REY A LA FUERZA

(Juan 6:1-15)

Parte  1  Lección  12

De la serie: Juan el Evangelio

 

 

 

    John Barton, un misionero que trabajó en medio de los Basoga, una tribu de Uganda, tuvo un encuentro con un anciano de una aldea, el cual leyendo en dos Biblias diferentes, se esforzaba por entenderlo que en ellas se decía. Como ninguna de las dos Biblias estaba escrita en su propio idioma, el anciano batallaba con las palabras. Aunque John no hablaba bien el idioma Lusoga, ni el anciano el inglés, ellos hablaron por un rato acerca de lo que el hombre estaba tratando de leer. Le dijo a John el problema de los Basoga era que, para poder recibir el mensaje de la Biblia, ellos debían comparar el idioma de él. Al comienzo, yo no entendía lo que estaba oyendo. No obstante por fin se percató de lo que el anciano le estaba diciendo, era que ellos tenían que pagar una matrícula escolar y estudiar en escuela de habla inglés para poder obtener la habilidad de leer y conversar sobre  la Biblia en inglés.

 

   John cuenta que esto fue lo que él respondió:

"Le dije al anciano que yo estaba aprendiendo el idioma de él, con el fin de poder de llevar el mensaje a los Basoga, "sin costo alguno". El anciano se emocionó y ahora desea que yo regrese a visitarlo.

 

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”.  En otras palabras, Jesús vino a nosotros.  Habló nuestro idioma.  Vivió en nuestro mundo. Se hizo uno de nosotros,  cerró la brecha; no nos obliga a cerrarla a nosotros.  Y en el proceso, nos mostró si gloria, “gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”.

 

   Es la gloria de Dios lo que se revela cuando personas como John Barton le dan a conocer a otros la historia de Jesús. En (Juan  6:1-15), podemos ver la gloria de Dios nuevamente, esta vez cuando Jesús alimenta a los cinco mil.

 

LA HISTORIA  (6:1-15).

      El capítulo 5, contiene la enseñanza que Jesús dio en Jerusalén, durante una fiesta de los judíos. El capítulo 6, prosigue el relato cuando Jesús está de regreso en la región de Galilea, donde él cruza el mar de Galilea con sus discípulos. Por aquel tiempo su popularidad estaba en las alturas. La gente seguía hablando acerca de las "señales" milagrosas que él hacía. El versículo dos, contiene tres verbos en el tiempo perfecto griego, los cuales indican acción continua. En otras palabras, el significado del pasaje es que: "continuamente le seguía una gran multitud, porque continuamente veían las señales que el continuamente hacía".

 

      El siguiente detalle que Juan incluye, es que "estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos". La purificación del templo también había tenido lugar cuando estaba cerca la Pascua de los judíos. Es probable que este detalle, aparentemente sin importancia, explique por qué tanta gente vino a ver y a oír a Jesús ese día. La Pascua en Israel del siglo I, era un tiempo en el cual los sentimientos patrióticos se exaltaban. Cada año los judíos se reunían en Jerusalén con la esperanza de que el Mesías llegar ese día y derrotar a los gobernantes romanos y restaurara el reino libre e independiente de Israel.

 

      En consecuencia, cuando Jesús entusiasmaba a la gente de Galilea haciendo milagros y la pascua se acercaba, los judíos se llenaban de grandes esperanzas de que él pudiera ser el Rey de Israel que ellos habían estado esperando por tantos años. Los 5000 hombres, que seguían a Jesús ese día, no eran oyentes casuales que vinieran movidos por la curiosidad. En realidad se trataba de combatientes judíos con la sangre caliente, estaban dispuestos a seguir al Mesías a la batalla. Los labradores dejaron atrás sus azadones, y los tenderos cerraron sus negocios, con el fin de ir hasta el otro lado del mar de Galilea a oír a Jesús.

 

      Cuando Jesús vio la gran multitud que venía hacia él subiendo por un costado del monte, le preguntó  Felipe, un nativo de la región, lo siguiente: ¿de donde compraremos pan para que coman estos?. Aunque Felipe estaba bien consciente de las otras señales que Jesús había hecho, él mostró tener poca fe en Jesús al responder que "200 denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomara un poco". Pero Jesús sabía lo que él estaba a punto de hacer por la multitud.

