Jesús les lavó los pies

(Juan 13:1-17)

 (Lección 27)

 

“Comenzó a lavar los pies de los discípulos” (13: 5)

 

Poco antes de la fiesta de la pascua (13:1), Jesús se reunió con sus discípulos para comer con ellos. El viaje desde Betania ese día, había sido sobre caminos polvorientos, y la conversación había sido contenciosa.  Cuando se reclinaron a la mesa a comer esa noche, lo hicieron con los pies sucios. En una cultura donde las personas comían reclinadas sobre un codo en el piso, ¡los sucios pies de la persona al lado de uno eran algo serio! Un lebrillo y una toalla estaban disponibles en la sala para el lavamiento, pero no hubo un siervo que quisiera hacer el trabajo. En consecuencia, comenzaron a comer con el polvo del día todavía en sus pies. Mientras la comida estaba teniendo lugar. Jesús se puso de pie, se ciñó una toalla, puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con su toalla. No hay duda de que un bochornoso silencio debió haber llenado aquella sala cuando Jesús se trasladaba de un discípulo a otro. De todas las personas que había en la sala, ¿por qué era Jesús el que estaba lavándoles los pies a todos los demás?

 

Jesús estaba, a través de sus acciones de aquella noche, haciendo algo más que lavar pies sucios. Estaba preparando a sus discípulos para su muerte y para la misión de ellos. El lavamiento de los pies de los discípulos era un anuncio del sacrificio que pronto haría en la cruz, de la limpieza que había de ser posible a través de la sangre de Jesús, y de los valores completamente nuevos del reino de Dios Jesús estaba utilizando la ilustración física del lavamiento de los pies para enseñarles a sus discípulos la naturaleza del servicio cristiano.

 

EL SERVICIO ES UNA MANIFESTACIÓN DEL AMOR (13:1)

El capítulo 13 comienza una nueva sección dentro del evangelio de Juan. Los capítulos del trece al diecisiete son comúnmente llamados los "discursos de despedida" de Jesús En contraste con la enseñanza en público, que era el enfoque central de su anterior ministerio, esta sección describe conversaciones en privado, íntimas, sostenidas entre Jesús y los doce apóstoles. Una diferencia que se muestra en esta sección es que la palabra "amor" aparece más frecuentemente que en las secciones anteriores. Los capítulos del uno al doce contienen sólo seis referencias al amor, mientras que los capítulos del trece al diecisiete ¡mencionan el amor treinta y una veces! Dos de estas ocurrencias se dan en el primer versículo del capítulo trece.

 

Si hemos de llegar a entender por qué Jesús les lavó los pies a los discípulos, o por qué él murió en la cruz, debemos comenzar por entender su amor: “... sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (13:1). Para que las acciones de Jesús puedan ser entendidas, debemos primero apreciar el corazón del cual manaron tales acciones. El corazón de Jesús estaba lleno de amor cuando les lavó los pies a los discípulos. No estaba lleno de enojo, ni de desilusión, ni de frustración, ni de disgusto, estaba lleno de amor. SÍ queremos servir como Jesús sirvió, es importante que nosotros también comencemos a hacerlo con amor. Muchos que insisten en que debemos servir como Jesús sirvió, no están dispuestos a comenzar como Jesús comenzó, con un corazón lleno de amor.

 

Más adelante en este mismo capítulo. Jesús describió cómo el amor es el valor central del reino de Dios,

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros (13:34-35).

   El servicio, si ha de ser servicio cristiano genuino, debe comenzar con el amor.

No hay límite a lo que el amor puede impulsarnos a hacer. Si servimos movidos por la culpa, o el orgullo, nuestro servicio se quedará corto en comparación con lo puede ser si servimos movidos por corazones amorosos. Un hombre que estuvo como paciente en un hospital cristiano misionero observaba cómo las mujeres trabajaban arduamente todo el día, haciendo los trabajos más difíciles y más sucios que podía haber visto. Un día le comentó a una enfermera: "¡Yo no haría su trabajo ni por un millón de dólares!". La enfermera cristiana hizo una pausa en su trabajo, le sonrió al hombre y le dijo: "¡Yo tampoco!". El amor nos mueve a entregarnos nosotros mismos en el servicio como ninguna otra cosa puede hacerlo.

