"No se turbe vuestro corazón"

 (Juan 14:1 -31) Juan, el camino de la fe

 

(Lección 28)

 

El mensaje de Jesús para sus discípulos, en Juan 14, dio comienzo con las consoladoras palabras que dicen: "No se turbe vuestro corazón" (v.1 a). Este mensaje fue necesario después de los eventos y anuncios del capítulo 13. Judas había salido para traicionar a Jesús, Pedro habría de negar a Jesús esa misma noche, y el momento de ir a la cruz estaba cada vez más cerca. Desde una perspectiva humana, se podría decir que "todo se estaba desmoronando". Casi al final del capítulo 14, Jesús repitió la frase que dice: "No se turbe vuestro corazón", cuando añadió: "ni tenga miedo" (v. 27). Los versículos que se encuentran entre estas dos apariciones de la frase, constituyen las enseñanzas consoladoras que Jesús les dio a sus discípulos, cuando él y ellos se enfrentaron a las horas más difíciles que pudieron haber pasado juntos. Estas enseñanzas les ayudaron a los apóstoles a progresar en su viaje por "el camino de la fe", y nos pueden ayudar a nosotros en nuestro viaje hoy día.

 

El que Jesús use la palabra "turbe", de una manera tan consoladora, es algo digno de notar. La palabra "turbar" describe a Jesús mismo en tres ocasiones en el evangelio de Juan:

Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió (11:33).

 

Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora (12:27).

 

Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar (13.21).

El estado de turbación es la respuesta natural y esperada en una situación angustiante. Nos turbamos cuando las cosas van mal en nuestras vidas. No hay duda de que si alguna vez hubo un momento para turbarse, ése fue el día cuando Jesús  fue crucificado. Jesús preparó a sus discípulos para este evento llamándolos a creer en él (14:1), y dejándoles unos recursos especiales.

UN HOGAR PARA SER IMAGINADO (14:2-3)

Poco después de decir estas palabras. Jesús fue arrebatado de la presencia de los discípulos, por los soldados que habían sido enviados a arrestarlo (8:1-12). Cuando esto sucedió, los discípulos se quedaron solos. Ellos debieron haberse afligido por esto. El ser abandonado es uno de los más grandes temores que abrigamos desde nuestra más temprana niñez. Es extraño que Jamás parezcamos superar esta fobia.

 

El Dr. James Dobson contaba acerca de una invitada especial, que una vez apareció en su programa radial "Enfoque en la familia". Se trataba de una mujer rusa, la cual había pasado varios años en un campo de exterminación nazi, durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando ella apareció en el programa de Dobson, contó cómo ella había sido testigo de asesinatos en masa y había experimentado toda clase de privaciones durante aquellos años. Después contó cómo, después de la guerra, vino a los Estados Unidos y se casó. Lo trágico es que el esposo de ella le fue infiel, y después la abandonó. Cuando Dobson hablaba con ella, la mujer le dijo que la experiencia de ser rechazada y abandonada dentro de su matrimo­nio, había sido más dolorosa que los años pasados en el campo de muerte alemán.

 

El conocer cuan terrible es la soledad, hizo que Jesús les diera a sus discípulos una nueva manera de ver su cercana ausencia. En lugar de verla como un abandono, se les dijo que la vieran como un tiempo durante el cual Jesús iba a preparar lugar para ellos en la casa de su Padre (14:2-3). ¡Cuan maravillosa manera de ver la ausencia física de Jesús!

 

Hoy día, cuando los problemas nos llevan a creer que hemos sido abandonados y desamparados por Dios, debemos recordar lo que Jesús les enseñó a hacer a los discípulos, cuando se sintieran abandonados junto a la cruz: ¡Debemos recordar que Jesús está preparando un lugar para nosotros, donde estaremos algún día en casa, con Dios, para siempre!

UN DESTINO AL CUAL ABRAZARNOS (14:4-11)

Después de que Jesús les dijera a sus discípulos que él iba a preparar lugar para ellos. Tomas le dijo: "Señor no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?" (14:5). Jesús le respondió: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por (14:6). Felipe, otro discípulo, luego añadió: "Señor, muéstranos el Padre, y nos basta" (14:8). Jesús le respondió, y es probable que con cierta tristeza en su corazón: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre;..." (14:9b). A pesar de la confusión que se tenían. Jesús recalcó que él era aquel en quien debían centrar toda su atención, cuando se preparaban para enfrentar la cruz con él.

