Hubo entonces una disensión

 

(Juan 7:1-53)

De la serie: Juan el Evangelio   (Lección 14)

 

   A Jesús se le conoce por muchos diferentes títulos. La mayoría de ellos son nombres hermosos y atractivos, tales como: "El Magnífico Cristo", "El Incomparable Cristo", o según la expresión acuñada por William Barclay: "El suficiente y completo Cristo". No obstante, hay otras descripciones de Jesús, las cuales son igualmente importantes. También se le puede llamar: "El Discutido Cristo", "El Divisivo Cristo", o "Cristo el Polarizador", pues, en todo lugar donde él anduvo, fue el causante de intensas reacciones y grandes debates.

   Para el momento en que llegamos a lo narrado en el capítulo 7, ya hemos tratado con importantes indicios que apuntan a la naturaleza divina de Jesús. Ya hemos considerado el testimonio de Juan el Bautista, el milagro de la conversión del agua en vino, la purificación del templo, el despertar religioso de Samaría, la sanidad del cojo y del hijo del oficial del rey, la alimentación de los cinco mil, y el sermón sobre el pan de vida. ¿Qué hemos de hacer con toda esta información? Los capítulos 7 y 8, nos ayudan a abordar la cuestión acerca de la naturaleza de Jesús, al permitirnos echar una mirada a la reacción de las multitudes a las afirmaciones que él hizo. Algunos creyeron en él, otros no, y aún otros buscaron matarlo.

   El comienzo del capítulo 7, sitúa a Jesús en Galilea cuando se acercaba la fiesta de los tabernáculos. Aunque los cristianos no están tan familiarizados con esta fiesta, como sí lo están con la pascua, ella era bastante importante para los judíos de los tiempos de Jesús. La fiesta de los tabernáculos, también llamada la fiesta de la cosecha, era una de las tres grandes fiestas anuales de los judíos. Se llevaba a cabo a mediados de octubre, unos seis meses después de la pascua. Durante esta fiesta, la gente construía refugios con ramas entrelazadas, en los cuales dormían al aire libre todas las noches durante una semana. Esto servía como recordatorio de que sus antepasados, una vez, durmieron bajo las estrellas mientras vagaron por el desierto. El hecho de que se llevara a cabo después de la cosecha, llevó a que se le asociara con la gratitud por el feliz término de los cultivos. La fiesta de los tabernáculos era un tiempo de celebración, y es probable que fuera el tiempo del año que los niños judíos más preferían. Goodspeed tradujo la expresión que describe esta fiesta como: "El festival judío del campamento".

   Cuando el inicio de la fiesta se acercaba, la gente proveniente de toda aquella tierra, daba comienzo a su marcha hacia Jerusalén. Los hermanos de Jesús lo aguijonearon a ir a la fiesta, incitándolo con las siguientes palabras: "... manifiéstate al mundo" (7:4). Da la impresión de que le estaban hablando con sarcasmo, pues, "ni aun sus hermanos creían en él" (7:5). Esto fue lo que quisieron decir: "Usted se cree especial porque esta gente campesina le siguen a todo lado. ¿Por qué no va a la gran ciudad de Jerusalén, donde la gente es más sofisticada? ¡Entonces veremos cuántos le siguen!". Ellos todavía veían las cosas desde una perspectiva terrenal, veían a Jesús primordialmente como una figura política. La respuesta inicial de Jesús fue quedarse en Galilea y no ir al festival. Él sabía que su vida peligraba en Jerusalén (5:18: 7:1) y se rehusaba a dejarse guiar por otro plan que no fuera el de su Padre (7:6, 8, 30) Por lo tanto, se quedó en Galilea y dejó que sus hermanos se fueran para la fiesta

   Después que sus hermanos se fueron. Jesús mismo fue a la fiesta, pero no en la forma como sus hermanos habían sugerido Él fue a Jerusalén calladamente y mantuvo en secreto su identidad

"MI DOCTRINA ES DE ARRIBA"

