes cantidades de dinero en ganancias que se dejan de percibir, los productores de cine de Hollywood parecen determinados a atacar a los que creen en Dios.

 

La persecución es a veces más intensa dentro de un hogar cristiano. Un esposo o esposa puede criticar y menospreciar la fe de un cónyuge creyente. Esta forma de persecución puede ser la más difícil de soportar. Esta es, sin duda, la razón por la cual, aunque a los cristianos del siglo primero se les instruyó a permanecer unidos a sus cónyuges no cristianos, la idea de que un cristiano se case con un no cristiano es inconcebible (1ª  Corintios 7:12-16, 39).

 

   Pabloal cual la persecución no le era ajenale escribió lo siguiente a la iglesia de Roma: "Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres" (Romanos 12:18). Las primeras ocho palabras de este versículo señalan  que no siempre está dentro de nuestro alcance el vivir en paz. Hay momentos cuando nuestros oponentes espirituales no permitirán que las cosas queden así, y tendremos que enfrentar la persecución. No debería extrañarnos esto, cuando recordamos el sufrimiento de Jesús y su advertencia en el sentido de que nosotros también sufriremos por seguirlo a él. ¡Sus palabras constituyen una protección para evitar que tropecemos!

CUESTIÓN DOS: LA EXPERIENCIA DE ESTAR SEPARADOS DE JESÚS (15:1-8)

   Es obvio que la forma de abordar el texto bajo estudio, ha sido inusual, pues hemos comenzado por el final. El propósito para hacerlo así es que veamos el problema que se estaba tratando, con el fin de que valoremos cuan urgente es la relación que Jesús había mencionado anteriormente. De otro modo, tendremos la tendencia a ver esta sección como una lección espiritual interesante, pero no como una que está ligada al problema de la persecución. Fue por esto que dimos comienzo con el final de este capítulo, y ahora sí estamos preparados para el comienzo.

 

Esto fue lo que Jesús les dijo a sus discípulos: "Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador" (Juan 15:1). Esta es la última de siete expresiones en las que se incluye un "Yo soy", que se consignan en el evangelio de Juan. La vid y los pámpanos sirven como alegoría de la relación en­tre el Padre, el Hijo, y los discípulos del Hijo. Jesús es la vid, el Padre es el labrador (u hortelano, o cuidador de la viña), y los discípulos son los pámpanos. El fruto que los pámpanos han de producir es la piedad en las vidas de los discípulos.

 

En esta alegoría, el mensaje de Jesús se centra en la importancia de permanecer íntimamente unidos con él, así como los pámpanos lo están a la vid sobre la cual crece. El no hacerlo así produciría la muerte de inmediato. El permanecer en la vid es la única manera de llevar fruto, y el no llevar fruto produciría la muerte. Jesús señaló que los pámpanos sin fruto son quitados y echados al fuego por el labrador (15:6). También declaró que el labrador busca los pámpanos que llevan fruto y los poda para que lleven más fruto (15:2). En los versículos de apertura de este capítulo, la mención de poda es una insinuación en el sentido de que el seguir a Jesús sería doloroso para los discípulos en el futuro.

 

Jesús recalcó la importancia de que los discípulos permanezcan en él. El verbo "permanecer" sale siete veces en siete versículos (15:1-7) de labios de Jesús. Significa "continuar" o "quedarse". Así como el pámpano se nutre de la vid, los discípulos reciben de Jesús el principio de vida que les sostiene. Olvidar esto hubiera sido desastroso para ellos. Si ellos se separaban de la vid, morirían quemados por aquel que cuida la vid.

Los discípulos enfrentarían gran dolor en las siguientes veinticuatro horas, y ellos tenían varias opciones. Nosotros también, como seguidores de Jesús que somos, enfrentaremos oposición y angustia que puede ser espiritual, cuando no físicay nosotros también tendremos opciones.

 

Cuando somos aborrecidos por causa de Jesús, podemos abandonarlo todo.

Cuando somos aborrecidos por causa de Jesús, podemos sentirnos traicionados.

Cuando somos aborrecidos por causa de Jesús, podemos cambiar nuestras identidades.

Cuando somos aborrecidos por causa de Jesús, podemos ¡continuar unidos a la vid!

 

CUESTIÓN TRES: LA NECESIDAD DE SER AMADOS (15:9-17)

Además de ser llamados a permanecer en la vid, a los discípulos se les llamó a permanecer en el amor. ¡El amor es el gran imperativo para los seguidores de Jesús! Anteriormente, Jesús había demostrado, por medio del lavamiento de los pies de los discípulos, cuan importante era el amor en sus enseñanzas. En tal ocasión, él dijo:

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros (13:34-35).

   Jesús se refirió al imperativo que dice "Que os améis unos a otros", como a un mandamiento suyo (15:12). El amor a Dios y a unos y otros es la esencia misma del mensaje del evangelio (Mateo 22:34-40). El amor es también el énfasis de esta sección del evangelio de Juan. C.H. Dodd llamaba la atención al hecho de que la palabra "amor" aparece sólo seis veces en los primeros doce capítulos, mientras que en los capítulos del trece al diecisiete ¡aparece treinta y una veces!

 

El "amor" del cual habla este pasaje no es un sentimiento. Más bien. Jesús dejó claro que él se estaba refiriendo a la clase de amor cuya máxima expresión se da a través de su muerte en la cruz. Aunque es probable que los discípulos no entendieran a qué se refería él cuando decía:

 

   "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (15:13), usted y yo podemos entender que, sin duda, estaba hablando de su muerte, la cual tendría lugar al día siguiente. A sus discípulos se les llama hoy día, tal como se les llamó entonces, a imitar su ejemplo de amor, incluso el amor que llevó a Jesús a la cruz.

CONCLUSIÓN

Jesús nos ha advertido que los que se atrevan a seguirlo han de esperar la persecución. De uno u otro modo, todos los cristianos enfrentamos tribulaciones por causa de nuestra fe. Cuando ello sucede, ¿qué debemos hacer? Las respuestas que Jesús nos da son: "Permanecer en la vid" y "Amarnos unos a otros".

 

Un día después de que él diera estas ins­trucciones, Jesús fue a la cruz, con lo cual hizo la más grande demostración de amor que el mundo jamás ha visto. No obstante, no se le correspondió con amor. Más bien fue maldecido, escupido, golpeado, humillado y asesinado. Fue una terrible escena, llena del odio más irracional que el mundo jamás ha presenciado. Incluso en medio de esta locura. Jesús demostró fidelidad y amor. Él le hizo frente a la persecución y nos demostró el modo de vencerla.

 

En el lugar donde yo vivo, tenemos una expresión, la cual utilizamos cuando tenemos un día singularmente malo. Esto es lo que decimos: "MÍ madre siempre me dijo que habría días como este". Cuando se nos llama a pagar un alto precio por el privilegio de llevar puesto el nombre de Cristo, pódennos, del mismo modo, decir: "Mi Señor me dijo que habría días como este". No solamente dijo que el sufrimiento vendría, sino que también nos dijo qué hacer cuando viniera: ¡Aferramos a la vid, y amarnos unos a otros!                

 

 

Nota:

Cuando la persecución sobreviene Hechos 7:59-60

"La verdadera experiencia de vida cristiana, a menudo requiere de profundas convicciones y de mucha valentía”. cisnerosme@yahoo.com.mx    http://henrycis.net