“COMED ESTE PAN”

 

(Juan 6:16-69)

 

Parte  1   Lección  13 

De la serie: Juan el Evangelio

 

   Un niño estaba de regreso en casa, después de haber asistido a la iglesia un domingo, y comenzó a contable a su madre, acerca de la lección que había aprendido en la clase bíblica. "Nos hablaron de cierto hombre llamado Moisés", comenzó a decir. Moisés estaba guiando un pueblo en su salida de Egipto, cuando de pronto se hallaron atrapados entre el mar y el ejército de sus enemigos. ¿Al fin que hizo?, le preguntó su madre para estimularlo a seguir. "Llamó a los ingenieros y los puso a construir un puente de Pontones sobre el mar, con el fin de que la gente pudiera escapar. Luego cuando la gente hubo cruzado y estuvo a salvo en la otra orilla, el ejército de los egipcios comenzaron a cruzar por el puente. En ese momento fue cuando Moisés hizo llegar ataques aéreos, derribaron el puente. La madre, aunque no una erudita de la Biblia, sabía que no era así como a ella le habían contado la historia. Ella le preguntó al niño: ¿es ésa verdaderamente la manera como su maestra les contó lo que sucedió?. El hijo de ella respondió: no, pero si te la contara como la maestra me la contó, jamás la creerías.

 

     La alimentación de los 5000 es precisamente esa clase de historia. Jesús alimentó a un ejército hambriento de 5000 hombres con tan sólo cinco panes y dos de pececillos. Cuando los hombres se hubiera saciado y 12 cestas llenas de sobras fueron recogidas, no es de extrañar que intentaran "Venir para apoderarse de él y hacerle rey” (6:15). El poder que acababan de ver (y saborear), era mayor que lo que podían, tal vez entender.

 

     Cuando Jesús vio que la multitud estaba a punto de apoderarse de él para hacerle rey, él volvió a retirarse al monte sólo (6:15). Mateo y Marcos escribieron que Jesús primero hizo que los doce salieran de allí  en Barca y luego despidió a la multitud (Mateo 14:22; Marcos 6:45). Juan simplemente declaró que Jesús... “Volvió a retirarse al monte sólo”. Luego cuando la noche llegó, sus discípulos se dirigieron a Capernaúm en una Barca. En este momento, todos los protagonistas de la historia, excepto Jesús, debieron haber estado terriblemente confundidos. A los ojos de ellos parecía que él había vuelto su espalda a un espectacular triunfo. ¿En qué estará pensando?, seguramente se preguntaron.

 

      Esa noche, los doce estaban aún más confundidos. Cuando cruzaban el lago en la oscuridad, una violenta tempestad se levantó y amenazaba con hundir la barca (6:16-18). Fue en ese momento que vieron a Jesús andando sobre el mar. Este,  al ver el terror en el rostro de ellos, les dijo: "Yo Soy, no temáis". Tan pronto como subió a la barca, enseguida llegaron a Capernaúm. Primero fue emoción, luego asombro y gran gozo, todavía más grande fueron la frustración, la confusión, el terror, el susto y el envolvente alivio: Los discípulos  habían experimentado todo en un día.

 

      Al siguiente día, la multitud de los que lo habían seguido

anteriormente, y que habían comido de los panes y los de pececillos, comenzaron a buscar a Jesús. Sabiendo que él era de Capernaúm, (la sede durante su ministerio  como adulto), se dirigieron hasta allí en botes para hallarlo. Juan no consignó cuánta gente hizo el viaje ese día, pero parece que la mayoría de aquellos hombres todavía deseaba coronar a Jesús rey de ellos. Al llegar a Capernaúm, hallaron a Jesús en la sinagoga (6:59). Lo que menos se imaginaban era que estaban a punto de oír uno de los más difíciles y exigentes sermones que Jesús alguna vez predicara; estaban a punto de oír que “Jesús es el pan de vida”.

 

LA ENSEÑANZA (6:25-59).

Discipulado fácil (6:25-34)

     Es probable que a estas alturas de nuestro estudio del evangelio de Juan, a usted no le extraña que Jesús no recibiera a la multitud al día siguiente con tiernas palabras de aprecio y bienvenida. Con una aspereza que recuerda la manera como le respondió a Nicodemo (Juan 3:3), Jesús inmediatamente reprendió a la multitud: “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no por qué habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajar, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Juan 6:26-27).

 

     La gente, había visto una señal de Dios. Habían reconocido que era la mano de Dios la que estaba con la vida de Jesús, pero no atinaban a ver la clase de relación que Dios quería que ellos tuvieran un Jesús. En lugar de confiar en él para que les mostrara al Padre, los de la multitud sacaron sus propias conclusiones acerca de lo que el evento milagroso del alimento había significado. Podríamos decir que ella creía (en cierto sentido), aunque en realidad no creyendo (en el sentido de que Jesús definía esa palabra en el evangelio de Juan).

