"Yo soy la resurrección"

 (Juan 11:1-44)  Juan, el camino de fe

 

(Lección 22)

 

¡Ignoro cómo hizo Jeremías para soportarlo! Cada vez que este profeta antiguo testamentario se ponía de pie para predicar, su congregación se hacía más pequeña. Debido a la época en que vivió, la verdad que fue llamado a predicar, casi siempre fueron malas noticias. Israel había caído mucho en la maldad, y Dios había decidido enviarlos al cautiverio en Babilonia. El mensaje de Jeremías para Israel, era que ellos "tomaran su medicina" y aceptaran pacíficamente el juicio que les había sobrevenido. Como resultado de ello, ¡la gente lo odió y deseó su muerte!

LAS MALAS NOTICIAS

Para un predicador de la actualidad el iniciar este estudio con Juan 11, lo hace sentirse un poco como Jeremías. Aunque este pasaje contiene algunas maravillosas noticias, él requiere de que nos enfrentemos a algo que tal vez no deseemos. Ello es la dolorosa verdad de que ¡todos nosotros nos vamos a morir! La vida es fatal. Aunque estemos jóvenes, fuertes y sanos en este momento, algún día moriremos. Puede que sea hoy, puede que sea mañana o en ochenta años, pero todos moriremos.

 

Son muchas las maneras como tratamos de evitar el enfrentamiento con esta terrible verdad. Tratamos de convencernos de que si nos ejercitamos lo suficiente, comemos lo correcto, bebemos agua purificada, usamos cinturón de seguridad en nuestros autos y nos ponemos loción protectora contra el sol cuando salimos, entonces estaremos protegidos de la muerte. Al final, nada nos protege del hecho de que ¡la tasa de mortalidad en este mundo es del ciento por ciento! Es probable que usted esté pensando: "¡No quiero escuchar eso hoy! ¡He tenido una mala semana y ahora me recuerdan de que voy a morir!". Yo no traería conmigo un tema tan doloroso y tan estresante si el evangelio no nos diera también la respuesta. En este relato de Juan 11, Jesús le dice a la humanidad de todos los tiempos: "Yo soy la resurrección y la vida". Esta es una maravillosa noticia, pero se nos tiene que recordar primero de las malas noticias para poder apreciarla.

 

Jesús y sus discípulos habían huido del conflicto de Judea cruzando el río Jordán para llegar a la región donde Juan el Bautista había estado predicando (10:40). Un día llegó la noticia de que Lázaro, de Betania, había enfermado (11:1). Debido a que Lázaro y sus hermanas, María y Marta, eran amigos queridos de Jesús, todos supusieron que Jesús iría a Betania de inmediato. Sin embargo, por razones que solo él conocía en ese momento. Jesús se quedó donde estaba dos días más. Finalmente, sabiendo que Lázaro ya había muerto. Jesús les dice a sus discípulos que era hora de ir a ver a su amigo enfermo. Al principio ellos se opusieron a la idea porque sabían que la persecución, y posiblemente la muerte, los esperaba si eran hallados cerca de Jerusalén de nuevo, y Betania estaba a sólo tres kilómetros de allí (11:18). Sin embargo, cuando Jesús les dice que Lázaro había muerto, ellos, no de buena gana, decidieron ir como lo dijo Tomás, para morir "con él" (11:16).

 

      Cuando Jesús se acercaba a la aldea, antes de entrar en ella (11:30), Marta escuchó que venía y se apresuró a su encuentro. Ella le dijo, "Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no hubiese muerto" (11:21). La raza humana entera puede  entender la impotencia que ella siente ante la muerte. Los funerales tienen su manera de recor­darnos de que, ni aun nuestros mejores esfuerzos podrán protegernos del aplastante poder de la muerte.

 

Jesús le respondió a Marta diciéndole: "Tu hermano resucitará" (11:23). No podemos saber como le sonó esta declaración a ella. ¿Fue dolorosa? ¿Acaso sonó como las muchas palabras vacías que escuchamos en los funerales? ¿Podría haber sonado como un regaño por su falta de fe? Cualquiera que haya sido su primera reacción a las palabras de Jesús, Marta las espiritualiza y responde: "Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero" (11:24).

