¿Como decirle a Dios "Te amo”?

(Juan 12:1 -8) Juan, el camino de la fe

 (Lección 24)

 

¿Cómo le dice uno "Te amo" a alguien? A todos nos cuesta comunicarles nuestro amor a los demás. Mis padres me han contado de una vez, que yo tenía cinco años de edad y estaba profundamente enamorado de una niña llamada Kate, la cual estaba en mi clase dominical. Una noche, cuando íbamos de regreso a casa viniendo de la iglesia, me incliné sobre el asiento delantero y le pregunté a mi padre: "Papá, ¿qué haces cuando estás enamorado?". Su respuesta fue simple y tenía sentido para un pequeño niño. "Hijo", dijo, "supongo que le comprarías un anillo". Luego, esa semana me llevaron a la tienda, e hice exactamente eso: Le compré, a Kate un anillo de juguete y se lo di la siguiente vez que la vi.

 

¿Cómo le dice uno "te amo" a alguien? Una vez les pregunté a varios universitarios en mi clase de los miércoles por la noche, cómo habían observado ellos que se expresara el amor. Una pareja se había comprometido precisamente la semana anterior. Ellos nos contaron de cómo él le había propuesto matrimonio, presentándose inesperadamente y llevando puesto su mejor traje donde ella encon­traba, con un gran grupo de amigas. Ahí, en frente de todas, tomó su mano, se arrodilló ante ella y le pidió casarse con él (Por supuesto que ella dijo que "Sí").

 

Varios de los universitarios habían recibido tarjetas especiales y cartas donde alguien les comunicaba su amor por ellos. Una estudiante recordó la forma como su padre hacía para mostrar su amor a su esposa, cuando ésta estaba teniendo una semana particularmente difícil. Sin decir una palabra, él limpiaría, secretamente, la casa, quitando así un poco del peso de encima de su ocupada esposa. Otra estudiante nos contó la forma como su madre le escribía mensajes cariñosos en los bananos que ella le ponía en el almuerzo esco­lar de su hija. Otro estudiante comentó la forma como su abuela hizo y vendió artesanías para poder enviarlo a él a un viaje misionero, y todavía otro describió cómo su padre vendió su preciado rifle con el fin de comprarle a su hija sus libros universitarios de un semestre.

 

Hay tantas formas de decir "Te amo" como tanta hay gente para decirlo, pero aún más importante, ¿cómo se le dice a Dios "Te amo "? Es una pregunta crucial y creo que María tiene la respuesta en el texto bajo estudio, 12:1-8.

EL REGALO DE MARÍA

Los eventos del relato de esta lección, empezaron seis días antes de la fiesta judía de la Pascua. Así que, estos eventos sucedieron durante la última semana de la vida de Jesús. Todos los cuatro evangelios nos dicen que al final. Jesús había dejado Galilea por última vez, y se había dirigido hacia el sur, a Jerusalén. Para entonces, él ya había pasado por Jericó, donde había encontrado a Zaqueo (Lucas 19:1-10). Todos sabían que este viaje sería peligroso (11:8), y Jesús estaba consciente de que iba a Jerusalén a morir.

 

Jesús llegó a Betania, ciudad natal de María, Marta y Lázaro. En esta ocasión él asistía a una cena dada en su honor.1 Entre los invitados, se nos dice que estaba Lázaro. Imagine la lista de invitados a esta cena. Incluía a "Lázaro el muerto" y a "Simón el leproso". Tal vez un "Santiago el ciego" o un "Josué el manco" también asistieran. Es probable que todos los que estaban en la cena tuvieran algún relato que contar acerca de cómo Jesús había transformado sus vidas. Marta, la hermana, muy trabajadora, de Lázaro, servía a los invitados.

 

En algún momento durante la cena, María vino a Jesús. La recordamos como la más emotiva de las hermanas de Lázaro, y la que se había postrado a los pies de Jesús, y la que lloró cuando Jesús regresó a Betania después de la muerte de su hermano. Para ella. Jesús era un buen amigo, un asombroso maestro, y un maravilloso sanadorel hombre que había convertido su más profundo dolor en su más grande gozo. Sus sentimientos hacia él no podían ser expresados en palabras aquella noche. Él era tan grande, tan santo, tan cercano¡e iba a Jerusalén a morir! Con todos esos pensamientos en su corazón, María ungió al Salvador.

