¿QUIERES SER SANO?

(5:1-18)

 

Parte 1  Lección  10

De la serie: Juan el Evangelio

 

 

   Un día el fallecido presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosvelt, viajaba en automóvil a través de la ciudad junto con su consejero de confianza, Harry Hopkins, éste le mencionó el curioso nombre de la ciudad y el trasfondo de su nombre. Al oír tal explicación, el presidente decidió que ese era el lugar ideal para situar el nuevo instituto nacional de salud. Bethesda, según parece ese nombre es el que mejor le va a un lugar donde haya salida.

 

LA SANIDAD (5:1-8).

     Había en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque llamado Bethesda, nombre que significa "casa de misericordia". Se le conocía como un lugar de sanidad, por tal razón los enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, fijaban su residencia en los cinco pórticos que rodeaban el estanque. No hay duda de que debió haber producido lastimada el ver tanto dolor y sufrimiento, en aquellas personas provenientes de Jerusalén, reunidas en este sitio en particular muchos venían por qué eran echados del seno de sus propias familias. Esto es algo que todavía sucede hoy día en ciertas partes del mundo; cuando algún miembro de la familia pierde la salud y es incapaz de "arreglárselas por sí mismo", éste es llevado a una a alguna ciudad, alguna esquina de alguna calle, y es dejado allí para que se gane la vida pidiendo. Tal práctica era como un en la Jerusalén del siglo.

 

      Los afligidos se reunían alrededor del estanque de Bethesda, también porque allí veían por lo menos un destello de esperanza, habían probado otros métodos de sanidad, y todos habían fracasado. No obstante, habían oído acerca de las sanidades que se habían dado junto a este estanque, y por ello anhelaban probar los poderes milagrosos del estanque.  Es grande el debate que se da hoy día, en círculos médicos estadounidenses, sobre los tratamientos no tradicionales para aquellas enfermedades que en estos momentos son incurables por la medicina. La mayoría de nosotros sabemos que-independientemente de nuestra opinión sobre tales tratamientos-sí nos estuviéramos muriendo, es probable que haríamos casi cualquier cosa que nos diera la más mínima esperanza de salvarnos. Tal era la agitación que se daba en los corazones y aquellas almas abandonadas de Bethesda.

 

     Durante una fiesta judía, estando Jerusalén atestado de visitantes y bullendo de revuelo, Jesús pasó cerca del estanque de Bethesda y vio a un hombre que tenía 38 años de ser paralítico, el cual estaba acostado allí. (5:5). Cuando Jesús vio a aquel hombre que estaba cerca del estanque, y conoció su historia, le hizo la siguiente pregunta: ¿Quieres ser sano? (5:6). ¿Por qué le dijo esto?. ¿No es algo que se daba por sentado que toda persona enferma desea ser sana?. ¿No fue más bien el colmo de la insensibilidad y un insulto al preguntarle a un hombre paralítico si él deseaba poder caminar?.

 

      Una reconsideración nos permite creer que aquella realmente era una buena pregunta-tal vez la más importante que Jesús alguna vez hiciera. Era importante, porque no todo el mundo desea ser sano. Cuando ocurren cambios en algún aspecto de nuestras vidas, ello por lo general estremece nuestro mundo y a su vez producen cambios en todos los demás aspectos. ¿Estaba el cojo dispuesto a hacer tales cambios?. ¿Estaba el dispuesto a aceptar la responsabilidad de sí mismo?. ¿Deseaba él obtener un empleo regular y todos los días a trabajar?. ¿Podría él sobrevivir la pérdida de su condición de víctima?. Que la aflicción que sufrimos sea física, emocional, espiritual, o no lo sea, lo cierto es que la pregunta de Jesús: ¿Quieres ser sano?, realmente es una buena pregunta.

 

      La respuesta del hombre a Jesús fue que él estaba afligido porque cuando el agua se agitaba y la sanidad era posible, él no podía llegar al estanque antes que otro descendiera al agua (5:7). Jesús luego le dio las siguientes instrucciones al nombre: "Levántate, toma tu lecho, y anda" (5:8). El hombre quedando asombrado él mismo y todos los que le rodeaban, hizo exactamente lo que  Jesús le había dicho: “Comenzó a andar”. Dado el énfasis en la fe que Juan le da a este evangelio, es curioso que nada se diga acerca de la fe de este hombre. Por cierto, parece haberse sentido confundido por todo lo que le estaba sucediendo y por la polémica que se suscitó por causa de esta milagrosa sanidad

 

LA POLEMICA (5:9-15).

      ¿Puede usted imaginarse el haber sido cojo durante 38 años, y que el día que es sanado la gente lo comience criticar por llevar al hombro su lecho?. Eso fue exactamente lo que le sucedió a hombre que estaba junto al estanque. Los líderes judíos comenzaron a reprenderlo por actuar así, pues al modo de verlo ellos, eso constituiría un quebrantamiento del día de reposo (5:10). El hombre que había sido cojo una vez tenía una gran respuesta: “El que lo había sanado le había dicho que tomara su lecho”, ¿quién desobedecería a un hombre que lo acaba de sanar a uno?.

 

       Los líderes judíos estaban molestos, pues a su modo de verlos se estaban quebrantando por lo menos dos estipulaciones de la ley del día de reposo. En primer lugar, les escandalizaba el ver al hombre llevando consigo su lecho el día de reposo y en segundo lugar, les escandalizaba el que Jesús había sanado a este hombre en día de reposo. Uno pensaría que estos hombres iban a estar alegres de que el hombre fuera sanado después de 38 años de sufrimiento. No obstante, estaban tan preocupados por las tradiciones que sólo podían pensar en los posibles quebrantamientos del día de reposo que podían haber sido cometidos por este hombre y por cualquiera que lo hubiera sanado.

