"Glorifica tu nombre"

 (Juan 12:9-50) Juan, el camino de la fe

(Lección 26)

 

Hay un maravilloso cuento folklórico sobre tres árboles. el cual se cuenta en muchos idiomas Eran tres árboles que crecían sobre la cima de una montaña y soñaban con lo que llegarían a ser cuando grandes El primer árbol soñaba con diamantes y rubíes, y anhelaba convertirse algún día en un cofre de guardar tesoros, el cual guardaría preciosas joyas El segundo árbol soñaba con viajes y emociones y anhelaba llegar a ser un poderoso barco navegante que llevara reyes por los grandes mares El tercer árbol no tenía idea de salir alguna vez de la cima de la montaña Más bien, su ambición era quedar en pie, derecho y alto, allí mismo donde se encontraba, señalándole a Dios a la gente.

 

Los años pasaron, y los árboles crecieron en altura y en grosor Un día tres taladores subieron la montaña buscando árboles que cortar. Un talador se acercó al primer árbol y dijo: "Este es justo el árbol que necesito", y lo cortó. Otro talador se acerco al segundo árbol, dijo la misma cosa, y luego lo corto también.  El tercer talador refun­fuño que cualquier árbol viejo serviría para sus propósitos y después, descuidadamente cortó el árbol que quedaba.

 

Cuando del primer árbol se fabricaba una caja, el creía que su sueño de llegar a ser un cofre para tesoros, estaba convirtiéndose en realidad No obs­tante, pronto se dio cuenta de que tan sólo era un simple y tosco pesebre del cual los animales comían heno El segundo árbol vio hundirse su esperanza de convertirse en un poderoso barco cuando se dio cuenta de que lo habían convertido en una pequeña embarcación que jamás navegaría en algo mayor que un lago El tercer árbol tuvo la peor experiencia de todos, fue convertido en maderos y se le estibó con otros troncos y allí quedó en el olvido.

 

Con el pasar del tiempo, los tres árboles tuvieron diferentes experiencias El que habían convertido en caja fue usado una noche por una joven pareja de campesinos que tenían un recién nacido, y que no habían podido hallar una habitación en la posada Pusieron paja fresca en la caja y la utilizaron a modo de cuna Cuando el pesebre le servia de lecho al recién nacido, el árbol se dio cuenta de que estaba llevando el mas grandioso tesoro del mundo El árbol que se había convertido en embarcación estuvo una noche batallando por llevar a través de un lago, en medio de una tormenta, a un grupo de hombres Temiendo que se hundiría y perdería a todos los que transportaba, la embarcación se maravillo cuando un pasajero que dormía, despertó y le habló a la tormenta, diciéndole "Calla, enmudece" Cuando el lago, al instante se puso calmo, el árbol entendió que estaba transportando al Rey de reyes El tercer árbol, un día fue sacado de un tirón de la pila de troncos y luego fue colocado sobre la espalda sangrante de un hombre que estaba siendo llevado por las calles, rodeado por una muchedumbre llena de odio, la cual clamaba por su muerte Una vez fuera de la ciudad, el hombre fue clavado en el árbol y levantado para que muriera Cuando esto ocurría el árbol estaba dolido en su corazón, pues no podía pensar en nada más inicuo que lo que se le estaba haciendo a este hombre Todo lo que el árbol había querido hacer era mostrarle a Dios a la gente. Tres días después, el mundo cambió. El hombre resucitó de entre los muertos, y el tercer árbol supo que cada vez que la gente lo mirara, de ese momento en adelante, ellos pensarían en Dios. Tres árboles con diferentes esperanzas y sueños le habían dado cada uno gloria a Dios.

 

La "gloria", tal como ya lo hemos visto, es un tema importante en el evangelio de Juan. La hallamos al comienzo de este evangelio, donde Juan escribió: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (1:14). El verbo "glorificar" aparece veintitrés veces en Juan, y el sustantivo "gloria" aparece dieciocho veces. ¡Es obvio que los registros de Juan sobre la vida de Jesús giran en torno a la gloria!