   En este momento de su evangelio, Juan comenzó a centrar su atención en la forma como las multitudes de Jerusalén respondieron a las enseñanzas que Jesús dio durante la fiesta de los tabernáculos Podemos imaginarnos a Jesús andando por la ciudad, sin ser reconocido, deteniéndose y escuchando acalorados debates sobre Jesús de Nazaret Mientras tanto, los líderes judíos aguardaban temerosos la llegada de éste, anticipando otro conflicto con él Hasta las multitudes estaban divididas sobre el tema de Jesús Algunas personas decían "Es bueno", al tiempo que otros decían "No, sino que engaña al pueblo" (7:12) Esta discusión se daba mediante susurros llenos de temor, pues el pueblo se sentía intimidado por sus poderosos líderes Había corrido la voz por la ciudad de que poderosos hombres querían ver muerto a Jesús, y que aquellos que se le unieran bien podían acabar igual'

   En algún momento, a mitad de la fiesta. Jesús se dirigió a los terrenos del templo, donde una multitud se había reunido, y comenzó a enseñarles Los líderes judíos estaban asombrados por su sabiduría y se maravillaban de que fuera tan sabio, "sin haber estudiado" (7:15)  Jesús recalcó que no era el la fuente de la que provenía la enseñanza, sino que ésta venía de aquel que le había enviado Además, Jesús les aseguró a sus oyentes que todo aquel que quena hacer la voluntad del Padre, conocería si la doctrina de él era verdadera o no (7:16-19) "Jesús les respondió y dijo Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta "

   La relación que hay entre la obediencia y la fe es esencial.  Un escritor la puso en los siguientes términos "Solamente el que cree es obediente, y solamente el que es obediente cree".  Esta verdad se expresa bellamente en el cántico “Confía y Obedece” se expresa bellamente en el cántico "Confía y obedeced"

Jamás podremos probar

Las delicias de su amor

Sino hasta que todo sobre el altar sacrifiquemos,

Pues la gracia que el muestra,

Y los goces que imparte,

Son para los que confían y obedecen.

 

 

   Jesús declaró que, del mismo modo que un corazón humilde y obediente lo lleva a uno a creer, así también, un espíritu orgulloso y rebelde causa que pasemos por alto a Dios o lo rechacemos

   Cuando Jesús reprend a algunos de la multitud por querer matarlo, ellos negaron tener tal propósito, y declararon que Jesús tenía demonio (7: 20) Según la manera de hablar de ellos, le estaban diciendo "¡Estás loco!'".  No obstante. Jesús persisten su acusación en contra de ellos, y llego a mencionar la sanidad que le hizo al cojo. "El evento que al principio hizo que los líderes judíos de Jerusalén desearan matarlo (7: 21-24)

"HE VENIDO DEL CIELO"

   La multitud se confundía cada vez mas a medida que la confrontación seguía Algunos se maravillaban de que a Jesús, de quien tanto se había hablado, se le permitiera enseñar públicamente en el templo (7: 25-26).  El hecho de que los líderes judíos no detuvieran a Jesús, fue causa para que algunos se comenzaran a preguntar si existía la posibilidad de que ellos hubieran llegado a la conclusión de que Jesús era, de hecho, el Profeta o Mesías esperado A otros les molestaba el hecho de que Jesús proviniera de Nazaret (7:27) Ellos sostenían que cuando viniera el Cristo, nadie sabría de dónde vendría Nuevamente vemos la confusn y la dificultad de la gente para determinar si Jesús era del Padre o del diablo

   La siguiente declaración que se registro, fue una respuesta a las preguntas que se hacían los de la multitud que estaba en el templo Jesús "alzó la voz", declarando abiertamente a todos los que estaban a su alrededor, que él había sido enviado del Padre que está en los cielos (7:28-29) " A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy, y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis

   Una vez más. Jesús dijo palabras que con-mocionaron a la gente, ofendiendo a muchos y obligando a todos a determinar si lo que el decía era verdad o no. ¡Después de haber escuchado tan audaces declaraciones, acerca de quién era él, no había nadie que pudiera seguir neutral con respecto a este hombre llamado Jesús!