 

EL SERVICIO SURGE DE LA CONFIANZA (13:2-4)

"Servir", "siervo", "servicio"son palabras que le suenan al mundo como términos "débiles". Sugieren tareas que sólo llevan a cabo los analfabetos, los pobres, los débiles. El servicio, comúnmente se cree, es para los que no pueden subir por encima de ese nivel. Uno sirve sólo porque se ve obligado a hacerlo.

 

Jesús, no obstante, le dio un significado contrario a todo eso. La noche que les lavó los pies a los discípulos, él no era débil, ni inferior, ni fue en modo alguno intimidado por los doce. Esto es lo que Juan escribió:

“... sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó” (13:3-4).

   Lo que Jesús hizo, lo hizo estando en una posición de confianza y poder. El servicio, demostró él, no se arraiga en la debilidad, sino que se fundamenta en la fortaleza. Cuando un cristiano entiende verdaderamente cuan amado y apreciado él es ante los ojos de Dios, entonces tiene confianza para servir. Jesús modeló lo anterior cuando les lavó los pies a los discípulos.

EL SERVICIO SE CENTRA EN DIOS (13:1-5)

Los dos discípulos que más destacan en el capítulo 13 son Judas (vv. 2,18-30) y Pedro (vv. 31-38). A los dos hombres les lavó los pies Jesús, y los dos le causaron gran desilusión menos de dos horas después: Judas lo traicionó y Pedro lo negó. Esta "pequeñez" es en realidad una maravillosa verdad liberadora acerca de la naturaleza del servicio. El modo como los demás respondan a nuestro servicio no es lo que convierte a éste en algo bueno. Debemos servir, y dejar que sea Dios el que juzgue los resultados.

 

EL SERVICIO REQUIERE DE QUE PRIMERO UNO SEA SERVIDO (13:6-10)

Cuando Jesús se acercó a Pedro y comenzó a lavarle los pies a éste, Pedro se opuso, diciendo: "Señor, ¿tú me lavas los pies?". Jesús le dijo a Pedro que él estaba haciendo algo que Pedro no podía entender en ese momento, pero que eventual­mente lo entendería. Pedro continuó oponiéndose e insistió en que Jesús jamás le lavaría los pies. Debió haberle causado estupor a Pedro el que Jesús le dijera: "Si no te lavare, no tendrás parte conmigo" (13:8). Aunque él no entendía por qué esto era importante para Jesús, sí entendió que era importante. Pedro, el impulsivo de siempre, entonces ¡le pidió a Jesús que le bañara todo su cuerpo!

 

Las palabras que Jesús le dijo a Pedro revelan cuan destructiva puede ser la autosuficiencia espiritual en nuestra relación con Dios. Siempre y cuando sigamos creyendo que hemos ganado nuestra salvación, no seremos llenos de gratitud ni de humildad hacia Dios. En consecuencia, no tendremos deseo ni motivación para servirles a los demás. ¡En tal caso nos estaríamos haciendo nosotros mismos nuestro propio dios! Por otro

lado, cuando nos damos cuenta de que hemos sido salvos solamente por la maravillosa gracia de Dios, entonces llegaremos a ser agradecidos, humildes, y estaremos dispuestos a seguir el ejemplo de nuestro Salvador. ¿Cómo estimularemos a una iglesia que no se preocupa por servirles a los demás? ¡No es mediante los regaños ni el abochornarlos, sino mediante el recordarles que Jesús les "lavó los pies" cuando él estuvo en la cruz! El ser servido por el sacrificio de Jesús es el primer paso que se necesita dar para llegar al verdadero servicio cristiano.

 

A menudo, en el evangelio de Juan, las conver­saciones en las que participa Jesús tienen varios significados diferentes al mismo tiempo. Lo ante­rior es lo que estaba sucediendo en 13:1-17. En primer lugar, el lavamiento de los pies de los discípulos fue un acto de bondad y hospitalidad que se le proporcionó a un grupo de hombres que estaban comiendo una cena, mientras estaban reclinados con los pies sucios cerca de unos y otros. En un nivel más profundo. Jesús estaba aprovechando la ocasión para enseñarles a los discípulos (nuevamente) que él era un siervo, y que aquellos que lo siguieran debían estar dispuestos a servir también. Entrelazada en la conversación, había otra indicación de que Judas traicionaría a Jesús (13:10-11).