 

¿Deseamos acercarnos a Dios? ¿Deseamos estar cerca de él? ¿Cómo podemos venir a él? Jesús les dijo que él es el único camino para "venir al Pa­dre". Esto fue cierto la víspera de la cruz, y lo sigue siendo hoy día.

 

En uno de sus libros para niños, Max Lucado contó una inspiradora fábula pequeña, acerca de un rey que llevó a cabo un concurso para determinar quién habría de casarse con su hija y convertirse en el próximo rey. Los concursantes eran tres caballe­ros: Carlisle, el fuerte; Alón, el veloz; y Cassidon, el sabio. La misión de ellos consistía en hacer una travesía por un denso y peligroso bosque de cicutas, el cual estaba habitado por un molesto pueblo conocido como los hopenots. El acuerdo era que el primer caballero que llegara al castillo al otro lado sería el que se casaría con la princesa. El rey orientaría a los concursantes por en medio del bosque tocando una tonada especial con su flauta, tres veces al día desde su castillo. No obstante, mientras el rey tocaba la canción con su flauta para orientar a los caballeros en su travesía, los hopenots tocarían imitaciones de la canción del rey con el fin de confundir a los viajantes. Para ayudarse en su camino, a cada caballero se le permitía llevar un acompañante con él a través del bosque. Los tres valientes caballeros se adentraron en el bosque de cicuta y se enrumbaron hacia el castillo. Al final, Cassidon, el observador, fue el primero que halló el camino que llevaba hasta el rey. ¿Cómo lo hizo? El escogió al príncipe, al hijo del rey, como su acompañante. El hijo conocía la canción de su padre, y podía tocarla a la perfección el mismo. Cuando viajaban, Cassidon escuchaba atentamente. Al comparar lo que oía de la canción del príncipe, él pudo distinguir entre la imitación de los hopenots y la verdadera canción del rey.

 

Jesús, sabiendo que sus discípulos estarían confundidos, desorientados y desanimados cuando le fuera quitado a ellos, les dio un destino en el cual poner la mirada durante los momentos en que fueran probados. Ellos debían andar en las pisadas de él, pues él era la única guía confiable que los llevaría el Padre. Hoy día, el mensaje de Jesús para nosotros es el mismo. Él nos llama a poner la mirada en él y a seguirlo en los momentos difíciles. En esencia, esto es lo que nos dice: "¡Sígueme! Incluso, a través de la tempestad; incluso, cuando no puedas ver; incluso, cuando no tenga sentido la vida; incluso, cuando tengas serias dudasen tus momentos más oscuros, sígueme. ¡Hallará que ha llegado a la presencia del Padre!".

UNA PRESENCIA PARA SER EXPERIMENTADA (14:12-14)

Algunas de mis historias favoritas son acerca de niños que vienen a sus padres en medio de la noche porque les asusta el dormir solos. A una niña pequeña le fue dicho por sus padres que ella debía regresar a su cama y dormir plácidamente porque Dios la cuidaba. Como no le impresionaron tales palabras de consolación, ella contestó: “¡Puede que eso sea así, pero esta noche necesito alguien con piel!". Otro niño vino a sus padres diciéndoles que él estaba asustado. Su padre trató de conven­cerlo de que Dios estaba allí mismo en la habitación con él y que no había nada que temer. Este niño, también, deseaba más que una explicación. Esto fue lo que le sugirió a su padre: "¿Por qué no vas tú a dormir con Dios, y me dejas a mi dormir con mami?".

El tercer recurso que Jesús les ofreció a sus turbados discípulos, con el fin de consolarlos, fue la promesa de su continuada presencia en las vidas de ellos. Les aseguró que cualquier cosa que pidieran en su nombre, él lo haría, y que ¡ellos, algún día, harían mayores obras que las que ellos le habían visto hacer (14:12-14)! Su ausencia física no limitaría su habilidad para consolarles y ayudarles a ellos. La suya era una promesa en la cual ellos podían confiar, incluso en los momentos de mayor oscuridad.

 

UN AYUDADOR AL CUAL ESPERAR (14:16-18, 25-26)

Jesús les explicó a sus discípulos, en más de una ocasión, que él se iba por un tiempo. No obstante, les informó que su salida no significaba que los dejaría en la orfandad (14:18). En su lugar, él les enviaría un "Consolador" (14:16, 26). La palabra griega, de la cual se traduce "consolador" significa: "uno que anda a la par". En un ambiente de juzgado, se refiere al abogado que habla en favor de uno. En otros ambientes, significa cualquier persona que sirve de ayuda durante momentos de necesidad. Todos estos significados describen al Espíritu Santo (14:26), el cual Jesús les envió a sus seguidores en el momento de su partida.

