CONSTRUYENDO VALORES EN LA FAMILIA

 

(Lectura  Deuteronomio 6:4-9)

 

1.   La familia empieza con el matrimonio, este es el principio en nosotros mismos, para poder proyectar en los hijos la educación de la ejemplaridad, es necesario que como matrimonio, hagamos válidos los votos que hicimos ante Dios y ante la Ley.

Cuando ha llegado a tu hogar la bendición de un hijo, debes cuidar de él con todo, es decir que un pequeñito no debe ser testigo de los disgustos de los padres porque cada disgusto de ellos  siembra en lo mas profundo del ser infantil la inseguridad, y eso además de injusto es vil e innecesario. Debiéramos de decir para remediar esto:

“voy a luchar por pensar en ti antes que en mí, en satisfacer tus necesidades antes que las mías”.

La regla de que el matrimonio es un intercambio de cincuenta por ciento es un engaño, es una trampa, si fuera así nos pasaríamos la vida juzgando la actitud del compañero, y jamás estaríamos satisfechos. “Yo quiero aprender a ayudarte sin esperar tu ayuda, y aunque no reciba una ayuda igual deseo hacerlo porque te amo bien”. El amor ideal no existe, no somos príncipes ni princesas de cuento, somos seres humanos llenos de defectos, y yo le acepto a él tal como es, sin exigirle más.

De novios los sentimientos son intensos y las emociones excitantes; y de casados el corazón late tranquilo y el entendimiento mira la realidad. Y no es que se acabe el amor, sino que se trata de una relación mas madura.

El amor verdadero no es un “vivieron felices para siempre” el amor verdadero es una promesa, un voto de entrega, no es felicidad eterna, sino crecimiento armónico

(aunque a veces doloroso) démosle la espalda al rencor y a las heridas y que este enojo nos sirva para subir un escalón  mas de esa escalera hermosa que nos conduce hacia Dios.

 

II. LA CREACIÓN SE RIGE A BASE DE LEYES

    Nadie puede desafiar las leyes, el que lo haga sufrirá las consecuencias de la transgresión. Para dirigir un hogar es preciso entender y respetar ciertas leyes:

 

1.   LEY DE LA EJEMPLARIDAD: Esta ley no estriba en como tratar mejor a nuestros hijos, sino en como darles un mejor ejemplo.

Siendo mejores individuos engrandeceremos el modelo que les brindaremos

Graven esto en su mente y corazón: Los actos valen mil veces mas que las palabras, vamos a ponerlo así: De todo lo que digan a sus hijos solo el diez por ciento será recordado por ellos; Sin embargo siempre los acompañará el noventa por ciento  de lo que los vieron hacer. Nuestra influencia se da en esa escala, diez por ciento de palabras y noventa por ciento con actos.

Hay un escrito que nos  puede ayudar a entender mejor la importancia de superarse uno mismo y dice así:

Quieres ayudar? Ayúdate primero, solo los amados aman, solo los libres libertan, solo son fuentes de paz quienes están en paz consigo mismos.

Los que sufren hacen sufrir, los fracasados necesitan ver fracasar a otros, los resentidos siembran violencia, los que tienen conflictos, provocan conflictos a su alrededor, los que no se aceptan a si mismos, no pueden aceptar a los demás.

Es tiempo   perdido y utopía pura pretender dar  a tu semejante lo que tu no tienes.

Debes empezar por ti mismo, motivarás a realizarse a tus allegados, en la medida que tu estés realizado. Amaras realmente al prójimo en la medida que ames y aceptes tu pasado. “Amaras al prójimo como a ti mismo pero no perderás de vista que la medida eres tú mismo” para ser útil a otros, el importante eres tu mismo.

Se feliz tú y tus hermanos se llenarán de alegría.

(Ignacio Larrañaga)

 

2.   LEY DEL AMOR INCONDICIONAL:

La única energía que fortalece verdaderamente el hogar y cada uno de sus miembros es el amor sin condiciones.

Lo esencial en la familia son los cónyuges- cuando se cultiva el amor incondicional en el matrimonio, a los niños les va bien, aunque no se hagan grandes esfuerzos para educarlos, la unión conyugal es la mejor educación que podemos darles, los niños que la ven, no tuercen su camino, se hacen juiciosos y sensibles, convirtiéndose a su vez en fuentes de amor, y mas temprano que tarde fundan con alegría su propio hogar.

Para llevar al éxito el matrimonio hay que esforzarse a brazo partido. Hay que estar dispuestos a un verdadero esfuerzo, a un sacrificio enorme, a luchar contra viento y marea. El amor conyugal no se da por si solo, se aprende con lágrimas, se cultiva entre dudas, se ve crecer a un precio muy caro. Pero  hay recompensa grande al final del camino.