 

       El día de reposo era el ejemplo favorito de Jesús para poner a prueba las tradiciones de los rabíes.  La ley del día de reposo, según se presenta en el Antiguo Testamento, había sido directa y sencilla; el día séptimo no se debía trabajar. Para el tiempo cuando Jesús vino, los rabíes habían elaborado un complejo conjunto de reglas acerca de que era permitido hacer y que no el día de reposo. En el Mishnah, en el cual se consignaba muchas de las enseñanzas estaban en boga durante el siglo 1, se dedica una sección completa al día de reposo. En total eran 39 clases de trabajo las que estaban prohibidas el día de reposo: tareas tales como, coser, moler, tamizar, hornear, tejer, coser, escribir dos cartas, encender un fuego y golpear con un martillo.

 

       Es obvio que las leyes sobre el día de reposo habían tomado su propio curso y se habían convertido en algo que no reflejaba el propósito original de ese día. En otra ocasión, esto fue lo que Jesús les recordó a sus oyentes: "El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo”. Por tanto, el Hijo del hombre es Señor aún del día de reposo" (Marcos 2:27-28). Tal como este pasaje lo señala, las polémicas que sobre el día de reposo se suscitaban entre Jesús y los líderes religiosos, tenían menos que ver con las violaciones del día de reposo en sí, que con aquello que la sanidad el día de reposo revelaba acerca de la verdadera identidad de Jesús.

 

EL RESULTADO (5:16-18).

    En el momento de su sanidad, el hombre estaba junto al estanque no tenía ni idea acerca de quién era el que le estaba diciendo: "Levántate, toma tu lecho, y anda". Jesús pasado ese momento, se escabulló entre la muchedumbre de la fiesta y desapareció. No obstante, después de la polémica, Jesús halló al hombre en el templo y le instó al no pecar más, para que no le viniera alguna cosa peor que la parálisis (5:14). Después de este segundo encuentro con Jesús, el hombre fue a los líderes judíos y les dijo que Jesús era el que le había sanado.

 

     La respuesta de los líderes judíos no fue serena ni guiada por la razón; no tomaron en cuenta la nueva información que se les proporcionó ni pospusieron su decisión hasta tener mejor criterio. En lugar de ello "los judíos perseguían a Jesús" por las violaciones del día de reposo que él supuestamente había cometido (5:16). Jesús por tal razón, expresó valientemente lo que sus oponentes estaban planeando en secreto. Les dijo: "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo" (5:17). Esto confirmó lo que tanto sospechaban. La verdadera cuestión no era el trabajo durante el día de reposo; era la identidad y la fuente de autoridad de Jesús. Es sanar el día de reposo parecía indicar que Jesús era mayor que el día de reposo. En lugar de considerar esta posibilidad, los líderes judíos se enceguecieron y su único propósito era matar a Jesús (5:18). Ellos reconocían que, Al llamar “a Dios su Padre”, Jesús se hacía igual a Dios. Tal como Agustín lo hizo notar: "Ellos buscaron tinieblas en el día de reposo, más que luce en el milagro".

 

      La importante palabra, "señal" no se encuentra en todo este pasaje. En este evangelio, las “señales” eran milagros obrados por Jesús, con el fin de guiar nuestra mirada más allá de los milagros mismos, hacia la fuente de milagrosos poderes de Jesús. Esta historia cuenta que definitivamente sí se había producido un milagro.  No obstante, estas personas estaban tan endurecidas de corazón, que no podían ver más allá del milagro, a la fuente de éste. En consecuencia, Juan no utilizó en ninguna parte del relato, el término “señal”, para referirse al milagro.

 

     A los eventos que propiciaron la sanidad el hombre estaba junto al poso se le podría denominar un ejemplo del no conversión. Así como hallamos varios ejemplos del no conversión en Hechos, también estas personas fueron confrontadas con la verdad, y no fueron capaces de aceptarla. Este es un ejemplo en el que "la luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecían contra ella" (1:5). Como resultado de que los líderes judíos se rehusaron a creer en Jesús, la feroz oposición de ellos dio comienzo en este punto del evangelio de Juan.

 

Conclusión:

     La desacertada división entre los capítulos 4, y el 5, que se da aquí nos puede impedir que relacionemos la historia acerca del oficial del rey en (4:46-54), con el relato sobre los líderes judíos de Jerusalén que se encuentra en (5:1-18). Tanto el oficial como los judíos fueron testigos de un milagro. El uno y los otros vieron al poder de Dios salvando a alguien. Todos fueron forzados a tratar de comprender la cuestión sobre la identidad de Jesús. Las situaciones en las cuales se encontraban eran llamativamente similares en muchos aspectos; pero las conclusiones a las cuales se llegó, fueron completamente contrarias. La señal del capítulo 4, creó fe en el corazón del padre del chico enfermo, mientras que el milagro del capítulo 5, tan sólo endureció los corazones de los líderes judíos.

 

   Cada vez que esta historia se vuelve a contar hoy día, las mismas dos respuestas se manifiestan entre todos los oyentes.  Algunos son llevados a tener una fe más profunda, gracias a lo que está relatado en estos pasajes, y otros, que escuchan las mismas palabras, no atinan sino a alejarse más de Dios  reiterando lo dicho, se nos recuerda del propósito de Juan al escribir este evangelio.

 

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero ésta se han escrito para que crear  que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” encendida en su nombre. (Juan 20:30-31)

  

   ¿Está usted escuchando?. ¿Está usted viendo?. ¿Está usted buscando?. ¿Está su corazón abierto?. ¿En qué rumbo le lleva este pasaje hoy día?.

 

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