 

El Espíritu Santo, al igual que Jesús, es divino y debe ser referido como un "él", y no como un "ello". Él vive en la iglesia hoy día (1ª  Corintios 3:16) y en el miembro individual (1ª  Corintios 6:19). Él es el poder que nos transforma cada vez más en la imagen de Cristo (2ª  Corintios 3:18) y produce el fruto de Dios en nuestras vidas (Gálatas 5:22-23). En cumplimiento de la promesa que Jesús les hiciera a sus discípulos, él constituye una gran fuente de consolación y de ayuda en las vidas de las personas de Dios. Como el Espíritu está con nosotros, y dentro de nosotros, entonces no somos "huérfanos" espirituales, aunque Jesús no esté presente física­mente sobre esta tierra.

 

A G.K. Chesterton le preguntó una vez un periodista, en el momento en que los dos hombres estaban de pie en una esquina de Londres, lo siguiente: "Señor, entiendo que hace poco se convirtió usted en cristiano. ¿Puedo hacerle una pregunta?". A lo cual Chesterton respondió: "Por supuesto". El hombre preguntó: "SÍ el Cristo resucitado apareciera repentinamente en este momento y se pusiera detrás de usted, ¿qué haría usted?". Chesterton respondió: "El está".

 

Jesús está con nosotros hoy día en la persona del Espíritu Santo. No se nos ha dejado solos; no somos huérfanos espirituales. Para nosotros, así como lo fue para los primeros discípulos, esta es una tremenda fuente de consolación, aun cuando nuestro mundo sea fuente de turbación.

UN MANDAMIENTO EL CUAL OBEDECER-(14:15, 20-21, 23-24, 31)

   Otra fuente de consolación, que Jesús les dio a los discípulos, fue una serie de mandamientos. Aunque puede ser que no consideremos que los mandamientos sean fuente de consolación, ellos sí nos proveen de un entendimiento de lo que Dios espera de nosotros. El saber esto nos da confianza.

   Una y otra vez, en el capítulo 14, Jesús llamó a sus seguidores a guardar sus mandamientos y a obedecerle. Hay quienes piensan que tal manera de hablar es contraria al amor. No obstante. Jesús Jamás consideró que la obediencia y el amor fueran diferentes el uno del otro. Más bien, dijo: "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama..." (14:21). El amor a Dios se expresa en la obediencia a él.

 

Para Jesús, la obediencia significó morir en la cruz (14:31). Después de la larga y penosa noche, que se narra en los capítulos trece al diecinueve, Jesús fue arrestado. Al día siguiente Jesús fue clavado en una cruz por los pecados del mundo. Al hacer esto, él fue más allá de las palabras, y mediante el ejemplo, les enseñó a sus discípulos la importancia de la obediencia. La obediencia es la manera como le mostramos nuestro amor a Dios.

 

CONCLUSIÓN

Más adelante en su discurso. Jesús dijo: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (14:27). Este capítulo dio comienzo con el llamado a no dejar que "se turbe" nuestro corazón y concluye con una promesa de paz. La paz es algo que todos deseamos, pero que a menudo se nos dificulta definir. Demasiadas veces describimos la paz en términos negativos; la paz es, nos parece, la ausencia de guerra, sufrimiento, dolor y pérdidas. Jesús, no obstante, describió la paz en términos más positivos; es la presencia de Dios. ¿Cuál es su manera de pensar acerca de la paz?

 

La paz que Jesús ofrece es la clase de paz que no puede ser robada por un ladrón, ni asesinada por un homicida, ni ser hecha añicos por una llamada de medianoche portadora de noticias trágicas. La paz de Cristo es la presencia de Dios. Su paz nos causa que seamos como la "mujer virtuosa" que se describe en Proverbios 31:25: "Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir". Nosotros, también, podemos reírnos del porvenir incierto, sabiendo que Dios está con nosotros.

 

En el momento que Jesús ofreció estas palabras de consuelos a sus discípulos, éstos estaban a punto de enfrentar el caos y la angustia de la muerte de él. Hoy día, usted y yo estamos a punto de enfrentar... bueno, no sabemos lo que estamos a punto de enfrentar, ¿o sí? Al andar por la incierta senda de la vida, emprendamos nuestro "camino de fe". Al hacer lo anterior podemos reírnos de lo porvenir, sabiendo que Jesús nos ha preparadoasí como preparó a sus primeros discípulos ¡para cualquier cosa que sobrevenga!                      

cisnerosme@yahoo.com.mx    http://henrycis.net