"VENID A MÍ Y BEBED"

   Para los líderes judíos, las palabras que Jesús dijo en el templo constituían nada menos que peligrosas blasfemias. Estos hombres entendieron la obvia afirmación, que Jesús estaba haciendo, en el sentido de que él era el Hijo de Dios. Como resultado de ello, procuraron prenderle. No obstante, no pudieron hacerlo, y nuevamente Juan nos recuerda que Jesús se rehusó a someterse a otro plan que no fuera el del Padre (7:30). Lo que tanto temían los líderes empezó a ocurrir cuando la gente, en cantidades cada vez mayores, creían en Jesús (7:31). Cuando los fariseos oyeron el murmullo de la gente, mediante el cual ésta expresaba su creciente fe, ellos enviaron a los guardas del templo a prender a Jesús (7:32). Nuevamente fallaron en el intento, pues no podían hacerlo sino hasta que fuera el momento cuando él estuviera listoy para ello todavía faltaba algún tiempo (7:33-36).

   En el último día de la fiesta. Jesús se puso en pie nuevamente y proclamó públicamente que él era el Mesías. En esta ocasión se refirió a sí mismo como la fuente del agua viva. Es probable que hiciera esta afirmación en el momento que cierto ritual popular se estaba llevando a cabo, como parte de la fiesta de los tabernáculos. Cada día de aquella semana, el sacerdote iba hasta el estanque de Siloé, llenaba de agua un cántaro de oro, y luego lo traía de regreso al templo andando al frente de una procesión a modo de desfile. En el templo, el agua era derramada en ofrenda de agradecimiento a Dios.

   Estaba teniendo lugar esta gozosa celebración, cuando Jesús dijo: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva" (7:37-38). Igualmente importante es lo que escribió Juan acerca de Jesús en este momento: "Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado" (7:39).

   El hecho de que Jesús intensificara su enseñanza durante la celebración, causó que las respuestas de aquellos que lo oían también cobraran intensidad. Esto es lo que, al final de la fiesta, algunos estaban diciendo: "Verdaderamente éste es el profeta". Otros decían: "Este es el Cristo" (7:40-41). A estas alturas, el fervor que éstos hombres mostraban ya igualaba el celo de aquellos cinco mil de Galilea que habían comido los panes y los peces (6:14). Esta gente estaba dispuesta a aceptar a Jesús como uno que había sido enviado de Dios. Otros se oponían a lo que Jesús estaba diciendo, y aún otros estaban tan furiosos que siguieron procurando su aprehensión. En unas palabras que parecen servir de resumen para todo este capítulo, Juan observó que "hubo entonces disensión entre la gente a causa de él" (7:43).

   Cuando los oficiales del templo regresaron a los principales sacerdotes, tuvieron que presentarse ante éstos con las manos vacías. Ellos también se encontraban ahora asombrados por Jesús y por las maravillosamente sabias palabras que él había dicho. Este fue el informe que dieron: "¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!" (7:46). Cuando los líderes oyeron esto, montaron en cólera. Los principales sacerdotes y los fariseos ridiculizaron a los oficiales y les dijeron que era solamente la gente ignorante y estúpida la que había sido engañada por Jesús. Esperando que les contestaran con un "¡No!" a sus preguntas, los líderes les preguntaron a los oficiales: "¿También vosotros habéis sido engañados? ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos?" (7:47-48). Luego vemos a Nicodemo haciendo su segunda aparición en el evangelio de Juan.

   Como miembro del concilio que él era, Nicodemo intervino y les recordó a sus colegas, que la ley no condenaba a un hombre, sino hasta que primero hubiese tenido una audiencia (7:50-51). La anterior intervención no calificaría como una confesión de fe en Jesús, pero sí constituyó un valiente paso para este tímido buscador de Dios que había venido anteriormente a ver a Jesús de noche. Es evidente que la fe de Nicodemo se estaba desarrollando; pero él todavía era un discípulo en secreto, porque temía a los líderes judíos. La respuesta que le dieron al comentario de Nicodemo fue inmediata y llena de furia: "¿Eres tú también galileo?..." (7:52). No era que estaban razonando, sino reaccionando. No les interesaba la verdad; lo que deseaban era hacer callar a todo aquel que se atreviera a interceder defendiendo a Jesús. La pregunta de ellos era el modo de ellos para decir: "¿Acaso eres un idiota, estúpido o hereje?". La reaparición de Nicodemo constituye una conclusión apropiada para un capítulo, en el cual Jesús había sido presentado como una figura divisiva y polémica. La mayoría de las personas más divisivas son así por mezquindad o por orgullo, pero no era éste el caso de Jesús. Desde el comienzo de este evangelio, Juan declaró que Jesús enfrenta a las personas con una disyuntiva basada en la verdad (1:11-12). Al final del proceso, sucede una de dos cosas: o las personas lo aman o lo odian (7:7). Jesús se rehúsa a permitirle a alguno de nosotros el fatal lujo de la indecisión.