LA GLORIA DE DIOS Y DE JESÚS

  Al comienzo del texto bajo estudio en esta lección, hallamos a Jerusalén agitada por el entusiasmo que despierta la fiesta de la pascua y a las multi­tudes ilusionadas con la llegada de Jesús. ¿Cómo vendría? ¿Qué haría? ¿Era este el momento cuando anunciaría que él era el tan largamente esperado Mesías y se convertiría en Rey de Israel? Todo mundo hablaba acerca de Jesús.

 

Cuando el día llegó, para que Jesús entrara en Jerusalén, una gran multitud salió a recibirlo, al tiempo que él se acercaba a la ciudad. Agitando ramas de palmeras y clamando: "¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!" (12:13, énfasis nuestro), ellos le dieron a Jesús una bienvenida digna de un rey. Cumpliendo la profecía de Zacarías 9:9, Jesús montó sobre un asno para entrar en Jerusalén. Los discípulos estaban confundidos por toda la escena y no entendían el significado de lo que estaba ocurriendo, sino hasta que "Jesús fue glorificado" (Juan 12.16). La gloria, tal como lo vemos nuevamente, se reflejó en toda faceta de la vida de Jesús, pero donde más brilló fue en la cruz. Aunque el mundo siempre ha asociado la gloria con el poder, la fama y las riquezas, la gloria de Dios se aprecia más vivida­mente en el amor, la humildad y el sacrificio de la cruz.

Luego, ciertos griegos1 le dijeron a Felipe: "Señor, quisiéramos ver a Jesús" (12:21). Felipe se dirigió a Andrés, y juntos le dijeron a Jesús lo que los griegos habían dicho. Esto fue lo que Jesús les respondió: "Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado" (12:23). Nuevamente, la mención de "gloria" es una referencia a la cruz. Esto llega a ser obvio en los siguientes versículos, donde Jesús describió cómo un grano de trigo debe caer en la tierra, y morir, para llevar fruto. Cuando hablaba acerca de su propia crucifixión. Jesús llamó a sus discípulos a seguir su ejemplo de devoción y sacrificio. SÍ lo hacían, les indicó, el Padre les honraría.

 

El diálogo que aparece en los versículos que preceden, fluyen hasta la oración de Jesús en el versículo 28: "Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez" (12:28). Algunas personas que estaban entre la multitud, pensaron que habían oído un trueno. Otros afirmaban que habían oído la voz de un ángel. Jesús les dijo que habían oído una voz, la cual había hablado por causa de ellos. El Padre, de hecho, había hablado. La gloria a la cual él se había referido era, otra vez, primordialmente la cruz. Jesús había glorificado al Padre en todo lo que había dicho y hecho en su vida, pero la más grande gloria sería observada en cuestión de pocos días, cuando Jesús fuera crucificado y levantado de entre los muertos. Jesús explicó que él estaba refiriéndose a la cruz cuando dijo: "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo" (12:32). Juan comentó: "Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir" (12:33).

 

La gente, después le hizo una pregunta a Jesús acerca de lo que ellos habían "oído de la ley" (12:34). Cientos de años atrás, Israel había oído la voz de Dios con sus propios oídos en el monte Sinaí. En el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba, Israel había visto algo de la gloria de Dios. Ahora, durante estos últimos años, estaban viendo aún más de la gloria de Dios, cuando miraban y escuchaban a Jesús. Lo que no sabían era que pronto, en su crucifixión y resurrección. Jesús revelaría ¡mayor gloria que la que Jamás habían visto anteriormente!

 

Después de haber entrado en Jerusalén, y haber tenido una bienvenida digna de un rey, y de haber hablado las palabras registradas en este capítulo, Jesús se fue y se ocultó de ellos. Como él les había hablado la verdad a ellos y les había revelado quién era, y el poder que tenía, a través de las señales que había obrado. Jesús estaba afligido por el hecho de que la gente no se decidía a creer. Juan vio la falta de fe de la gente como algo que Isaías había profetizado:

"¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? (Isaías 53:1; énfasis nuestro). Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vean con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad" (Isaías 6.10; énfasis nuestro).

