Jesús lloró”

 

(Juan 11:1-44)

Juan, el camino de la fe.

 

(Lección 20)

 

La película de 1993, titulada "Shadowlands" (Tierras de Sombras), nos cuenta la agridulce historia de amor en la que se ven envueltos el gran escritor C.S. Lewis y Joy Gresham. Al inicio del filme, aparece Lewis presentando una conferencia sobre el dolor, en una sala llena de gente. Esto fue lo que les dijo,

El dolor es el megáfono que usa Dios para hacer oír a un mundo que está sordo. Somos como bloques de piedra, de los cuales el escultor talla las formas de los hombres. Los golpes de su cincel que tanto nos lastiman, son los que nos perfeccionan.

 

   En el transcurso de la película, Lewis conoce a Joy Gresham, y ésta comienza a enamorarse de él. Al principio Lewis, un solterón empedernido, solamente estaba interesado en tener una relación de amistad con Joy. Pero un día, cuando los dos tomaban el té en el apartamento de él, Joy no pudo contenerse y, frustrada por la actitud de Lewis, gritó:

En este preciso instante lo acabo de descubrir cómo le haces para organizar tu vida para ti mismo de modo que nadie te pueda tocar. Todo el que está cerca de ti es, o más joven, o más débil que tú, o está bajo tu dominio.

 

   Gradualmente, Lewis se llegó a dar cuenta de que Joy tenía razón en cuanto a la forma como él había aislado su vida de los sentimientos y del dolor. Más adelante, cuando Joy se encontraba en el hos­pital sufriendo de cáncer, Lewis le propuso matri­monio y en 1956 llegaron a ser esposo y esposa. Los siguientes cuatro años fueron maravillosos a pesar del permanente nubarrón del cáncer que se cernía sobre la dicha de ellos. Durante ese tiempo se fueron de luna de miel a un hermoso valle que estaba representado en un cuadro que colgaba de una pared de ellos. Cuando caminaban por el campo, la lluvia empezó a caer y buscaron refugio debajo de un cobertizo en el que se almacenaba heno. Estando sentados allí, Joy insistió en hablar sobre su inminente muerte. Con una voz calmada, le dijo:

Déjame decírtelo, antes que deje de llover y regresemos... Que voy a morir y quiero estar contigo también para entonces. La única manera que lo lograré es si puedo hablarte ahora... Creo que puede ser mejor así, que simplemente vivir con ello. Lo que quiero decir es que el dolor de entonces es parte de la felicidad de ahora. Ese es el trato.

 

   Más adelante, cuando Joy murió, Lewis estuvo destrozado por la pérdida, al igual que lo estuvo el hijo de Joy de ocho años, Douglas. Ambos sufrían en silencio hasta que un día Lewis subió al ático donde el niño solía estar a solas. Sin saber qué decirle, Lewis se sentó a su lado. La conversación que tuvieron fue el momento más intenso del filme. Lewis le dijo a Douglas que él también había perdido a su propia madre cuando niño, y así, empezaron a hablar sobre la muerte:

Douglas: ¿Crees en el cielo? Lewis: Sí creo.

Douglas: Yo no creo en el cielo.

Lewis: No hay problema.

Douglas: Me gustaría mucho verla de nuevo.

Lewis: ¡A mí también!

 

   En ese momento los dos empezaron a llorar. Lewis abrazó al muchacho y siguieron llorando juntos. Al final del filme, Lewis caminaba por el campo y Douglas corría con su perro por un campo cercano. Era obvio que se tenían una amistad y un amor cada vez más profundo. Su relación había sido cambiada para siempre gracias al dolor que habían sufrido juntos.

 

En el mismo texto especial que es el tema de este estudio, 11:1-44, el relato cuenta del momento cuando Jesús se encuentra junto al sepulcro de su querido amigo Lázaro. Es un relato en el que se demuestra cómo "aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros"(l:14). Nos muestra que Jesús entra voluntariamente en nuestro mundo de dolor, llega a nosotros en nuestra hora más oscura y se sienta junto a nosotros en nuestro sufrimiento. No nos presenta un discurso sobre la causa del sufrimiento o el significado del dolor; El une sus lágrimas con las nuestras. Encontramos aquí un consuelo inesperado y una más profunda comunión con Dios.