 

3.   LEY DE LAS NORMAS DE DISCIPLINA

Las normas de disciplina delimitan la única área confiable sobre la cual llegar a la cumbre del éxito familiar y personal.

Hay cuatro vértices para  esa área que son:

RESPETO, es el lugar que se le da a cada miembro  en la familia.

UNIÓN, la unión es lo que hace fuertes a las familias, estar unidos es compartir los momentos importantes como los insignificantes.

PROSPERIDAD, los padres debemos de ser muy firmes y estrictos en el cumplimiento de las normas que persigan la prosperidad, porque de ellas dependerán gran parte de los buenos hábitos inculcados de por vida.

Hebreos 12:5-11.

El padre que hereda solo dinero a sus hijos, deja a sus hijos en la pobreza; El padre que hereda principios, les da un motivo para vivir.

AUTONOMÍA, (absoluta libertad a ser uno mismo) significa libertad de pensamiento y conducta DENTRO DE LOS LIMITES DE LAS OTRAS REGLAS para disfrutar plenamente el momento de estar creciendo con felicidad dentro de tu propio hogar. Un hijo al que se le da autonomía jamás cruzará por su mente el pensamiento de huir de casa.

 

4.   LEY DE COMUNICACIÓN PROFUNDA

Un parámetro fiel para determinar la calidad de una familia está dado por el numero y frecuencia de conversaciones serias entre sus miembros;

Comunicación profunda, es decir sin máscaras ni escudos, se da solo entre los que se quieren. Es entonces cuando se abre el cofre del tesoro en el que se guardan las dudas, temores. Anhelos, dolores, tristezas, gustos, quererse. Un cofre que debe estar siempre abierto para nuestra familia.

 

5.   LEY DEL DESARROLLO ESPIRITUAL

Solo manteniendo estrecha y continua relación con Dios puede lograrse la paz interior dentro de cada familia, lo que leímos anteriormente en Deuteronomio 6 que los Israelitas debían enseñar a sus hijos a amar a Dios, es también para nosotros de suma importancia, “estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón” había dicho Jehová. Cada una de éstas actividades requiere nuestro tiempo y esfuerzo. Hay que compartir con nuestros hijos lo que hay en nuestro corazón, enseñarles el gran amor de Dios por cada uno de nosotros que envió a su hijo Jesús a la tierra a caminar entre la gente, enseñándonos de la humildad, dando a los necesitados, sanando a los enfermos, sanando los corazones de las personas del odio, y todavía nos colmó de amor dándonos su preciosa vida. Y esto no pertenece a otra dimensión, es una presencia viva en nuestras vidas, y para todo aquel que quiera tener una estrecha relación con El.

El amor a Dios es el único bálsamo infalible que le da sentido a los abatimientos, El sana las heridas, hace desaparecer la preocupación, el miedo, la ira, la culpa, la tristeza y las convierte en paz. Salmo 119:165. “mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo”.

Filipenses 4:6- “por nada estéis angustiados sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias, y la paz de Dios guardará vuestros corazones.

No olvidemos que EL fundó el matrimonio, que EL planeó y organizó la familia, EL la diseñó no nosotros, así que si algo anda mal en nuestro hogar acerquémonos al diseñador y EL vendrá a nosotros. Escuchen con atención el está llamando, Apoc. 3:20, mientras se siga ignorando el llamado de Dios seremos como el hijo descarriado caído en desgracia.

Que has hecho con el don que Dios te dio, ¿podrás decir que no lo guardaste solo para ti? Vives una vida de servicio?

Si no vives para servir, no sirves para vivir.

Para ser el primero deberás ser el último y el servidor de todos. Tenemos mucho que hacer en casa no perdamos el tiempo, podemos empezar hoy mismo.

Y llegará el día cuando los dos que pactaron formar una familia de acuerdo a los cimientos de Dios, estarán frente a frente, como cuando iniciaron su vida juntos ¡solos los dos! Pero ahora con el rostro surcado de hermosas arrugas y sus cabellos de plata, su brillante mirada llena de satisfacción y paz, y se dirán mutuamente:

“Gracias!   Por haber compartido tu vida conmigo, gracias! Por haber creído en mi, por los hijos que me diste, por todo lo que soportamos juntos, ya sin rencores, ya sin reproches.

 

Gracias! Por haberme ayudado a levantarme cuando caí, por haberme cuidado cuando enfermé. Gracias por tu amor incondicional!

Ahora juntos los dos aguardan con paciencia, amor y sin temor la muerte.

¡Que se abran las puertas del cielo y Dios les diga: Hiciste bien!

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