"Yo soy"

(Juan 8,12-59)

 

Lección- 16- Juan el camino de la fe

 

Hace poco comencé a notar una expresión que continuamente surge en conversaciones estos días. Esta expresión puede tener varios significados, supongo, pero parece que sirve primordialmente para ponerle fin a los argumentos. Al comienzo, creí que sólo la utilizaban los adolescentes, pero ya la he oído en labios de personas de todas las edades. Cada vez se utiliza más para decir: "No tiene sentido seguir hablando de ello más". Esa expresión es: "Lo que sea".

 

Un padre le ordena a su hijo: "¡Debes hacer esto!", y el hijo le responde: "Lo que sea". Una adolescente alienta a su amiga a "hacer lo correcto" en cierta situación, y la respuesta es: "Lo que sea". Dos adultos tienen un debate sobre política, hasta que uno de ellos se impacienta, se encoge de hombros y dice: "Lo que sea".

 

Llevada a un nivel más crítico, la expresión "Lo que sea", puede significar que la verdad ya no le importa a la gente. Puede dar a entender que usted tiene derecho a su propio punto de vista acerca de la verdad, que yo tengo derecho a mi propio punto de vista acerca de la verdad, y que podemos suponer que los dos tenemos la razón. En los Estados Unidos de la década de los noventa, la expresión "Lo que sea" es más que una moda pasajera de la cultura; es una expresión indicadora de la manera como la nación piensa. ¿Qué piensa usted de mi análisis de esta interesante expresión? ¿Dijo usted: "Lo que sea"?

 

En el texto bajo estudio de esta lección, 8:12-59, Jesús puso en tela de Juicio el espíritu de la expresión "Lo que sea". Su mensaje es audaz, y sus afirmaciones no admiten ser pasadas por alto. Al final usted puede responderle con un gozoso ¡Sí! O con un desobediente ¡No!pero no le admitirá que le responda con un "Lo que sea".

LA FRASE "YO SOY"

Esto fue lo que Jesús declaró en 8:12: "Yo soy la luz del mundo". Los lectores modernos tienden a centrarse en aquella parte de la declaración que dice: "la luz del mundo", sin embargo, el aspecto más importante de lo que Jesús estaba diciendo, se encuentra en las primeras dos palabras: "Yo soy". Esa pequeña frase encierra un rico trasfondo antiguo testamentario; y para la audiencia de Jesús, compuesta por judíos del siglo I, probablemente fue la declaración más polémica que alguna vez pudo dar. Para ellos sonaba como si estuviera diciendo: "Yo soy Dios". En el contexto del evangelio de Juan, ¡eso es exactamente lo que estaba diciendo!

 

El "Yo soy" es la forma como Dios se presentó a sí mismo en el Antiguo Testamento. Cuando Dios tuvo el encuentro con Moisés, a través de la zarza ardiente, éste le preguntó por su nombre. Esto fue lo que se le contestó: "YO SOY EL QUE SOY" (Éxodo 3:14). Más adelante, en el Cántico de Moisés, Dios declaró:

Ved ahora que yo, yo soy,

Y no hay dioses conmigo;

Yo hago morir; y yo hago vivir;...

(Deuteronomio 32.39).

 

Siglos más tarde, el profeta Isaías escribió lo siguiente:

Vosotros sois mis testigos, dice Jehová/ y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí (Isaías 43:10).

 

¡Por lo tanto, la frase "Yo soy" era lenguaje santo, y el utilizarla para referirse a otro que no fuera Dios constituía una blasfemia!

JESÚS DICE: "YO SOY"

A medida que el relato prosigue en Juan 8, Jesús comenzó a utilizar las dos palabras: "Yo soy" (del griego: ego eimi) para referirse a sí mismo:

Yo soy la luz del mundo (8:12).

Yo soy el que doy testimonio de mí (8:18).

Yo soy de arriba (8:23).

Yo no soy de este mundo (8:23).

 

   Cada vez que él utilizó este lenguaje, las personas que estaban escuchando debieron haber hecho una mueca de malestar. Sin decir que era divino. Jesús estaba utilizando el lenguaje de la divinidad. Si Jesús no hubiera dicho nada más, se nos hubiera dejado preguntándonos qué fue lo que quiso dar a entender con tal lenguaje. Por supuesto, no tenemos que preguntárnoslo, pues Jesús puso en claro lo que estaba afirmando.

 

Fueron tres las veces que, durante su inter-accionar con los judíos en el capítulo 8, Jesús utilizó la incendiaria frase "Yo soy". La gente sabía entonces, tal como lo sabemos hoy, que Jesús se estaba presentando como el Hijo de Dios: "Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy [ego eimi], en vuestros pecados moriréis" (8:24).