LAS BUENA NOTICIAS

Fue en este escenario, que Jesús hizo una de las afirmaciones más llenas de poder para cambiar el mundo, de todo su ministerio. Esto fue lo que le dijo a Marta: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente" (11:25-26a). Es importante, a estas alturas, darnos cuenta de lo que Jesús no dijo. No dijo, "Resucitaré a Lázaro". No dijo: "Experi­mentaré una resurrección yo mismo". Él expresó mucho más que las anteriores ideas cuando proclamó: "Yo soy la resurrección y la vida". Aquí encontramos otro "Yo soy" del evangelio de Juan. Jesús estaba haciendo otra afirmación acerca de su divinidad, al mismo tiempo que definía su relación con ese gran enemigo que es la muerte.

 

Al proclamarse a sí mismo como la resurrección, Jesús no estaba prometiendo que sus seguidores jamás verían la muerte física, tampoco, que él mismo Jamás moriría. Más bien, él estaba afirmando que como él moriría y se levantaría de nuevo, quebrantando así el poder de la muerte, sus seguidores jamás volverían a tener la misma relación con la muerte. La resurrección sería mucho más que un evento milagroso, de una sola ocurrencia, para ellos; ¡ella sería ahora una nueva realidad de la vida!

Las siguientes palabras de Marta reflejan una enorme fe y un profundo entendimiento de los asuntos espirituales. Cuando Jesús le pre­guntó si creía en él, esto fue lo que le contestó: "Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que ha venido al mundo" (11:27). Todavía no había presenciado el maravilloso milagro que estaba a punto de suceder, y ya Marta demostraba tener la clase de fe que el evangelio de Juan ha de producir.

 

Después de su encuentro con Jesús, Marta regresa a su casa a contarle a su hermana acerca de la llegada del Señor. Al escuchar que Jesús estaba cerca, María se apresuró a encontrarlo. Al verlo, ella se postró a sus pies y repitió las dolorosas palabras de su hermana: "Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano" (11:32). Todos hemos experimentado el dolor, la aflicción, el sufrimiento y la frustración que María debió haber experimentado en ese momento. Como resultado de ello, nosotros también estamos dispuestos a ir con Jesús al sepulcro de Lázaro.

 

Todo lo que él había visto ese día, hizo que Jesús se estremeciera en espíritu y se conmoviera (11:33). Preguntó dónde había sido sepultado Lázaro. De camino al sepulcro. Jesús añadió sus lágrimas a las de los otros dolientes y visiblemente lloró (11:35). Los que estaban mirando comentaron: "Mirad cómo le amaba" (11:36).

 

El sepulcro de Lázaro era en realidad una cueva cuya entrada estaba cubierta por una gran piedra (11:38). Cuando Jesús les pidió quitar la piedra, Marta se opuso diciendo que Lázaro llevaba sepultado cuatro días para entonces y que su cuerpo ya hedía. Jesús le pidió que confiara en él, y la piedra fue quitada (11:39-41).

 

De todas las "señales" registradas en el evangelio de Juan,  ninguna es tan grandiosa como la sucedida en el sepulcro de Lázaro. Tres veces en este capítulo, Jesús afirma que estas cosas sucedían para que la gente pudiera ver la "gloria de Dios" (11:4,15,40). En cada paso del camino hemos visto la gloria de Dios en las enseñanzas y milagros de Jesús; pero no es sino hasta este momento en el evangelio de Juan, en la resurrección de Lázaro, donde la gloria de Diosla presencia de Dios en Cristo brilla en su máximo esplendor. Es como que si hubiéramos estado leyendo el evangelio de Juan con una lámpara con un interruptor capaz de regular la intensidad de la luz. Entre más nos adentramos en Juan, más brillante se pone la luz. Cuando llegamos al capítulo once, la luz es casi enceguecedora. Ya hemos visto la gloria de Dios de muchas maneras; la veremos en su máximo poder en los próximos versículos.

 

Cuando los estupefactos dolientes estaban fuera del sepulcro de Lázaro y observaban cómo la pie­dra era quitada de la entrada, observaban también cómo Jesús alzaba sus ojos al cielo y oraba (11:41-42) Habiendo terminado su oración, clamo "¡Lázaro, ven fuera!" (11:43) Un mudo silencio debió haber seguido a su clamor mientras todos observaban la entrada de la cueva Si nada sucedía, sabrían que estaban ante la presencia de un loco/ pero si Lázaro salía de la cueva, entenderían entonces que estaban ante la presencia de alguien con mas poder que el que ellos habían visto en sus vidas.

