“El buen Pastor”

(Juan 10:1 -21)

 

(Leccion 19)   Juan, el camino de la fe

 

La imagen de Dios a la que más cariño le tenemos, tal vez sea la del buen pastor. Es una imagen que habla de protección, cuidado, ternura y sacrificio. Hay algo especialmente apropiado acerca de la comparación de Dios con un pastor, y de nosotros con sus ovejas. Por ejemplo, las ovejas tienen una pobre visión y poco sentido de orientación. Están virtualmente indefensas cuando son atacadas por sus enemigos. Cuando se sienten aterrorizadas, simplemente se echan sobre sus patas. Las ovejas a menudo parecen ingenuas en la forma como se comportan. Cuando las ovejas se encuentran en un campo, si una de ellas salta sobre un obstáculo imaginario, todas las demás saltarán sobre el mismo obstáculo o cerca inexistente. Muchas veces, los pastores tienen que ir al potrero de las ovejas para arrear a éstas hasta los abrevaderos y así evitar que se mueran de sed. ¡Las ovejas necesitan ayuda, y nosotros también!.

 

La palabra “pastor”, sin embargo, no transmite una idea positiva. En ciertas culturas, los pastores tienen fama de ser perezosos, borrachos e irres­ponsables como obreros de granja. Del mismo modo que la palabra "padre" puede significar la mejor de las virtudes o el peor de los vicios, así también la palabra "pastor" puede dar la idea de nobleza o de algo que causa vergüenza. Por ejemplo, el Salmo veintitrés presenta una hermosa imagen de Dios como el preocupado pastor. Contrastando con esto, están las siguientes descripciones de pastores inicuos que hacen dos profetas antiguo testamentarios:

 

Todas las bestias del campo, todas las fieras del bosque, venid a devorar. Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado. Venid, dicen, tomemos vino, embriaguémonos de sidra; y será el día de mañana como este, o mucho más excelente (Isaías 56:9-12).

 

¡Ay de los pastores que destruyen y dis­persan las ovejas de mi rebaño! dice Jehová. Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová. Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán. Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice Jehová (Jeremías 23:1-4).

Juan 10, es llamado comúnmente "el capítulo del buen pastor". Es el que sigue a continuación del relato sobre la sanidad del hombre que había nacido ciego, y del discurso sobre la ceguera espiritual de los oponentes de Jesús. Los relatos de Juan sobre Jesús, siguen después con el último discurso en público que se registra en este evan­gelio. El discurso, después de girar en torno al tema de la ceguera, pasa a girar en torno al de las ovejas, pero el mensaje es casi el mismo: Jesús es el verdadero Hijo de Dios, y aquellos que son de corazón recto y tierno llegan a aceptar esto. El mensaje del texto bajo estudio se centra en dos expresiones más de "yo soy" que Jesús hace.

 

"YO SOY LA PUERTA" (10:1-10)

El sermón comienza con una alegoría sobre las ovejas y los pastores de éstas, en la cual Jesús utiliza la bien conocida imagen del redil de las ovejas (10:1-5). En ciertos momentos, por las noches, las ovejas serían reunidas en un aprisco hecho de rocas o espinas. El reunir las ovejas de esta manera, facilitaba el protegerlas de los animales salvajes y de los ladrones. Jesús les recordó a sus oyentes acerca del modo como los verdaderos pastores entrarían por la puerta a sacar sus ovejas. Ellos llamarían a las ovejas de ellos por su nombre, y éstas los seguirían de buena gana. El ladrón, por otro lado, siempre se metería a escondidas, saltando la valla, con el fin de robarse las ovejas. Lo que Jesús estaba diciendo era que él no había venido a engañar ni a estafar al pueblo de Dios. Más bien, había entrado por la puerta hablando claramente en público, y no reuniendo a escondidas a sus seguidores. No obstante, en aquel momento, sus oyentes no entendieron lo que él les decía (10:6).