 

     En ese momento, Andrés le habló a Jesús acerca de un muchacho que tenía "cinco panes de cebada y dos pececillos", y luego dijo: "... Mas ¿qué es esto para tantos?". Andrés es mencionado en el libro de Juan, principalmente como uno que llevaba a otras personas a Jesús. El lector moderno debe tener el cuidado de no definir las palabras al decir que “Panes” y “Pececillos” según lo que algunas veces se mira en el mercado hoy día. Es probable que los panes fueran hogazas redondas y pequeñas de cebada, (panecillos grandes para la cena), las cuales constituían el alimento básico del pobre de aquellos tiempos. Es probable que los pececillos fueran trozos del tamaño de un bocadillo, cuyo propósito principal era darle sabor a la comida. No obstante, para el hijo de Dios, esto era más que suficiente.

 

    Jesús les dijo a sus discípulos que hicieran recostar la gente sobre la hierba, lo cual hicieron.   Lo que sucedió después fue tan increíble que la gente, a través de las edades ha tratado de encontrarle alguna explicación humana a la manera como 5000 personas pudieron haber sido alimentados con cinco panes y dos sencillos, no obstante, Juan declara que este fue un innegable milagro, en el cual Jesús tomó el alimento, dio gracias  y multiplicó los panes y los que pececillos. Las personas recibieron cuanto querían, y cuando se hubieron saciado, fueron recogidas doce canastas de sobras. Recuerde que la muchedumbre estaba compuesta por 5000 hombres con suficiente fortaleza como para ir a la guerra-y con suficiente hambre como para comerse una gran cantidad de alimento.

 

     Cuan aquellos hombres dieron la señal, ellos se dieron cuenta de que, la mano de Dios estaba con Jesús en un modo especial. Llegaron a la conclusión de que él era el profeta que había de venir al mundo. Esta expectativa de la venida de un profeta se basaba en una enseñanza proveniente de la ley, en la que Moisés había hecho la siguiente declaración: "Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis. (Deuteronomio 18:15)

 

    Unos versículos más adelante, Moisés citó las siguientes palabras del Señor: "Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare " (Deut. 18:18). Con estas palabras haciendo eco en sus oídos, con sueños patrióticos ardiendo en sus corazones y con restos de la comida enmarañadas en sus barbas, no es de extrañar que éstos revolucionarios en potencia amenazaron con "venir para apoderarse de Jesús y hacerle rey". Tal intención no podía ser tomada a la ligera. Si ellos hubieran hecho rey a Jesús, las autoridades romanas hubieran interpretado las acciones de ellos como una declaración de guerra. Para que un rey pueda ser entronizado, otro debe ser destronado. Sin embargo, esa era la intención de ellos.

 

 

EL RESTO DE LA HISTORIA

     Ates de continuar con el texto, imaginemos lo que aquellos 5000 hombres estaban esperando que sucediera ese día. Una vez que declaran al rey a Jesús, ¿qué podían esperar ellos que sucediera?. Es probable que, como ya se habían artado de la comida que produjo el milagro de Jesús, ellos esperaban que Jesús hallara una espada en algún lugar y la multiplicara para armar a este desordenado ejército de labradores y tenderos. Luego con sus espadas reluciendo al sol, marcharan contra Tiberias, al otro lado del mar de Galilea. En forma rápida aplastaran la ciudad y luego se dirigirían a su más ambiciosa meta, Jerusalén. Como era la época de la Pascua, hallarían a las tropas romanas acuarteladas allí la batalla sería intensa, pero al final los romanos serían vencidos.

 

    Jesús y su ejército de hombres comunes purificarían el templo para librarlo de la contaminación y de los abusos de los cuales era objeto, y los saduceos serían derribados de sus sillones de autoridad. Cuando la noticia de la toma de Jerusalén llegara a Roma, las poderosas legiones romanas serían enviadas en contra de Jesús y de su ejército. En un espectacular y decisivo conflicto, los judíos aplastarían a los romanos para convertirse ellos en el nuevo imperio mundial. Es probable que esto fuera lo que el común de los 5000 miembros del ejército en potencia de Jesús, esperaba que sucediera. No obstante, lo que Jesús tenía pensado hacer era otra cosa.

 

EL ERROR DE ELLOS Y NUESTRO.

      Estando las expectativas elevadas y la agitación que ya alcanzaba niveles de frenesí, Jesús hizo lo que menos se esperaba: "Volvió a retirarse al monte él solo" es probable que él fuera el único, de todos los que se encontraban en aquel monte, aquél día, que sabía lo que se estaba haciendo. A los 12 ya los otros 5000 seguidores, debió haberles  parecido que Jesús había renunciado a la meta que el mismo, con gran ahínco si había propuesto alcanzar.