EL SERVICIO ES IMITACIÓN (13:12-16)

   Después de que Jesús hubo terminado de lavarles los pies a sus abochornados discípulos, él tomó su lugar a la mesa. Es probable que un in­cómodo silencio siguiera cuando los doce esperaban que Jesús dijera algo. Por fin, les preguntó: "¿Sabéis lo que os he hecho?" (13:12). Las palabras que dijo después no sólo abordaron la situación que tuvo lugar durante la cena, sino que también nos hablan a nosotros hoy día:

Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien,  porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado,  para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió (13:13-16).

 

¡Jesús sirvió! El es nuestro maestro. Por lo tanto, ¡debemos servirles a los demás si hemos de ser como él!

 

      En este estudio he evitado utilizar ejemplos "heroicos" de aquellos que han servido en el nombre de Jesús. No quiero dar la impresión de que el servir a Jesús sea algo exclusivo de los que son excepcionalmente valientes, los mejor dotados, o de aquellos a quienes se les han presentado circunstancias especialmente difíciles. Jesús nos llama a todos (y la mayoría de nosotros vive vidas ordinarias) a seguirlo a él mediante el servir a las personas en nuestros hogares e iglesias, en nuestros trabajos, o en cualquier lugar donde podamos tener la oportunidad de "lavarles los pies a los demás". El actuar así no es ajeno a nosotros los cristianos; es sencillamente cuestión de seguir el ejemplo de Jesús.

EL SERVICIO TIENE QUE VER CON EL HACER (13:17)

Es más común oír que el servicio sea objeto de conversación que oír que sea objeto de práctica. Jesús quiere que hagamos algo más que "hablar sobre teoría" del servicio; ¡él nos llama también a "poner en práctica" el servicio! Después de decirles a sus discípulos que él quería que imitaran su ejemplo de servir a los demás. Jesús añadió: "Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis" (13:17). Más adelante. Santiago volvió a expresar, aunque en palabras diferentes, la misma enseñanza: "Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos" (Santiago 1:22).

 

El aspecto práctico del servicio se ilustra en el siguiente relato acerca de una chica de once años, de Sudáfrica. Ella era la hija de un pobre granjero, y su madre había muerto cuando la niña sólo tenía once años. Como ella era la mayor y la familia tenía dos niños más pequeños, ella rápidamente se convirtió en la "mamá" de los demás. Ella trabajaba tan arduamente cumpliendo con sus abrumadoras responsabilidades, que su salud pronto se quebrantó y ella tuvo que ser llevada a un hospital misionero para ser tratada. Estando en el hospital la visitó una bien intencionada dama cristiana, la cual le preguntó: "¿Vas a la iglesia?". La chica respondió: "No señora". La dama preguntó: "¿Has ido alguna vez a la escuela dominical?". Nuevamente, la chica sólo pudo responder: "No señora". "Entonces", continuó la dama, "¿Qué le dirás a Dios cuando mueras?". Sacando débilmente sus brazos de las limpias sábanas blancas, la pequeña niña dijo: "Señora, le mostraré mis manos". Ella era, en verdad una sierva. La vida y palabras de ella nos recuerdan cuan importante es no limitarnos al discurso sobre el servicio; ¡es importante servir!

 

CONCLUSIÓN

Cuando Jesús hubo terminado de lavarles los pies a los discípulos, él se quitó la toalla, pero continuó sirviendo. Al día siguiente tomó una recia cruz romana y voluntariamente murió por nosotros. Tanto la toalla como la cruz son símbolos apropiados de la vida de Jesús. Ambos son símbolos de sacrificio, ambos nos recuerdan que lo sucio puede limpiarse, ambos fueron utilizados por Jesús para mostrarnos su amor por nosotros, y ambos nos invitan a imitar el ejemplo de Jesús, nuestro Señor. ¿Tomará usted su toalla y su cruz (Marcos 8:43) y seguirá a Jesús hoy día? ¨  cisnerosme@yahoo.com.mx    http://henrycis.net