 

Esto es lo que Juan escribió, "Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume" (12:3). El nardo era un aceite perfumado caro, importado del norte de la India. Es probable que viniera sellado en un frasco hecho de alabastro, un mármol casi claro. Para poder abrir el perfume el cuello del frasco tenía que ser quebrado, de allí que tuviera que ser usado en su totalidad. Juan nos dice que el frasco contenía doce onzas de nardo, el cual María derramó sobre los pies de Jesús. Normalmente se hubiera usado para ungir la cabeza de varios invitados para una ocasión especial. En cambio, María lo derramó todo sobre los pies de Jesús y enjugó éstos con sus cabellos. Fue un hermoso regalo de parte de alguien que desespera­damente deseaba decirle "Te amo" a Jesús.

 

Varias características del regalo de María lo hacían especial. Primero, era extravagante. Judas objetó tal acción, señalando que el perfume podía ser vendido por el equivalente del salario de un año de un trabajador común (12:4-5). A pesar de que las cantidades monetarias son difíciles de interpretar de una época a otra, o de una cultura a otra, todos podemos entender el significado del salario de un año. Un regalo tan generoso como éste no tenía sentido para alguien de corazón tan frío como el de Judas.

 

Segundo, el regalo de María fue entregado sin pensar en ella. A veces, cuando damos regalos, pensamos más en nosotros que en la persona a la que le damos el regalo. Nos preguntamos: "¿Será suficiente?"; "¿Les gustará?"; "¿Qué pensarán de mí?". Sin embargo, pareciera que ninguna de estas preguntas estuvo en la mente de María. A ella le interesaba sólo Jesús y el mostrarle qué tan grande era su amor por "el Maestro". El dejar su cabello suelto era indicación de lo poco que María pensaba en sí misma. Las mujeres judías de esa época no solían hacer tal cosa, pero la actitud de María parece haber sido la del que dice: "¿A quién le importa? Jesús es todo lo que importa".

 

Tercero, el regalo de María estaba envuelto en humildad. No fue la cabeza de Jesús la que ungió, sino sus pies. No fue una toalla la que usó para enjugarlos, sino su cabello. El orgullo no era importante para María. Todo lo que importaba era expresarle amor a Jesús.

 

Finalmente, el regalo de María fue realmente su corazón, no simplemente las doce onzas de nardo. A veces damos flores, anillos, ropa o dinero a alguien que amamos. En cada caso el objeto que damos simboliza algo más grande aún que el regalo mismo; representa el amor que estamos tratando de expresar. Así fue con el perfume de María. El perfume era una forma aromática de decirle a Jesús y a todos los demás que ella amaba a su amigo especial de Nazaret.

NUESTRO REGALO

¿Cómo podemos dar un regalo como el de María en la actualidad? ¿Cómo le decimos "Te amo" a Dios? ¿Qué clase de regalo es el apropiado para tal relación? ¡Las Escrituras están llenas de muchas ideas de regalos!

 

Para empezar, le podemos dar nuestro corazón. Después de todo, el más grande de los mandamientos, según Jesús, es: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente" (Mateo 22:37). La experiencia verdadera de Robertson McQuiIken, un maestro de la Biblia cuya esposa sufría de la enfermedad Alzheimer, nos señala lo que significa el darle a Dios nuestros corazones. Esto fue lo que McQuiIken escribió,

La junta del seminario hizo arreglos para que una persona estuviera en casa y así yo pudiera ir a la oficina todos los días. Durante esos dos años era cada vez más difícil retener a Muriel en casa. Tan pronto como yo salía de la casa, ella salía detrás de mí. Conmigo, estaba contenta, sin mí, se angustiaba, a veces atacada de terror. El camino a la escuela era un viaje de una milla en redondo. Ella hacía ese viaje hasta diez veces al día.

Algunas veces, por la noche, cuando le ayudaba a desvestirse, hallaba que sus pies estaban sangrando. Cuando se lo mencioné al médico de familia, él se atragantó. "Es tal el amor", fue lo más que atinó a decir. Luego,  después de un momento, dijo: "Yo tengo una teoría y es que las características desarrolladas a través de los años, surgen en momentos como éstos". Desearía amar a Dios con tal fuerzaal punto de sentirme desesperado por estar con él en todo momento.

Una de las maneras más obvias de decirle a Dios "Te amo" es expresándoselo con palabras. Esto es lo que hacemos cuando oramos en privado y cuando nos reunimos para adorar. Los Salmos nos enseñan cómo expresarle esto al Señor. Así es como imitamos al salmista: "Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre" (Salmos 145:1-2).

 

Durante la Operación Tormenta del Desierto, cuando los Estados Unidos salieron a la guerra en contra de Iraq, un joven piloto llamado Scott Speicher fue muerto en combate, dejando esposa y dos hijos pequeños. Unas pocas semanas después de su muerte, sus pertenencias personales les fueron devueltas a su esposa. Entre éstas venía una carta que había sido escrita el día antes de su muerte, la cual él no había tenido tiempo de poner en el correo. En ella le había escrito algo a cada uno de sus hijos, y concluía con las siguientes líneas dirigidas a su esposa: "Eres el motivo central de mi vida. He vivido contigo en completa satisfacción. Si desaparezco, aprende a amar nuevamente". ¡Hay momentos, en los cuales hablar de nuestro amor, puede ser el más grande regalo!