 

Jesús habló nuevamente y dijo: "Yo soy la puerta de las ovejas" (10:7). Había otros que podían haber afirmado ser pastores enviados por Dios, pero ellos no eran más que ladrones y salteadores. Las verdaderas ovejas de Dios no respondían a las voces de los falsos pastores, y Jesús sostenía que él era la única y verdadera puerta que lleva a Dios. Esto suena parecido a la declaración que dio más adelante, cuando dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (14:6). La expresión "Yo soy la puerta" era una afirmación en el sentido de ser el único camino al Padre. Los que trataban de venir por otro camino no eran más que ladrones y salteadores. Una vez conocí a un adolescente que trabajaba en una barbería, lustrando zapatos y barriendo el piso. Después de algún tiempo, notó cuánto dinero gastaban en la máquina dispensadora de refrescos que estaba en la barbería, y comenzó a hacer planes para ver cómo podía robar el dinero. Una noche regresó a la barbería, pasada la medianoche, y trató de meterse a través de una rejilla de ventilación que estaba en el techo. El único problema que tuvo fue que se quedó atorado en la rejilla. Cuando la policía lo halló, se puso a suplicar que lo ayudaran y a explicar ¡que no estaba haciendo nada malo! ¡No obstante, nadie le creyó su explicación! Las personas íntegras, que no tienen nada que ocultar, no se meten por el techo; entran por la puerta. Esto es exactamente lo que Jesús estaba diciendo acerca de los falsos maestros.

 

Uno de los pequeños secretos sucios de ciertos líderes religiosos, es que ellos no están verdade­ramente interesados en las cosas de Dios. Algunos

están metidos en asuntos relacionados con la iglesia, tan sólo para saciar su sed de dinero, posición o poder. Cada vez que un nuevo escándalo es descubierto, nos asombra que cierto líder de la iglesia hubiese actuado de tal manera. Yo no creo que a Jesús le extrañara alguna vez, que los ladrones y los salteadores trataran de extraviar al rebaño. Él sabía que él no era el único que quería el rebaño, y también sabía que él era el único pastor verdadero, y el único a quien le interesaba lo que mejor le convenía al rebaño. "He venido", decía, "para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (10:10b).

 

Por todo el evangelio de Juan, a Jesús se le presenta entrando por la puerta. En su ministerio estaban ausentes la manipulación, la estafa, el engaño y el interés personal. Aunque sus palabras causaban un alto nivel de polémica y eventualmente le costaron su vida. Jesús insistía en entrar por "la puerta". Él sabía que aquellos cuyos corazones estaban vueltos hacia el Señor,  oirían su voz y responderían, sin importar lo que el resto del mundo hiciera.

 

Durante la Primera Guerra Mundial, un grupo de hambrientos soldados turcos, que estaban estacionados en Israel, se encontraron un rebaño de ovejas. Ellos comenzaron a arrear las ovejas hacia el campamento de ellos, pensando en que aquel sería un suculento banquete. El pobre pastor que estaba mirando a las ovejas no tenía armas con las cuales pelear contra los soldados, así que corrió tan rápido como pudo en dirección contraria, cruzó un barranco y subió hasta la cima de una colina cercana. Luego se volvió, se llevó las manos a la boca, e hizo el llamado que tan a menudo les hacía a sus ovejas. Acto seguido, las ovejas dejaron de escapar con los soldados y comenzaron a correr en dirección del pastor de ellas. Los soldados estaban tan sorprendidos que no pudieron hacer nada para impedir que el "banquete" se les desapareciera en la oscuridad.

 

¡Esta es la relación que Jesús tiene con sus ovejas hoy día! Las ovejas de él oyen su voz. Los verdaderos buscadores de Dios reconocerán su llamado y lo hallarán. A éstos él les dará vida abundante. El tema de la "vida" ocupa un lugar importante en el evangelio de Juan (20:31). No se trata de la "buena vida" ni de la "vida fácil" que a menudo procuramos; se trata de la "vida abundante" que Jesús les da a los que oyen su voz.

"YO SOY EL BUEN PASTOR" (10:11-18)

   Relacionada, pero algo diferente a la afirmación de Jesús en el sentido de ser la puerta, estuvo la declaración en la que dijo: "Yo soy el buen pastor" (10:11a). Tal como se mencionó anteriormente, la palabra "pastor" puede tener diferentes significados. En esta ocasión, tenía un significado en particular en la mente de Jesús: "El buen pastor su vida da por las ovejas" (10:11b). Aunque su muerte en la cruz no se registra, sino hasta nueve capítulos después en el evangelio de Juan, Jesús ya les estaba diciendo a sus discípulos lo que la cruz significaría. Como el buen pastor que era, él estaba dispuesto y preparado para poner su vida por las ovejas. Cinco veces en esta corta sección recalcó que su muerte no sería algo fuera de su control. ¡Cuando él muriera, ello sería porque él eligió poner su vida!