 

       Jesús también percibía que la multitud buscaba en él un medio para llenar las necesidades temporales de ellos.  Ellos comieron el pan y se saciaron. Estos mismos efectos se miran todas las veces que alguien sigue a Jesús solamente para recibir bendiciones en esta vida. Por ejemplo, puede que uno siga Jesús solamente porque cree que Jesús mejorará su negocio, su matrimonio o su salud. Aunque es cierto, la preocupación más grande de Jesús es que las personas lleguen a conocer al Padre a través de él. Cualquier religión que ofrezca menos que esto es falsa. La noción del “discipulado fácil”, de seguir a Jesús por lo que él nos da, es una idea que él aborrece.

 

       La multitud comenzó a preguntarle a Jesús: “¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?” (6:28). Jesús respondió: "Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado" (6:29). Nuevamente se nos recuerda que es de el "creer", de lo que el evangelio de Juan trata (Juan 20:31), y ello significa mucho más que la simple aceptación de que algo es verdadero. Los de la multitud después mencionaron el tema del maná, el cual en el tiempo de Moisés, había sido "pan del cielo". Jesús les respondió que Dios les estaba dando ahora algo mayor que el maná de Moisés, el verdadero pan. En este momento de la historia, la gente respondió del mismo modo que la mujer samaritana lo había hecho en un momento similar en su conversación con Jesús (Juan 4:15): “Le pidieron a Jesús que les diera algo de pan, del cual él hablaba”. Jesús convirtió la petición en una oportunidad para enseñarles el más profundo significado de seguirlo a él.

 

Discipulado difícil (6:35-52)

     La frase: "Yo soy el pan de vida" (6:35), debió haber explotado como una bomba en medio del encuentro de Jesús con la multitud. La frase "Yo soy" sonaba como las palabras que Dios le dijo a Moisés desde la zarza ardiente: "Yo soy el que soy" (Éxodo 3:14). Desde luego que no fue coincidencia; Jesús constantemente con contaba a la gente con su divinidad en el evangelio de Juan. Jesús luego procedió a presentarse él mismo como el único que podía llenar las más profundas necesidades de ellos. A menudo, venimos al Señor procurando que satisfaga nuestras necesidades secundarias, cuando lo que realmente necesitamos, es que Dios nos llene las necesidades más profundas de nuestras almas. Jesús sabía que su más grande necesidad no era que se llenaran sus estómagos sino sus almas. El ofreció asimismo, como el alimento que podía llenar las almas de ellos. Jesús sabía que la gente procuraba llenar las necesidades menores de alimento e independencia política. Él sabía que era a Dios a quien ellos necesitaban más.

 

      La respuesta de la gente fue la murmuración. Nuevamente se nos recuerda de la historia que cuenta éxodo, cuando los israelitas constantemente murmuraban, como si Dios no los hubiera cuidado adecuadamente a ellos. Esta vez los judíos murmuraban porque Jesús estaba haciendo grandes afirmaciones acerca de él mismo. Algunos hablaron de la familia carnal de Jesús y de su procedencia, la cual consideraban ordinaria. Parecía que podían aceptarlo como "el profeta" y estaban deseosos de hacerle rey de ellos, pero no podían aceptarlo en su plenitud como el Hijo de Dios que había venido del cielo. Con una multitud tan confundida y perturbada por sus enseñanzas. ¿Qué cree usted que hizo Jesús después?. Aunque yo, en su lugar, podría haberme dejado llevar por mi tendencia a atenuar la polémica y a tranquilizar a los oyentes, Jesús decidió seguir adelante con una de las más radicales y severas enseñanzas que se encuentra en la Biblia.

 

Discipulado completo (5:53-56).

      Esto fue lo que Jesús les dijo: "Desierto, desierto os digo: Si no coméis la carne de Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros" (6:53). Durante los primeros años de la fe cristiana, a los cristianos se les acusó de canibalismo. A los extraños al movimiento, a menudo les escandalizaba el lenguaje usado por los cristianos, especialmente cuando oían a éstos repartir las palabras de Jesús en el sentido de comer su carne y beber su sangre. ¿Qué habrá querido decir él con tal declaración tan extrema?.

 

      Sus palabras debieron haberle sumado a muchos de la muchedumbre, como los  delirios de un hombre fuera de sí; sin embargo, lo que Jesús estaba enfatizando era que una relación correcta con el Hijo del Hombre era absorbente. Jesús quería que fuéramos más que simples conocidos con él, más que amigos, soldados o súbditos. Jesús insistiría en que el verdadero servidor permanece en él, y él en este. El tenía que estar cerca de sus seguidores, más que un rey de su pueblo, más que un general de su ejército, más que un Rabí de sus estudiantes. Jesús insistiría en ser como el pan que era digerido y absorbido por todas las células que había en sus cuerpos. En otras palabras, Jesús estaba diciendo: "Debes dejarme entrar hasta tu ser más íntimo".