 

Juan once, puede ser estudiado de muchas maneras, y dos lecciones más en esta serie serán dedicadas a este maravilloso texto. En este primer viaje a través del capítulo queremos centrarnos en las referencias a los sentimientos y las emociones.

AMOR

Lázaro, de la aldea de Betania, llegó a enfer­marse, y sus hermanas, María y Marta, enviaron para decirle a Jesús (v. 1). Le dijeron, "Señor, he aquí el que amas está enfermo" (v. 3). Al comienzo esto puede sonar extraño. Después de todo, ¿no amaba Jesús a todo el mundo? ¿Cómo podía ser referida una sola persona, como aquella a la que Jesús ama? Jesús en efecto amó, y ama, a todo el mundo, pero eso no quiere decir que no tuviera amigos especiales. Para poder apreciar lo importante que eran María, Marta y Lázaro para Jesús, hágase esta simple pregunta: Si usted tuviera una emergencia a las 2:00 de la madrugada, ¿a quién llamaría? Jesús hubiera llamado a estos tres amigos íntimos.

 

Cuando Jesús recibe el mensaje, él se volvió a sus discípulos y les aseguró que la enfermedad no era de muerte (v. 4), sino que era "para la gloria de Dios" (v. 4b). El comentario de Juan que sigue, nos recuerda de los sentimientos especiales de Jesús para con estos tres: "Y amaba Jesús a Marta, y a su hermana, y a Lázaro" (v.5).

 

Dos días después. Jesús les dijo a sus discípulos que tenían que ir a Judea a ver a Lázaro. Sabiendo lo mucho que los líderes judíos odiaban a Jesús y deseaban matarlo, los discípulos trataron de convencerlo de no ir. Sin embargo Jesús insistió diciendo: "Nuestro amigo Lázaro duerme" (v.11 b). De nuevo el lenguaje de Jesús indica la relación especial que él tenía con Lázaro y las hermanas de éste. El dormir del que hablaba, en realidad se refería a la "muerte", y más adelante les dijo específicamente, "Lázaro está muerto" (v. 14). Tomás, consciente de que el ir podía significar la muerte para ellos también, dijo, "Vamos también nosotros, para que muramos con él" (con Jesús, v. 16). Podemos detectar en sus palabras una mezcla de temor y lealtad.

DESILUSIÓN

Cuando Jesús llegó a Betania, el cuerpo de Lázaro tenía cuatro días de estar en la tumba. Antes que Jesús entrara en la aldea. Marta supo que venía y salió a su encuentro. Cuando lo vio ella le dijo: "Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no hubiese muerto" (v. 21). Aún hoy, el lector puede "oír" el terrible sentimiento de desilusión que hay en las palabras de ella. Ese "Si hubieses" bien podría ser el sentimiento más triste que se pueda expresar en cualquier idioma. Aunque es probable que ya Lázaro hubiese muerto para cuando llegó la noticia de su enfermedad a oídos de Jesús, Marta se debió haber entristecido por la tardanza de Jesús en venir a ellos. Jesús se quedó allí y la dejó hablar. Simplemente la dejó expresar su dolor, su confusión y desilusión, sin hacerle reproche alguno.

LÁGRIMAS

Después de un breve intercambio de comentarios con Jesús, Marta volvió a casa y le dijo en secreto a su hermana: "El Maestro está aquí y te llama" (v. 28). Sin explicar lo que hacía, María se levantó y salió al encuentro de Jesús. Los judíos que habían venido de Jerusalén a Betania a acompañar a las hermanas, la siguieron al salir ella de su casa, creyendo que se dirigía a la tumba de Lázaro a llorar.