 

Juan escribió: "Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él" (12:41). La palabra "gloria" se refiere aquí por cuarta vez en este capítulo a la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

LA GLORIA DE DIOS Y NOSOTROS

 Entretejido en lo que Jesús dijo en este capítulo, acerca de sí mismo y la gloria de Dios, hallamos un claro y directo mensaje para nosotros, y la forma como este tema de la "gloria", ha de afectar nuestras vidas. Esto fue lo que Jesús les dijo a sus discípulos: "Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado" (12:23). Les explicó la necesidad de que él muriera (12:24), y luego les dijo:

El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará (12:25-26).

 

   El flujo de los pensamientos en esta sección es semejante a lo siguiente: Cristo estaba a punto de ser glorificado. No obstante, contrario a lo que uno podía esperar que ello significaba, era necesario que él muriera para poder ser glorificado. Del mismo modo, los seguidores de Jesús reciben vida eterna y manifiestan la gloria de Dios cuando hacen que su orgullo, egoísmo y amor por este mundo, mueran por causa de la obediencia a Dios.

 

Un marcado contraste es el que se observa entre lo que Jesús llamó a hacer a sus seguidores en 12:25-26, y lo que los discípulos secretos hicieron más adelante en el capítulo:

Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios (12:42-13).

 

      En ciertas versiones de la Biblia la palabra "gloria", que aparece en el versículo cuarenta y tres, se traduce por "aprobación", y viene del griego doxa. Pero es la misma que se traduce por gloria en los pasajes que ya hemos analizado en esta lección. Juan indicó que los creyentes acobardados mantenían su fe en secreto porque "¡amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios!". La gloria de los hombres se observa en el orgullo, el poder, la autoprotección, la autopromoción; la gloria de Dios se observa en su máximo esplendor en la humildad, el sacrificio, y la auto negación.

Más adelante en su evangelio, Juan registró una inusual profecía que Jesús le hizo a Pedro:

De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras (21:18).

 

      Juan explicó: "Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios" (21:19). ¡Nuevamente, hallamos la gloria y el sacrificio, enlazados en las enseñanzas de este evangelio!

 

Los cristianos han de vivir para la gloria de Dios. Todo lo que nos rodea, debe reflejar la gloria de Dios (1ª  Corintios 10:31). A través de los años, muchos han tratado de darle gloria a Dios, construyendo grandes templos o reinos en el nombre de El. En el evangelio de Juan, Jesús demostró repetidamente que la gloria de Dios se observa en su máximo esplendor en las acciones simples y humildes. La gloria de Dios se observa en su máximo esplendor hoy día en acciones amorosas, sacrificadas, que tal vez ni siquiera sean notadas por el mundo:

Tuve un maestro en la escuela, que un día hablaba sobre grandes predicadores. Esto fue lo que nos dijo: "Las prédicas más grandes que se están haciendo hoy día, son hechas por personas de las que jamás han oído y en lugares en los que jamás han estado". ¡Creo que este poderoso comentario se acerca a lo que Jesús estaba en­señando en Juan 12!

 

      El poeta australiano Victor Daley estaba siendo cariñosamente cuidado en un hospital durante sus últimos días. Una de las últimas cosas que él hizo antes de morir fue el darle las gracias a las enfermeras por la amabilidad de ellas. Esto fue lo que ellas respondieron: "No nos agradezca a nosotros Agradezca a la gracia de Dios" Daley respondió 'Tero, ¿no son ustedes, la gracia de Dios?" Creo que estaba en lo correcto Del mismo modo, usted y yo hemos sido testigos y hemos recibido la gloria de Dios, y ahora hemos de ser su gloria En el servicio humilde y sacrificado, hemos de convertirnos en la gloria de Dios visible en nuestro mundo

CONCLUSIÓN

Los tres árboles tenían sueños de grandeza acerca de lo que podían hacer por Dios Irónica­mente no fue sino hasta que fueron cortados, aserrados, y dejados en la relativa oscuridad, que ellos pudieron ser utilizados para la gloria de Dios Jesús afirmo que así fue en su vida¡y en la nuestra también!.  Elevemos diariamente la sencilla oración "Que en nuestras vidas. Señor, tu nombre sea glorificado hoy" ¨ cisnerosme@yahoo.com.mx    http://henrycis.net