 

     La mejor comparación que se me ocurre, sería con una persona que le había dedicado cuatro años de su vida a convertirse en un líder de su país.  Ha hecho campaña durante largas horas, y ha viajado durante las 52 semanas del año, con el fin de promover su candidatura al puesto. Luego por fin, todo el esfuerzo de su fruto: en las elecciones primarias gana el suficiente número de delegados para asegurarse de su nominación como candidato del partido. No obstante, cuando la convención tiene lugar, y se hace la votación, algo inconcebible sucede: Habiendo miles que expresan a grandes voces su pollo, y que citan pancartas con el nombre del candidato de ellos, este de repente, se levantaré de su silla y abandona el recinto de la convención. Tal acto sería inconcebible-pero no más inconcebible que lo que hizo Jesús cuando aquellos 5000 estaban a punto de hacerlo rey de ellos.

 

     Jesús demostró nuevamente su singular habilidad para permanecer concentrado en su meta final. El sabía que las intenciones aduladoras de la muchedumbre, no lograrían el propósito final de Dios; una revuelta junto al mar no salvaría al mundo del pecado. Además él sabía que, dado el estado de ánimo en el que se encontraban en aquel momento, no habría modo de hacerlos entrar en razón. Por lo tanto, es simplemente abandonó el lugar.

 

       Hay dos aspectos de este texto que me preocupan. Mi primera preocupación es con nuestra tendencia humana a hacer que Jesús encaje a la fuerza en nuestro molde mental. Buscamos que nuestra expectativa de lo que él es, sean adoptados por Jesús, en lugar de permitirle que sea él  el que nos muestre su personalidad. ¿No es cierto que a veces damos por sentado que Jesús es como nosotros?. Los estadounidenses tienden a creer que Jesús es estadounidense, mientras que los italianos se lo imaginan italianos. Los angloparlantes suponen que Jesús hablaba el inglés, mientras que los hispanohablantes parecen estar seguros que el idioma favorito de Jesús era el español, los ricos lo ven rico, y los pobres, pobre los cultos se imaginan que Jesús es culto, y los incultos estar seguros de que él, al igual que ellos, le guardó recelo al estudio. Los emocionales lo consideran emocional, mientras que las personas más serenas alegan que Jesús tenía un común con ellos, un comportamiento tranquilo. La escena en la que Jesús se aleja de los 5000, nos recuerda cuán equivocados estamos cuando pretendemos que Jesús sea lo que deseamos. El estaba determinando a cumplir con la voluntad de su padre, aunque el mundo entero no lo entendiera.

 

        Otra advertencia que este corto pasaje nos hace, es que nosotros también podemos estar, tan absorbidos en problemas a corto plazo, que pasamos por alto las soluciones a largo plazo. Los judíos del tiempo de Jesús estaban cansados de la tiranía de los romanos. Anhelaban tanto ver el momento cuando alguien les restaurara la independencia política a Israel, que pasaron por alto al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. ¿Hacemos siempre nosotros esto?. ¿Nos preocupamos siempre, y tanto por problemas inmediatos, al punto que perdemos la visión de las cuestiones más importantes de la vida?. ¿Nos hallamos siempre deseosos de ser librados de impuestos, dolores, conflictos, estrés o trabajos, más que del pecado?. Cada vez que insistimos en que Jesús sea lo que esperamos y cumpla con nuestros propósitos, estamos haciendo lo mismo que los 5000 hicieron aquel día sobre el monte... Cuando Jesús se alejó de ellos.

 

Conclusión.

     Hace cerca de dos años fue la primera vez que vi un estratagema cuadrimensional. Caminaba con mi familia dentro de un centro comercial, cuando tropezamos con una multitud de personas, las cuales se arremolinaban alrededor de varios carteles colocados sobre caballetes, los carteles mostraban coloridos diseños, los cuales ocultaban espectaculares cuadros. Todos nos ubicamos enfrente de ellos y los miramos fijamente. Algunos descubrieron las bellas imágenes que estaban ocultas en los diseños. Pero otras jamás pudieron verlas.

 

Juan 6:1-15, es como un estereograma. Al pie del cuadro se encuentra una sola palabra: ¡Victoria!. Todos estamos ubicados de frente y los miramos fijamente con el fin de distinguir la imagen oculta. ¿Qué esperamos ver?. Es probable que algunos esperan ver un signo de pesos, y otros la sede de la capital des su nación. Otros están seguros de que verán una mansión, y otros creen que van a captar el vislumbre de un ejército equipado con tanques y bombarderos. Luego, alguien comienza a ver la imagen oculta y susurra suavemente: OH, ya la veo. Uno tras otro, empiezan todos a ver el cuadro, y no es lo que ninguno se había imaginado. Descubren más bien, que la victoria es una cruz.

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