 

... el buen pastor su vida da por las ovejas (10:11).

... y pongo mi vida por las ovejas (10:15).

... yo pongo mí vida, para volverla a tomar (10:17).

Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo (10:18a).

Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar (10:18b).

 

El poner su propia vida es la característica suprema del buen pastor. Los asalariados no muestran tal nivel de lealtad ni de sacrificio. Cuando los problemas llegan, se esconden, se olvidan de las ovejas.

 

David (quien después llegó a ser rey de Israel) fue un pastor en su juventud. Estando ocupado en tal oficio, él aprendió bastante sobre la vida, sobre el liderazgo y sobre Dios. Aprendió especialmente lo que significaba ser un buen pastor. Cuando se ofreció a pelear en contra del gigante filisteo Goliat, David le dijo a Saúl:

Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos... (1ª  Samuel 17:34-36).

 

   El futuro rey de Israel había probado ser un fiel y buen pastor con las ovejas; más adelante probaría ser un fiel pastor del pueblo de Dios. Jesús, a menudo llamado "Hijo de David" en los evangelios, fue, y continúa siendo, el Buen Pastor. Él estuvo tan comprometido con el cuidado y bienestar de las ovejas encomendadas a su cuidado (usted y yo) que él puso su vida por nosotros, tal como David la puso por sus rebaños. Cuando se refirió al buen pastor. Jesús dejó claro que él, "de sí mismo", iría a la cruz (10:18). Judas, los principales sacerdotes, Pilato, y las multitudes tendrían su parte que cumplir en la crucifixión de Jesús, pero no se daban cuenta que tal atrocidad podría suceder sólo porque Jesús estaba, de su voluntad, poniendo su vida por sus ovejas. ¡Él es el buen pastor!

 

Más adelante, en el evangelio de Juan, hay dos frases que nos recuerdan de lo que Jesús dijo en su discurso del Buen Pastor. Durante el Juicio que le hicieron a Jesús, el gobernador romano, Poncio Pilato, le hizo a Jesús una pregunta. Como se rehusara a contestarla, Pilato le dijo: "¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?" (19:10). Jesús, el buen pastor, le contestó: "Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba,..." (19:11). Aunque nadie lo entendió así en aquel momento, Pilato jamás podía haber hecho que se crucificara a Jesús, si Jesús no se lo hubiera permitido. ¡La crucifixión fue en realidad el sacrificio amoroso del buen pastor! Al final, cuando Jesús estaba colgando de la cruz, "habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu" (19:30). Los términos en los que Juan se expresó no son casualidad. Nadie le arrebató a Jesús su vida. Nadie lo asesinó. Nadie lo engañó ni lo atrapó en la cruz. Él "entregó el espíritu" de sí mismo.

CONCLUSIÓN (10:19-20)

Nuevamente hallamos que las maravillosas palabras de Jesús dieron como resultado que se suscitaran reacciones divididas en medio del pueblo. Algunos decían que él tenía demonio, una acusación cuyo propósito era desacreditarlo, lo cual se asemeja en gran manera hoy día, a afirmar que alguien está "loco" o "mentalmente perturbado". No obstante, otros todavía estaban maravillándose del poderoso milagro de abrirle los ojos a un hombre ciego de nacimiento. No podían hacerse la idea de que un demonio pudiera llevar a cabo tan increíblemente maravillosa acción. Aunque Jesús amaba a todas sus ovejas, había algunas que le correspondían con amor, pero había otras que le odiaban. La respuesta de ellos nos recuerda que Jesús nos llama a seguirlo, pero él deja que seamos nosotros los que tomemos la decisión.

 

Jesús es el buen pastor Sus ovejas conocen su voz y lo siguen Hoy él está en pie sobre la cima de una colina cercana y está llamándolo a usted por su nombre ¿Le escucha? ¿Reconoce su voz? ¿Lo seguirá usted? Recuerde, ¡él puso su vida por usted!.  Fin.