 

Cuando María llegó donde Jesús, "se postró a sus pies" (v. 32), en contraste con su hermana, la que en forma más controlada había hablado con él más temprano el mismo día. El que María se postrara delante Jesús nos muestra que a ella no le preocupaban el orgullo ni la apariencia. El dolor de su corazón había opacado cualquier otra emoción. Luego, María repitió las palabras de su hermana: "Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no hubiese muerto" (v. 32).

 

       Lo que sucedió a continuación podría ser considerado "la esencia" del relato. Esto fue lo que Juan escribió:

 

Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Donde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró (vv. 33-35).

   Juan describe con pocas palabraspero de un modo inolvidable el efecto que el dolor de las hermanas produjo en Jesús. Él "se conmovió". Hoy diríamos que el dolor de ellas "le llegó". Él permitió que lo que ellas sentían entrara en su corazón. El llanto de Jesús no fue exactamente como el llanto a gran voz de las hermanas o de los que habían venido con ellas. Es probable que fuera un suave sollozo, o como alguien lo dijo, "la suave lluvia de lágrimas". "Las lágrimas", escribió Gregorio de Nisa, "son como sangre en las heridas del alma". El corazón de Jesús fue lastimado por la familia doliente, y él lloró con ellos.

 

Los que le vieron dijeron, "Mirad cómo le amaba" (v. 36). Algunos pensarán que Juan estaba demostrando cuan mal entendía la multitud a Jesús hasta este momento. No estoy de acuerdo. Pienso que Juan utilizó las palabras de la multitud para describir precisamente lo que estaba sucediendo. Éstos eran amigos muy queridos y la pérdida de ellos era su pérdida.

 

Jesús preguntó dónde estaba el cuerpo de Lázaro y fue al sepulcro. Juan cuenta que Jesús fue "profundamente conmovido otra vez" (v. 38). La pregunta que nos debemos hacer es: "¿Qué significaban las lágrimas de Jesús?". ¿Lloró acaso porque Lázaro había muerto? No hay duda de que él sabía que en pocos momentos resucitaría a Lázaro a la vida. ¿Pudieron ser sus lágrimas causadas por el dolor que vio en los demás? Tal vez. Reiterando, debió haber sabido que el dolor de ellos pronto sería transformado en el gozo más grande que hubieran podido experimentar. Hay quienes han sugerido que sus lágrimas se debieron a la falta de fe que vio en sus amigos. Sin embargo. Jesús ya había visto mucha incredulidad durante su ministerio, y llorar no era una reacción acos­tumbrada de su parte.

 

Las lágrimas que corrían sobre el rostro de Jesús demostraron cuan completamente él expe­rimentó la condición de ser humano. Recordando el relato sobre C.S. Lewis, usted podría decir que Jesús estaba llegando a nuestro mundo, sentándose junto a nosotros y llorando con nosotros.

 

CONCLUSIÓN

Damien de Veuster (1840-89) fue a Hawaii como misionero en 1864, en sustitución de su hermano, que había enfermado de fiebre tifoidea. Después de nueve años de difícil trabajo misionero en la isla, Damien fue como voluntario a la isla de Molokai, donde los leprosos eran obligados a ir a vivir. Allí trabajó como enfermero, constructor, doctor, constructor de féretros y cavador de tumbas. Incluso, organizó la construcción de dos orfanatos en la isla. Cada domingo que predicaba, él iniciaba sus sermones con las palabras:

"Ustedes leprosos saben que Dios los ama". Un día descubrió que él también, había contraído la enfermedad. El siguiente domingo, cuando estaba al frente de la iglesia, esta fue la manera como empezó: "Nosotros leprosos sabemos que Dios nos ama".

 

La escena en la que Jesús aparece junto a la tumba de Lázaro es un vivido recuerdo de que Jesús experimentó la totalidad de la condición de ser humano. Él no fue cincuenta por ciento humano y cincuenta por ciento Dios; El fue ciento por ciento humano al mismo tiempo que fue ciento por ciento Dios. Jesús entra en nuestro mundo, siente nuestro dolor, y llora nuestras lágrimas; todo para darnos este mensaje: "Nosotros sabemos que Dios nos ama". cisnerosme@yahoo.com.mx    http://henrycis.net