 

Los judíos, confundidos, le preguntaron nueva­mente: "¿Tú quién eres?" (8:25). Esto fue lo que les contestó: "Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy [ego eimi], y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo" (8:28).

 

Más adelante, en el relato que hace Juan de esta conversación, éste indicó que ¡Jesús estaba hablándole a "los Judíos que habían creído en él" (8:31)! Ellos insistían en que ellos eran hijos de Abraham y que, como jamás habían sido esclavos de nadie, no tenían necesidad de la oferta de libertad que les hacía Jesús. Cuando Jesús los acusó de tratar de matarlo a él, ellos alegaron que Jesús tenía demonio (8:48). Al aumentar la hostilidad de ellos, alegaron nuevamente que eran hijos de Abraham. Jesús les respondió que Abraham se gozó que había de ver el día de Jesús. ¿Cómo era posible esto?, se preguntaban, pues Abraham había estado muerto por siglos. Jesús respondió: "De cierto, de cierto, os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy [ego eimi]' (8:58).

 

   ¡Esa fue la gota que derramó el vaso! Tomaron piedras, y en observancia de lo que dice Levítico 24:16, planearon apedrearlo. No obstante. Jesús se les escabulló y salió del templo. Todos reconocieron la trascendencia de lo que él acababa de decir; se dieron cuenta de que había hecho la atrevida afirmación ¡de que era uno con Dios, de que era el Hijo de Dios, de que él era divino!

LAS AFIRMACIONES DE JESÚS HOY DÍA

¿Qué debemos creer de Jesús hoy día? La mayoría de las personas están dispuestas a aceptar que Jesús vivió y que fue un buen hombre, pero muchos no están dispuestos a aceptar que él es, en efecto, el Hijo de Dios. Jesús hizo absurdo el punto de vista anterior. El no afirmó ser simplemente un buen hombre; él afirmó ser el "Yo soy". Él no se presentó como un gran filósofo, él se presentó como el único camino al Padre. Él no enseñó que tenía un entendimiento especial de Dios; afirmó que era uno con el Padre. Sus atrevidas afirmaciones nos obligan a escoger una de dos opciones: o creer, o rechazar lo que él dijo ser. Cuando de Jesús se trata un "lo que sea", deja de ser una opción. En este asunto, los furiosos líderes, piedra en mano, entendían lo que Jesús estaba diciendo, mejor de lo que lo entienden los incrédulos hoy día, los cuales hablan de cuan "buen hombre" Jesús fue.

 

Esto fue lo que Josh McDoweIl escribió al respecto:

Para Jesús, lo que los hombres y las mujeres pensaban que él era, era de fundamental importancia. Al decir lo que Jesús decía y afirmar lo que él afirmaba acerca de sí mismo, uno no podía concluir que él simplemente fue un buen hombre en cuanto a lo moral o que simplemente fue un profeta. Esta opción no es plausible para nadie, y jamás fue el propósito de Jesús que lo fuera.

 

Hace varios años, C.S. Lewis llegó a una conclusión semejante:

Estoy tratando aquí, de evitar que a alguien se le ocurra hacer la verdaderamente insensata afirmación que la gente hace acerca de él: "Estoy preparado para aceptar a Jesús como un gran maestro de lo moral, pero no puedo aceptar su afirmación de que es Dios". Esto es lo que no debemos decir. Un hombre que fue simplemente un hombre y dijo la clase de cosas que Jesús dijo, no sería un gran maestro de lo moral. Tal hombre sería una de dos: un lunáticoa nivel con el hombre que dice que él es un huevo escalfado o, de otro modo/ sería el diablo del infierno. Usted debe hacer su elección. Jesús fue, y es, una de dos: o el Hijo de Dios, o un loco, o peor que eso. Usted puede encerrarlo como a un estúpido, puede escupirle y matarle como a un demonio; o caer a sus pies y llamarle Señor y Dios. Pero no vengamos con el condescendiente sinsentido de que él es un gran maestro humano. No nos ha dejado abierta esa posibilidad ni ha sido su propósito dejarla abierta.

Tal vez sea Homer Hailey el que mejor haya resumido las implicaciones que tienen las audaces afirmaciones que Jesús hizo acerca de sí mismo: "Si él no era lo que afirmaba ser, entonces era un impostor, un blasfemador, un hipócrita, un engañador y un mentiroso".