 

 

El evangelio de Juan bosquejado en tres versículos

En el ultimo y gran día de la fiesta. Jesús se puso en pie y alzo la voz, diciendo Si alguno tiene sed venga a mi y beba El que cree en mi, como dice la Escritura, de su interior correrán nos de agua viva Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en el, pues aun no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aun glorificado (7: 37-39, énfasis nuestro)

1.   "Beba" (7:37) nos recuerda de la mujer samaritana (4), del sermón sobre el pan de vida (6), y de las demandas a creer en Jesús

2.   "Cree" (7:38) nos recuerda nuevamente que el propósito de este evangelio es construir fe (20:31)

3.   "Agua viva" (7:38) es un recordatorio de lo que Jesús le dijo a la mujer samaritana (4:13-14), y del ofrecimiento de "vida"

4.   "Espíritu" (7:39) nos da un anuncio del énfasis en el Espíritu Santo.

5.   "Glorificado" (7:39) —Todo el evangelio de Juan trata sobre la visión de la gloria de Dios en Jesús La más grande visión de esta gloria es la que se mira en la cruz

 

"Parábola" (10:6)

La palabra "parábola" proviene de la palabra griega parábale, la cual significa literalmente "poner a la par", es decir, hacer una comparación La palabra aparece cincuenta veces en el Nuevo Tes­tamentode las cuales todas, excepto dos, se encuentran en los evangelios sinópticos (las dos excepciones se encuentran en Hebreos)

 

La palabra no aparece en el evangelio de Juan, de modo que la palabra "parábola" no debería estar en la versión inglesa de la Biblia La palabra griega que aparece en 10:6 es paroimia.  En Pedro 2:22, ella significa "proverbio", el cual era una connotación común en la literatura griega antigua. Además de este pasaje, ella aparece (en el Nuevo Testamento) solamente en el evangelio de Juan (10:6, 16:25, 29) Aquí significa ' lenguaje oculto, oscuro, el cual necesita ser interpretado".  Lo que tenemos en Juan 10:1-5, no es una "parábola (KJV), sino una alegoría La palabra paroimia esta correctamente traducida por "figura de lenguaje (NASB, NIV) Existe acuerdo general en el sentido de que en el evangelio de Juan no hay parábolas.

 

¿Qué es esa "una cosa" que usted sabe?

Debe haber alguna razón que explique por que es que nos resultan fascinantes las personas que sobrevivieron el haber sido prisioneras de campos de concentración Durante las horribles experiencias de ellos, fueron despojados de sus familias, de sus hogares, de sus trabajos, de sus puestos de trabajo e, incluso, de sus ropas Después de haber tenido tales tragedias, están ahora de regreso para responder a nuestra persistente pregunta "Cuando todas estas cosas son quitadas, ¿queda algo de la vida?" Uno de los precios que pagan las personas que tienen bendiciones materiales abundantes es la gran inseguridad respecto de los fundamentos espirituales de la vida Se preguntarán "Si no tuviera nada mas, ¿tendría fe todavía? Si sufriera terriblemente, ¿tendría fe en Jesús todavía? ¿Está mi vida construida sobre un fundamente sólido?" En el caso de las personas que han sobrevivido el haber estado en un campo de concentración, han sido dolorosas experiencias las que les han enseñado las respuestas a estas preguntas.

 

El hombre que había nacido ciego les dijo a los judíos "  una cosa sé, que habiendo yo sido ciego ahora veo" (9:25) ¿Qué es esa "una cosa" que usted sabe? ¿Qué es lo que constituye el cimiento fundamental de su fe? Si todas sus bendiciones terrenales le fueran arrebatadas repentinamente, ¿qué sería esa "una cosa" que usted todavía sabría con certeza? Es probable que esta pregunta tenga diferentes respuestas para diferentes personas Algunos podrían decir "Una cosa sé “Soy un alma viviente'" Otros podrían decir "Una cosa sé Que en esta tierra hay señales claras de que existe un Creador", "Una cosa sé Que yo vi la mano de Dios en el nacimiento de mi hijo", "Una cosa sé Que el amor es la más importante y poderosa fuerza que hay en el mundo" ¿Qué es esa "una cosa" de la cual usted tiene certeza?.

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