A LOS QUE ESPERAN…

(Historias Verdaderas)

 

    Soy la madre del hijo pródigo. El no es del que se habla en la Biblia, pero es el hijo que llevé en mis entrañas, al que arrullé en mis brazos, a quien conté las historias Bíblicas en su cama, al que festejamos sus cumpleaños, invitando a los hermanos de la iglesia, al que le dimos permiso para acudir a reuniones especiales de los jóvenes. El es por el que yo espero.

 

   Por largo tiempo sólo mis amigos más cercanos supieron de mi hijo pródigo, mi vergüenza sobrepasaba mi dolor.

   Desde niña, todo lo que yo quería era ser mamá, así que pensé que toda mi vida había sido una falla total cuándo mi hijo se fue de la casa. Y así llegué a ser la madre del hijo pródigo.

   En el pueblo dónde vivíamos, todo era tan hermoso, cuando él tenía doce años, el dinero no alcanzaba bien, pero había paz y éramos felices. Luego pasaron dos cosas, a mi esposo le llegó la oportunidad de un mejor trabajo en una ciudad grande, buscamos la iglesia como es deber de todo cristiano y la encontramos, nos movimos a ese lugar y los problemas empezaron, la hermosa casa necesitaba hermosos muebles así que empecé a trabajar, ya no estaba en casa para saber que clase de amigos mi hijo había hecho en la escuela. Y a menudo estaba tan exhausta del trabajo y arreglando mi nueva casa, que ni siquiera me podía levantar temprano para asistir a la iglesia, conocer a los hermanos y hacer nuevos amigos.

   Yo pensaba que todo estaba bien, yo decía, pronto amueblaremos la casa y todo volverá a la normalidad, y hasta podremos crecer y mejorar como cristianos, atendiendo todos los programas de nuestra nueva congregación. Pasaron 18 meses, Y recibí un citatorio de la escuela, el director quería hablar con nosotros. Mi estómago era un manojo de nervios, a partir de allí mi vida no volvió a ser la misma ¿Sabían que su hijo está usando drogas? Dijo el director, tranquilo y amable. El no supo que rompió mi corazón y me estrelló contra el piso. “A José, dijo se le encontraron drogas en su locker” mi corazón gritaba que tenía que ser un terrible error, pero el director presentó las pruebas que tenían, así que murió la esperanza que tenía de que todo fuera una terrible equivocación.

   Pagamos un hospital muy caro para su rehabilitación, salió de allí, pero volvió con los mismos amigos, luego fue arrestado por vandalismo. Fue entonces que recapacitamos y volvimos a nuestros sentidos, fue entonces que corrimos hacia Dios a quien habíamos abandonado por nuestro materialismo, pedimos a los hermanos sus oraciones por nuestro hijo y por nosotros, pero sentía que ya era tarde, nuestro hijo que a los seis años asombraba a los hermanos por decir los sesenta y seis libros de la Biblia de memoria, salió de la seguridad del hogar para vivir la pesadilla en las calles.

   Nuestras vidas eran temor, preocupación y lágrimas, ahora aprendíamos el lenguaje del mundo que era extraño para nosotros. Yo pensé que era el fin de nuestras vidas, un día releyendo Lucas 15, pensé en algo que jamás se me había ocurrido. ¡La historia del hijo pródigo tuvo un final feliz! ¡Dios la puso para darnos consuelo! Que no importa que tan profundo caigan nuestros hijos ellos pueden volver!. Y mi actitud cambió, me llené de esperanza. Ahora mi esposo y yo lo primero que hacemos es encomendarnos a Dios y encomendar a nuestro hijo, y tengo la esperanza que el consejo que recibió de pequeño no lo olvidará y le ayudará a levantarse del fango del pecado. Que el consejo de Dios es lo única fuerza que lo ayudará a volver. Ahora me concentro en preparar la casa, su ropa, su anillo, para cuando nuestro hijo “vuelva en sí” y regrese, entre tanto oren por mí y por todos los padres que sufren… En la espera.

 

Traducción al español por: Grace Cisneros

 

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