CONCLUSIÓN

En los anales de la historia de los Estados Unidos, la batalla del Álamo continúa siendo el ejemplo primordial de la determinación audaz. En 1836, un grupo de menos de doscientos hombres defendían una pequeña misión de San Antonio, Texas, contra un ejército de seis mil soldados mexicanos, dirigidos por el General Santa Ana. Durante dos semanas mantuvieron en pie el  Álamo luchando contra lo imposible. Luego, el 5 de marzo, la noche anterior a lo que seguramente sería el asalto final, William Barret Travis, el comandante de los téjanos, llamó a sus hombres a una reunión. Después de decirles que él estaba seguro de que los invasores entrarían derribando los muros al día siguiente, tomó su espada y trazó una línea en el suelo. Invitó a todos los que deseaban quedarse y defender el Álamo a cruzar la línea. Uno tras otro así lo hicieron. Jim Bowie, el cual estaba enfermo y postrado sobre su lecho, pidió que lo llevaran para cruzar la línea. De los 184 hombres, sólo uno se rehusó a cruzar la línea. Al día siguiente todos los defensores del Álamo murieron peleando. ¡Ese día no había oportunidad de situarse sobre la línea! Había que tomar una decisión.

Tema suplementario:

"¿Cómo puedo llegar a ser miembro de la iglesia de Cristo?"

   Los cristianos, o miembros de la iglesia de Cristo, son personas que han sido salvadas por la sangre de Cristo. Por lo tanto, a la iglesia la componen solamente pecadorespersonas que durante cierto tiempo estuvieron perdidas en sus pecados que han hecho suya la gracia de Dios. La iglesia no fue concebida para niños. Los niños son "salvos"; no necesitan ser salvos (Mateo 18:3). Pecamos cuando llegamos a tener suficiente edad como para entender que el pecado es rebelión en contra de Dios. El hecho de que todos pecamos (Romanos 3:23) nos convierte en personas que tenemos necesidad de salvación.

   Cristo murió para salvarnos de nuestros pecados (1ª  Corintios 15:3). ¿Qué debemos hacer para que el don de la gracia de Dios sea nuestro?

   En primer lugar, tenemos necesidad de aprender de Cristo, y de que se nos enseñen las gloriosas verdades del evangelio (Mateo 28:18-20; Juan 6:45). Esto debe causar que tengamos fe (Romanos 10:17), la clase de fe en Cristo que nos mueve a confesar delante de los demás, que Jesús  es el Hijo de Dios (Romanos 10:9-10). Nuestra fe también nos lleva a arrepentimos de nuestros pecados (Hechos 2:37-38), es decir, a tener un cambio de actitud hacia nuestros pecados (2ª  Corintios 7:10). Por último, nuestra fe nos llevará a bautizarnos (Marcos 16:16). El bautismo es un acto mediante el cual somos sepultados (Romanos 7:3-4) bajo del agua (Hechos 10:47) para el perdón de los pecados.

   El día que la iglesia fue establecida, hubo tres mil que cumplieron el plan anterior. Luego, otros más fueron añadidos por el Señor a su iglesia (Hechos 2:38, 41, 47). Las vidas de ellos cambiaron a partir del momento en que llegaron a ser cristianos: "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2:42).

   En Corintios 12:13, Pablo recalcó que los que son guiados por las enseñanzas del Espíritu, son "bautizados en un cuerpo", el cual es la iglesia (Colosenses 1:13). Puesto que la iglesia es el cuerpo de los salvos, se desprende entonces que aquello que nos convierte en miembros de ella, también nos salva; y aquello que nos salva, también nos convierte en miembros de la iglesia. Fin.     cisnerosme@yahoo.com.mx    http://henrycis.net