 

      Este mensaje de Jesús es tan escandalizador y amenazador hoy día como lo fue hace 2000 años. Él todavía aborrece una relación casual con los que desean ser sus seguidores. El todavía desea estar tan cerca de nosotros como lo está la sangre de nuestras venas, el aliento de nuestros pulmones, como el tuétano de nuestros huesos. Él exige que le permitamos entrar a los lugares más recóndito de nuestras vidas, tanto si se trata de nuestras cuentas bancarias, como si se trata de nuestros matrimonios o de nuestras ambiciones. Como pan de vida que él es, no aceptará menos del 100% de una relación íntima con nosotros.

 

LA RESPUESTA (6:60-69).

La multitud (6:60-69).

      Después de oír el mensaje de Jesús, la multitud continuó murmurando. Esta enseñanza, coincidían, “era dura” Juan 6:60). Como la enseñanza era dura, sus corazones se endurecieron. Luego en uno de los más tristes versículos de la Biblia, Juan escribió: "Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaba con él". Este fue el momento decisivo del ministerio público de Jesús en Galilea. Nunca más volvió a gozar de la popularidad y el favor de la multitud, que él había gozado el día que alimentó a los 5000. Las muchedumbres habían venido, habían comido pan del cielo, se habían entusiasmado, habían oído la dura enseñanza de Jesús, y al final, se habían vuelto atrás. Habían estado dispuestos a recibir a Jesús como rey de ellos, pero no estuvieron dispuestos a recibirlo como Señor de ellos.

 

Los  doce (6:67-69).

     Mientras la gente desilusionada y enojada se retiraba rápidamente de Jesús, él se volvió a los doce y les preguntó si ellos también iban a irse. Pedro, como otras veces lo hizo, respondió con más brillantes de lo estaba consciente. Esto fue lo que dijo: “Señor, ¿a quien iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna". Pedro y los otros 11, estaban, probablemente, tan confundidos y desilusionados como el resto, pero estaban conscientes de que Jesús seguía siendo la mejor esperanza que tenían. A pesar de que se sentían decepcionados por él, todavía creían en él. En lo que ellos se quedaban y los demás se iban, vemos a los doce dando otro paso más hacia la fe verdadera, la fe bíblica.

 

     Francis  Achaffer, pensaba que lo que dijo Pedro en este pasaje es la clave para llevar a las personas a la fe en Dios. Cuando Shaeffer les hablaba a los incrédulos acerca de Dios, en los forzaba a mirar las alternativas a la fe. Les preguntaba si estaban preparados para vivir en un mundo en el que no hubiera bien o mal absolutos ni un sustento para la dignidad humana. El estaba convencido de que los seres humanos no pueden vivir con tal ausencia de significado. Shaeffer llevaba a las personas  al umbral de la desesperanza con el fin de llevarlos a tener conciencia de lo mismo que Pedro llegó a tenerla: "Señor, ¿a quien iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna.

 

Conclusión:

    Necesitamos echarle una mirada a una respuesta más, antes de terminar esta lección: La respuesta de Jesús a la multitud. El evangelio de Juan ilustra, desde el primer capítulo, el modo como el eterno Verbo de Dios se sacrificó hasta el heroísmo para venir y "habitar entre nosotros". Vino en busca de la humanidad ¿cómo respondió él cuando las multitudes le volvieron la espalda a sus enseñanzas?. Nadie quiso que la gente fuera salva más que Jesús, sin embargo, él estuvo dispuesto a quedarse quieto y mirar al agente irse. Estoy seguro de que esto le destrozaba el corazón, pero no corrió tras ellos, suplicándoles que regresara, ni les ofreció suavizar su mensaje si se quedaban. El era, y es, el pan de vida, y él no aceptará nada menos que el que cada uno de nosotros, coma la carne del Hijo del Hombre, y beba su sangre. Es un mensaje duro, pero es el único que da vida.

    Así como Jesús llamó a estos primeros seguidores a decidirse por la opción difícil de recibirlo a él, también nos llama a nosotros hoy. Debemos aceptar el duro mensaje de que nosotros estamos completamente perdidos sin él, y que el camino de la fe sobre el cual andamos debe llevarnos a obedecer sus mandamientos. Este camino comienza con fe, que significa confiarle nuestra vida a Jesús, arrepentimiento, que significa volvernos de nuestros caminos pecaminosos, el ser bautizados, que significa, ser nacidos de nuevo, "del agua y del Espíritu". Luego, utilizando las palabras del evangelio de Juan, debemos permanecer en él, así como él permanece en nosotros. (Juan 6:56; 15:4-7).

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