 

Lázaro, "el que había muerto" (11:44), salió de la cueva a envuelto todavía en las vendas que las que habían cubierto su cuerpo cuando lo sepultaron Jesús les pidió a los que estaban cerca "Desatadle, y dejadle ir" (11:44) (Lázaro estaba vivo. Jesús demostró nuevamente ser todo lo que afirmaba ser el mismo y la gloria de Dios brillo esplendo­rosamente' El resultado, como esperaríamos, fue que muchos que presenciaron estos eventos llegaron a creer en Jesús ese día (11:45)

 

LAS BUENAS NOTICIAS Y NOSOTROS

   El relato de lo que Jesús hizo junto al sepulcro de Lázaro, nos ayuda a enfrentar nuestro propio temor a la muerte Gracias a lo que Jesús hizo entonces y todavía hace hoy, no tenemos que negar la realidad de la muerte para poder ser felices en esta vida Como cristianos que somos, nosotros no huimos de la muerte, mas bien la enfrentamos No pretendemos creer que no nos sucederá a nosotros, pero proclamamos tener la solución para ella Esta nueva actitud es la que se puede observar en los siguientes dos ejemplos de los escritos de Pablo

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni Ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 8:38-39, énfasis nuestro)

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que esta escrita Sorbida es la muerte en victoria ¿Donde esta, OH muerte tu aguijón?  ¿Donde OH sepulcro tu victoria? (1ª  Corintios 15:54-55, énfasis nuestro)

 

La muerte es una realidad de la vida Podemos estar agradecidos de que el cristianismo tiene la solución para ella El saber que Jesús es la resurrección y la vida nos permite tener paz y gozo en el "mundo real" Es solamente mediante el enfrentarnos primero a nuestro temor a la muerte, que podremos tener verdadero gozo en esta vida.

 

John Donne, un poeta y predicador del siglo XVII, decidió por un tiempo dormir en un féretro para disciplinar su mente y su alma en los grandes temas de la vida y la muerte Hace algunos años tuve una experiencia un poco similar Al no poder encontrar suficiente tiempo para estudiar y orar debido al constante ruido y actividad alrededor de mi oficina, le mencione mi problema a un buen amigo mío, dueño de una funeraria Poco tiempo después este me dijo que había encontrado la solución a mi problema ¿Se pueden imaginar mi sorpresa cuando me llevo al segundo piso de la funeraria y me mostró donde estaba haciendo que me construyeran un pequeño estudio para mi? estaba al fondo de su bodega de féretros' Fue uno de los regalos mas maravillosos que haya recibido, y llego a ser el único lugar en la ciudad donde me podía refugiar para estudiar, pensar y orar (Después de todo, a nadie se le ocurriría ir a molestar a otro en la bodega de féretros de una funeraria) Desde entonces, me pregunto si todos los sermones no deberían ser escritos en una funeraria, a la sombra de la realidad mas difícil de la vida El tener que pasar por la sala de embalsamado y dejar esta atrás para poder entrar en otra sala la cual esta llena de féretros, me recordó que mi misión principal no es ayudar a la gente a llevar vidas mas placenteras, sino ayudarles a hallar la verdadera vida No es quitar todo el dolor de sus corazones, es mostrarles el camino mas allá del dolor, que lleva a la resurrección No es simple­mente ayudarles a enfrentar las presiones y tensiones del mundo, es prepararlos a encontrarse con su Dios (Amos 4:12)

CONCLUSIÓN

¿Ha leído usted alguna vez un libro o visto una película llena de suspenso que lo haya asustado y dejado nervioso? ¿Ha vuelto a leer ese mismo libro o visto esa misma película nuevamente? ¿Cual fue su reacción esa segunda vez?  Cuando hago así, puedo tomarlo con calma la segunda vez, y mirar los problemas del héroe de la historia y los peligros que éste enfrenta, de una manera diferente, confiado en que habrá un final feliz.

 

Cuando Lázaro salió de aquella cueva cerca de Betania, el nos mostró como va a ser el final de la historia de nuestras propias vidas Es cierto que, al menos que el Señor venga antes, todos vamos a morir.  No obstante, dado que Jesús es la resurrección y la vida, vemos la muerte de una manera diferente.  Aunque nuestros cuerpos serán puestos en sepulcros, sabemos que algún día nos levantaremos de ellos.  “La ironía esta en que, no es sino hasta que creamos que Jesús es la respuesta al problema de la muerte, que estaremos realmente preparados para vivir”.

cisnerosme@yahoo.com.mx    http://henrycis.net