 

El amar a otros demuestra nuestro amor por Dios. El amar a nuestro prójimo así como nos amamos a nosotros mismos, es una idea que había sido introducida en el Antiguo Testamento y fue citada por Jesús como el segundo más grande mandamiento.4 Del mismo modo que un esposo le expresa su amor a su esposa al amar a los hijos de los dos, también le expresamos nuestro amor a Dios al amar a nuestros congéneres. Le decimos a Dios "Te amo" cuando nos amamos unos a otros.

 

Las Escrituras también declaran que pode­mos expresar nuestro amor por Dios cuando les hablamos a otros acerca de él. Esto es lo que se conoce como "confesar". Jesús dijo:

A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mateo 10:32-33).

   Cuando les hablamos a otros acerca de nuestro amor hacia Dios, ello es otra manera de decirle a Dios "Te amo".

 

Tal vez, la forma más difícil de decirle "Te amo a Dios"y que es algo que no podemos eludir si verdaderamente deseamos amar a Dios es simplemente obedecerlo. Esto fue lo que Juan escribió: "Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus manda­mientos no son gravosos" (1ª  Juan 5:3). A veces, esto es exactamente lo que la gente no desea oír, pero debemos obedecer para serle agradables a él.

 

La dificultad que tenemos con la obvia y práctica naturaleza de la obediencia, se observa en la siguiente ilustración sobre un hombre y su esposa. El hombre estaba fatalmente enfermo, así que un día la esposa de él fue al doctor a hablarle sobre la condición de su esposo. Cuando hablaban en privado, el doctor le dijo lo siguiente a la mujer: "Tu esposo va a morira menos que comience recibir tres comidas saludables, cocinadas en casa, al día. Además, para reducirle el estrés en su vida, necesita que usted siempre sea agradable y amable con él. Por último, dada su baja resistencia a los microbios, él necesita que la casa siempre esté limpia". Cuando la mujer regresó a su esposo, éste estaba ansioso por oír lo que el doctor había dicho. "Él dijo", le informó la esposa, "¡que te vas a morir!". El amor a Dios es más que decir que amamos a Dios; conlleva el obedecerle, del mismo modo que el amar a los padres, al cónyuge o a los hijos entraña más que el simple hablarles con palabras amorosas.

 

Las anteriores son algunas de las maneras como podemos decir "Te amo" a Dios. ¿Sabe usted cómo Dios nos dice "Te amo" a nosotros?

EL REGALO DE DIOS

Después de que María hubo ungido a Jesús y él hubo salido de la comida. Jesús se dirigió hacia Jerusalén. Él sabía que hacia dónde iba y lo que estaba haciendo. Se daba cuenta de que este era su último viaje y de que los líderes Judíos se habían propuesto matarlo. Su muerte no iba a ser una casualidad. Anteriormente había dicho:

Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre (Juan 10:17-18).

   Jesús salió de Betania por su propia voluntad, ¡para darle al mundo el regalo más grande que jamás hayamos recibido! En pocos días. Jesús moriría en la cruz por los pecados del mundo. Aunque María le dio a Jesús un maravilloso regalo, ¡éste se queda corto en comparación con la enormidad del regalo que es dar la vida de uno en la cruz!

CONCLUSIÓN

Después de su muerte, el cuerpo de Jesús fue puesto en una tumba, de la cual resucitó tres días después. Pablo resumió la importancia de estos eventos cuando escribió que Jesús "fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación" (Romanos 4:25). Son muchas las maneras como Dios nos dice: "Te amo"pero nos lo dice especialmente mediante la muerte, sepultura y resurrección de Jesús.

 

El evangelio de Juan había hecho anteriormente esta relación, cuando Juan informó que "de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (3:16).

 

¿Ama usted a Dios? Si así es, ¿cómo se lo está expresando en este momento? Puede que usted tenga necesidad de expresar su amor mediante el volverse de sus pecados y ser bautizado en Cristo (Hechos 2.38). Puede que usted tenga necesidad de expresarle su amor mediante el volver a la fe que una vez eligió, pero de la cual se ha alejado. Puede que usted tenga necesidad de expresarle su amor mediante el simple decirle "Te amo" a Dios. María es la que nos guía en el camino de expresarle nuestro amor a Dios. ¿Le dirá usted "Te amo" al Señor hoy?             cisnerosme@yahoo.com.mx    http://henrycis.net