CONCLUSIÓN

¿Qué importancia tiene todo esto para nosotros hoy día? En primer lugar, para los que hemos crecido dentro de la fe cristiana, nos obliga a ir, en el camino de nuestro crecimiento espiritual, más allá de la etapa en la que a Jesús se le mira como a un hombre agradable. A medida que mis hijas crecen, yo quiero que a ellas las impresionen, a una temprana edad, la bondad y amabilidad de Jesús hacia los niños y las personas que sufren. Es bueno que tengan una idea así de Jesús. No obstante, si ellas jamás crecen en su conocimiento, como para enriquecer esa idea de Jesús, si jamás se llegan a enterar de que Jesús no fue solamente amable, sino también valiente y exigente, entonces la fe de ellas no llegará a la madurez. Jesús afirmó ser el ^Yo soy". Es cierto el viejo dicho que dice: "Jesús, o fue Señor de todo, o ¡del todo no lo fue!".

 

El encuentro que pueda tenerse con Jesús en el capítulo 8, sacude a los cristianos somnolientos y apáticos, como lo haría una bofetada en el rostro. ¿Es él quien dice ser? Si no lo es, entonces, ¿por qué todavía "jugamos de iglesia"? Si lo es, entonces, ¿por qué no vivimos y trabajamos como si nada en la vida importara tanto como el Señor Jesús?

 

Para el hombre o la mujer que todavía asiste a los cultos, pero que no es cristiano de lunes a sábado, este encuentro con Jesús es un llamado a tomar una decisión. Cada uno de nosotros debe estar firme, al lado de la fe o al lado de la incredulidad.

¿Qué piensa usted de Jesús? ¿Fue él blas­femador? ¿Fue él mentiroso? ¿Fue él lunático? ¿Es él el Señor? ¡La determinación es suya! ¡Un "Lo que sea" no es una opción plausible!. Fin.

 

Jesús es presentado como el “Yo soy”

De todos los evangelistas, Juan es el que más énfasis le da a la deidad de Cristo, y lo hace a través del registro de las afirmaciones en sí, que Jesús hizo de sí mismo. Cuando Cristo dijo: "Antes que Abraham fuese, yo soy" (8.58), la gente sabía que él se estaba dando el mismo nombre de Dios que le fue revelado a Moisés junto a la zarza ardiente (Éxodo 3.14). Esa es la razón por la cual el pueblo trató de apedrearlo por presunta blasfemia. Cristo era, y es, el eterno Yo Soy. En una serie de aserciones, él amplió tal afirmación:

  1. Yo soy el pan de vida (6:35).
  2. Yo soy la luz del mundo (8:12; 9:5).
  3. Yo soy la puerta (10:7).
  4. Yo soy el buen pastor (10:11,14).
  5. Yo soy la resurrección y la vida (11:25).
  6. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida (14:6).
  7. Yo soy la vid verdadera (15:1).

Otras declaraciones de apoyo que hay en Juan, incluyen: "Yo y el Padre uno somos" (10:30), y "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (14:9).

 

Jesús es presentado como el que fue enviado

Cuando Jesús obró para afirmar la naturaleza de su persona y su propósito en las mentes de sus oyentes, él recalcó que era "enviado" de Dios.

  1. Jesús declaró llanamente que él era enviado del Padre (6:57; 7:29; 8:42; 10:36).
  2. Él dijo: "Porque el que me envió, conmigo está;..." (8:29).
  3. Él habló las palabras del Padre que lo envió (3:34; 7.16; 12:49; 14:24).
  4. Él hizo la voluntad, u obras, de aquel que lo envió (4:34; 5:30, 36; 6:38-39; 9:4).
  5. El mundo ha sido llamado a creer en el que fue enviado (6:29; 11:42; 17:8, 21, 23, 25).
  6. Jesús dijo: "Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere;..." (Juan 6:44).
  7. Él dijo que el Padre que le envió ha dado testimo­nio de él (5:37; 8:18).
  8. Él dijo: "... y el que me ve, ve al que me envió" (12:45).
  9. Aceptar o rechazar a Jesús equivale a aceptar o rechazar al que lo envió (5:23, 38; 12:44; 13:20).

10-Jesús dijo que él iría al que le envió (7:33; 16.5).

11-Él prometió que la vida eterna vendría a través de conocer al que fue enviado (5:24; 17:3).

12-Él dijo que como el Padre le envió, así él enviaba a sus discípulos (17:18; 20:21).

13-Jesús les advirtió a los seguidores suyos que ellos serían rechazados por aquellos que no conocieran al que lo envió (15:21).

14-Él dijo que él y el que lo envió son verdaderos (7:18, 28; 8:16, 26).

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